Opinión

El Mediterráneo necesita un plan para el cambio climático

Un ferry con destino Algeciras llega al puerto marroquí de Tánger (AFP/FADEL SENNA)
photo_camera Un ferry con destino Algeciras llega al puerto marroquí de Tánger (AFP/FADEL SENNA)

La evidencia científica demuestra que se está produciendo un cambio climático provocado por el hombre. Las consecuencias son graves y globales, con continuos ejemplos de desastres naturales, como inundaciones o sequías, un aumento de la temperatura media y el conocimiento de que los recursos disponibles están limitados y se precisan soluciones.

La región mediterránea sufre especialmente esta degradación y sus consecuencias. Aumento del nivel del mar, salinización de las zonas costeras, desertificación, la contaminación del aire y el agua o temperaturas récord amenazan a todos los países mediterráneos que, además, dependen de la agricultura y el turismo. La escasez de agua no entiende de fronteras, países o religiones, y la situación exige movilizarnos y construir juntos un futuro con un medio ambiente sostenible.

La única solución es colaborar para ser efectivos. Los países mediterráneos deben mejorar la cooperación científica y técnica, invertir en tecnologías propias, evitar derroches, adoptar mejores sistemas de gestión del agua y otros recursos, revisar la deforestación, parar la desertificación y compartir información. Sin planificación las condiciones empeorarán y obligarán a grandes movimientos de personas, como refugiados climáticos, y más caos y problemas con altos costes económicos y sociales.

Ante los grandes desafíos comunes, la región precisa una forma diferente de operar y vivir, con respuestas conjuntas, urgentes y efectivas, gestionar mejor los recursos, detener la amenaza al desarrollo, también gestionar el turismo y conservar el gran patrimonio histórico común.

El gran desafío mediterráneo es global, va más allá de los países y sus fronteras. Debemos crear un concepto de vida sostenible que aborde los problemas actuales con el objetivo de proporcionar un futuro mejor a las nuevas generaciones. Solamente coordinando los esfuerzos en una visión compartida integral de los actores públicos y privados de la región permitirá diseñar soluciones factibles y efectivas.

Las primeras acciones están previstas: acelerar la transición energética y reducir las emisiones de carbono, mientras se promueven prácticas sostenibles que impliquen a todos.

La necesidad de un plan regional para impulsar las energías renovables de manera sostenible es primordial, ya que el aumento de la población y la diversificación económica han llevado a una mayor demanda energética.

Las energías renovables, aunque son un participante relativamente reciente en el panorama energético regional, tienen un gran potencial para reducir los costos a largo plazo, reducir las emisiones de carbono, conservar la escasez de agua y crear empleos.

En la región mediterránea el enfoque para combatir el cambio climático y caminar hacia la sostenibilidad y la energía renovable debe ser integral, impulsando los cambios necesarios no solo en la producción y el consumo, en las colaboraciones entre las múltiples partes interesadas, en asociaciones público-privadas, en el pensamiento económico ecológico y en las opciones de financiación verde. Todos deben participar de este movimiento para producir el impacto necesario para un cambio duradero.

Tomarse en serio el cambio climático representa una importante oportunidad para las economías de la región, ya que su futuro depende de la diversificación, la eficiencia y la conectividad.

Todas las empresas de la región tendrán que integrar la financiación climática en sus políticas fiscales. La necesidad es de aproximadamente 7 billones de dólares a nivel mundial para finales de esta década.

El cambio climático está remodelando el discurso político en todo el mundo y cambiando las prioridades de los inversores. Esto, a su vez, está impulsando a las empresas a priorizar la agenda climática.

La región, en particular el sector privado, necesita acelerar la inversión en tecnología climática, invertir en infraestructuras de transporte más eficientes como ferrocarriles, refrigeración urbana, desalinización de agua y tecnología agrícola sostenible.

Todas las empresas y organizaciones de la región tendrán que integrar la financiación climática en sus políticas fiscales. Se necesita crear espacio fiscal para aumentar la financiación para la adaptación climática.

La necesidad de aumentar la financiación climática es de aproximadamente 7 billones de dólares a nivel mundial para finales de esta década, y se espera que el sector privado cubra el 80% del déficit de financiación.
A finales de noviembre, en Dubái se celebrará la 28ª Conferencia sobre el Cambio Climático o COP28. Cada vez hay más conciencia de lo que está en juego, y mejoran las expectativas de un espíritu de acción colectiva y respuesta verdaderamente global. Ante el grado de afectación y la repercusión directa en nuestra región, los países mediterráneos no deberían quedarse atrás.

Será preciso un esfuerzo colectivo, una ayuda considerable de las potencias mundiales más ricas que han causado mayor daño al clima en los países más afectados.

Una recuperación verde colectiva debe ser el camino para seguir si queremos garantizar la sostenibilidad del planeta y un futuro más brillante para las generaciones mediterráneas actuales y futuras.