El año en el que todo empeoró

Tropas israelíes en Gaza - MAHMUD HAMS/AFP
Tropas israelíes pasan junto a edificios destruidos a lo largo de la carretera Salaheddine que une el norte de la Franja de Gaza con el sur en el distrito de Zeitoun en las afueras de la ciudad de Gaza el 28 de noviembre de 2023 - MAHMUD HAMS/AFP

Mientras la gente gasta atiborrando las tiendas y los restaurantes como si no hubiera un mañana, apurando sus últimas compras para despedir un año nuevamente teñido en rojo, quienes saben de historia hablan ya sin tapujos de que estamos inmersos en una nueva guerra global. La tercera para ser más exactos. 

  1. A colación

Cada guerra significa destrucción y muerte. La invasión de las tropas rusas a Ucrania va camino de cumplir los dos años el próximo 24 de febrero y la guerra entre Israel y Hamás no tiene indicios de terminar pronto. 

La ONU viene manifestando insistentemente su preocupación especialmente por estas dos guerras, aunque la población mundial llegó a 2023 con varios conflictos violentos ya en ciernes o bien enquistados.  Y todos estos conflictos serán una herencia maldita para el nuevo año que se iniciará pronto.

La propia Mina J. Mohammed, vicesecretaria general de Naciones Unidas, habla de una paz global “gravemente amenazada” y de cómo la población mundial experimenta una sensación de inseguridad: seis de cada siete personas tienen la percepción de que su entorno empeorará atenazado por un conflicto. 

En la actualidad, añade Mohammed, el mundo se enfrenta al mayor número de conflictos violentos, desde la Segunda Guerra Mundial, lo que repercute en 2.000 millones de personas.

Se trata de una cuarta parte de la población global que no hace más que ver cómo se deteriora su vida, sus perspectivas de futuro, porque la guerra o el permanente conflicto en su entorno corta toda posibilidad de que una persona pueda planear un mejor futuro porque quizá tampoco concluya sus estudios, en la medida que vaya huyendo o desplazándose de un país a otro; y, muchas veces, quienes huyen de una guerra se quedan atrapados en un limbo fronterizo. 

“Cuando hay una guerra o un conflicto la gente vive en una permanente crisis, lo vemos en Ucrania, con la invasión rusa devastando la vida de millones de ucranios y además agravando una crisis alimentaria, energética y financiera mundial”, indicó la funcionaria de Naciones Unidas.

Y luego está la guerra de Israel contra Hamás y sus guerrillas, sus terroristas y su aparato de Estado y su Gobierno que ya se ha cobrado la vida, según las estimaciones de la ONU, de más de 12.000 personas, la mitad son niños. La devastación es todavía más acuciosa porque la población no tiene agua, ni electricidad, ni luz, ni víveres.

La venganza de Israel por las atrocidades horrendas cometidas por los terroristas de Hamás, sobre cientos de civiles inocentes en decenas de Kibutz, está cayendo desde el cielo con una intensa lluvia de miles de bombas sobre de la Franja de Gaza. 

António Guterres, titular de la ONU, habla de un punto de inflexión para el mundo en medio de una  paz quebradiza: el organismo que él representa no ha sido capaz de detener ni la invasión de Rusia a Ucrania, ni tampoco la masacre que las bombas de la venganza de Israel están lanzando sobre de la población civil palestina en la Franja de Gaza. 

A colación

Antes de esta nueva guerra, apenas en el verano pasado, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR, por sus siglas en inglés) informó que a nivel global más de 114 millones de personas estaban desplazadas de sus hogares por la guerra y la violencia. 

De acuerdo con su titular, Filippo Grandi, muchas personas han salido de Ucrania, pero también de Sudán, del Congo, de Myanmar, de Somalia y de otras partes del mundo. 

A la fecha, no se sabe qué pasará con el destino de los dos millones y medio de gazatíes que no han podido buscar refugio en otro país colindante porque la Franja está cerrada y el paso fronterizo de Rafah (conecta con Egipto) solo se abre para el tránsito de varios camiones con ayuda humanitaria.  Y ya, Egipto y Jordania han dicho que no recibirán a los palestinos en su territorio. 

Ahora mismo, el gabinete que rodea al premier Netanyahu discute qué pasará con la Franja de Gaza, de hecho, el ala dura de su Gobierno quiere expulsar a todos los gazatíes.

El futuro mismo de la estabilidad de las relaciones entre los vecinos de Israel dependerá de si Netanyahu planea una ocupación de la Franja, ya sea temporal o permanente. Lo único que se avanza es que una vez logre aniquilar el poder de Hamás será el Gobierno desde Tel Aviv el que se encargará de velar por la seguridad y controlará a Gaza. Ya hay quien habla de una ocupación al estilo de la perpetrada por Estados Unidos en Afganistán o en Irak, lo que no sabemos es por cuánto tiempo más Arabia Saudí seguirá sin mover un músculo o si en definitiva Irán, con el apoyo de Rusia y de Corea del Norte, desarrollará un mayor conflicto bélico con Israel ante la mirada contemplativa de Pekín.  

El tablero mundial sigue muy activo, los jugadores mueven sus piezas sin contemplación: las bajas civiles solo son daños colaterales en medio de la ambición y también de la amenaza terrorista que pretende destruir la civilización occidental.  Se va un año que deja una herencia maldita: guerra, sangre y devastación… o ellos o nosotros. 
 

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