Miedo a Putin

Por Javier Fernández Arribas
Foto: El presidente de Rusia, Vladimir Putin.
 
El miedo en la Comunidad Internacional varía según los intereses de cada uno y según esté de cercana la amenaza que lo provoca. En estos días andamos enfrascados en una enorme y justificadísima preocupación por el azote de una enfermedad como el Ébola. Estados Unidos se moviliza, la Unión Europea lo hace tarde pero reacciona y en España tenemos la gran noticia de la recuperación de Teresa Romero. Otra gran preocupación internacional es el terrorismo de los bárbaros criminales y narcotraficantes del mal llamado Estado Islámico. Sobre todo por su capacidad de captación de jóvenes musulmanes y de occidentales que han ido a luchar en Siria e Irak y que pretenden volver a sus países de origen para cometer sus atrocidades terroristas, España entre ellos. Ébola y terrorismo son dos grandes amenazas para millones de seres humanos que hay que combatir con firmeza y determinación pero no hay que olvidar otro riesgo muy preocupante: la ambición del presidente ruso, Vladimir Putin, de crear la Gran Rusia a costa de sus vecinos. 
 
Este fin de semana se ha celebrado en la región austríaca de Burgenland, muy recomendable de visitar a 65 Kms de Viena, la Asamblea General de la Asociación de Periodistas Europeos con asistencia de profesionales de todos los países europeos donde pude comprobar el miedo a Putin de todos los colegas del centro y del este de Europa. Su afirmación más preocupante es que el nuevo Zar del Kremlin  no va a parar en Ucrania y va a continuar en otros países vecinos con su intención de someterlos a su órbita y a sus intereses, utilizando la fuerza si es preciso y está ocurriendo en Ucrania. Además de los grupos paramilitares, del apoyo armamentístico y logístico, el arma de Putin es la energía: gas y petróleo, que utiliza a su antojo para condicionar voluntades políticas como la de Alemania. Otros países como Francia, Italia, Reino Unido o España contemporizan con Moscú por otros grandes negocios mientras sus vecinos polacos, húngaros, rumanos, búlgaros, etc… sufren las presiones rusas. Un ejemplo, Moscú apoya los movimientos ecologistas contrarios a explotar la capacidad de gas de un país como Rumania y mantener su dependencia del gas ruso. Estados Unidos y la Unión Europea deben parar los pies a un dictador sin escrúpulos. 
 

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