Opini贸n

Estrategia y reforma del orden internacional tras las elecciones norteamericanas de 2020

photo_camera IEEE - Estados Unidos

Las elecciones presidenciales en Estados Unidos en 2020 significan un doble reto. Para la sociedad norteamericana que debe de elegir entre dos opciones muy distintas en un ambiente muy polarizado y con la pandemia activa y con tr谩gicas consecuencias humanas, sociales y econ贸micas. Y para la sociedad internacional al mismo tiempo, porque el pr贸ximo mandato ser谩 decisivo para determinar la orientaci贸n del orden global resultante del final del Covid pero tambi茅n de la crisis del orden liberal. Este art铆culo pretende contribuir a la disminuci贸n de la incertidumbre a partir del an谩lisis de algunas tendencias de cambio y continuidad en las l铆neas de pol铆tica exterior de la primera potencia.

Introducci贸n

芦Vivimos un momento Blade Runner. Vemos cosas que jam谩s creer铆amos en este inolvidable e inexplicable 2020禄. As铆 lo describe Ana Alonso, excelente periodista de El Independiente, para llamar la atenci贸n sobre la especial relevancia que ten铆an y han adquirido las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Donald Trump, contagiado por la COVID-19, y debilitado pol铆ticamente en los 煤ltimos meses por los efectos sanitarios, sociales y econ贸micos de la pandemia y por el estallido de la violencia racial, exponente final de la polarizaci贸n que divide a la sociedad norteamericana, pasa por la situaci贸n m谩s complicada, personal y pol铆ticamente, de su mandato. Su reelecci贸n se ha convertido en una cuesti贸n mundial, porque en un pa铆s con graves problemas internos y extraordinaria trascendencia exterior, la figura del presidente contin煤a acaparando la atenci贸n de la prensa y la opini贸n p煤blica americana e internacional.

Joe Biden, por su parte, vicepresidente durante ocho a帽os en las Administraciones de Barack Obama, se presenta como candidato del Partido Dem贸crata en unas elecciones absolutamente at铆picas, por las circunstancias sanitarias y otras de naturaleza social (violencia, manifestaciones) o institucional (nueva designaci贸n en el Tribunal Supremo) y que han tenido dificultades en su desarrollo. Pero que se encuentran s贸lidamente legitimadas por el conjunto de procesos constitucionales del sistema electoral: elecciones primarias, convenciones (virtuales) de los grandes partidos, libre expresi贸n plural, captaci贸n transparente de fondos y plazos constitucionales. El vicepresidente republicano, Pence, y la senadora dem贸crata californiana, Kamala Harris, completan en 2020 los dos tickets de este sistema mayoritario e hist贸ricamente bipartidista.

Las elecciones presidenciales en Estados Unidos representan, cada cuatro a帽os, un momento estelar y de m谩xima relevancia para la democracia. En este caso a煤n m谩s y no solo por los alarmantes asuntos dom茅sticos, sino porque en un mundo crecientemente multipolar y en tr谩nsito desde el orden liberal construido a partir de la Segunda Guerra Mundial (temporalmente triunfante tras la desaparici贸n del bloque comunista en la d茅cada de los 90), hacia otro orden, a煤n incierto y a su vez en proceso de definici贸n y regulaci贸n (denominado de competici贸n estrat茅gica entre potencias), la figura del presidente de Estados Unidos resulta un elemento decisivo e imprescindible para la viabilidad de cualquier sociedad internacional y cualquier configuraci贸n del poder que resulte de este proceso globalizado de transici贸n.

La sensaci贸n de polarizaci贸n interna y de variabilidad en el liderazgo de determinadas 谩reas y tem谩ticas de la pol铆tica exterior, generada durante el mandato de Donald Trump, se ha visto multiplicada exponencialmente en estos meses, cuando la campa帽a ha convivido con acontecimientos y episodios pol铆ticos de enorme incertidumbre. Lo cual ha provocado un asombroso inter茅s p煤blico por la evoluci贸n del proceso electoral, al que ahora se a帽ade la salud del presidente.

Este documento pretende contribuir a la disminuci贸n de ese ambiente de incertidumbre a partir del an谩lisis de algunas tendencias de cambio y continuidad en las l铆neas de pol铆tica exterior de la primera potencia.

undamentando tales tendencias en la interpretaci贸n de tres par谩metros: la exposici贸n de algunos fen贸menos que confirman la revisi贸n del orden; el an谩lisis de las perspectivas de cambio y continuidad en la direcci贸n de los asuntos exteriores norteamericanos en el pr贸ximo mandato; y la propuesta de planteamientos concretos de expertos sobre c贸mo afrontar el futuro de la situaci贸n y a partir de ellos, la recomendaci贸n de algunas l铆neas de posicionamiento pol铆tico que pueden asumir los pa铆ses aliados de Estados Unidos y concretamente el nuestro.

Confirmaci贸n de la crisis del orden internacional

La cuesti贸n en las relaciones internacionales ya no es si el orden liberal est谩 en crisis. Si alg煤n dirigente o polit贸logo hubiera mantenido, hasta este a帽o, la duda sobre la existencia de esta crisis, la pandemia ha terminado por resolverla. No hay una ordenaci贸n internacional en este momento capaz de responder a un desaf铆o global de esta magnitud desde una visi贸n multilateral, concertada o com煤nmente aceptada por los principales actores y organizaciones del entramado de decisi贸n y actuaci贸n previstos para ello. Las estrategias unilaterales y nacionales para reaccionar contra el coronavirus; la rivalidad permanente entre potencias que se ha manifestado de manera clara durante estos meses; la falta de acuerdos y la ausencia de capacidad de reacci贸n de organismos internacionales y la marginaci贸n e infravaloraci贸n, en ocasiones, de sus medios y criterios; el desconcertante liderazgo de algunos pol铆ticos y responsables de la gesti贸n y la ca贸tica imagen de desorientaci贸n y falta de previsi贸n que se ha proyectado a la ciudadan铆a a nivel global han finiquitado la confianza en un orden internacional cuyas instituciones perviven, pero cuyas funciones y objetivos se han confirmado como inadecuadas o sencillamente inoperantes. As铆 lo describ铆a Stewart Patrick1 en su art铆culo When the system fails, publicado en la revista Foreign Affairs de este verano: 芦Unfortunatelly, powerful countries such as the United States and China have failed top lay that vital leadership role during the coronavirus crisis. Trump has adopted a nationalist response to the pandemic, not as a threat to global public health禄2. Y as铆 lo corroboraba, en el mismo n煤mero de la revista, John Ikenberry, exponente acad茅mico del internacionalismo liberal en su art铆culo Next Liberal Order: 芦On public health, trade human, rights and the environement, governments seem to have lost faith in the value of working together禄3.

Podr铆a decirse que la estructura de Estados y organizaciones del sistema internacional ha resistido porque no ha habido intenci贸n de desmantelarlo por parte de ninguna fuerza o actor desestabilizador; y porque los sistemas de seguridad nacionales, de protecci贸n social, de actividad econ贸mica p煤blico-privada, as铆 como distintos canales de cooperaci贸n intergubernamental; y, en el caso europeo supranacional, se han mantenido activos y operativos. Pero el hecho de que el sistema haya mostrado su resiliencia contra al embate de la crisis global, no significa que esa resistencia haya venido determinada por la prevalencia de un r茅gimen ordenado de actuaci贸n, sino que m谩s bien se ha producido por la inercia de las din谩micas de relaci贸n y por la propia magnitud del desaf铆o, que ha exigido la implicaci贸n de organismos y fuerzas y cuerpos de seguridad ante una situaci贸n muy grave, imprevisible y todav铆a incierta.

Esta capacidad de resiliencia no significa que el orden liberal no aparezca debilitado y envejecido. A los desequilibrios tradicionales relacionados, por ejemplo, con el doble rasero en la aplicaci贸n o exigencia de responsabilidades a determinados actores; o con la falta de representaci贸n de algunas potencias y actores en centros de poder generando la consiguiente inhabilitaci贸n del organismo u organizaci贸n (el derecho de veto y la ausencia de Alemania, Jap贸n o India del Consejo de Seguridad; la ausencia de China o Corea del Sur en el G7 y, de Rusia, desde su entrada en Crimea; o la desregulaci贸n del comercio online y el consiguiente deterioro del rol de la OMC, por citar algunos casos); as铆 como la falta de consistencia y de implantaci贸n global de valores te贸ricamente irrenunciables para el orden internacional (derechos humanos, prioridad en la defensa del medioambiente, fortalecimiento de marcos de cooperaci贸n en materia de seguridad), se han incorporado en los 煤ltimos a帽os otras disfunciones y decisiones distintas o contrarias a la evoluci贸n de la configuraci贸n liberal de las pasadas d茅cadas.

El desarrollo de la cuarta revoluci贸n industrial y la digitalizaci贸n con sus consecuencias en las perspectivas de negocio y expectativas de influencia de las potencias en una nueva sociedad dual; el cambio de estrategia energ茅tica de Estados Unidos y de orientaci贸n geopol铆tica con importantes consecuencias en Oriente Medio; el imparable ascenso econ贸mico del entorno asi谩tico; el proteccionismo; la inestabilidad y conflictividad en el Mediterr谩neo; el ascenso de los populismos; los conflictos h铆bridos. Finalmente, la pandemia. Fen贸menos que han colisionado en entornos bilaterales, regionales y globales y que las grandes potencias han afrontado con estrategias nuevas o renovadas, pero en cualquier caso con efectos de mutaci贸n y cambio. Como lo ha sido la Estrategia de Seguridad norteamericana de 2017, la manifestaci贸n expresa de China sobre su voluntad de alzarse a la categor铆a de gran potencia, o la acci贸n rusa sobre sus consideradas zonas de influencia. Y tambi茅n el renacimiento de Turqu铆a como actor independiente, los movimientos aut贸nomos de Francia y Alemania y su liderazgo en el marco europeo, as铆 como la redefinici贸n de alianzas en el mapa de Oriente Medio. Distintos fen贸menos y actores dispuestos a hacerse fuertes en un entorno global cada vez m谩s tecnol贸gico y abierto, m谩s desequilibrado social y econ贸micamente y menos soportado sobre valores comunes.

Se dir铆a que la deconstrucci贸n del orden liberal es una estrategia multi factorial, no establecida por ning煤n consenso, y que por tanto desprende una imagen y una sensaci贸n de p茅rdida de rumbo en las relaciones internacionales y de desconcierto. Algo semejante a lo que sucediera hace dos d茅cadas con el paradigma de la globalizaci贸n, que fue asumida por algunos de los principales actores y grupos de inter茅s, pero con sus respectivos criterios de interpretaci贸n del fen贸meno y sus objetivos propios y no coincidentes. Pero con dos diferencias fundamentales: una, que el liderazgo de los Estados Unidos y algunos de sus principales valores (fomento de las relaciones econ贸micas y del comercio global) impulsaban el proceso entonces; y otra, que las herramientas legales lo regularizaban y las tecnolog铆as digitales lo expand铆an. Ahora, fuerzas muy conservadoras y ultra progresistas, revisionistas o m谩s radicales, conviven y se retroalimentan haciendo com煤n la idea de que ante la ausencia de un orden definido y de un proyecto de identidad pol铆tica y global que est谩 a煤n por consensuar y, que ser谩 dif铆cilmente consensuable, la estrategia consiste primero en la deconstrucci贸n de lo existente. Y m谩s adelante si acaso en la creaci贸n de un orden nuevo o en el mantenimiento de un permanente desorden.

Pol铆ticos, economistas y te贸ricos liberales han manifestado con claridad su convicci贸n y convencimiento sobre la realidad de este fen贸meno; Emmanuel Macron advirtiendo en algunos de sus discursos sobre cuestiones concretas como el debilitamiento de la seguridad compartida y el ataque a los fundamentos democr谩ticos; John Ikenberry incidiendo en el comportamiento unilateral y perverso de algunos de los principales actores: 芦Today,s liberal institutional order looks more like a sprawlling shopping moll. States can wander in and pick and choose what institutions and regimes they want to join禄4; y algunos realistas, por su parte, haciendo ver que se trataba de una muerte anunciada frente a la cual se ha dejado, de alguna manera, de actuar para que los hechos se encargaran de confirmarla. Tal y como plantean Alexander Cooley y Daniel
H. Nexon: 芦Washington must recognize that the world no longer resembles the historically anomalious periodo of the 1990s and the first decade of this century. This unipolar moment has passed, and it isn鈥檛 coming back禄5.

Cambios y continuidades de la doctrina exterior norteamericana

Lo cierto es que, a partir del 11 de septiembre de 2001, la pol铆tica internacional de la d茅cada de los 90 ya anunciaba su final. La d茅cada prodigiosa del Tratado de  Maastrich, la renovaci贸n de la OTAN, las transiciones democr谩ticas en Europa del Este, de la creaci贸n de la Organizaci贸n Mundial del Comercio y de la entrada de China en su seno. Del crecimiento econ贸mico. Aquella ilusionante belle 茅poque en la que hizo su aparici贸n Internet. El invento tecnol贸gico catalizador de los procesos que situ贸 a la comunicaci贸n en el epicentro del cambio, finalmente confirmado al llegar el acceso de los ciudadanos a la conectividad digital y las redes sociales a comienzos del siglo XXI.

La sociedad internacional hab铆a puesto el foco de atenci贸n en la creciente interdependencia de las relaciones y en la necesidad de construir un paradigma, la globalizaci贸n que impulsara los avances hacia un futuro m谩s abierto a los flujos econ贸micos y comerciales que ser铆an la base de un entorno m谩s adaptable a los desaf铆os. Pero los tr谩gicos atentados de Nueva York representan un momento cr铆tico en aquel periodo hist贸rico. La guerra contra el terrorismo comenzaba como una respuesta legitimada en Afganist谩n, pero derivaba a partir de la Patriot Act y del conflicto de Irak en un intento de expandir tambi茅n la hegemon铆a norteamericana y algunos de sus intereses tradicionales mediante el uso de la fuerza. El fracaso de aquellos planteamientos llamados neoconservadores, y la crisis financiera y econ贸mica de 2008 terminaron por distorsionar la evoluci贸n del proceso globalizador y debilitar el liderazgo norteamericano.

Al planteamiento neoconservador le sucedi贸 el multilateralismo impulsado por la Administraci贸n Obama, dotado de unos criterios pragm谩ticos que el 煤ltimo presidente dem贸crata aplic贸 a su pol铆tica, entre otras decisiones manteniendo por ejemplo al Secretario de Defensa republicano, Robert Gates, en el primer periodo de su mandato y posteriormente readaptando la orientaci贸n exterior al poner el foco y m谩s recursos en Extremo Oriente y menos en la regi贸n de Oriente Medio. De donde se desvincular铆a progresivamente, combinando la acci贸n militar sobre el terreno, con el apoyo pol铆tico y propagand铆stico a las primaveras 谩rabes y con la puesta en marcha de una estrategia de reconfiguraci贸n energ茅tica, que ha terminado por situar a Estados Unidos a la cabeza de las nuevas f贸rmulas de extracci贸n y producci贸n de energ铆as f贸siles y de la transici贸n hacia las energ铆as limpias.
Mientras tanto los pa铆ses emergentes se transformaron, durante esa etapa, en grandes potencias con el modelo chino a la cabeza o en las llamadas potencias emergentes, aunque con una desigual capacidad para responder a la crisis econ贸mica. Aquellos desequilibrios sirvieron de argumento para el avance de la multipolaridad y la consecuci贸n de m煤ltiples acuerdos ajenos, en muchas ocasiones, a las pautas de la regulaci贸n prevista. Paralelamente, en la opini贸n p煤blica internacional se constru铆a una narrativa para atribuir la culpabilidad del creciente desconcierto al debilitado paradigma de la globalizaci贸n y a su sistema promotor, la democracia liberal, victoriosa en el pasado reciente, pero a partir de entonces, corrupta y socialmente perversa. De nuevo las fuerzas e ideas m谩s distantes converg铆an en un objetivo com煤n: debilitar la democracia dentro y fuera de los Estados, en conflictos abiertos o h铆bridos.

A pesar de los fracasos de Obama en materia exterior, sus aciertos permitieron que Estados Unidos mantuviera parcialmente su liderazgo global gracias a la recuperaci贸n de su imagen en el periodo 2010-2014. Se inici贸 entonces un proceso de repliegue de la primera potencia de escenarios en conflicto, anticipado por las primeras voces que reclamaban una desvinculaci贸n de la acci贸n de teatros concretos de operaciones. Joseph M. Parent y Paul K. MacDonald lo anunciaban en su art铆culo The wisdom of retrenchment6 publicado en el n煤mero de noviembre de Foreign Affairs, en 2011, cuyo subt铆tulo dec铆a: 芦America must cut back to move forward禄.
El repliegue tuvo efectos, quiz谩 infravalorados, que prolongaron la inestabilidad en la regi贸n, permitieron el nacimiento del D谩esh y abrieron el espacio a una mayor presencia y protagonismo de otros actores como Rusia, Ir谩n o Turqu铆a, as铆 como a la incruenta acci贸n de grupos armados y guerrillas en territorio sirio. Con los consiguientes flujos de desplazados y refugiados que ampliaron los da帽os pol铆ticos y humanitarios del conflicto en la regi贸n y en otras como Europa y el Norte de 脕frica. El conflicto de Ucrania termin贸 por desestabilizar el tablero euro-oriental y por sacar a Rusia del G8, como respuesta a su intervenci贸n y apropiaci贸n de Crimea.

Pero, si a nivel global el caldo para la cr铆tica abierta del orden liberal postcomunista estaba servido, a nivel interno la crisis econ贸mica, el deterioro social y las derivadas de la deslocalizaci贸n industrial, as铆 como la creciente polarizaci贸n, iban a tener otras consecuencias no esperadas. Donald Trump, un outsider con un mensaje populista y rupturista que incorporaba criterios aparentemente olvidados durante los 煤ltimos 20 a帽os, proteccionistas en materia econ贸mica y neo aislacionistas en materia exterior, asum铆a la presidencia en 2016. La culminaci贸n del repliegue norteamericano, su rechazo y salida de acuerdos considerados prioritarios como los del clima o los comerciales de car谩cter multilateral firmados con los aliados asi谩ticos y su orientaci贸n hacia las negociaciones bilaterales criticando adem谩s determinadas alianzas

Propuestas para la recooperaci贸n

Si la teor铆a y los hechos han confirmado el ocaso de un orden liberal ninguneado por distintos actores y debilitado en sus organismos de cooperaci贸n, los hechos y la teor铆a confirman ahora la necesidad de reconstruir la cooperaci贸n para reestablecer un orden mundial. Que no tiene por qu茅 replicar el anterior, sino mejorarlo. Que no puede estar liderado ni soportado por una sola potencia. Y que deber铆a significar un retroceso en la evoluci贸n hist贸rica del progreso pol铆tico, econ贸mico y social. El debate se encuentra en plena ebullici贸n. Sin embargo, a pesar de que la polarizaci贸n entre los dos grandes partidos pudiera trasladar la idea de que la doctrina norteamericana tambi茅n puede entrar, en 2021, en una nueva etapa de cambio si se confirmara el sentido de las encuestas que dan una ventaja considerable a Joe Biden, lo cierto es que la trascendencia del momento hist贸rico debe hacer pensar que es posible que se abra la puerta a la elaboraci贸n de una estrategia de convergencia te贸rica y de pragmatismo en los planteamientos pol铆ticos de cualquier nueva administraci贸n.

El mandato de Donald Trump tiene elementos atribuibles a la personalidad del presidente, como en todos los casos ocurre, pero tiene otras caracter铆sticas que devienen del periodo hist贸rico de disrupci贸n tecnol贸gica y global en el que vivimos. Y as铆, en cuestiones como el comercio internacional, la protecci贸n de los mercados nacionales frente a la globalizaci贸n, si es que esta atentara contra el estado del bienestar, podr铆a convertirse en un paradigma que obligue a unas din谩micas de renegociaci贸n de los marcos regulatorios de intercambios. Pero ser铆a m谩s improbable que esas pr谩cticas derivaran en decisiones proteccionistas extendidas y universalizadas y que estas, a su vez, propiciaran otras pol铆ticas aislacionistas que afectasen al sistema y la seguridad mundiales. Hablar铆amos entonces de peligrosos errores de c谩lculo que podr铆an convertirse en riesgos a煤n m谩s preocupantes. Como podr铆a ser una estrategia de repliegue frente a amenazas m谩s que evidentes tanto a nivel global como en regiones y conflictos concretos. As铆 lo resume, por ejemplo, el general Mac Master: 芦鈥淪upport of those who strive for freedom is in the United States interest, because a world in which liberty, democracy and the rule of law are stengthened will be safer and more prosperous. Disengagement from competitions overseas would cede influence to others禄7.

El aislamiento para la nueva administraci贸n norteamericana y para sus aliados no es una opci贸n. 芦Afortunadamente 鈥攅scribe Joseph Nye鈥, Estados Unidos es el pa铆s  m谩s poderoso porque es el pa铆s m谩s conectado. Seg煤n el Australia鈥檚 Lowy Institute, el primero en el ranking de naciones con m谩s embajadas, consulados y misiones禄8. La complejidad sigue creciendo, a帽ade, y los mapas mentales realistas proponen dos modelos para el futuro, o un conflicto entre grandes potencias o un concierto de grandes potencias similar al del siglo XIX en Europa. Pero hay una tercera opci贸n, advierte, y es que no hubiera un modelo posible.

John Ikenberry se manifiesta tambi茅n de una forma cr铆tica ante la posibilidad de que la idea de la competici贸n entre potencias termine por consolidarse: 芦It would be a grave mistake for the US to give up any attempt to rescue the liberal order and instead reorient its great strategy entirely toward great power competition禄9. Pero, en ambos casos, los autores liberales reconocen que el mundo de 2021 ya no ser谩 como el de 2016 y sus a帽os precedentes. La consolidaci贸n de las potencias y el establecimiento de criterios nacionalistas se han hecho presentes y no se advierte un cambio de orientaci贸n en el pensamiento dominante. Por el contrario, los cambios que se pronostican a partir del progreso de las revoluciones tecnol贸gicas hacen predecible un movimiento disruptivo a煤n mayor y, por consiguiente, unos escenarios econ贸micos y sociales de incertidumbre, sino mayor que el actual, al menos constante.

Con respecto a China, los te贸ricos coinciden en muchos casos en la necesidad de buscar equilibrios pol铆ticos y diplom谩ticos, pero sin caer en la infravaloraci贸n de los riesgos, aunque tampoco en una sobrevaloraci贸n de las amenazas. El propio Nye empieza por hablar de una smart competition strategy, porque, seg煤n 茅l, la relaci贸n requerir谩 una importante dosis de inteligencia contextual y una direcci贸n prudente por parte de ambas potencias para no verse envueltas en tensiones motivadas por errores de c谩lculo.

La horizontalidad de ese proceso de relaci贸n entre potencias va a exigir altas dosis de prudencia, el incremento de la actividad diplom谩tica y la generaci贸n de marcos de cooperaci贸n y negociaci贸n permanentes. En torno a temas espec铆ficos, pero de gran importancia global, como la reducci贸n de arsenales at贸micos con la renegociaci贸n a la vista, el pr贸ximo a帽o, del Tratado START III. Firmado por Obama y Medvedez,  en 2010, y que pondr谩 a prueba a las dos superpotencias nucleares en su capacidad de adaptarse a los nuevos tiempos (la presencia de China), tal y como hist贸ricamente supieron adaptar las negociaciones a los marcos de la guerra y la post-Guerra Fr铆a. Y, en torno tambi茅n a grandes temas globales como el del clima que parece dif铆cil de obviar, aunque en este mandato el presidente Trump haya optado por salirse del acuerdo internacional firmado en Par铆s, si bien en el futuro se podr铆a negociar la reincorporaci贸n norteamericana en el tratado.

芦As Chinese power grows, the American liberal international order will have to change. China has little interest in liberalism or American domination. Americans would be wise to discard de terms 鈥渓iberal鈥 and 鈥淎merican鈥 and think in terms of an open and rules- based world order禄10, asegura Joseph Nye para recomendar que el futuro del liberalismo pase por asociarlo a la cooperaci贸n institucional en vez de a la promoci贸n de la democracia. Pero el liberalismo es una doctrina que enlaza la libertad individual con la igualdad de oportunidades y que se construye sobre el desarrollo y el respeto por las leyes y los derechos humanos y que propicia el establecimiento de sistemas democr谩ticos. Esto es as铆 lo mire quien lo mire y por donde lo mire. Y las democracias no pueden perder sus valores de avance en las libertades, respeto por los derechos y de promoci贸n de una actividad econ贸mica pr贸spera y responsable en la lucha contra la desigualdad. Por ello, la reconfiguraci贸n de un nuevo orden debe de concebirse en los pa铆ses democr谩ticos y en sus alianzas como una oportunidad para revisar comportamientos, pero no para ceder en los fundamentos.

El poder de las pr贸ximas d茅cadas, distribuido en redes m谩s informales, alterar谩 el monopolio de las burocracias tradicionales, necesitar谩 de una acci贸n diplom谩tica y pol铆tica vertical donde las democracias est谩n mejor preparadas para la inclusi贸n de nuevos actores sociales y de actores privados y empresas multinacionales. La ampliaci贸n del G7 a un posible y m谩s ambicioso G10 (12) donde podr铆an incorporarse pa铆ses asi谩ticos, y en un futuro la propia Espa帽a, no deber铆a de entenderse como un club de pa铆ses ricos, sino como una f贸rmula para garantizar los flujos econ贸micos ordenados, tambi茅n en el ciberespacio y en el comercio digital. La ampliaci贸n de la OTAN a otros escenarios tampoco deber铆a proyectarse como una estrategia de intimidaci贸n hacia reg铆menes y Estados no aliados, sino como una herramienta de seguridad y cooperaci贸n para proteger el dinamismo econ贸mico y los movimientos regularizados de personas. El fortalecimiento de los organismos multilaterales de cooperaci贸n en materia de salud, energ茅tica o para el desarrollo, o la protecci贸n de bienes globales, no puede presentarse como una debilidad ni como una cesi贸n a una indefinida comunidad internacional, sino como una contribuci贸n al bienestar global.

Espa帽a necesita una estrategia definida, clara y m谩s ambiciosa. Y el proyecto europeo demanda mayor firmeza en sus valores y alianzas, espec铆ficamente la trasatl谩ntica. M谩s fuertes y cohesionados, Espa帽a como Estado habilitado para recomponer su posici贸n de potencia media en un contexto m谩s exigente, y la Uni贸n Europea como proyecto econ贸mico y pol铆tico revitalizado, estar谩n en condiciones de afrontar un nuevo orden m谩s equilibrado y mejor dise帽ado. Inclusivo y no dividido otra vez en bloques. Donde la experiencia hist贸rica de 茅xito del progreso democr谩tico frente a los autoritarismos pueda ser aprovechada, sin imposiciones y con respeto a los ritmos de adaptaci贸n, en otros pa铆ses y regiones. Un orden donde el revisionismo sea sin贸nimo de reformismo y no de deconstrucci贸n; en el que veamos cosas en las que s铆 podamos creer.

Jos茅 Mar铆a Peredo Pombo
Catedr谩tico de Comunicaci贸n y Pol铆tica Internacional
Universidad Europea de Madrid

 
Bibliograf铆a y notas a pie de p谩gina:

1 - Patrick es un James H. Binger Senior Fellow en Gobernanza Global del Council of Foreign Relations en Estados Unidos.
2 - PATRICK, S. 鈥淲hen the system fails鈥, Foreign Affairs, julio-agosto, 2020, p 45.
3 - IKENNBERRY, J. 鈥淭he next liberal order鈥, Foreign Affairs, julio-agosto, 2020, p 133.
4 - Op cit en cita 3, p. 139
5 - COOLEY, A. y NEXON, D. H., 鈥淗ow hegemony ends鈥, Foreign Affairs, julio-agosto, 2020, p. 156.
6 - PARENT J.M. y MACDONALD P. K. 鈥淭he wisdom of retrenchment鈥, Foreign Affairs, noviembre- diciembre, 2011.
7 - MAC. MASTER, H.R., 鈥淭he retrenchment sindrome鈥, Foreign Affairs, julio-agosto, 2020, p. 186.
8 - NYE, J. 鈥淒o morals matter?鈥, Oxford University Press, 2020, p. 210.
9 - Op cit en cita 3, p.142.
10 - 脥dem, p. 203.