Opinión

Una clave para la paz: la unidad global (III)

(Esta entrega es continuación de la anterior: “Una clave para la paz: la unidad global (II)”) 

Otro de los principios del Islam para el desarrollo de la paz constata que no debemos tolerar la injusticia con los demás, ni que sus derechos sean usurpados. De la misma manera que no aceptaríamos que otros tomaran decisiones por nosotros, tampoco debemos esperarlo de los demás. El Islam enseña que cuando se hace precisa la imposición de un castigo, éste debe ser proporcional al acto de transgresión. Sin embargo, si el perdón puede conducir a la reforma, entonces, se ha de perdonar. Los objetivos verdaderos y globales deben ser siempre la reforma, la reconciliación y el desarrollo de una paz duradera. Pero, ¿qué sucede hoy día, en realidad? Cuando alguien comete un agravio o injusticia, la víctima busca vengarse de una manera completamente desproporcionada, mucho mayor que la injusticia original cometida. 

Esto es exactamente lo que estamos presenciando en estos días en el creciente conflicto entre Israel y Palestina. Las grandes potencias han expresado abiertamente su indignación y preocupación por la situación en Siria, Libia o Egipto, a pesar de que se podría argumentar que se trata, en esencia, de sus asuntos internos. Sin embargo, no parecen estar están preocupados por la suerte del pueblo palestino. Esta doble moral es la causa de que aumenten los sentimientos de agravio y malicia en los corazones de personas de países musulmanes contra las grandes potencias del mundo. Esta ira y animosidad es extremadamente peligrosa y podría desbordarse y explotar en cualquier momento. ¿Con qué resultado? ¿Cuánto daño supondría para el mundo en vías de desarrollo? ¿Se vería comprometida su supervivencia? ¿En qué medida se verían afectados los países desarrollados? Sólo Dios conoce la respuesta a estas preguntas. Ni yo puedo responderlas, ni nadie puede hacerlo. De lo que sí podemos estar seguros es que destruiría la paz mundial. 

Quiero dejar claro que no estoy hablando en apoyo o a favor de ningún país en particular. Todo cuanto quiero decir es que todas las formas de crueldad, dondequiera que existan, deben ser erradicadas y suprimidas, indistintamente de si han sido perpetradas por el pueblo de Palestina, el pueblo de Israel o el pueblo de cualquier otro país. Las crueldades deben detenerse porque, si permitimos su extensión, las llamas del odio acabarán envolviendo a todo el mundo, hasta el punto de que la gente no tardará en olvidarse de los problemas causados por la crisis económica actual y se enfrentará a una situación mucho más grave y terrorífica. Habrá una pérdida de vidas tan grande,  que no se puede abarcar con la imaginacion. 

Por tanto, es el deber de los países europeos, que ya sufrieron grandes pérdidas durante la Segunda Guerra Mundial, que aprendan de su pasado y salven al mundo de la destrucción. Deben cumplir con las exigencias de la justicia y estar dispuestos a aceptar sus responsabilidades. El Islam hace un especial hincapié en la necesidad de actuar siempre de manera justa y equitativa. Enseña que ninguna parte debe recibir un trato preferencial, ni debe ser favorecida indebidamente. Todo malhechor debe saber que si trata de actuar injustamente contra cualquier país, indistintamente de su tamaño o estatus, la comunidad internacional no le permitirá hacerlo. Si los estados miembros de las Naciones Unidas, los países que obtienen beneficio de la Unión Europea, los países que están bajo la influencia de las grandes potencias, e incluso los países en vías de desarrollo lo aceptaran, entonces y sólo entonces, podría emerger la paz. 

Además, la justicia sólo puede ser realmente establecida cuando las naciones con derecho a veto en las Naciones Unidas sean conscientes de que tendrán que rendir cuentas de sus acciones. De hecho, iré un paso más adelante, para afirmar que el derecho a veto no permite ni facilita el desarrollo de la paz, pues evidentemente, no coloca a todos los países al mismo nivel. Este es un punto al que también me referí a principios de este año, cuando me dirigí a los responsables y líderes políticos de los Estados Unidos, en el Capitol Hill. Si analizamos el historial de votación de las Naciones Unidas, vemos que el poder de veto no siempre se ha utilizado para ayudar a quienes estaban oprimidos o a quienes actuaron correctamente. Al contrario, hemos presenciado cómo en determinadas ocasiones, se ha abusado del poder de veto para ayudar y cooperar con la crueldad, en lugar de prevenirla. Esto es algo que ni está oculto ni es desconocido; hay muchos comentaristas que han escrito o se han manifestado abiertamente sobre este tema. 

Otro hermoso principio que enseña el Islam es que la paz de la sociedad exige que contengamos nuestra ira, y no permitir que prevalezca sobre los principios de la honestidad y la justicia. La historia del inicio del Islam da testimonio de que los verdaderos musulmanes siempre actuaban en base a este principio, y quienes no lo hicieron fueron severamente reprendidos por el Santo Profeta Muhammad (lpbD). Sin embargo, hoy día, por desgracia, no ocurre siempre. Hay situaciones en las que los ejércitos, o los soldados enviados para establecer la paz, se comportan de manera absolutamente contraria a sus objetivos declarados. Por ejemplo, en algunos países los soldados extranjeros han profanado los cadáveres de sus víctimas de la manera más horrible e irrespetuosa. 

¿Puede establecerse la paz bajo estas condiciones? La reacción ante semejantes comportamientos no se limita únicamente al país afectado, sino que se manifiesta en todo el mundo. Por supuesto que si son musulmanes los maltratados, los extremistas se aprovechan inmediatamente de la situación, a pesar de que sus respuestas sean contrarias a las enseñanzas del Islam; así queda rota la paz del mundo. El Islam enseña que la paz sólo se puede establecer mediante la ayuda que debe ofrecerse tanto a los oprimidos como a los opresores, de una manera completamente imparcial, libre de intereses creados y carente de toda enemistad. La paz se construye proporcionando a todas las partes una plataforma equitativa de igualdad de condiciones. 

Debido a las limitaciones del tiempo, sólo mencionaré un punto más: el Islam enseña que la riqueza y los recursos de los demás no deben ser mirados con codicia. No debemos envidiar aquello que pertenece a otros, pues ésta también es una manera de descomponer la paz. Si los países ricos extraen y utilizan la riqueza y los recursos de las naciones menos desarrolladas para satisfacer sus propias necesidades, entonces, naturalmente, se extenderá la alarma. Cuando proceda, los países desarrollados deben tomar sólo una parte pequeña y justa a cambio de sus servicios, permitiendo que la mayor parte de dichos recursos se utilicen para ayudar a los países en vía de desarrollo a elevar su nivel de vida. Se les debe permitir prosperar y se les debe ayudar en sus esfuerzos por alcanzar los mismos niveles que el mundo desarrollado. Entonces, y sólo entonces, se puede establecer la paz. Si los dirigentes de esos países en vías de desarrollo no son honestos, entonces las naciones occidentales, o las naciones desarrolladas, deberán actuar como supervisores, y organizar el desarrollo de tales países, proporcionándoles la ayuda necesaria. 

Hay muchos otros aspectos que se podrían tratar pero que no me ha sido posible debido a la falta de tiempo, por lo que me he limitado a los que ya les he mencionado. Ciertamente, todo cuanto les he explicado representa las verdaderas enseñanzas del Islam. 

Hay una pregunta que quizás pueda surgir en sus corazones y, por ello mismo, permítanme referirme a ella por adelantado. Ustedes pueden plantearse que si estas son las verdaderas enseñanzas del Islam, ¿por qué, entonces, vemos tantas divisiones y desorden en el mundo musulmán? Ya he contestado anteriormente a esta pregunta, al mencionar la necesidad del advenimiento de un Reformador, ya que creemos que esta persona fue el Fundador de la Comunidad Ahmadía del Islam (lpD). Nosotros, la Yama’at Musulmana Ahmadía (Comunidad Musulmana Ahmadía), siempre tratamos de transmitir estas verdaderas enseñanzas a un público tan amplio como sea posible. 

Me gustaría pedirles a todos ustedes que también hagan esfuerzos para concienciar dentro de sus propios círculos de influencia sobre estos temas, para que la paz duradera pueda desarrollarse en todas las áreas del mundo. 

Si fracasamos en esta tarea, entonces ninguna parte del mundo se mantendrá a salvo de los terribles efectos destructivos de una guerra. Ruego a Al’lah Todopoderoso que conceda a los pueblos del mundo la capacidad de elevarse por encima de sus intereses y deseos personales, en el esfuerzo por salvar al mundo de la destrucción inminente que se avecina. Las naciones desarrolladas de Occidente son las que cuentan con el mayor poder en el mundo de hoy, y su deber, por encima de todo, es prestar atención inmediata a estas cuestiones cruciales. 

Para terminar, me gustaría darles las gracias una vez más a todos por acudir hoy aquí y escuchar cuanto les he dicho. ¡Que Dios les bendiga! 

Muchas gracias. 

(lpbD) – que la paz y las bendiciones de Dios sean con él. 

(lpD) – que la paz sea con él.