Opinión

La filosofía de las enseñanzas del Islam (30)

(Continuamos donde dejamos la exposición en la entrega 29, donde exponíamos el significado de la revelación). 

El significado de la revelación (continuación). 

No hay duda de que si el receptor de la revelación hace una pregunta, y Dios responde a la pregunta; si existe una secuencia entre pregunta y respuesta; si la revelación se caracteriza por la luz y la majestad Divinas, y si comprende el conocimiento de lo invisible y la verdadera comprensión, entonces se trata en verdad de la Palabra de Dios. Es imprescindible que la relación Divina sea como un diálogo entre dos amigos. Cuando el siervo hace una pregunta, debería obtener una respuesta dulce y elocuente de Dios Exaltado en la que su pensamiento, su proyección y su mismo ser no han de formar parte. Si un diálogo tal se concede como bendición a una persona, entonces es la Palabra de Dios, y su receptor es querido por Dios. El que la revelación se conceda como bendición, y que una serie de revelaciones santas y vivas se concedan a un siervo de Dios claramente y en una forma pura, no es la suerte de nadie excepto de aquellos que consiguen un alto nivel de fe, sinceridad y buen hacer, y de aquello que aquí no podemos descubrir. La revelación santa y verdadera muestra muchas maravillas de la Divinidad. Muchas veces se genera una luz brillante junto con la concesión de una revelación majestuosa y brillante. ¿Qué otra bendición podría ser mayor que ésta, que un receptor de revelación pueda conversar con el Ser que es el Creador de los cielos y la tierra? Dios puede ser visto en este mundo sólo a través de la conversación con Él. 

Esto no incluye la condición de una persona de cuya boca proceden palabras o versos no acompañados de tal diálogo. Dios prueba a esta persona, como a veces prueba a Sus siervos perezosos y negligentes, haciendo que salgan de sus bocas y de sus corazones frases y declaraciones respecto a las cuales los siervos están como ciegos, no sabiendo si tales palabras dimanan de Dios o de Satanás. Las personas así probadas deben implorar “istighfar” (el perdón de Dios) con respecto a tal experiencia. Pero si un siervo justo y honrado del Señor experimenta un diálogo continuado con el Divino, y oye, estando totalmente despierto, una secuencia de palabras brillantes, sabias, dulces, majestuosas y llenas de significado, en forma de, por lo menos diez preguntas y respuestas - es decir, si el siervo pregunta a Dios y Dios responde, y el siervo, totalmente despierto, hace otra pregunta y Dios responde de nuevo, repitiéndose este intercambio por lo menos diez veces - y si en el transcurso del diálogo Dios acepta sus oraciones, y le proporciona conocimientos profundos, le informa acerca de acontecimientos venideros, y le honra repetidas veces con Su diálogo, entonces tal persona ha de estar profundamente agradecida a Dios, y ha de dedicarse a Él más plenamente que cualquier otra, porque Dios, en Su Gracia, le ha elegido de entre Sus siervos, y le ha convertido en heredero de los fieles que le precedieron. Esta bendición se otorga muy raramente, y es el sumo favor Divino. Aquellos a quienes se otorga consideran que todo lo demás carece de valor. 

Una característica del Islam 

El Islam siempre ha producido personas de esta supremacía espiritual. Tan sólo en el Islam se acerca Dios a Su siervo, y conversa con él y habla dentro de él. Dios hace Su trono en el corazón de tal persona, y le guía desde dentro hacia los cielos. Le otorga las mismas bendiciones que otorgó a sus predecesores. Es una lástima que las gentes de este mundo ciego no vean lo cerca que un hombre puede llegar a Dios. No dan ellos un paso hacia adelante; y si otro se ofrece, o lo consideran incrédulo, o lo consideran dios, y lo colocan en el lugar de Dios. Ambas actitudes constituyen grandes equivocaciones que pasan de un extremo a otro. Un sabio debe poseer un alto grado de resolución, y no debe rechazar ni denigrar al que Dios escogiera para esta eminencia, ni postrarse ante él como si fuera un dios. Cuando una persona consigue tal grado de exaltación, Dios Exaltado manifiesta tal relación con él que parece que le protege con el manto de Su Divinidad, convirtiéndole en un espejo mediante el cual los demás podemos ver a Dios. Por esta razón, el Santo Profeta (lpbD) dijo: “El que me haya visto a mí, ha visto a Dios”. Este es el último estadio del progreso espiritual del hombre, en el que se le otorga la plena satisfacción. 

El conferenciante recibe el honor de la conversación Divina 

Al llegar a este punto en mi exposición, sería una gran injusticia hacia mis congéneres no declarar que la bondad Divina me ha elegido para recibir la categoría que acabo de describir, y me ha honrado con la conversación cuyas características acabo de exponer en detalle, para que yo dé vista al ciego, para que guíe a aquellos que le buscan a Él, que hasta ahora estaba oculto, y para que dé a los que aceptan la verdad las buenas noticias de aquella Santa Fuente de la que muchos hablan pero que muy pocos encuentran. Aseguro a los oyentes que de no seguir el Santo Corán, nadie puede hallar a Dios, en quien está la salvación y el eterno bienestar del hombre. Si la gente viera lo que yo he visto, y si oyera lo que yo he oído, entonces rechazaría los cuentos vanos y correría en busca de la Verdad. La conversación con el Divino es el agua celestial que borra todas las dudas; es el espejo por el cual contemplamos al Ser Supremo. El que busca en su alma la Verdad, que se levante y busque. Os digo en verdad que si las almas están llenas de la verdadera búsqueda, y si los corazones están sedientos, la gente buscará la manera de ver a Dios y buscará el buen camino. ¿Cómo descubrir el camino, y cómo romper el velo que nos separa el él? Aseguro a todos los que buscan, que sólo el Islam nos da la buena noticia de aquel camino. Todos los demás pueblos han cerrado la vía de la revelación. Pero estad seguros de que Dios no ha cerrado este camino: es sólo un pretexto ofrecido por aquellos que han sido privados de él. Estad seguros de que, así como no podemos ver sin ojos, ni oír sin oídos, ni hablar sin lengua, nunca podremos ver el rostro del verdadero Amado sin contar con la ayuda del Santo Corán. Fui joven y ahora soy viejo, pero nunca encontraré a nadie que bebiera de la copa de la comprensión visible, sin beber de esta Fuente Sagrada. 

(lpbD) – la paz y las bendiciones de Dios sean con él. 

(Continuaremos en la entrega 31, versando aún más sobre el tema de la revelación)