Adieu BB, se nos fue la leyenda

Adieu BB: del mito del cine francés al activismo animal y las polémicas que marcaron su retiro
<p paraid="1916301695" paraeid="{7fc55f43-b6ee-461e-ad9b-fa1c609849c5}{56}">La estrella de cine francesa Brigitte Bardot - REUTERS/ PHILIPPE WOJAZER&nbsp;</p>
La estrella de cine francesa Brigitte Bardot - REUTERS/ PHILIPPE WOJAZER

Corría el año 1973 cuando el gran mito entonces del cine y de la vida social francesa, Brigitte Bardot, decidía hacer mutis por el foro de la popularidad y abandonar el proscenio casi en silencio y, sobre todo, sin pedir permiso ni justificarse. Para alguien, como era mi caso, recién establecido en la capital francesa, la sensación fue rara: se marchaba de la escena un potencial filón de noticias.  

No desapareció por ello el interés, ni mío ni de los franceses, por BB, en adelante dedicada a la lucha por el bienestar animal. Como reconocería años más tarde, “di mi juventud a los hombres y mi madurez a los animales”. En ambos casos, su dedicación tuvo repercusión universal. A excepción del primero de sus cuatro maridos, Roger Vadim, que la catapultó definitivamente a la categoría de mito universal, Jacques Charrier, Gunter Sachs y Bernard d´Ormale, fueron más maridos de, que ella mujer de ellos.  

A diferencia de otras grandes estrellas del firmamento francés, Brigitte Bardot no fue rescatada del hambre ni sacada del arroyo, como se decía entonces, antes bien había nacido y pertenecía a la acomodada burguesía parisina. Había llegado al mundo en la capital francesa en 1934 y, apenas los nazis habían sido puestos en fuga ante el avance aliado, aprobaba su ingreso en el Conservatorio Nacional de Música y Danza. Tenía apenas diez años y, de la mano de los entonces mejores bailarines y coreógrafos del mundo, aspiraba a convertirse también en una gran bailarina.  

<p paraid="767645797" paraeid="{7fc55f43-b6ee-461e-ad9b-fa1c609849c5}{6}">La actriz francesa y activista por los derechos de los animales Brigitte Bardot - PHOTO/ REUTERS </p>
La actriz francesa y activista por los derechos de los animales Brigitte Bardot - PHOTO/ REUTERS 

Su ya espectacular cuerpo de adolescente, pero sobre todo su rostro, calificado de picaronamente angelical, irrumpieron al comienzo mismo de 1950, en que la revista Elle le anticipó un futuro indiscutible en el ya entonces muy boyante cine francés, que aún competía con ventaja frente al arrollador avance del norteamericano, destinado a ser la punta de lanza del poder blando de Estados Unidos.  

BB intervino como actriz secundaria en una decena de películas antes de irrumpir como un ciclón con “Et Dieu créa la femme”. Si fue innegable su elevación a la categoría de símbolo sexual, los numerosos reportajes y entrevistas que le dedicaron descubrían a una mujer independiente, dispuesta a conquistar el mundo por sus propios méritos y a conseguir sus metas bien fijadas de antemano, además de opinar con criterio propio de las materias de mayor actualidad. Toda una revolución, jalonada aasimismo con opiniones políticas que expresaban con nitidez su apego a la libertad, la igualdad y la justicia.  

Si su nombre se fue consagrando en el cine a cada nueva película, los directores con los que trabajó también le deben al menos una buena parte de su fama. Y estamos hablando de figuras indiscutibles como Jean-Luc Godard (El desprecio y Masculino y Femenino), Louis Malle (Una vida privada; ¡Viva María), H.G. Clouzot (La verdad) y Christian Jaque (Las petroleras). Esta última la rodó en España en 1971, junto a otra “bomba” sexual, Claudia Cardinale. Antes también había rodado en nuestro país Los joyeros del claro de luna, dirigida por Roger Vadim, y aún haría otra más, El boulevard del ron, rodada íntegramente en Almería.  

Si el cine fue su principal escaparate, la canción le supuso una gran satisfacción personal, en la medida en que sacó a relucir sus mejores cualidades de su exquisita educación musical. Considerada como la reina del denominado spoken pop (canción susurrada), aprovechó los tonos graves para acentuar la sensualidad de su voz. En el catálogo de sus canciones aparecen títulos inolvidables como Bonnie and Clyde, Bubble gum, Comic Strip, Contact, Harley Davidson y Je táime, moi non plus, grabada con su compositor, Serge Gainsbourg. La grabación solo emergería veinte años más tarde por deseo expreso de BB, ya que cuando la grabó, la canción era tan sexualmente explícita que la artista adivinaba un problema serio con su propio marido de entonces, Gunter Sachs. Gainsbourg lo aceptó y decidió entonces regrabar la canción con su propia mujer, Jane Birkin, que, sin los tonos graves de Bardot, logró un éxito colosal.  

<p paraid="924513586" paraeid="{7fc55f43-b6ee-461e-ad9b-fa1c609849c5}{29}">Un hombre fotografía la estatua de la fallecida cantante, actriz y activista por los derechos de los animales Brigitte Bardot, en la Place Blanqui de Saint Tropez, Francia, el 28 de diciembre de 2025 - REUTERS/ MANON CRUZ </p>
Un hombre fotografía la estatua de la fallecida cantante, actriz y activista por los derechos de los animales Brigitte Bardot, en la Place Blanqui de Saint Tropez, Francia, el 28 de diciembre de 2025 - REUTERS/ MANON CRUZ 

Si la matanza anual de bebés foca en Canadá fue el detonante que llevó a BB a convertirla en la causa con cuya importancia justificó el abandono de su vida artística, la defensa de los animales en peligro de desaparición la llevó a montar la Fundación Brigitte Bardot, a la que sostuvo económicamente y dedicó prácticamente el resto de su vida.  

BB fue la modelo que sirvió para esculpir los bustos de Marianne, la alegoría que representa a la República Francesa en los principales edificios oficiales. Brigitte Bardot se sintió muy satisfecha de que la escogieran para ello, toda vez que el nombre significa etimológicamente rebelde, pero también amor, dos palabras que le cuadraban. Aun así, de las muchas distinciones que le otorgaron, rechazó la Legión de Honor, la más importante de las que otorga Francia.  

Cuando despuntaba el siglo XXI, Bardot empezó a criticar públicamente la inmigración masiva y descontrolada en Francia, además de la expansión en el país del islam a través de la multiplicación de mezquitas regidas por imanes radicales. El movimiento woke no se lo perdonó, acusándola de fascista y racista, denuncias que se tradujeron en hasta cinco sanciones pecuniarias “por delitos de odio”.