Putin no contempla un alto el fuego: sin condiciones, la guerra continúa

La corresponsal María Senovilla analiza por qué los intentos de paz entre Rusia y Ucrania fracasan mientras crecen las presiones militares, políticas y humanitarias
El presidente ruso, Vladimir Putin - REUTERS/ MAXIM SHEMETOV
El presidente ruso, Vladimir Putin - REUTERS/ MAXIM SHEMETOV

María Senovilla, periodista colaboradora de Atalayar, aborda en esta entrevista la última declaración del presidente ruso, Vladimir Putin, en la que rechaza un alto el fuego y mantiene sus exigencias territoriales.

Ante la posibilidad de un acuerdo que implique cesiones territoriales, analiza los riesgos de una paz sin garantías, la reacción de los soldados ucranianos entrevistados, y el dilema de millones de ciudadanos atrapados en zonas ocupadas. Senovilla repasa también las tensiones internas del Gobierno ucraniano y la presión internacional sobre su liderazgo.

Putin insiste en que quiere lo que quiere, sus reclamaciones territoriales y asegura que no habrá alto el fuego hasta que Ucrania acepte. 

Así es, el presidente ruso comparecía ayer en una rueda de prensa en Kirguistán, donde hizo una visita, y decía que si Ucrania se retira se acabará la guerra, es decir, que, si el ejército ucraniano deja de defender a los ucranianos se acaban los combates. No sé si las declaraciones de este presidente dan risa o ganas de llorar, pero lo que parece es que nos ponen de nuevo en la casilla de salida de cara a una negociación. No hay concesiones para Putin lo decías tú, quiere todos los territorios que tiene actualmente ocupados y no contempla ni siquiera devolver Zaporiyia y la parte de Jersón, donde están instaladas las tropas rusas, que podría ser la propuesta que Zelensky lleve a Washington cuando se vaya a reunir con Trump. 

En estos momentos hay múltiples borradores de ese acuerdo de paz, pero la opción más plausible es que el Gobierno de Ucrania renunciara al Donbás a cambio de que Rusia se retire de Zaporiyia donde está esa central nuclear, la más grande de Europa, y de esa parte ocupada en el sur de Jersón. Sin embargo, Putin hizo hincapié desde Kirguistán, en que ahora mismo su ejército cuenta con una superioridad numérica importante, lo cual es cierto y que mientras Ucrania no consigue reclutar a los suficientes hombres para mantener la línea del frente. Así que, dijo Putin, si no entregan los territorios en una negociación, continuará la campaña militar. 

María, has podido hablar con expertos sobre cómo se puede gestionar si se produce, si se planteara de verdad la entrega de estos territorios. 

Podemos escuchar a Oleksandr Krayev, experto de relaciones internacionales, director del programa para Norteamérica del Consejo Ucraniano de Asuntos Exteriores, del programa Ukrainian Prince. Básicamente, lo que dice Krayev es que la principal preocupación de los ucranianos, de cara a que se firme el acuerdo en estos momentos, es que, si no hay un apoyo concreto por parte de Occidente, con la firma del acuerdo lo que va a suceder es que desaparezcan los apoyos actuales. 

Lo que dice Krayev es que, en un momento como este, si los europeos y los estadounidenses dicen, “muy bien, ya hay paz, nosotros nos vamos”, dejarán solos a los ucranianos que están seguros de que Rusia volverá a atacar. 

<p>Lugar del del ataque aéreo ruso, en medio del ataque de Rusia a Ucrania, en Zaporizhzhia, Ucrania, 20 de noviembre de 2025 - PHOTO/ REUTERS</p>
Lugar del del ataque aéreo ruso, en medio del ataque de Rusia a Ucrania, en Zaporizhzhia, Ucrania, 20 de noviembre de 2025 - PHOTO/ REUTERS

Lo que comentabas, María, de que, si no se hace lo suficiente, si no se hace lo que hay que hacer, es posible una nueva agresión de Rusia. 

Así es. Yo continuaba después la entrevista con este experto en Relaciones Internacionales, que es académico, y me decía que, por supuesto, que es posible firmar un acuerdo sin garantías de seguridad por parte de Occidente, pero que será inútil y que quedará invalidado porque Rusia volverá a cometer agresiones contra Ucrania. Y me decía una cosa muy importante, que un acuerdo sin Occidente simplemente concederá a Rusia más posibilidades de ejercer presión, no sólo sobre Ucrania, sino también sobre el resto de Europa. 

María, has hablado también con soldados ucranianos. ¿Qué opinan sobre la posibilidad de tener que capitular, de tener que rendirse? 

Los soldados a los que entrevistaba cuando estaban en sus posiciones en el frente de combate fueron bastante menos diplomáticos que Krayev. Recordemos a nuestros oyentes que Zelensky publicaba ese discurso abriendo la puerta a una posible capitulación el viernes a última hora, y durante el fin de semana la noticia corrió como la pólvora. Yo aproveché esos días para hablar con soldados que estaban destacados en distintos frentes, desde el noreste hasta el frente de Zaporiyia. 

No hubo ni uno solo que dijera que le parecía bien la capitulación o que quería rendirse. Decían que, a estas alturas, casi después de cuatro años de invasión y de cientos de miles de vidas perdidas por culpa de esta invasión unilateral rusa, que ya no había vuelta atrás y que no querían rendirse. Si rendirse significaba ceder el territorio de Ucrania. 

Me decían si significa regalar Ucrania. Algunos apuntaban a que esta paz forzosa iba a dividir al pas en dos, lo que iba a causar después era una guerra civil entre ucranianos. Entre los ucranianos que habían perdido a sus padres, a sus hijos, a sus hermanos, a sus amigos en el frente de combate y los que, a lo mejor, estaban más alejados de la línea del frente y solo querían que esto acabara. 

Pero que, en cualquier caso, no iba a ser una paz duradera, ni un primer paso para una reconstrucción real del país. Le preguntaba a uno y le decía Zelensky ha dado a elegir entre los 28 puntos que ha presentado el Gobierno estadounidense o el invierno más duro de nuestras vidas. Y no me dejaba ni terminar la frase. 

Me decía, que sea el invierno más duro de nuestras vidas, pero ahora mismo ya no hay vuelta atrás. Otro de ellos, desde el frente de Zaporiyia, me decía que él tenía un hijo pequeño y que lo que no quería era que dentro de 10 o de 15 años su hijo tuviera que volver a la guerra, porque si la guerra en Ucrania no terminaba con una victoria, iba a continuar en Europa. No sabía cuándo, pero que, también este experto en relaciones internacionales, nadie se fía de Rusia. 

Todo el mundo está convencido de que Rusia va a volver a atacar y de que esta agresión no se va a quedar solamente en quedarse con los territorios que ahora mismo tiene ocupados. Y luego no debemos olvidar tampoco, aunque no podamos entrevistarlos a diario, a esos cinco millones de ucranianos que viven en los territorios ocupados. Porque cuando hablamos de regalarle a Rusia los territorios ocupados no hablamos de tierra, hablamos de personas. 

De cinco millones de ucranianos que van a perder su identidad, su libertad y a lo mejor hasta su vida si se pronuncian con ese sentimiento ucraniano con el que ya les están deteniendo de manera arbitraria, cuando se declaran que son ucranianos. Y esas personas viven ahora mismo bajo la ocupación rusa. 

<p>Un zapador de la 808ª Brigada de Apoyo Separada Dnistrovska de las Fuerzas Armadas de Ucrania usa un detector de metales para buscar artefactos explosivos, en la región de Kherson, Ucrania, el 22 de noviembre de 2025 - PHOTO/ REUTERS </p>
Un zapador de la 808ª Brigada de Apoyo Separada Dnistrovska de las Fuerzas Armadas de Ucrania usa un detector de metales para buscar artefactos explosivos, en la región de Kherson, Ucrania, el 22 de noviembre de 2025 - PHOTO/ REUTERS 

Y mientras tanto hemos tenido hoy la noticia de que la Fiscalía Anticorrupción de Ucrania ha registrado el domicilio de Andriy Yermak... 

Ahí los europeos, sobre todo el canciller alemán, le han pedido a Zelensky que sea absolutamente contundente contra la corrupción. Europa insiste en reclamar una silla en la mesa de negociación y mientras tanto esa unidad europea se rompe o no se rompe. Hay quien piensa que mantener ese vínculo entre Rusia y la Unión Europea a través del presidente húngaro, que ha visitado hoy Moscú, ha visitado a Putin, es una buena idea. 

Eso sí, Víctor Orban ha ido a Moscú a garantizarse el suministro de gas y petróleo. Los apoyos a Rusia por parte de Víctor Orban no son ninguna novedad, los hemos comentado aquí en infinidad de ocasiones y esta oportunidad no la iba a desaprovechar. Pero sí que es cierto que el resto de la Unión Europea ha pedido contundencia al presidente Zelensky con este gravísimo caso de corrupción. 

Un caso de corrupción que todo apunta a que ha sido aprovechado tanto por Rusia como por Estados Unidos para presionar aún más a Zelensky, para presentarle ese primer plan inicial de 28 puntos que concede absolutamente todas las peticiones de Rusia, que le entregará el territorio, que redujera casi a la mitad su ejército. Todas las concesiones que pedía Rusia estaban contempladas en ese programa de 28 puntos y lo que lo que ha hecho ahora mismo Zelensky, uniéndose a la Unión Europea, es intentar negociar esas condiciones para hacer un plan que sea posible que acepte la ciudadanía ucraniana. Porque aquí hablamos de una ciudadanía, esto no es Rusia, Ucrania no es Rusia. 

En Rusia las decisiones que toma Putin se tienen que aceptar, porque quien no las acepta va a la cárcel. En Ucrania no, en Ucrania ya hemos hablado otras veces de las manifestaciones de una ciudadanía activa que no acepta decisiones gubernamentales que vayan en contra de sus propios derechos. 

Este plan inicial que se presentó el viernes pasado era inaceptable para la ciudadanía y por mucho que ahora mismo haya un caso de corrupción en curso, por mucho que ahora mismo el Gobierno de Zelensky esté en una situación más vulnerable que nunca desde que empezó la invasión, lo que lo que se está diciendo en foros, lo que dice la gente es muy bien, ya arreglaremos nuestra corrupción, nuestros asuntos internos, pero eso no significa que debamos aflojar en nuestros intereses como país y en renunciar, no sólo al territorio, sino en desposeer a las personas que viven en sus territorios ocupados de la ciudadanía ucraniana. 

El presidente Volodymyr Zelenskiy y el jefe de la Oficina Presidencial, Andriy Yermak - REUTERS/ GLEB GARANICH
El presidente Volodymyr Zelenskiy y el jefe de la Oficina Presidencial, Andriy Yermak - REUTERS/ GLEB GARANICH

María, una última cuestión… hoy estás en Gijón, has regresado por unos días de Ucrania… 

Sí, va a ser una visita muy breve el martes ya, regreso a Ucrania, pero yo creo que también es importante esto que dices, también tomarte una pausa para venir y difundir aquí también lo que estamos haciendo desde allí, porque a mí a veces cuando regreso vengo poco por España, pero cuando regreso me da la sensación de que la gente está cada vez más alejada de un conflicto que tenemos en casa, porque es que la guerra de Ucrania, que está en Europa, Ucrania, está a tres horas y media de avión desde Madrid, lo tenemos en casa y yo entiendo que claro, ya van casi cuatro años de conflicto, se va diluyendo, el foco mediático también pasa a otros conflictos, que azotan el mundo, que los tratamos también aquí en el programa, pero es importante recordar a la gente lo que está pasando, porque en estos momentos, desde estos micrófonos no hemos dejado de contarlo ni una sola semana, y hemos atendido a la actualidad y a lo que está pasando, pero hay gente que no sabe que en estos momentos la guerra de Ucrania está probablemente en el peor momento desde que empezó la invasión, por esa superioridad numérica de Rusia de la que se hablaba, por esa aparición de los drones como arma de guerra, que ahora mismo no discriminan entre civiles o militares, por la presión política que se le está imponiendo a Zelensky, para que regale los territorios ocupados, y por el recrudecimiento del frente de combate que tratamos aquí, tan a menudo y que explicamos. 

También está bien venir, parar, aprovechar un foro como los encuentros fotográficos de Gijón, con grandes profesionales, por aquí está César Lucas, está Rafael Navarro, está Castro Prieto, está Lua Ribeiro, la fotógrafa de Magnum, y también poner, mostrar esas imágenes y poner sobre la mesa la importancia de que haya fotógrafos sobre el terreno, documentando la guerra para luego poder contársela al mundo.