Aumentan las intoxicaciones por la emisión de gases del complejo químico de Gabès
Tras el grave aumento de hospitalizaciones por intoxicación, los tunecinos han manifestado a las autoridades la necesidad de tomar medidas urgentes que encuentren una solución rápida a este problema ambiental que comenzó en 2017 y cuyas consecuencias en el ecosistema, según expertos climáticos, están cerca de ser irreversibles.
Ubicada en la región de Ghannouch, el complejo químico de Gabès que pertenece al Grupo Químico de Túnez se ha dedicado al tratamiento de minas de fosfato desde su fundación en la década de 1970. A pesar de que el problema se ha agravado en estas últimas semanas, el foco del conflicto recae en la ubicación de la fábrica, puesto que se trata de una playa frente a un oasis único altamente sensible a las condiciones climáticas.
Los efectos de la contaminación en Gabès son cada vez más evidentes, perjudicando las plantaciones de palmeras, la fertilidad del suelo, afectando el nivel del agua subterránea y causando problemas respiratorios entre los habitantes de la zona. Por ejemplo, el número de especies de peces ha disminuido de 93 a 50, y de algas han desaparecido cinco de las seis que había.
Las últimas intoxicaciones fueron consecuencia de una fuga de gas que ha afectado a los estudiantes del instituto Ibn Rushd situado en los alrededores de la planta. Entre las peticiones de los tunecinos, destaca la construcción de un hospital que cumpla con los estándares básicos de atención médica para una comunidad.
El movimiento, liderado por la sociedad civil Stop Pollution, ha solicitado que se demuelan las instalaciones contaminantes, puesto que el Complejo vierte más de 14.000 toneladas de yeso fosforado anuales al mar Mediterráneo. Además, Stop Pollution ha propuesto la reubicación de la fábrica lejos de zonas residenciales, con el fin de respetar el medio ambiente.
En palabras del coordinador de Stop Pollution, Khaireddine Dabiya, las consecuencias de la contaminación han estado presentes durante años. “La antigüedad del oasis supera los 2.500 años, pero se está destruyendo a un ritmo alarmante. Es por ello por lo que pedimos el cierre hace más de ocho años, y seguiremos luchando para que los casos de intoxicación en la región cesen y el oasis no pierda las más de 180 fuentes naturales que tiene y que se están quedando sin agua”, concluyó su intervención en las manifestaciones convocadas por su fundación.
Asociaciones de agricultores de la zona se unieron a la causa a raíz de las consecuencias que el polvo que se desprende de los tratamientos que reciben los productos fosfatados ha provocado en los cultivos. En la región de Ghannouch se concentra gran parte de la industria agroalimentaria, es decir, gran parte de la población vive de la agricultura y de los palmerales, por lo que la afectación de las tierras puede acarrear la pérdida de puestos de trabajo. Los gases emitidos han dañado productos agrícolas como pimientos, granadas, dátiles, hortalizas y legumbres.
En paralelo, el sector pesquero también ha alzado la voz para denunciar los graves problemas que están teniendo, ya que el Golfo de Gabès es uno de los principales puntos de pesca del país.
Dejando de lado las afectaciones económicas, el problema de gases del Complejo Industrial de Gabès ha adquirido la categoría de emergencia nacional de salud, tal y como lo ha señalado la vicepresidenta de la Asociación para el Avance del Sector de Salud de Ghannouch, Nadia Bakhiti. “Las enfermedades y las epidemias están en aumento en la región destacando los más de 1.000 casos de hepatitis y los 300 casos de problemas respiratorios, además del aumento de malformaciones y de cáncer”, subrayó Bakhiti.
Los observadores piensan que los niveles de polución en el aire de la zona de Gabès han excedido los límites fijados por la Organización Mundial de la Salud. Los gases dañinos que se liberan, tales como el dióxido de azufre y el amoníaco, están provocando problemas respiratorios persistentes en la población, sobre todo en niños y personas mayores.
Los datos de la Organización Mundial de la Salud indican que esto resulta en la muerte de cerca de 6.000 personas cada año.