De Bagdad al Valle del Silicio: ¿quién robó el espíritu de Al-Juarismi?

Muhammad ibn Musa al-Juarismi, el hombre que escribió la primera ecuación de la lógica antes de que ésta se convirtiera en el idioma de las máquinas
Muhammad ibn Musa al-Juarismi, el hombre que escribió la primera ecuación de la lógica antes de que ésta se convirtiera en el idioma de las máquinas
De Bagdad al Silicon Valley descubre cómo Al-Juarismi pionero de la lógica y las matemáticas dejó su legado en nuestro mundo digital y quién manda allí

Desde las profundas capas del tiempo emerge un rostro que muchos han olvidado, pero que sigue habitando la trama más íntima de los algoritmos: Muhammad ibn Musa al-Juarismi, el hombre que escribió la primera ecuación de la lógica antes de que ésta se convirtiera en el idioma de las máquinas. No fue un simple ingeniero; fue un visionario de la razón, el primero en entender que las matemáticas no son cifras sino una forma de contemplar el universo. Para él, el orden no era una restricción, sino un camino hacia la libertad, y el pensamiento, cuando se inserta en una estructura rigurosa, se vuelve más capaz de abrazar el caos. 

Pero la ironía de la historia es cruel: cuando Occidente descubrió su legado, adoptó sus fórmulas, pero no su espíritu. Sustituyó la esencia juarismiana por una máquina sin conciencia y convirtió el álgebra en un instrumento de poder sobre el ser humano, en vez de una herramienta para emanciparlo

Hoy, en un tiempo gobernado por algoritmos que deciden lo que leemos, vemos y deseamos, la pregunta de Al-Juarismi sigue vigente: ¿Quién gobierna a quién? ¿El ser humano a la herramienta, o la herramienta al ser humano? La conciencia se ha vuelto prisionera de códigos concebidos por ingenieros sin filosofía y programadores sin memoria, mientras los datos se elevan como nuevas deidades en los templos de las grandes corporaciones tecnológicas. 

Al-Juarismi no quiso transformar el espíritu humano en un código replicable. Aspiró a dotar al pensamiento de una arquitectura, no a convertir la inteligencia en una mercancía. En Bagdad, la ecuación era una vía hacia la comprensión del orden divino; en el Valle del Silicio, se ha convertido en un mecanismo de control dentro del orden del mercado

No fue creado para fabricar máquinas que pensaran, sino para recordarnos que pensar es un acto profundamente humano, y que el cálculo no es la negación del espíritu, sino una de sus expresiones más claras. Sin embargo, en esta época de simplificación digital, el mundo empieza a verse como lo ven los algoritmos: reducido a un binario de uno y cero, utilidad o inutilidad, ganancia o pérdida

El ser humano ha dejado de ser creador del pensamiento lógico para convertirse en justificador de su propia máquina. ¿Qué queda entonces de la Bagdad que un día fue centro del ingenio y no simple consumidora de innovaciones ajenas? Quizá el espíritu de Al-Juarismi se perdió cuando se cerraron las mentes y se abrieron los mercados, cuando los intelectuales comenzaron a perseguir la tendencia y no la verdad, y cuando la genialidad se midió en seguidores y no en preguntas. 

Perdimos la capacidad del sueño científico porque extraviamos la filosofía de la ciencia, y porque olvidamos que ninguna innovación tiene valor si no libera al ser humano de su miedo y su ignorancia. Al-Juarismi no hablaba el lenguaje de los algoritmos tal como lo entendemos hoy, sino el lenguaje de la dignidad intelectual. Enseñó que el cero no es vacío, sino posibilidad; que todo sistema, por complejo que sea, nace de la nada cuando lo impulsa la voluntad. Es lo que hoy falta: la voluntad del conocimiento en conciencia no en herramienta de sometimiento. 

En medio de este declive tecnológico revestido de brillo se revela una paradoja: quien inició la revolución de la razón en Bagdad ha sido borrado de la revolución digital contemporánea. Mientras se levantan ciudades del futuro en el Valle del Silicio, nuestras ciudades permanecen ancladas a una búsqueda eterna de consuelo en el pasado en lugar de proyectarse hacia el porvenir. 

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Vista completa de noche del Apple Park, en Silicon Valley, San Francisco, Estados Unidos - Depositphotos

¿Queda algo de Al-Juarismi en nosotros? ¿Pueden los árabes recuperar la idea de que la tecnología no reemplaza al ser humano, sino que prolonga su humanidad

La respuesta no está en los laboratorios, sino en una conciencia renovada que devuelva a la ciencia su sentido ético y que recuerde a la razón sus límites frente al espíritu. Porque la inteligencia artificial, por poderosa que sea, no puede escribir una conciencia. 

Y Al-Juarismi, si viviera hoy, nos susurraría con la serenidad de los antiguos: 

“Guardaos de programaros a vosotros mismos como programáis a vuestras máquinas.” 

La batalla no es entre el ser humano y la tecnología, sino entre el ser humano y su propia humanidad. Y quien no posea el espíritu de Al-Juarismi seguirá siendo esclavo de una máquina destinada a servirlo, no a gobernarlo. 

Abdelhay Korret, periodista y escritor marroquí