Mediterráneo: memoria compartida y medios como puente de conciencia
El Mediterráneo no es solo un mar; es memoria viva, un testigo que guarda la huella de guerras, migraciones y diálogos entre civilizaciones. Entre un Norte saturado de modernidad y un Sur cargado de preguntas, este mar ha sido espejo de tensiones, encuentros y transformaciones. Hoy, los medios de comunicación emergen como las manos invisibles que sostienen la conciencia mediterránea, no con ejércitos ni tratados, sino a través de símbolos, narrativas y significados compartidos.
Los medios han dejado de ser simples transmisores de información. Se han convertido en autoridades simbólicas capaces de moldear la percepción colectiva, redefinir identidades y producir realidades que cruzan fronteras. Mientras el poder duro actúa con armas y acuerdos, el poder blando opera en la emoción, en la cultura y en la capacidad de influir en cómo los pueblos se perciben a sí mismos y a los demás.
Voces del Sur, como Marruecos, han comenzado a emerger no como meros receptores, sino como actores activos en la construcción de significado. Su posición estratégica y patrimonio cultural plurilingüe les ofrecen la oportunidad histórica de desempeñar un papel de mediación entre Europa y África, produciendo narrativas mediterráneas propias que dialoguen con razón y con historia.
El verdadero desafío consiste en pasar de un periodismo de transmisión a un periodismo de comprensión, de dependencia narrativa a independencia simbólica.Muchos medios mediterráneos aún reflejan presiones políticas y económicas que perpetúan desigualdades entre centro y periferia. Para que sean fuerza blanda real, necesitan credibilidad, profundidad cultural y sensibilidad histórica, no sensacionalismo ni adoctrinamiento.
El poder blando se despliega también en la cultura: cuando España o Turquía exportan series al mundo árabe, Francia difunde su lengua en África o Marruecos promueve iniciativas mediáticas plurilingües, se construye una red de influencia que moldea percepciones mutuas y fortalece el entendimiento entre naciones. Los medios actúan así como diplomacia invisible, transformando lentamente la relación entre pueblos.
La disputa en el Mediterráneo ya no es solo por territorio; es por significado. Quien controla la narrativa, controla la memoria y la forma en que los pueblos se reconocen entre sí. Construir un espacio común requiere medios que transformen divisiones en puentes, justificación política en conciencia crítica y diferencias en inteligencia cultural. El Mediterráneo siempre fue un mar de tránsito, no de separación.
Escuchar ambas orillas—el Sur marginado y el Norte fatigado—es condición para que nazca una conciencia mediterránea basada en memoria compartida y humanidad. Los medios deben ver al ser humano más allá de la nacionalidad y reconocer su fragilidad común, aquella que nos hace semejantes y nos conecta.
El poder blando reside en poseer significado, no solo narrativa. Cuando los medios logran esto, el Mediterráneo deja de ser un espacio de conflicto y se convierte en un espacio de conciencia. Solo entonces este mar recupera su esencia: diálogo, memoria compartida y humanidad reencontrada.
Como reflexionó un filósofo: “Cuando el hombre escucha el eco del mar, percibe un lenguaje aún no corrompido por la política.” Así, los medios tienen la llave para devolver al Mediterráneo su verdadero papel: un espacio de encuentro, no de dominación.
Abdelhay Korret, periodista y escritor marroquí
