Said El Jadidi, el eco de Tetuán en la prensa marroquí en español
Su ausencia no es solo la pérdida de una persona, sino el apagarse de toda una escuela periodística y cultural que construyó su presencia con paciencia y serenidad, dejando una huella imborrable en la memoria periodística marroquí.
Recuerdo el último encuentro con él en la residencia del consejero cultural de la Embajada de España en Rabat hace unos meses, donde compartimos una velada amistosa con un grupo de periodistas marroquíes hispanohablantes. Fue un momento de comunicación profunda, cuando le entregué una copia de mi nuevo libro, aún en revisión y que se publicará en español. Said había aceptado revisarlo y redactar su prólogo. No fue un simple gesto profesional, sino la prolongación de un vínculo humano y fraternal que nos unía desde hacía años.
Conocí a Said El Jadidi como un hombre bondadoso, de rostro siempre sonriente, humilde en su trato, aunque su nombre fuera influyente en el periodismo marroquí. Nuestras raíces comunes en Tetuán, ciudad de alma andalusí que ha dado generaciones de intelectuales y periodistas, hicieron nuestra relación más cercana. Nos encontrábamos como hijos de una misma ciudad, respirando de una memoria compartida y recuperando su historia milenaria forjada en el mestizaje cultural.
La primera vez que lo vi fue en una actividad cultural en el Instituto Cervantes. Yo era entonces un joven entusiasta, y al hablar conmigo reconoció en mi acento que era de Tetuán. Sonrió con esa expresión que nunca lo abandonaba, y me regaló su libro traducido al español: El Profeta Muhammad (la paz sea con él) y la cultura de la tolerancia y la convivencia. Fue un momento que quedó grabado en mi memoria, porque me reveló que estaba ante un hombre que no concebía el periodismo como un simple oficio, sino como un mensaje ético y espiritual orientado a tender puentes.
Said El Jadidi no fue un periodista cualquiera, sino una escuela completa en sí mismo, de la que se nutrieron generaciones de comunicadores. Cuando éramos niños, seguíamos los noticiarios en español en la televisión pública marroquí, y su voz estaba presente en nuestros hogares, reflejando la imagen de Marruecos al mundo hispano. A través de él aprendimos que el periodismo podía ser un puente cultural y no solo un instrumento para transmitir noticias.
Con el tiempo lo conocí de cerca, como periodista y escritor, y descubrí que lo que veíamos en la pantalla era un fiel reflejo de su carácter en la vida real: serenidad, profundidad y la convicción sincera de que la comunicación debía servir a la unión y no a la división.
El fallecido desempeñó un papel clave en el impulso del periodismo en lengua española en Marruecos, convirtiéndolo en un espacio de interacción con el vecino ibérico. No fue solo un transmisor de acontecimientos, sino un auténtico arquitecto de la aproximación marroquí-española a través de los medios.
Apoyó de manera decisiva al portal Anbaae Express, especialmente en la traducción de artículos al español. No lo hacía como un deber pasajero, sino con la firme convicción de que la comunicación debía ser un espacio para lo compartido entre ambas orillas.
Hablar de Said El Jadidi es hablar de un hombre que supo reunir periodismo y literatura, traducción y escritura, pertenencia nacional y dimensión humana. Hijo de Tetuán, llevó siempre el espíritu andalusí en cada proyecto periodístico, y lo hizo tangible en artículos, coberturas, libros e incluso en sus actitudes. Vivió aferrado a la idea de que Marruecos no podía encerrarse en sí mismo, sino que formaba parte de un espacio más amplio regido por la memoria común con España y el mundo hispanohablante.
Fue de los primeros en creer que el español en Marruecos no era solo un legado colonial, sino una ventana cultural, y por ello hizo del periodismo en esta lengua un proyecto estratégico para el diálogo transfronterizo. Pertenece a una generación que consideraba que los medios podían redefinir las relaciones internacionales mediante un discurso humano y cultural. No se dejó arrastrar por la algarabía de los eslóganes, trabajó en silencio, convencido de que el verdadero impacto es aquel que se acumula en la memoria y perdura con el tiempo.
Su partida hoy me devuelve a años de conversaciones con él: sobre el futuro de los medios, sobre el lugar de Marruecos en el mapa cultural mediterráneo, sobre la responsabilidad del periodista en tiempos de crisis. Siempre defendió que el periodismo no era un lujo ni un simple empleo burocrático, sino un compromiso ético que exige valentía y claridad de visión. Eso es lo que plasmó en su trayectoria, tanto en la televisión pública como en sus escritos o en el apoyo a proyectos periodísticos jóvenes.
Con su muerte, Tetuán pierde a uno de sus hijos más fieles, y Marruecos a una de las voces periodísticas que asumieron la difícil tarea de transmitir al mundo hispano la voz de la nación sin perder el calor del arraigo a la tierra. Fue un puente entre culturas y la prolongación de una escuela periodística que siempre soñamos que se consolidara en nuestro país.
Al despedir a Said El Jadidi, no solo despedimos a un amigo o colega, sino a una parte de la memoria colectiva que configuró un rostro particular para el periodismo marroquí. Su voz en los informativos en español, sus libros traducidos, sus artículos, quedarán como testigos de una trayectoria de décadas, y su figura como referente para las próximas generaciones que creen que la comunicación puede ser un proyecto humano.
Que Dios tenga en su gloria a Said El Jadidi y lo acoja en su paraíso. Su rostro sonriente, su bondad y su sinceridad seguirán siendo huellas luminosas en la historia del periodismo marroquí, y Tetuán seguirá orgullosa de haber dado a luz a un hombre que tendió puentes de afecto y acercamiento tanto en lengua árabe como en la de Cervantes.
Abdelhay Korret, periodista y escritor marroquí
