Marruecos y la Declaración Real: regulando el debate nacional en medio de problemas importantes

El Rey de Marruecos, Mohamed VI - PHOTO/ARCHIVO
El Rey de Marruecos, Mohamed VI - PHOTO/ARCHIVO
La declaración emitida por el Gabinete Real de Marruecos tras la conclusión de la Copa Africana de Naciones 2026 hace unos días ha transformado el debate público en Marruecos. Esto no se debe únicamente al fútbol, ​​sino a que los acontecimientos en torno al torneo trascendieron el deporte en sí

La declaración no se limitó a expresar gratitud y elogios por el éxito de la organización, sino que situó los asuntos en su contexto político y nacional, enfatizando la unidad nacional, la profunda identidad africana de Marruecos y la importancia de abordar con serenidad las tensiones que surgieron durante el torneo.

En este contexto, la declaración pareció ser un claro llamado a evitar dejarse llevar por las oleadas de provocación que surgieron en algunas plataformas digitales, ya sea en relación con los resultados de los partidos o con los intentos de involucrar a Marruecos en tensas interpretaciones de sus relaciones con sus vecinos y su contexto africano más amplio. Estas interpretaciones han sido sacadas de contexto y, para algunos, se han convertido en herramientas para crear confusión e incitar tensión, tanto a nivel nacional como internacional.

Entre estos intentos se encuentra el rescate de una antigua frase del pensador marroquí Abdallah Laroui, sacada de contexto e interpretada de forma que favorece la retórica de la discordia más que el debate intelectual serio, en un momento en que dicha confusión es inaceptable y no se atienden las prioridades de la fase actual.

En medio de este debate, circuló la frase «Marruecos es una isla», utilizada anteriormente por el pensador Abdallah Laroui, pero de una manera que la desvinculó por completo de su contexto original. Algunos la interpretan como un llamado al aislamiento o al distanciamiento de la profundidad árabe y africana, cuando en realidad no lo dice en absoluto, y no es en absoluto coherente con el pensamiento de Laroui ni con la realidad del Marruecos actual.

Esta frase se remonta a una entrevista televisiva de principios del milenio, un período en el que Marruecos atravesaba una compleja situación regional: cierre de fronteras terrestres, tensión con algunos países vecinos, una ruptura con el Magreb y acalorados debates con España sobre cuestiones como Ceuta, Melilla y la soberanía marítima, además de su preocupación por la cuestión del Sáhara Occidental. Precisamente en este contexto, Laroui utilizó la frase «Marruecos es una isla» para describir una situación geográfica y política impuesta, no para promover la idea de aislamiento o ruptura.

Por lo tanto, su intención era describir una larga trayectoria histórica que otorgó a Marruecos su singularidad, desde la época saadí, pasando por sus decisiones políticas, hasta su distanciamiento del dominio otomano. Esta distancia, en ciertos momentos, lo hacía parecer casi separado de su entorno árabe inmediato. Sin embargo, esta «separación» no fue una elección ideológica, sino el resultado de la historia, la geografía y la política.

Para Laroui, la política y la cultura no pueden entenderse fuera de su contexto histórico. El término "isla" no es un eslogan ni una postura, sino la descripción de una larga acumulación que contribuyó a la construcción de un Estado que aprendió a operar según la lógica del Estado, no la del tribalismo.

Esto explica la capacidad de Marruecos para resistir y adaptarse a su entorno, en lugar de aislarse de él. Por lo tanto, malinterpretar esta frase ignora todo este contexto y pasa por alto la sensibilidad del momento político actual en Marruecos. 

Hasta que se emitió la declaración real hace unos días, sin entrar en debate ni responder a interpretaciones específicas, incluida la de Al-Aroui, simplemente reafirmó con fuerza su presencia en el discurso público, no solo dentro de Marruecos, sino también en el mundo árabe y africano. 

La declaración fue serena y clara: sin escalada ni provocación, sino más bien un mensaje de tranquilidad en un momento delicado. Presentó a Marruecos como una nación africana abierta, segura de su camino, convencida de que su éxito está entrelazado con el éxito de todo el continente y de que los desacuerdos ocasionales no deben conducir a una ruptura entre los pueblos. Las emociones pueden pasar, pero los lazos de hermandad africana perduran.

Políticamente, el mensaje fue astuto. Marruecos, al tiempo que fortalece su presencia en África, procura mostrarse como un socio sereno y equilibrado, no como una parte tensa o aislada. Con ello, se anticipó a cualquier intento de presentarlo como un país cerrado o desvinculado de sus raíces africanas. 

Por lo tanto, resulta difícil comprender esta declaración fuera del contexto de la actual situación política interna de Marruecos, especialmente dada la centralidad de la cuestión del Sáhara Occidental. Esta etapa exige un alto grado de cohesión interna, ya que el debate en torno a la implementación de la iniciativa de autonomía requiere calma y armonía, no disputas que puedan ser explotadas desde el exterior, especialmente dados los intentos de algunas partes en conflicto de crear tensiones periféricas o perturbar el proceso político.

El discurso real, como de costumbre, fue sereno pero decisivo, enfatizando la concienciación de los marroquíes como la primera línea de defensa contra los intentos de división. Esta cohesión no se limita a la cuestión del Sáhara; también está vinculada a un gran acontecimiento mundial: la celebración del Mundial de 2030. Prepararse para este evento no se limita a estadios e infraestructura; requiere un discurso político equilibrado, unas relaciones regionales bien pensadas y un diálogo interno responsable, para que Marruecos pueda proyectarse como una nación estable, abierta y capaz, capaz de gestionar sus asuntos con serenidad.

En este sentido, la declaración real refleja la idea de un «Marruecos en ascenso», a la que el Rey se había referido previamente en un discurso, controlando el debate público, centrándose en los temas principales y enfatizando que la apertura a África, la estabilidad interna y la gestión racional de las disputas constituyen la base para fortalecer la posición de Marruecos a nivel regional e internacional, sin ruido ni emoción.