De la marcha a la soberanía
Hay momentos en la historia que no necesitan ruido para anunciar su transformación, es suficiente para que la frase se diga en ese momento. Esto es lo que hizo Su Majestad el Rey Mohamed VI en su último discurso, cuando dijo con confianza: "Hay antes del 31 de octubre de 2025, y hay algo después de eso".
Una frase acortó el final de medio siglo de acumulación y espera, y el comienzo de una nueva etapa en el curso de la cuestión marroquí del Sahara.
El discurso llegó con calma en su tono, pero profundamente en su mensaje. No fue un anuncio de victoria, sino una declaración de transformación. Marruecos, como apareció en las palabras del Rey, ha pasado de la etapa de defensa de su derecho a la etapa de establecerlo, después de que la comunidad internacional prácticamente reconociera que la iniciativa de autonomía es la única solución realista al conflicto.
El rey declaró que dos tercios de los estados miembros de las Naciones Unidas adoptan esta posición, y que las principales potencias, desde Washington hasta París, Londres, Moscú y Madrid, reconocen la soberanía económica de Marruecos sobre sus regiones del sur y fomentan la inversión en ellas. Es un lenguaje de confianza, no de defensa.
A pesar de este impulso diplomático, el discurso ha mantenido su equilibrio humano y político.
El rey no presentó la imagen desde el ángulo de predominio, sino que pidió una solución "no ganado ni derrotado", e hizo un llamamiento sincero a los marroquíes en los campos de Tindouf para que regresaran y participaran en la construcción de su patria en el marco de la autonomía. Esta fue una llamada a la reconciliación, no a la confrontación, y un mensaje de que todo marroquí, dondequiera que esté, tiene un lugar igual en su tierra natal.
La clara llamada del rey al presidente argelino Abdelmajid Tebboune también es sorprendente para un diálogo fraternal sincero, en un momento en que Marruecos podría conformarse con un silencio victorioso. Pero fue una señal inteligente de que la estabilidad de la región solo se puede lograr con cooperación e integración, y que el futuro del Gran Magreb solo se construirá sobre la confianza mutua.
El discurso también llevaba un profundo simbolismo cuando vinculó la Marcha Verde con la independencia, para decir que la nueva conquista no es militar, sino política y de desarrollo, una conquista que establece un Marruecos unificado desde Tánger hasta Laayoune, en paz consigo mismo y abierto a su entorno.
El rey habló en clave del futuro, no del pasado. En el lenguaje de la construcción, no en el conflicto. En este sentido, se puede decir que el discurso del 31 de octubre no fue el final de un problema, sino el comienzo de un nuevo proyecto nacional, en el que Marruecos avanza con confianza, y en el que el desarrollo se expande para incluir todo el territorio nacional. Un discurso seguro y tranquilo, pero cambia toda la escena sin levantar la voz.
