Opinión

La tecnológica ITP firma un contrato de 500 millones

El sector de los motores de aviación comercial y defensa cuenta con una empresa puntera a nivel internacional. La española ITP acaba de dar un salto en su internacionalización
 
Por Carlos Penedo (Artículo publicado originalmente en ‘Estrella Digital’)
Foto: El presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, visita la planta de motores aeronáuticos del Grupo ITP en Ajalvir.
 
La empresa española ITP acaba de anunciar su participación como socio tecnológico de la próxima generación de aviones de negocios Gulfstream a través de su alianza en la fabricación de los motores con Pratt & Whitney Canadá. Se estima que una vez que el motor entre en servicio, su producción se prolongará a lo largo de dos décadas y generará ingresos para ITP de más de 500 millones de euros. El contrato supone un salto cualitativo para la empresa española, con sede en Zamudio (Vizcaya), que refuerza su presencia en el mercado de la aviación comercial de pasillo único (aparatos más pequeños que los de doble pasillo) de la mano de dos gigantes industriales norteamericanos, P&W y Gulfstream.  Con una plantilla de 3.000 empleados, un tercio de ellos ingenieros, y una facturación en 2003 de 627 millones de euros, ITP cuenta en la actualidad con centros de producción en seis países (España, Reino Unido, Malta, EE.UU., México, China y la India) y participa en 18 programas distintos entre los que figuran los más importantes en el ámbito de la defensa y la aviación civil. La historia de ITP se puede considerar modélica por su diversificación en productos y mercados que le han llevado, con tecnología propia y toma de decisiones en España, a situarse hoy entre las principales empresas del mundo en su sector: participa en el 50% del mercado de la aviación comercial de doble pasillo (aparatos de gran tamaño y largas distancias) y prevé a corto plazo una participación del 48% en pasillo único. El inicio de la empresa se remonta a 1989 y a un programa de Defensa, el caza europeo Eurofighter y su turbina (motor) EJ200. Con una participación inicial del Estado (devuelta en 2004) y apoyo de las instituciones vascas, se decide la creación de una empresa de motores entre la ingeniería SENER (53%) y la británica Rolls-Royce (46%), que recupera para España la fabricación de motores de aviación que se había interrumpido en los años cincuenta.
 
De un origen ligado 100% al sector defensa y a un solo programa, ITP distribuye su actividad hoy entre aviación comercial (50%), defensa (30%) y mantenimiento (20%). La evolución de las ventas en 2013 da una idea de por dónde va el mercado: ligero descenso en el primer sector, crecimiento de un 14% en aviación civil (con el tirón de la demanda desde mercados asiáticos) y un 8% en mantenimiento. En un reciente encuentro con prensa especializada, su director general, Ignacio Mataix, destacaba "el excelente nivel de la ingeniería española" y también el largo plazo de desarrollo de los programas tecnológicos. Informaba que un motor de aviación fácilmente puede comenzar con un lustro realizando investigación y tecnología básica, más otros diez años de desarrollo del producto concreto, lo que suma 15 años antes de que la empresa consiga retorno económico a su inversión, lo que convierte la financiación en un aspecto principal de este negocio. En este sentido, la empresa anunció a finales de septiembre un préstamo del Banco Europeo de Inversiones por valor de 119 millones de euros para la financiación de actividades de investigación, desarrollo e innovación de la empresa, que supone el 48% (sobre un máximo de 50%) sobre los proyectos financiables por el BEI.
La financiación del BEI tendrá como objetivo el desarrollo e implementación de tecnologías dirigidas a incrementar la eficiencia y, por tanto, reducir el consumo de las turbinas de gas que propulsan a los aviones comerciales, así como aquellas dirigidas a la mejora de la huella acústica. Además, estos recursos contribuirán al desarrollo de turbinas más ligeras, lo que a su vez tiene un efecto directo sobre el consumo y las emisiones de dióxido de carbono.
 
Las inversiones objeto de financiación se llevarán a cabo en los centros de la compañía en Alcobendas y Ajalvir (Madrid) y Zamudio (Vizcaya) en el periodo 2014-2017. Este es el segundo préstamo de estas características que el BEI firma con ITP, tras el firmado en 2011 por valor de 50 millones de euros. ITP ejemplifica como pocos ejemplos el carácter dual de las tecnologías, que pueden nacer en un programa de defensa, luego aplicables al sector civil y, cada vez más frecuentemente, se aplican del mundo civil al militar. Actualmente ITP desarrolla y fabrica componentes de las turbinas que mueven el citado caza Eurofighter (en 2013 se alcanzó el número de 1.000 motores fabricados), la turbina del nuevo avión de transporte militar A400 ("uno de los proyectos más complejos", señala Mataix), y motores de helicópteros como el militar Tigre o el civil NH-90, estos últimos desde sus instalaciones de Albacete. En tareas de mantenimiento ITP cuenta con personal en la práctica totalidad de las maestranzas del Ejército del Aire.
 
A medio plazo, con la cautela que muestran los ejecutivos y empresas que cuentan con clientes públicos y participan en programas dependientes de decisiones de los Gobiernos, ITP destaca la relevancia de que en el caso de los programas militares se alcancen acuerdos de exportación a terceros países, que prolongaría la inversión ya realizada -y su rentabilidad- en proyectos como el Eurofighter o el A400, contratos que suelen aplicar la fórmula de Gobierno a Gobierno. Se mira también con interés la apuesta que, en tiempos de restricciones presupuestarias, realizan países como Reino Unido o Francia. El Gobierno británico acaba de firmar con la industria una línea de subvenciones por valor de 1.500 millones de libras -las empresas aportan otro tanto- para programas tecnológicos ligados a turbinas de aviación, entre las que se encuentran motores de UAV. Para finalizar, un dato curioso que muestra el nivel tecnológico del sector: el motor de un avión pesa la décima parte por caballo de potencia que el motor de un Fórmula 1.