El arte de la paz de Marruecos: autopsia de una victoria diplomática silenciosa

Consejo de Seguridad de la ONU - REUTERS/ SHANNON STAPLETON
Consejo de Seguridad de la ONU - REUTERS/ SHANNON STAPLETON
Marruecos demuestra que la diplomacia más eficaz es aquella que transforma las limitaciones en oportunidades, la adversidad en cooperación y los conflictos en horizontes
  1. De la semántica de las resoluciones a la madurez del consenso
  2. La filosofía marroquí del diálogo: de la sabiduría real a la paz duradera
  3. Marruecos: un poder silencioso al servicio del sentido

De la semántica de las resoluciones a la madurez del consenso

2007, la semántica de las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha experimentado una profunda transformación, revelando la evolución de la percepción de la comunidad internacional sobre la cuestión del Sáhara.

Desde una diplomacia cautelosa al principio, los textos de la ONU han adoptado gradualmente un vocabulario que afirma la credibilidad y el realismo de la propuesta marroquí. Esta mutación lingüística refleja un cambio paradigmático: la cuestión del Sáhara ya no se percibe como una disputa congelada, sino como un proceso político basado en la estabilidad y la responsabilidad.

De hecho, la resolución 1754 (2007) marcó un punto de inflexión doctrinal al describir por primera vez la iniciativa de Marruecos como “seria y creíble”. Desde entonces, las sucesivas resoluciones —en particular las resoluciones 2440 (2018), 2602 (2021), 2654 (2022) y 2703 (2023)— han consolidado este vocabulario, eliminando cualquier referencia a un referéndum y respaldando la fórmula de una “solución política realista, pragmática y duradera”. Esta evolución culminó con la resolución 2797 (2025), un hito revolucionario en la historia del expediente de la ONU. Consagra explícitamente la primacía del plan de autonomía bajo la soberanía marroquí como el único marco serio y creíble para resolver este conflicto artificial, al tiempo que sitúa la cuestión del Sáhara en el contexto más amplio de la estabilidad regional y la paz internacional.

Paso de Guerguerat, Marruecos - ATALAYAR/ GUILLERMO LÓPEZ
Paso de Guerguerat, Marruecos - ATALAYAR/ GUILLERMO LÓPEZ

Esta última resolución sigue estando en consonancia con el capítulo VI de la Carta de las Naciones Unidas, reafirmando la primacía del diálogo, la centralidad del realismo pragmático y la búsqueda de una solución pacífica basada en la soberanía de los Estados y la responsabilidad colectiva por la estabilidad regional.

Esta orientación continúa la doctrina de las Naciones Unidas basada en el respeto de la soberanía y la integridad territorial de los Estados, principio reafirmado en múltiples resoluciones del Consejo de Seguridad, entre ellas las resoluciones 2417 (2018), 2475 (2019), 1565 (2004) y 367 (1975). Estos textos subrayan que la paz y la estabilidad regional solo pueden consolidarse mediante el respeto del derecho soberano de las naciones a preservar su unidad e integridad.

En esta lógica, la visión de Marruecos se ajusta plenamente a los fundamentos jurídicos del sistema multilateral. Transforma la soberanía en un vector de cooperación y corresponsabilidad, y no en una barrera. A través de su doctrina de realismo pragmático, Marruecos reafirma que la estabilidad mundial requiere el reconocimiento de las soberanías legítimas y la inviolabilidad de las fronteras arraigadas en el derecho internacional.

Cabe recordar que, en la diplomacia multilateral, la palabra siempre precede al acto.

El lenguaje se convierte así en performativo: no solo describe la realidad, sino que también la remodela.

En este sentido, la estrategia de Marruecos ilustra perfectamente la teoría del acto de habla desarrollada por J. L. Austin y John Searle, y posteriormente adaptada por Nicholas Onuf al ámbito de las relaciones internacionales: decir es hacer. Cada modificación en la semántica de la ONU funciona, por lo tanto, como un acto diplomático en sí mismo, que produce efectos jurídicos, normativos y políticos. Este fenómeno, denominado en la literatura reciente “diplomacia del cambio semántico”, describe la capacidad de los Estados para configurar las normas internacionales a través de la evolución gradual del lenguaje y los conceptos.

Al adaptar constantemente el léxico del Consejo de Seguridad a las realidades sobre el terreno, Marruecos ha demostrado que dominar el lenguaje significa dominar las normas. Al remodelar la semántica, Rabat transformó la estructura del equilibrio de poder: el paradigma del conflicto ha dado paso al de la estabilidad, y la política encuentra ahora su extensión natural en el discurso.

Este cambio semántico tiene aún más peso porque se basa en realidades tangibles.

Sobre el terreno, Marruecos ha dado sustancia a su visión mediante un desarrollo sostenido: la regionalización avanzada, las infraestructuras portuarias (Dajla Atlantic, Tiznit-El Aaiún), la integración energética y los sólidos programas sociales han convertido la Iniciativa de Autonomía en un modelo exitoso de gobernanza territorial. En otras palabras, Marruecos construyó las pruebas antes del veredicto.

La evolución del lenguaje de la ONU también refleja la maduración de la comunidad internacional, que ahora reconoce que prolongar el statu quo alimenta la inestabilidad en el Sahel, el tráfico y el terrorismo. Así, la iniciativa marroquí es mucho más que una propuesta política; se erige como una infraestructura geopolítica de estabilidad y seguridad colectiva.

Bandera marroquí en la ciudad de Dajla - PHOTO/AIDA
Bandera marroquí en la ciudad de Dajla - PHOTO/AIDA

Al articular la soberanía nacional, la gobernanza territorial y la cooperación regional, el Reino ha diseñado una arquitectura política duradera capaz de remodelar el equilibrio estratégico del noroeste de África. Esta concepción se ajusta a una visión real que concibe la paz como una construcción arquitectónica, en la que cada pilar —la seguridad, la economía, la diplomacia y la cultura— forma un todo coherente. A través de la regionalización, el desarrollo portuario, los corredores atlánticos y las asociaciones trans-Sahel, Marruecos está construyendo una geografía funcional de estabilidad en la que la conectividad sustituye a la confrontación.

La iniciativa marroquí surge así como un instrumento de integración continental, que une el Atlántico, el Sahel y el Mediterráneo en un arco estratégico continuo.

Trasciende la noción de asentamiento territorial para convertirse en una matriz de soberanía compartida, expresando tanto el significado como la esencia de la doctrina geopolítica del StraitBelt, una concepción marroquí basada en la lógica estratégica de la soberanía funcional.

Esta visión transforma el territorio en un espacio de proyección y la paz en una infraestructura colectiva, donde la estabilidad se concibe como una dinámica de conexión, equilibrio y responsabilidad regional compartida. Desde esta perspectiva, el Plan de Autonomía se convierte en un marco de cosoberanía regional, una plataforma en la que la estabilidad fluye a través de la sinergia de la cooperación, la seguridad y el desarrollo.

Hoy en día, la semántica de las resoluciones del Consejo de Seguridad consagra esta realidad.

La MINURSO ya no es el instrumento de un referéndum pasado, sino un testigo activo de la paz mantenida bajo el liderazgo marroquí. Cada palabra, cada matiz, cada reformulación refleja este reconocimiento implícito: la estabilidad del Sáhara marroquí se ha convertido en un pilar de la estabilidad mundial.

Una señal que indica un campo minado en una zona militar se muestra mientras un helicóptero Mil Mi-8 de la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO) sobrevuela el lado marroquí del paso fronterizo entre Marruecos y Mauritania en Guerguerat, en el Sáhara Occidental, el 25 de noviembre de 2020 - PHOTO/ ARCHIVO 
Una señal que indica un campo minado en una zona militar se muestra mientras un helicóptero Mil Mi-8 de la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO) sobrevuela el lado marroquí del paso fronterizo entre Marruecos y Mauritania en Guerguerat, en el Sáhara Occidental, el 25 de noviembre de 2020 - PHOTO/ ARCHIVO 

La filosofía marroquí del diálogo: de la sabiduría real a la paz duradera

En su discurso del 31 de octubre, con motivo del Día de la Unidad, Su Majestad el Rey Mohamed VI transmitió un mensaje de rara intensidad, impregnado de humanidad y claridad de visión.

Al tiempo que consolidaba los logros de la nación, el monarca tendió la mano a los vecinos de Marruecos con la misma nobleza que guía su diplomacia, basada en el diálogo, el respeto mutuo y el destino compartido.

El mensaje real a Argelia va más allá de un llamamiento a la reconciliación política; refleja una filosofía de buena vecindad y responsabilidad histórica. Desde esta perspectiva, Su Majestad recordó al mundo que Marruecos y Argelia no son dos entidades aisladas, sino herederas de un continuo civilizatorio y geográfico compartido, destinadas a transformar sus convergencias naturales en un horizonte común. Este mensaje real eleva la paz de postura a vocación, expresando la convicción de que la geografía dicta la cooperación, la historia exige la fraternidad y el futuro requiere lucidez.

El presidente de Argelia, Abdelmadjid Tebboune, se dirige a la 78.ª sesión de la Asamblea General de la ONU en Nueva York, EE. UU., el 19 de septiembre de 2023 - REUTERS/ MIKE SEGAR
El presidente de Argelia, Abdelmadjid Tebboune, se dirige a la 78.ª sesión de la Asamblea General de la ONU en Nueva York, EE. UU., el 19 de septiembre de 2023 - REUTERS/ MIKE SEGAR

La mano tendida de Marruecos no es, por tanto, circunstancial, sino una propuesta de destino: la elección de un reino que prefiere la sabiduría al rencor, la construcción a la ruptura y la unidad del Magreb a la erosión del tiempo. Este enfoque trasciende los resentimientos del pasado para elevar la responsabilidad compartida a un deber histórico. Ilustra lo que los teóricos de la paz denominan la razón ética del poder: la capacidad de tender la mano sin ceder, de ofrecer sin someterse.

La política de Marruecos hacia Argelia no es ni defensiva ni oportunista, sino que se basa en un principio moral heredado de una antigua tradición real: el poder nunca es mayor que cuando reconcilia y perdona. El llamamiento al diálogo no es un gesto episódico, sino una constante del Magisterio Real, en perfecta coherencia con la doctrina marroquí sobre el Sáhara: buscar la paz sin renunciar a la soberanía.

En un mundo fracturado, esta visión se erige como una forma de resistencia al cinismo.

Demuestra que Marruecos concibe la paz no como un cálculo de conveniencia, sino como una ética de responsabilidad, basada en la dignidad, el equilibrio y la fidelidad a los valores universales.

La mano tendida hacia Argel no es un signo de debilidad, sino un símbolo de fuerza serena, pues los muros de la desconfianza son siempre más débiles que los puentes de la confianza.

El discurso real del 31 de octubre resonó en los círculos diplomáticos como un recordatorio del método: la paz nunca es fruto del azar, sino producto de una visión. Esta visión, marroquí en esencia, pero universal en su alcance, se basa en la creencia de que la estabilidad del Magreb no puede importarse ni dictarse por rivalidades, sino que debe construirse a partir de la responsabilidad de los propios Estados.

En un mundo en proceso de recomposición, donde los equilibrios cambian y las alianzas fluctúan, Marruecos encarna la racionalidad estratégica en medio de la escalada y la improvisación. Su enfoque se basa en una visión clara y coherente: reforzar la soberanía mediante la cooperación y consolidar la estabilidad a través de la responsabilidad regional compartida. Lejos de ser una retirada, esta postura representa una apertura controlada basada en la coherencia, la confianza y la continuidad de la política estatal.

En este marco, el llamamiento real a reabrir el diálogo con Argel refleja plenamente el compromiso de Marruecos con el realismo y la lucidez, afirmando que la paz es una forma activa de poder y que la cooperación, cuando es racional, sigue siendo la máxima expresión de la soberanía.

<p>Un combatiente del Polisario sentado sobre una roca en una base avanzada en las afueras de Tifariti, Sáhara Occidental - REUTERS/ ZOHRA BENSEMRA </p>
Un combatiente del Polisario sentado sobre una roca en una base avanzada en las afueras de Tifariti, Sáhara Occidental - REUTERS/ ZOHRA BENSEMRA 

Marruecos: un poder silencioso al servicio del sentido

En apenas quince años, Marruecos ha logrado lo que pocas naciones consiguen: cambiar el lenguaje del mundo sin alzar la voz. Desde 2007, cada resolución del Consejo de Seguridad ha sido un paso hacia el reconocimiento internacional de una realidad política y moral: Marruecos encarna la estabilidad donde otros han cultivado el caos.

La diplomacia del Reino ha sustituido la lógica del conflicto por la de la construcción paciente, demostrando que un Estado puede afirmar su soberanía sin agresividad, defender sus intereses sin hostilidad y construir la paz sin ingenuidad. En medio de la turbulencia global, Rabat se erige como un laboratorio de multilateralismo ético, donde el discurso real se convierte en principio de acción y la moderación en arma estratégica.

El arte marroquí de la paz no es ornamental, sino una forma de ingeniería política sustentada en la lucidez, la fe en la coexistencia y la confianza en el diálogo. Se basa en la convicción atemporal de que las naciones no crecen aislando a sus vecinos, sino elevando a la región en su conjunto

Así, Marruecos demuestra que la diplomacia más eficaz es aquella que transforma las limitaciones en oportunidades, la adversidad en cooperación y los conflictos en horizontes.

Esta filosofía, arraigada en la tradición real y proyectada hacia el futuro, confiere al Reino su singularidad y legitimidad. De hecho, la paz, cuando emana de la sabiduría, se convierte en una fuerza más duradera que cualquier victoria militar.

A través del dominio doctrinal de la gramática diplomática y la paciente persistencia operativa, Marruecos ha integrado su soberanía territorial en la arquitectura normativa del derecho internacional.

Desde la ingeniería semántica de las resoluciones hasta la maduración del consenso de la ONU, el Reino ha transformado una disputa histórica en un equilibrio geopolítico sostenible, demostrando que el verdadero poder deriva menos de la fuerza que de la paciente configuración de normas y la inteligencia estratégica del diálogo. Esta victoria, silenciosa pero decisiva, consagra el surgimiento de una doctrina marroquí de estabilidad en la que la soberanía se desarrolla como un marco para la integración regional, la influencia opera a través de la responsabilidad y el liderazgo se afirma como un parámetro estructural de la seguridad del norte de África.

En continuidad con el arte de la paz de Marruecos, el Reino no impone, sino que eleva.

Su visión inspira un orden regional basado en la estabilidad, la soberanía y la responsabilidad compartida.

Argelia, una nación hermana, debe comprender que la rivalidad ya no es una estrategia, sino un callejón sin salida histórico. El verdadero valor político hoy en día reside en transformar las fronteras en corredores de concordia y la vecindad en poder compartido, fieles al significado y la esencia de esta vocación que puede hacer del Magreb no una línea divisoria, sino un espacio de convergencia, cosoberanía y destino compartido, una base para una paz duradera y un futuro africano unido.

Cherkaoui Roudani