Ucrania: y ya van dos años

Militares del Batallón Azov de Ucrania asisten a un ejercicio táctico en la segunda ciudad más grande de Ucrania - AFP/SERGEY BOBOK
Militares del Batallón Azov de Ucrania asisten a un ejercicio táctico en la segunda ciudad más grande de Ucrania - AFP/SERGEY BOBOK

Se cumplen dos años de la invasión de Rusia a Ucrania y mis primeras líneas van dedicadas a la feroz resistencia de los ucranianos por entregar su vida para evitar que un maldito invasor se apropie de su patria, su identidad, su himno, su bandera, de sus tierras, de sus ríos, de su vida y de su futuro. 

  1. A colación

Quiero honrar a esos miles de ucranianos que han visto cómo su realidad se transformaba en una trinchera; a ellos que han dejado sus sueños a un lado y han muerto repeliendo al enemigo, mi más sincero reconocimiento. 

Como también creo meritorio reconocer la figura de Volodímir Zelenski, que no deja de sorprender porque ante la adversidad se ha crecido y ni el propio dictador ruso, Vladimir Putin, se esperaba que un cómico que ha hecho su carrera dramatizando en la televisión las situaciones más chuscas terminase poniéndose de tú a tú frente a este matón. 

Si el Kremlin creyó que los ucranianos saldrían corriendo se equivocó. Si Putin pensó que Zelenski terminaría exiliándose en Estados Unidos con su familia sus previsiones le fallaron a este exagente de la KGB. 

Al Ejército ruso le han infligido importantes bajas: Rusia, sobre todo, ha perdido importantes y carísimos barcos militares como el Moskvá, en abril del año pasado; o el Novocherkassk en el mar Negro y, más recientemente, fue atacado el barco Caesar Kunikov, con una batería de drones Magura V5.

De acuerdo con la Casa Blanca, Ucrania ha inutilizado un tercio de la flota rusa del mar Negro; el recuento incluye veinticinco barcos y un submarino, algunos se han hundido y otros han quedado inservibles.

Mientras a Zelenski se le reconoce su rol de liderazgo y su arrojo, la figura antagonista del dictador ruso se ha visto acorralada incluso por la decisión de la Corte Penal Internacional que ha girado una orden de detención contra el gobernante ruso. 

En marzo del año pasado, la Sala de Cuestiones Preliminares de la Corte Penal Internacional (CPI), respaldada por la ONU, emitió una orden de detención contra Putin, por su responsabilidad con presuntos crímenes de guerra relacionados con la deportación y el traslado ilegal de niños de Ucrania hacia territorio ruso.  Niños que se encuentran en paradero desconocido y sustraídos de sus familias ucranianas.

A colación

La UE no es la única damnificada de todos los conflictos geopolíticos y geoeconómicos, China se ha añadido a esta delicada tesitura que va pasándole factura. 

No todos los países están resistiendo la tormenta geopolítica y el vendaval geoeconómico con la misma resiliencia. La economía china es un claro ejemplo de vulnerabilidad ante los grandes desafíos actuales: la última vez que su PIB creció 10,6% fue en 2010 y el año pasado, lo hizo en 5,2%; en el más reciente informe de la OCDE, para 2024, se estima un PIB del 4,7% y seguirá perdiendo fuelle en el futuro inmediato.  Que China crezca menos es una mala noticia para la aldea global.

La moderación en el crecimiento chino sucederá a pesar de los estímulos políticos adicionales para intentar reactivar la débil demanda de los consumidores. La economía arrastra además problemas en su mercado inmobiliario. 

No solo su PIB ha quedado afectado por el golpe de la pandemia del coronavirus, sino que las tensiones geopolíticas están generándole un efecto “boomerang” que afecta a sus planes de inversiones y extensión de su Nueva Ruta de la Seda.

Y, por si faltaba algo, los ataques hutíes en el mar Rojo y el Canal de Suez están retrasando la entrega de millones de contenedores con mercancías chinas que ahora han perdido competitividad dado que demoran más en llegar a los puertos europeos y africanos; y, encima, lo hacen a un precio mayor. 

Mientras prevalezca el conflicto bélico en Ucrania, los planes de expansión de la Nueva Ruta de la Seda a través de Ucrania hacia el resto de Europa no podrán ser consumados por el Gobierno de Pekín. China se ha cruzado de brazos al ver cómo Putin destruye al mundo, aunque con ello también destruya a la economía china. Esa impavidez le está saliendo carísima al gigante asiático y es incapaz de sentar a Putin y decirle que esta guerra ya se acabó. Y ya pasaron dos años…

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