Opinión

El Foro Económico Mundial de Davos arranca bajo el pesimismo

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El Foro Económico Mundial de Davos, esperado siempre con expectativa, inició sus sesiones en un ambiente de pesimismo que no se manifestaba en ediciones anteriores. Aunque con argumentos no siempre similares, los primeros intervinientes, los historiadores económicos Adam Tooze y Niall Ferguson, han coincidido en que la situación geopolítica y económica se ha agravado con la agresión de Rusia a Ucrania y la guerra desencadenada que ha generado una tensión global, el empañamiento de las relaciones entre los países y los pueblos y un retroceso económico grave.

La globalización, que venía centrando las perspectivas más prometedoras, empieza a reconocerse que se ha roto. El siempre respetable The Economist lo anticipaba con una frase bastante definitiva: “La nueva lógica amenaza la globalización”. Lo demuestra cómo en poco tiempo el mundo se ha dividido y se han registrado rupturas en las relaciones entre algunos países que afectan a diversos aspectos de la economía mundial con la aparición del proteccionismo que se hallaba en retroceso. Incluso se ha acusado a los Estados Unidos de “abandonar las reglas de juego” y a incrementar la competencia interna.

“La globalización bajo asedio”, encabeza la información “The Washington Post”. La cooperación en que se fundamenta la globalización se ha reducido en un mundo que cada día se muestra más fragmentado. Todavía faltan por intervenir en el Foro la mayor parte de los participantes programados, entre ellos algunos de los mejores expertos en el análisis geopolítico y geoeconómico. Pero la impresión que recogen los medios internacionales es que más que hablar de post crisis, tras los efectos demoledores de la pandemia, las perspectivas son las de una crisis permanente.

Habrá que esperar las recetas que se irán exponiendo en los próximos días. La única conclusión optimista que se ha escuchado con bastante coincidencia es que el temido riesgo a una recesión global no llega a estar justificado. La recuperación de la globalización, empezando por la conservación de los restos que quedan de su ruptura, es el gran reto que se plantea ahora. Fue en alguna medida lo que se planteó hace diez años cuando se trataba de salir de la crisis existente desde hacía cuatro.

La guerra ucraniano-rusa es quizás el desencadenante de la situación actual, por supuesto. Pero hay otros, como los efectos del cambio climático, la difícil relación entre las dos superpotencias, Estados Unidos y China, la desigualdad que existe entre los países, que se acentúa cuando se contempla la situación en el África subsahariana. Entre los participantes – 50 jefes de Estado o Gobierno, 56 ministros de Finanzas y 19 gobernadores de Bancos Centrales –, en esta edición del Foro ha aumentado de forma sensible la representación africana, y no sólo política, también economistas e intelectuales de una nueva generación que empieza a destacar por su alto nivel.