Me gusta la fruta

El presidente del Gobierno español y candidato del Partido Socialista (PSOE) a la reelección, Pedro Sánchez, gesticula tras las elecciones generales españolas en la sede del PSOE en Madrid, el 23 de julio de 2023 - PHOTO/AFP/JAVIER SORIANO
El presidente del Gobierno español y candidato del Partido Socialista (PSOE) a la reelección, Pedro Sánchez, gesticula tras las elecciones generales españolas en la sede del PSOE en Madrid, el 23 de julio de 2023 - PHOTO/AFP/JAVIER SORIANO

Muchos de mis amigos, compañeros, parientes y variopinta gente que me lee y sigue con asiduidad me objetan que frecuentemente muestre una excesiva manía persecutoria con la persona, figura, actuaciones o declaraciones del presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez.

A fuer de ser sincero, diré que no es que sea una persona que me dé ni un ápice de confianza ni que ofrezca algún tipo de simpatía ni credibilidad. Es alguien que me resulta empalagoso hasta la saciedad, prepotente, falso, mentiroso y tremendamente autócrata y, por lo tanto, muy narcisista; por lo que su egocentrismo y autoestima están elevados a la máxima potencia. Pero mi encono no está centrado en esa su peculiar y nada alentadora ni ejemplar forma de ser o gobernar; está en que constantemente lanza mensajes, noticias, bulos o declaraciones que dejan a tirios y a troyanos callados, pensativos y boquiabiertos como mínimo, por no decir, totalmente estupefactos y anonadados.   

Elude todo tipo de responsabilidad o justificación de sus actos personales o de Gobierno y partido y, siempre que puede, trata de echarlas sobre los hombros de los demás; incluso, aunque aquellos hayan sido parte de su propia guardia pretoriana o le hayan ayudado a encumbrarse a puestos otrora insospechados para un mediocre profesor de economía y mindundi político de última fila, que entró en la misma por enchufe, de rebote y por casualidad. Una persona que debe toda su carrera, títulos y currículo a favores externos, enchufes varios, cultivar a la perfección el amiguismo rentable o al hecho de saber colocarse en el sitio adecuado en el momento más oportuno. Que basa su éxito en su apariencia o chulería -incluso en sus andares despreciativos- y en una especie de soso e inoportuno gracejo verbal que acapara las atenciones y los favores de una gran parte del electorado y de algunos otros paupérrimos políticos en el exterior, principalmente en la UE.

Falso de toda falsedad, no duda en ocultar sus siniestras intenciones, aunque las esté fraguando en dichos momentos, por gentes sin escrúpulos ni conciencia, de muy baja estofa y condición. Personas que, tal como se viene demostrando recientemente, gozan de una procedencia dudosa y ninguna formación moral e intelectual; que hacen de fontaneros, carpinteros, pintores y lo que haga falta, siempre que de sus maniobras y actos lícitos o no salga adelante una posición de ventaja para la persona a la que idolatran porque, entre otras cosas, saben que bajo su paraguas no les faltará el pan, ni la oscura riqueza o suculentas influencias políticas o laborales que les llegaran por decreto o mediante un simple dedazo de su amado líder al que sirven con idolatría y obsesiva complacencia. 

Alguien que mantiene su posición de presidente del Gobierno a pesar de que lleva perdidas todas las últimas elecciones -incluidas las pasadas generales- debido a su falta de escrúpulos, capacidad de mentir y facilidad para el “cambio de opinión”; que no duda ni titubea en hacer suyos todos los ignominiosos pactos y acuerdos que le traen a la mesa sus poco ejemplares esbirros para firmar y ratificar con todos y cada uno de los peores enemigos de España, aunque él sabe a ciencia cierta porque así lo defendió en el pasado que dichos putrefactos acuerdos solo traerán enormes costos, ingentes y fétidas cesiones, numerosas divisiones entre españoles y, lo que es peor, la partición de España, tal y como acaban de reconocer el nuevo intento en el Parlamento catalán, sus compañeros de fatigas, inventos y aventuras a los que pronto seguirán los vascos y navarros y pocos más; porque, fallidamente, lo intentó en Galicia la semana pasada.

Ha sido tanta y variada su sucia trayectoria y deleznable capacidad política, que cabe esperar todo tipo de amaño o jugarreta y, por lo tanto, ya nadie se espanta, ni en España ni fuera de ella, por ello, aunque bien es cierto que en ambos escenarios aún quedan varios millones de engañados, plenamente convencidos o de estómagos agradecidos que increíble y abyectamente le siguen bailando el agua y riéndole las gracias, mirando para otro lado mientras nuestras nuestra patria, economía y sociedad se desangran a borbotones, tanto que ya están prestas a colapsar.  

Si como digo, ya nada nos espanta de este individuo en “su arena y hacer de la política”; por lo menos, no podemos ni debemos pasarle por alto que, en pleno uso de sus poderes o atribuciones y capacidades por razón de su cargo, use los altavoces de unas declaraciones oficiales con ocasión de un viaje de Estado -aunque haya sido inútil, vacío de contenido, forzado a última hora y exclusivo para rendir pleitesía al sultán marroquí- para ofender, mentir, agraviar, injuriar, denigrar y difamar a una persona, sin cargo político alguno, por el mero hecho de ser hermano de la presidenta de la Comunidad de Madrid y, además, hacerlo mintiendo de forma ostentosa al asegurar que “su caso de corrupción ha quedado impune, sin investigar ni juzgar”; cuando ese tema, tal y cómo todo el mundo sabe, ha sido investigado por dos fiscalías especiales españolas y de la UE y, en ambos casos, quedó sobreseído por falta de pruebas o inconsistencia.

Toda esta vomitiva basura o porquería, de nuevo puesta en marcha, por un asqueroso ventilador, suele aparecer en boca de Sánchez, sus mariachis y medios afines cuando el PSOE y los chicos o chicas de su entorno y círculo de confianza aparecen envueltos, salpicados o implicados de forma grave y directamente en sucios e importantes casos de corrupción y, entonces, lo más fácil para el “adalid de la lucha contra la corrupción” -tal y como él mismo se autoproclamó en la oscura y abyecta moción de censura que le alzó a poder con ayuda de habituales traidores, que suelen venderse al mejor postor- es ponerlo en marcha para distraer al personal, dar tiempo a que pasen los malos momentos y para, como diría el clásico, calumniar que algo queda. 

Creo firmemente y, como español de bien, exijo que esta nada fiable y muy deleznable persona sea denunciada ante los tribunales por estas y otras abyectas y calumniosas declaraciones y por todas aquellas otras falsedades que diariamente salen de su máquina de fabricar mentiras y brotan de su boca o se corean en su entorno con toda impunidad.

Por eso, coincido con la señora Ayuso, en que, “ME GUSTA LA FRUTA”.       

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