La revuelta del bazar de Teherán entra en su tercer día mientras el régimen admite una resistencia organizada

Iraníes mantienen las protestas por tercer día consecutivo en las calles y lugares emblemáticos de Teherán - PHOTO/ARCHIVO
Iraníes mantienen las protestas por tercer día consecutivo en las calles y lugares emblemáticos de Teherán - PHOTO/ARCHIVO
A medida que Irán entra en el tercer día de una revuelta en rápida expansión el 30 de diciembre, las protestas que comenzaron en el histórico Gran Bazar de Teherán se han convertido en un desafío a nivel nacional a la teocracia gobernante 
  1. Admisión de Fars sobre un desafío político
  2. PMOI y Maryam Rajavi mencionadas por el régimen
  3. Protestas en universidades y residencias estudiantiles
  4. Cierre universitario y colapso económico del rial
  5. Despliegue de seguridad y evolución del levantamiento

Lo que inicialmente estalló como una huelga de comerciantes que protestaban por el colapso de la moneda y la insoportable inflación se ha convertido rápidamente en un desafío político abierto, con cánticos que exigen el derrocamiento del régimen resonando en el centro de Teherán y extendiéndose a múltiples ciudades de todo el país. La participación de comerciantes del bazar, estudiantes, trabajadores y jubilados no es señal de un disturbio pasajero, sino de una ruptura profunda y estructural entre la sociedad y el Estado. 

Es fundamental señalar que uno de los reconocimientos más reveladores del carácter político y organizado de este levantamiento no ha procedido de fuentes de la oposición, sino del propio régimen. En un informe publicado el 29 de diciembre, la agencia de noticias Fars, directamente afiliada al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), admitió que las protestas en el centro de Teherán no se limitaban a quejas económicas. 

Según Fars, testigos informaron de que entre una multitud de unas 200 personas había células organizadas de entre cinco y diez individuos que coreaban consignas que iban más allá de las reivindicaciones profesionales o comerciales. 

Iraníes mantienen las protestas por tercer día consecutivo en las calles y lugares emblemáticos de Teherán - PHOTO/ARCHIVO
Iraníes mantienen las protestas por tercer día consecutivo en las calles y lugares emblemáticos de Teherán - PHOTO/ARCHIVO

Admisión de Fars sobre un desafío político

Esta admisión es sorprendente. Durante décadas, los medios de comunicación del régimen han tratado de presentar los disturbios como espontáneos, sin líderes o impulsados por vagas “conspiraciones extranjeras”. Sin embargo, en este caso, el propio medio de comunicación del IRGC reconoce una presencia estructurada y decidida en las manifestaciones. 

Lo que Fars describe como “pequeñas células” que empujan las protestas hacia una dirección política radical refleja fielmente el patrón operativo de las Unidades de Resistencia de la PMOI, que se basan en la movilización descentralizada de pequeños grupos para mantener y politizar el malestar popular. 

PMOI y Maryam Rajavi mencionadas por el régimen

Aún más revelador es que Fars va más allá al nombrar explícitamente a Maryam Rajavi, la presidenta electa del Consejo Nacional de Resistencia de Irán. La agencia señala que, simultáneamente a las protestas en los bazares, Rajavi pidió “la formación de una cadena de protestas”, citando fuentes de inteligencia que calificaron esto como un intento de transformar las críticas económicas en inestabilidad política. 

Al hacerlo, los propios medios de comunicación del régimen confirman que consideran a la PMOI y a su red de resistencia como el principal catalizador y motor estratégico del levantamiento para transformar el descontento económico en una movilización contra el régimen.

Protestas en universidades y residencias estudiantiles

El malestar se ha extendido ahora de forma decisiva más allá del bazar. En las últimas 48 horas, las protestas se han extendido a las principales universidades y residencias de estudiantes de Teherán, incluida la Universidad de Teherán, considerada desde hace tiempo un referente político. Los estudiantes corearon consignas como “Los estudiantes prefieren morir antes que ser humillados” y “Temednos, temednos, estamos todos juntos”, lo que llevó a las fuerzas de seguridad a cerrar las residencias y rodear los campus para impedir que el público se uniera a ellos. 

La expansión a las universidades supone una peligrosa escalada para el régimen, que recuerda a levantamientos anteriores en los que la participación de los estudiantes desempeñó un papel decisivo. 

Cierre universitario y colapso económico del rial

En respuesta, las autoridades han optado por una táctica preventiva en lugar de abiertamente violenta. El régimen ha anunciado el cierre de las universidades a partir del miércoles, prolongando efectivamente el cierre durante los días festivos del fin de semana. Esta medida parece diseñada para romper el impulso de las protestas en los campus y evitar una mayor coordinación entre los estudiantes y los comerciantes en huelga, más que para restablecer la normalidad. Se trata de una maniobra habitual: los cierres administrativos utilizados como cortafuegos políticos. 

El contexto general sigue siendo el de un colapso económico grave y acelerado. El rial iraní ha caído a mínimos históricos, con el dólar estadounidense superando los 140.000 tomans, lo que hace imposible la actividad comercial normal. Gran parte de la infraestructura comercial de Teherán, incluidos los complejos Alaeddin y Charsou, la calle Lalehzar, los mercados de oro y electrónica y las arterias del Gran Bazar, permanecen cerrados. Se han registrado huelgas y manifestaciones similares en Mashhad, Karaj, Kermanshah, Hamedan, Malard y Qeshm, lo que pone de relieve el alcance nacional de los disturbios. 

Despliegue de seguridad y evolución del levantamiento

Cabe destacar que, hasta ahora, el régimen ha evitado las matanzas masivas. Se han desplegado fuerzas de seguridad de forma generalizada, pero con una moderación calculada. El objetivo aparente es reprimir las protestas sin provocar víctimas mortales que podrían radicalizar rápidamente la ira pública y atraer a capas más amplias de la sociedad. Esta cautela táctica refleja la inquietud del régimen, que reconoce que una violencia excesiva en esta fase podría acelerar, en lugar de contener, el levantamiento. 

A medida que el bazar y las universidades se convierten en centros de resistencia, Irán parece estar entrando en una fase en la que la oposición organizada y la ira popular están cada vez más alineadas, lo que supone un desafío sostenido a los cimientos del régimen clerical.