Washington avanza, Argelia recibe: cuando la diplomacia se convierte en implementación
Detrás de la suave declaración emitida por la Embajada de los Estados Unidos, saturada con términos familiares como "paz", "prosperidad" y "asociación", emerge una verdad más dura: Washington ya no está en el lugar de escuchar, sino en el lugar de la ejecución.
La gira regional que lleva a la delegación estadounidense de Túnez a Trípoli y luego a Argelia, deja clara la lógica, combina economía, energía y seguridad en un solo movimiento, con el objetivo central de consolidar la estabilidad en áreas estratégicas para los intereses estadounidenses. Túnez por inversión, Libia por petróleo y Argelia como bloqueo político. Nada se deja al azar.
En esta construcción, Argelia ocupa un lugar especial, no porque sea un socio ordinario, sino porque es un factor insalvable en la ecuación regional: la seguridad de la costa, los equilibrios del Marruecos árabe y, sobre todo, el perfil del Desierto Occidental. Aquí viene la realidad del estrés asociado a las visitas. Aunque Washington confirma su deseo de diálogo, no oculta que el marco, desde su punto de vista, ha sido predeterminado.
Esta visita que coincide con la presencia de un alto funcionario nacional en Argelia no es un asunto transitorio, pero indica un intento de coordinar la iniciativa estadounidense y darle una cobertura multilateral. En otras palabras, la ONU está siendo llamada a no arbitrar, sino a seguir el ritmo de una predicción en otros lugares. Aquí es donde el pluralismo se convierte en una metáfora, no hay espacio real para comerciar.
Recordatorio público de la postura estadounidense sobre el desierto occidental tomando la forma de gobierno diplomático.
El reconocimiento de la soberanía marroquí y la promoción exclusiva del defensor del gobierno autónomo ya no se ofrecen como opción entre opciones, sino como el único horizonte posible. Por lo tanto, las discusiones ya no tratan de la esencia de la cuestión, sino de cómo empujar a las partes a adaptarse a esta "realidad".
Aquí reside la esencia de la forma. Considerar el expediente como "contado" puede ser un eufemismo de la profundidad del conflicto político, histórico y simbólico. Y es una disputa que no se puede resolver formalmente, aunque sea descrita como "real", sin soportar sus consecuencias regionales. Imponer un marco no significa la producción de consenso, y acelerar el ritmo diplomático no garantiza ni estabilidad duradera ni aceptación política.
Y para él, esta visita a Argelia no es tanto una apertura como un momento real. Estados Unidos está probando la capacidad de la región para adaptarse a una decisión previa. Por el contrario, voces alternativas del desierto, como el Movimiento del Desierto por la Paz (MSP), destacan por un enfoque pacífico y pragmático, en una manada con marcos rígidos que han causado el conflicto.
Argelia debe elegir hoy: ¿aceptas las ecuaciones requeridas o buscas otra vez influencia en un camino que puede convertir la diplomacia, en nombre del pragmatismo, en sólo un proceso de implementación?
