Opinión

Aplicación de las trampas de la pobreza para el desarrollo del Sahel

photo_camera Atalayar_ Sahel IEEE

El Tercer Mundo se ha reducido. El surgimiento de la Economía del Desarrollo tras la Segunda Guerra Mundial, la creación de instituciones internacionales y la aplicación de políticas de desarrollo en los países menos favorecidos han propiciado que la gran mayoría de estas naciones sean más ricas, en contra de la creencia común1. A pesar de ello, existen un grupo de países a la cola del desarrollo que no han sido capaces de beneficiarse de estas prácticas, viéndose envueltos en unos ciclos negativos para su progreso.

En el Sahel2, territorio comprendido entre la sabana africana y el desierto del Sahara donde confluyen diferentes etnias, religiones y modos de subsistencia3, se encuentran los países menos desarrollados del planeta según el Índice de Desarrollo Humano (IDH). Además, los importantes problemas demográficos, económicos y de seguridad provocan una inestabilidad en la región que impide el crecimiento económico. No obstante, estas materias no son las únicas para tener en cuenta. Desde la década de los 90, la literatura académica ha propuesto una serie de trampas en las que los países han convivido históricamente o inciden en momentos puntuales, y de las que resulta sumamente complejo escapar.

Paul Collier y su grupo de investigadores han analizado, desde hace más de 20 años, las causas de la pobreza y el subdesarrollo en los países a los que el autor llama «El club de la miseria». Este desafortunado grupo reside en el siglo XXI, pero su realidad es propia del siglo XIV: guerras civiles, epidemias, fanatismo religioso, analfabetismo, etc4. De esta forma, la inmensa mayoría de estos países se concentran en  el continente africano, aunque bien es cierto que existen algunos casos en Asia y otras latitudes.

Mientras que la pobreza se ha reducido notablemente durante el último siglo, estas naciones incluso en la década de los 90, la cual se le supone una época dorada entre el final de la Guerra Fría y el fatídico 11S, vieron reducidas sus rentas en un 5 % aproximadamente.5

Es necesario resaltar la importancia de unas nociones clave para escapar de la pobreza como son la Seguridad y el Desarrollo6 aunque, no obstante, no se debe eximir la importancia de conceptos como el crecimiento. Actualmente, los modelos de crecimiento han sido denostados en numerosas ocasiones. En su lugar, se ha abogado por el desarrollo desde las instituciones internacionales. Así, se habla de reducción de la pobreza, de acceso de las mujeres a las escuelas y al mercado laboral, y una larga serie de retos recogidos en los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS), pero nunca se habla de tasas de crecimiento. Sin lugar a duda el desarrollo es primordial en esas economías, pero no cabe descuidar el crecimiento, pues este resulta un escollo principal al progreso de estos países que apenas han crecido. Si bien es cierto que el crecimiento beneficia a todos los estratos de una sociedad, no sirve cualquier tipo de crecimiento. El objetivo es que sea de calidad y equitativo ya que solo de esta forma las sociedades del Sahel y otras partes del planeta podrán desarrollarse verdaderamente.

Por tanto, existe un grupo de países desarrollados cuyas economías crecen y progresan mientras que un grupo de naciones se ha estancado y cada vez les será más difícil la integración. Por tanto, según el modelo de Solow en economía deldesarrollo, se observa con claridad que, en la práctica, las economías no convergen hacia un estado estacionario7.

Existen numerosos economistas que apoyan la tesis de la divergencia entre las economías, en discrepancia con las teorías de la convergencia. En los años 70, las tasas de crecimiento de los países más pobres del mundo eran significativamente inferiores que la de los países desarrollados llegándose a alcanzar un terrible 13 % de diferencia en 1973 (Figura 1). En los 80, la divergencia llegó a cifras del 10,24 % y ya en la década de los 90, se redujo a un 6,88 %. Así pues, con estos datos, en la llegada del nuevo siglo ya existían dos mundos completamente distintos y a velocidades de crecimiento muy diferentes. La divergencia quedaba patente (Figura 2).

Atalayar_ Pobreza SahelAtalayar_ Pobreza SahelAtalayar_ Pobreza SahelSi se observa el Figura 2, en tiempos pasados, la mayoría de los países partía de situaciones de desarrollo muy parecidas. Entonces, cabe preguntarse, ¿por qué unos países han logrado subir las escaleras del progreso mientras las naciones del Sahel se han precipitado por el agujero negro del retroceso? Este hecho se debe, como se analizará, a las denominadas trampas de la pobreza, entre otras causas.

Trampa del conflicto

Todos los países del Sahel han sufrido el castigo de los golpes de Estado y las guerras civiles. Prueba de ello es que esta zona es el lugar donde más golpes de Estado y países fallidos se dan en el planeta. Ambas adversidades dan lugar a numerosas consecuencias en todos los ámbitos: económico, político, social, etc. En este documento se examinará la dimensión económica, pero sin despreciar las demás materias, pues todas ellas forman la amalgama necesaria para comprender cualquier sociedad y, por ende, sus conflictos.

De esta forma, los golpes de Estado suponen una grave crisis política y de estabilidad de la que resulta severamente complejo escapar y que, en términos económicos, supone un grave desincentivo a la inversión extranjera en el país. Por otro lado, las guerras civiles son el grado más alto de conflicto, en el que las pérdidas humanas son terribles, la economía formal desaparece, surge la economía de guerra y los tráficos ilícitos, etc. Por tanto, no cabe duda de que ambos tipos de conflicto suponen un escollo al desarrollo, al crecimiento e, inevitablemente, deterioran el aparato de seguridad.

Guerras civiles y golpes de Estado

Desde la independencia de muchos países africanos se han sucedido los golpes de Estado y las guerras civiles. En numerosas ocasiones estos golpes han sido seguidos por la puesta en marcha de la democracia, pero esto no ha sido la norma. En los países del Sahel, se han depuesto regímenes para otorgarles poder a otros aún más corruptos, si cabe.

Atalayar_ Pobreza SahelPor tanto, resulta difícil discernir qué movimientos tendrán una intención benévola, menos aún es el objetivo de este documento, de los que intentarán saquear las arcas estatales e imponer su autoridad. Los grupos rebeldes justifican sus golpes atendiendo a una retahíla de agravios: represión, explotación, exclusión, etc. De este modo es necesario analizar los factores económicos que provocan el conflicto.

La primera correlación se da entre el riesgo de guerra civil y el nivel de renta inicial. Por tanto, en los países de renta más baja habrá una probabilidad mayor de conflicto. Cabe preguntarse, ¿no será que las guerras civiles empobrecen a los países y no que la pobreza les haga proclives al conflicto? Realmente, ambas relaciones son simultáneas. La guerra civil reduce, inevitablemente, la renta mientras que la renta baja aumenta el riesgo de conflicto8.

Si se observa la Tabla 1 y la Figura 1 se podrá comprobar cómo en todos los años en los que han surgido conflictos internos en los países del G-5 Sahel, las tasas de crecimiento de la renta per cápita se encontraban en niveles muy bajos. Este ejemplo resulta realmente esclarecedor para entender la importancia de la economía en el inicio de los conflictos.

Atalayar_ Pobreza SahelOtro factor singularmente importante es el nivel de crecimiento de las economías. De esta manera, los países que poseen un crecimiento lento, un estancamiento o un crecimiento negativo serán más proclives al conflicto. Para ejemplificarlo, y a modo de explicación, un país de renta baja tiene un 14 % de probabilidades de sufrir una guerra civil en un quinquenio cualquiera. Por tanto, si un país crece a una tasa del 5 %, el riesgo se reduce bajando del 14 % al 9 % de riesgo. En cambio, si esa economía decrece al 5 %, el riesgo aumentará hasta el 19 %10.

En ese caso, cabe preguntarse, ¿no será la expectativa de guerra civil lo que provoca el declive? Realmente, y de forma intuitiva, este hecho es cierto. Siempre que hay cualquier tipo de conflicto o inestabilidad los inversores huyen y la economía decrece.

No obstante, desde un análisis más exhaustivo y teniendo en cuenta el peso tan importante del sector primario sobre el PIB, hay que analizar un incidente que afecta enormemente al crecimiento económico, pero no guarda una relación directa con el riesgo de conflicto. Y es que, en los países del Sahel, las perturbaciones pluviales tienen graves consecuencias en el crecimiento de las economías y sus efectos no vienen dados por ninguna expectativa de conflicto si no que frenan el crecimiento y, en instancias posteriores, aumentan el riesgo de guerra.

Con el fin de concretar lo descrito hasta el momento, podría decirse que la renta, inicialmente baja, y un peligroso nivel de crecimiento hacen a estos países más propensos a la guerra. A modo de explicación, la renta baja se traduce en pobreza en todos los estratos de la sociedad mientras que un escaso nivel de crecimiento implica desesperanza en un lugar donde abunda la población en edad de trabajo y que, al ver frustradas sus expectativas, no tienen otro remedio que alistarse a movimientos rebeldes y actividades ilícitas.

Por otro lado, los recursos naturales juegan un papel esencial en las dinámicas del conflicto. La dependencia económica de la exportación de materias primas y su peso en el PIB aumentan notoriamente el riesgo de conflicto. Realmente, los recursos naturales ayudan a financiar el conflicto, cuando no son el objetivo de los rebeldes que, finalmente, acaban prendiendo la mecha de la guerra11.

Si se sigue la lógica podría decirse que la diversidad étnica es un factor polemológico. En las sociedades del Sahel, conviven numerosas etnias y tribus que han sido históricamente enemigas. Según Collier12, la diversidad étnica no supone en sí misma un factor agravante para la producción de un conflicto. En el Sahel, el verdadero problema entre clanes se debe a enfrentamientos entre las tribus nómadas, que se dedican a la ganadería, frente a las tribus sedentarias, que viven de la agricultura, por un motivo de espacios para desarrollar sus actividades13. En resumen, obedecen,  pues, a un motivo económico y no étnico.

Otro aspecto económico para tener en cuenta son los gastos que conlleva la guerra. El gasto militar en período de conflicto aumenta notablemente llegando a incrementarse un 33 % durante la guerra civil chadiana de 2005 o un 22 % en Burkina Faso durante el 201914.

En conclusión, los conflictos impiden el desarrollo de los países del Sahel y prolongan su dependencia de la exportación de materias primas y del sector primario. A su vez, la pobreza, el estancamiento y la dependencia sostenida los hacen proclives a sufrir guerras y golpes de Estado que se retroalimentan y es, de esta forma, cómo la trampa se repite, entrando en una espiral de la que resulta complejo salir.

Trampa de los recursos

Los recursos naturales son una enorme fuente de riqueza para las naciones que los poseen aunque, desafortunadamente, también suponen motivos de conflicto constituyendo un factor polemológico de primer grado. Esta situación se debe a que, históricamente, han sido motivo de guerras para garantizar su control. La disponibilidad o no de recursos supone para las economías la oportunidad de expandir su crecimiento o la fatalidad de caer en el subdesarrollo. Esto resulta enormemente paradójico puesto que el resorte que puede catapultar a una economía hacia el crecimiento puede ser el motivo de su declive. Por tanto, cabe preguntarse ¿por qué existen sociedades que se benefician de las existencias de recursos naturales mientras que a otras las condena al fracaso? Reformulando la pregunta, ¿por qué la riqueza natural puede suponer un problema?

Desde la década de los 80, numerosos autores han estudiado con vehemencia la llamada «maldición de los recursos». De este modo, Richard Auty15 fue de los primeros académicos que intentaron describir cómo los recursos naturales suponen, en contra de la lógica, un obstáculo al desarrollo de las economías provocando que estas crezcan menos frente a otros territorios sin recursos. Como se pone en valor a lo largo de este trabajo, Jeffrey Sachs16 y Paul Collier fueron dos figuras claves en la difusión y la profundización de estas ideas estudiando la relación entre la posesión de recursos y el crecimiento económico pobre.

Un concepto clave para entender los efectos perjudiciales de gozar de recursos naturales es el denominado “mal holandés”17. Esta idea surgió, durante los años 60, cuando los Países Bajos acogieron una enorme entrada de divisas debido al hallazgo de yacimientos de gas natural en su territorio18.

Para explicar esta idea, se va a suponer un modelo19 en el que existe una economía que observa una época de crecimiento en sus exportaciones. Por un lado, el sector que exporta recursos naturales percibe cuantiosos ingresos debido a la recepción de divisas del extranjero. Si estas monedas se dedican plenamente a importar otros bienes y servicios, no se produce ningún efecto sobre la masa monetaria de esta economía. En cambio, si se convierte esta riqueza a divisas nacionales para comprar bienes y servicios nacionales, el resultado dependerá de si esa economía posee un tipo de cambio20 fijo o flexible.

Si el tipo de cambio es fijo, la conversión de la moneda producirá un aumento de la masa monetaria del país lo que causará un aumento de los precios nacionales. En términos exportadores, esto provocará que la moneda real del país se aprecie por lo que, con una unidad monetaria extranjera, se podrá comprar menos bienes nacionales. Por otro lado, si el tipo de cambio es flexible, la mayor oferta de divisas hará que la moneda nacional se aprecie, lo que producirá una apreciación del tipo de cambio real que, a su vez, se manifestará en un incremento del tipo de cambio nominal. Este hecho provocará que la competitividad de las exportaciones no dedicadas a los recursos naturales se reduzca y, por tanto, su producción se vea gravemente dañada.

En definitiva, el «mal holandés» supone una pérdida de rentabilidad y competitividad en los mercados extranjeros del sector exportador tradicional a causa de una apreciación de la moneda local. En los países del Sahel, con un sector primario con enormes oportunidades de exportar y con una amplia situación de mejora, la entrada de divisas procedentes de la exportación de recursos naturales produce un efecto perjudicial al desarrollo económico al desplazar la inversión de este tipo de sectores con un potencial de crecimiento rápido.

Por otro lado, un elemento clave para explicar los efectos perjudiciales que supone la disponibilidad de recursos naturales es la volatilidad de sus precios, lo que da lugar a graves crisis estructurales en sus economías. Esto se debe a que muchos países que disponen de recursos basan sus economías en este sector, descuidando así otros sectores sumamente importantes para el funcionamiento del país. Por tanto, la solución sería diversificar su economía en distintos sectores productivos. Del mismo modo, numerosos dirigentes emplean las divisas procedentes de los recursos naturales en escandalosos aumentos del gasto público que, realmente, tienen un escaso rendimiento. Estos aumentos del gasto entorpecen la recuperación y los recortes cuando la volatilidad hace presencia y provocan quiebras en las economías.

Asimismo, desde una perspectiva meramente politológica, algunos académicos sostienen que los recursos naturales reportan unos ingresos que obstaculizan la gobernabilidad de un país. De nuevo aparece la trampa. Estos investigadores han argumentado que la disponibilidad de recursos ha propiciado la llegada al poder de regímenes autocráticos como el de Sadam Husein o Muammar Gaddafi. Sin embargo, el problema esencial es aún más profundo. El motivo decisivo de la maldición de los recursos es que impide el buen funcionamiento de los sistemas democráticos21.

La reflexión racional nos lleva a pensar que es, precisamente, democracia lo que necesitan esas sociedades para realizar una buena gestión de los recursos y optimizar su rendimiento de una forma justa. En efecto, surge la duda de ¿por qué existen algunas economías que han logrado beneficiarse de la existencia de recursos naturales y, en cambio, otras no?

La respuesta, a pesar de que no resulte el tema primordial de este estudio, sí posee una significancia de modo transversal para entender el problema en profundidad. Por consiguiente, debe decirse que las comunidades que han sacado partido de sus recursos ya disfrutaban de la libertad y la tolerancia mucho antes del hallazgo de estos bienes. Es decir, las instituciones políticas estaban plenamente consolidadas22.

Para comprobar la relación entre el robustecimiento de las instituciones y los recursos naturales se debe remitir, de nuevo, a Paul Collier y Anke Hoeffler23. Estos investigadores realizaron un estudio en el que combinaron el análisis de las rentas procedentes de los recursos naturales y las instituciones políticas de cada país. Como conclusión, acordaron que existe una pauta evidente que dictamina a los superávits de recursos naturales incompatibles con la lucha electoral. Es decir, allá donde no hay ingresos procedentes de los recursos la democracia es más lucrativa que la autocracia, y viceversa.

En los datos de su estudio se expone que, con réditos derivados de los recursos naturales y con un sistema democrático, se crece un 2 % anual más que en una autocracia. Por otro lado, cuando las rentas suponen un 8 % del PIB, aproximadamente, el efecto de la democracia deja de suponer una ventaja. Si el peso de los ingresos supera el 8 %, el impacto es adverso. Como sucede en los países del Sahel, si las rentas de los recursos naturales exceden el 20 % sobre el PIB, cambiar el totalitarismo por un sistema democrático supone una pérdida de un 3 % anual en la tasa de crecimiento24.

Atalayar_ Pobreza SahelPara realizar un análisis específico de los países del G-Sahel se debe hacer una reflexión usando los datos de la Tabla 1, el Figura 1 y el Figura 4. Si se observan los tres cuadros conjuntamente, puede evidenciarse que en todos los años en los que ha sucedido un golpe de Estado en cada país, la tasa de crecimiento del PIB varió según la dependencia de esa economía de los recursos naturales. A modo de ejemplo, se analizará un caso de cada país:

  • En el golpe de Estado en Burkina Faso de 1983, la dependencia de la exportación de recursos era de un 8,21 %, lo que provocó una caída de 1,43 puntos en su PIB.
  • En Chad, durante el golpe de Estado de 1990, debido a la aceptable dependencia de los recursos naturales, la cual era de un 7,52 %, la economía creció un 12 %.
  • Durante la crisis de gobernanza de 1991 en Mali, y debido a su escasa dependencia de la exportación de materias primas, su tasa de crecimiento del PIB aumentó 14,247 puntos.
  • En el golpe de Estado de 2008 en Mauritania, la dependencia de la exportación de recursos naturales era de un descomunal 54,379 %, lo que produjo una caída de 2,12 puntos en su tasa de crecimiento.
  • Por último, durante el golpe de Estado de 2010 en Níger, la dependencia de su economía de los recursos naturales era de un 9,978 % lo que causó una pérdida de 6,081 puntos en su tasa de crecimiento del PIB.

De esta forma, y aunque se hubieran elegido otros momentos de crisis, la hipótesis anteriormente mencionada queda demostrada hasta el momento. Por tanto, existe una importante correlación entre la dependencia de recursos naturales, la tasa de crecimiento del PIB y los problemas de gobernanza interna en un país.

La explicación a este hecho bien podría ser que las rentas desmesuradas derivadas de la exportación den lugar a un tamaño excesivo del Estado. Otra interpretación podría ser que, teniendo en cuenta las variables que afectan significativamente al crecimiento, la inversión tuviera un comportamiento singular. La deducción nos permite inferir que las democracias ricas en recursos naturales no invierten lo suficiente. Este hecho se debe a que pocos políticos poseen el arrojo y la profesionalidad de hacer grandes inversiones con efectos a largo plazo cuando las legislaturas son breves y los beneficios pueden ser aprovechados por el grupo político que posea el poder en un momento posterior. Realizar estas acciones sería sumamente importante porque, de esta manera, la renta de los individuos aumentaría con indiferencia del poder político que gobernara. A pesar de ello, lo verdaderamente significativo es el rendimiento de las inversiones y no la tasa de inversión. Y puede concluirse que estas sociedades invierten poco y mal, buscando un rendimiento a corto plazo que pueda hacerles ganar votos.

Estos párrafos no son un alegato a la autocracia. No cabe duda de los efectos positivos y humanos que poseen la libertad y la tolerancia. Pero la evidencia empírica y la constatación histórica indican que las sociedades ricas en recursos y con altos niveles de pobreza han mejorado su situación, aparentemente, con sistemas dictatoriales.

Por ejemplo, el caso de Libia es muy útil para explicar este hecho. A pesar de todas las acciones tiranas que tuvo el régimen de Gadafi, el coronel fue el único que supo desarrollar socioeconómicamente y complacer, a base de los ingresos procedentes de los hidrocarburos, a una sociedad altamente tribalizada y postcolonial. Fue tras la intervención occidental y la imposición de la democracia cuando el país se ha sumergido en un profundo conflicto, cuyo fundamento es la lucha por los recursos25.

Para entender mejor esta relación, hay que analizar los motivos por los que las rentas de los recursos naturales frustran el buen hacer político.

Por un lado, la abundancia de ingresos propicia el clientelismo. Esto se debe a que, en lugar de construir infraestructuras u ofrecer unos servicios públicos que repercutan en el bienestar de la sociedad y que harían inclinar la batalla electoral hacia un grupo político, los gobernantes se dedican a sobornar para conseguir el voto. Además, en el caso del Sahel, el clientelismo resulta enormemente útil al tratarse de sociedades altamente tribalizadas, con gran lealtad étnica y con ausencia de prensa libre.

Para evitar caer en estos errores, debe existir un fuerte sistema de pesos y contrapesos que vigilen todas las actividades contables del Estado. Pero esto es sumamente difícil en los países del Sahel. La gran parte de las políticas que se realizan suelen enfocarse a la corrupción de estas enormes rentas. Por tanto, ¿por qué las rentas de los recursos limitan el control de la actividad política?

La respuesta se debe a que, en estos países, no es necesario cobrar tantos impuestos. Este hecho reduce las responsabilidades de los gobernantes quienes no están sujetos a ningún control en cuanto a dónde gastan o qué rendimiento sacan. En conclusión, existe un abuso de poder que conduce a estos países a la autocracia. Por tanto, se necesitan la libertad de prensa, para poner de manifiesto todos los excesos que se producen en esta zona, y unos mecanismos de control, eficientes que mejorarían sustancialmente el rendimiento de las inversiones. Como ejemplo, una buena medida, ampliamente generalizada en occidente, sería que los proyectos de inversión pública salgan a concurso, lo que reduciría enormemente los costes de estas obras.

Tras lo anteriormente expuesto, resulta evidente el gran peso que tiene la trampa de los recursos naturales en las sociedades sahelianas. En las reflexiones sobre el crecimiento, la dependencia de los recursos y los golpes de Estado queda patente que las relaciones entre estos elementos son muy útiles para explicar los problemas que adolecen estas economías.

Trampa del país sin salida al mar y con malos vecinos

La geografía26 es notablemente importante para explicar el crecimiento y desarrollo de un país. En el caso del G-5 Sahel, 4 de los 5 países que lo componen no poseen salida al mar y los países fronterizos están plagados de movimientos insurgentes e inestabilidad política. En efecto, curiosamente el único país de este grupo que posee salida al mar, Mauritania, tiene un mayor grado de desarrollo que los demás.

Sachs argumenta que la falta de salida al mar supone un recorte de medio punto porcentual en la tasa de crecimiento interanual27. Para contrargumentar esta tesis, muchos economistas citan el caso de Suiza, Luxemburgo o incluso Botsuana y aunque bien es cierto que carecer de costa no implica ser pobre, es evidente que gran parte de los países más pobres del mundo poseen esta característica y además están en África.

Un análisis muy interesante, a cargo de Tony Venables, examinó que los costes de transporte para un país sin salida al mar dependían de cuánto había invertido su país vecino en infraestructuras28. Por esa razón, es tan importante la estabilidad y desarrollo de los Estados colindantes puesto que es posible un aislamiento completo.

El Sahel se encuentra en una situación gravemente compleja ya que, al no poseer salida al mar, para alcanzar los mercados internacionales los países dependen de una región extremadamente inestable. Por un lado, la situación en el Magreb es altamente volátil y la guerra de Libia proyecta su inseguridad hacia su frontera con Chad y Níger.

Por otro lado, la situación en el golfo de Guinea29 y África central no tiene mejores expectativas.

Estos hechos explican perfectamente por qué la coyuntura de Chad o Burkina Faso no es la misma que en Suiza. En el Sahel no existen las infraestructuras ni la estabilidad de Europa. Además, para poner un producto en los mercados internacionales el transporte resultará mucho más caro, por lo que estos países reducen la circulación de bienes con un bajo margen de beneficios. Es decir, las manufacturas, las cuales han sido responsables de un alto crecimiento históricamente, sufren una caída de producción en favor de los recursos naturales. Como se ha explicado anteriormente, esto supone una trampa de los recursos naturales ya que no se diversifican las economías y al depender de los recursos naturales se sufre la volatilidad de sus precios.

Otro factor influyente es la existencia de mercados regionales. En el caso de Suiza, el país tiene un mercado regional que lo envuelve y al que es relativamente sencillo vender. En cambio, Mali no posee esta capacidad. El país africano apenas vende a sus vecinos, porque están estancados o sumergidos en guerras civiles y, además, para transportar sus productos debe pasar por zonas en conflicto para alcanzar algún puerto internacional.

O’Conell y Collier30 argumentaron en un estudio estadístico que todos los países se benefician del crecimiento de sus vecinos. De  esta forma, si los vecinos  crecen a  un  1 %, el país ve incrementada su tasa de crecimiento en un 0,4 %. En cambio, en África esa externalidad positiva supone un 0,2 %. En el Sahel, al estar todos los países que lo incluyen sumergidos en alguna trampa de la pobreza, prácticamente no existe crecimiento o este es inestable por lo que estos beneficios son inapreciables. Por tanto, ¿qué pueden hacer estos países para solucionar este problema?31

  1. Aumentar la externalidad positiva derivada del crecimiento de sus vecinos. Es decir, profundizar en las integraciones regionales para eliminar barreras comerciales y tener una infraestructura común entre los Estados miembros. Además, se deberían reducir los aranceles para favorecer el comercio exterior y, así, lograr un mayor crecimiento.
  2. Mejorar la política económica de los vecinos. A medida que se avanza en la integración, las políticas económicas de los países aledaños tienen más importancia. Por tanto, se debe prosperar hacia un lugar común.
  3. Mejorar el acceso a la costa. Gracias a unas infraestructuras comunes para abaratar los costes de acceso al mar y, por ende, a los mercados internacionales. Estas obras son un bien común que redundaría en beneficios para toda la región, aunque, a priori, haya Estados con un nivel de crecimiento mayor que se sean reticentes a invertir en estos proyectos.
  4. Convertirse en el centro neurálgico de la región. Hay ciertos servicios que son un gran objeto de comercio a nivel regional y que requieren una estabilidad política, como los servicios financieros. Si se desarrollan políticas y medidas sensatas, la zona podrá crecer enormemente.
  5. Garantizar el acceso a Internet y al espacio aéreo. Históricamente, la tecnología ha sido un indispensable factor de crecimiento. Por un lado, el transporte aéreo depende enormemente del tamaño del mercado en esa región. Por eso, los países sin costa se ven gravemente perjudicados. La solución podría ser la liberalización del cielo, es decir, con el tráfico aéreo abierto se puede reducir el coste de los servicios aéreos y aumentar el tráfico. Por otro lado, garantizar el servicio a Internet en zonas despobladas es una buena forma de crecimiento ligada a una buena educación. Para ello, se necesita una infraestructura de telecomunicaciones y una mano de obra cualificada para realizar su instalación. Esto propiciaría la venta por Internet, donde se abaratan los costes, y mejoraría las comunicaciones.
  6. Incentivar el envío de dinero por parte de los emigrantes. Debido a las graves crisis, la inestabilidad y la creciente demografía, gran parte de los ciudadanos del Sahel han emigrado desde hace años. Por ello, se ha de sacar provecho fomentando el envío de remesas a los países de origen. Para maximizarlo se debe educar a la población para que consigan empleos bien remunerados en los países de acogida y facilitar la búsqueda de empleo a través de los consulados. Algunos problemas existentes que pueden encontrarse los emigrantes al enviar sus ingresos son una mala gestión de los sistemas bancarios y la valoración del tipo de cambio. Este último motivo se debe a que si los tipos están sobrevalorados gravan las remesas y no favorecen el envío de dinero.
  7. Crear un entorno transparente y propicio a la inversión. Uno de los grandes escollos al crecimiento en estos países es la reticencia de los inversores extranjeros a realizar negocios debido a problemas de seguridad jurídica y estabilidad.
  8. El desarrollo rural será sumamente importante. Al no poseer de un crecimiento industrial a corto plazo, la tecnología deberá focalizar las inversiones en el desarrollo de las infraestructuras rurales para mejorar sus márgenes de beneficio.
  9. Tratar de atraer ayuda internacional. Para ello, se debe ser atractivo para los organismos internacionales ofreciendo seguridad jurídica y unas prácticas eficientes con el gasto.

En resumen, el grueso de estas medidas no puede realizarse por un solo país, debiéndose apoyar en la fuerza conjunta de los Estados ribereños para que estas prácticas tengan éxito. De este modo, las iniciativas regionales para el desarrollo son esenciales para el crecimiento de la zona. Además, el papel que juegan los vecinos en la otra orilla del Mediterráneo resulta clave para la estabilidad de la región al disponer los países europeos de medios y medidas para su consecución.

Conclusiones

Tras exponer la validez de las trampas de la pobreza en la zona del Sahel, es necesario vincular la existencia de dichas trabas con los problemas inherentes de la región. En el Sahel confluyen diversos elementos que pueden propiciar la creación de una tormenta perfecta: crimen organizado, tráficos ilegales, hambrunas, pobreza, crecimiento demográfico desmedido, rivalidades étnicas, cambio climático, etc. Todas estas características se verán agravadas por el SARS-CoV-232, el cual afectará notablemente a las estructuras económicas y sociales que sustentan esta población.

Asimismo, las trampas de la pobreza suponen un escollo fundamental para el desarrollo de la región. En una zona donde los golpes de Estado se suceden y la dependencia de la exportación de recursos naturales es enorme, las tasas de crecimiento se ven malogradas. A este contexto se le suman los problemas de gobernanza con Estados frágiles o inexistentes en los que el aparato de seguridad es débil y el mecanismo de ayuda socioeconómica es frágil (lo que hace imposible la aplicación de medidas). En este entorno, los Estados no tienen capacidades suficientes para atender las necesidades de la población, lo que es explotado por grupos armados que medran sin dificultades al ofrecer trabajo y medios a una juventud desilusionada y creciente. Además, la influencia de inestabilidad desde Libia crea un ambiente de inseguridad difícilmente gestionable. En definitiva, todo ese panorama crea una suerte de caos hobbesiano complejo de solucionar.

No obstante, los amplios recursos naturales que posee la región (como el uranio, oro, petróleo, carbón o magnesio) suponen una oportunidad en favor del desarrollo económico si son explotados inteligentemente, es decir, diversificando sus economías para evitar caer en la “trampa de los recursos”.

Es por ello por lo que se debe potenciar la creación y puesta en marcha de iniciativas regionales para el desarrollo y la seguridad tales como el G-5 Sahel. De esta forma, al crear una zona estable que permita el comercio con países vecinos y la entrada en los mercados internacionales, aumentarán las opciones de un crecimiento económico regular.

En conclusión, para evitar el caos y fomentar el crecimiento en una región con un inmenso potencial económico, se deberá trabajar para asegurar unas condiciones de seguridad en las que prospere una economía que permita el desarrollo de una población sumida en un círculo vicioso de pobreza y conflicto.

En torno a la cuestión sobre la que gira el documento, ¿superarán estas economías los obstáculos de marras? Hasta el momento, la experiencia histórica no permite augurar un futuro halagüeño para estas economías. Las dinámicas tradicionales en la zona crean un pesimismo general entre su población y la comunidad internacional. Por ello, no hay que olvidar que se deben aplicar «soluciones africanas a los problemas africanos» y que otra forma de actuación será recrudecer los graves y profundos retos inherentes en el mal concebido, lejano Sahel.

Gregorio Hernández Ramos

Economista. Universidad Rey Juan Carlos

Bibliografía y Notas a pie de página
  1. A modo de ampliación y con el objetivo de conocer los beneficios del modelo económico aplicado en los últimos tiempos: NORBERG, Johan. Progreso. Deusto, 2017. NOTA: Todos los vínculos de internet del presente documento se encuentran activos a fecha 18 de octubre de 2020.
  2. En este documento se analizarán las situaciones de los países del G-5 Sahel, es decir, Burkina Faso, Chad, Malí, Mauritania y Níger.
  3. En esta zona se concentran tribus nómadas, quienes se dedican a la ganadería, y tribus sedentarias, que viven de la agricultura, las cuales luchan por un espacio y recursos muy limitados, que el cambio climático mermará aún más. A modo de ampliación: MORA TEBAS, Juan Alberto. Conflictos intercomunitarios en África: Pastores vs. Agricultores. Documento de Análisis IEEE 02/2017. Disponible en: http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_analisis/2017/DIEEEA02- 2017_Conflictos_Intercomunitarios_JAMT.pdf
  4. Un ensayo esclarecedor sobre el desarrollo económico es: COLLIER, Paul. El Club de la Miseria ¿qué falla en los países más pobres del mundo? DeBolsillo, 2011.
  5. COLLIER, Paul. “Más pobres que nunca”, El País, 2008. Disponible en: https://elpais.com/diario/2008/03/16/domingo/1205643158_850215.html
  6. Entendiendo la relación entre ambos conceptos como un círculo virtuoso en el que la seguridad es una precondición para el desarrollo a la vez que el desarrollo lo es para la seguridad. Por esa razón, se necesita la coexistencia de ambos para que una sociedad prospere.Para profundizar con una aplicación práctica sobre la región, consultar: VVAA. Seguridad y desarrollo sostenible en el Sahel: un enfoque regional. Instituto Español de Estudios Estratégicos e Instituto Militar de Documentación, Evaluación y Prospectiva de Argelia, 2017. Disponible en: http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_trabajo/2017/DIEEET01- 2017_Seguridad_DesarrolloSostenible_Sahel_IFC.pdf
  7. SALA I MARTIN, Xavier. Apuntes de crecimiento económico. Antoni Bosch Editor, 2000.
  8. COLLIER, Paul. El Club de la Miseria, op.cit., pp. 44-45.
  9. La tabla ofrece todos los conflictos internos consumados en la historia reciente de los países. No se incluyen la inestabilidad y descontento latente en la mayoría de ellos como, por ejemplo, los derivados de las sequías, el conflicto tuareg, la inseguridad procedente de Darfur, etc.
  10.  COLLIER, Paul. El Club de la Miseria, op.cit., pp. 44-45.
  11.  Ejemplo de ello son los «diamantes de sangre», obtenidos mediante personas en régimen de esclavitud y que ayudan a financiar numerosos conflictos como el de la República Democrática del Congo. El Proceso de Kimberly, auspiciado por la ONU en 2005, intenta combatir el tráfico de estas gemas.
  12. COLLIER, Paul. Guerra en el Club de la Miseria. La democracia en lugares peligrosos. Turner, 2012, pp. 73-102.
  13. Si el lector desea consultar un amplio estudio sobre el tema: MORA TEBAS, Juan Alberto. Conflictos intercomunitarios en África, op.cit.
  14. Datos obtenidos del Stockholm International Peace Research Institute. Disponible en: https://www.sipri.org/databases/milex
  15. AUTY, Richard. Resource-Based Industrialization: Sowing the Oil in Eight Developing Countries Oxford University, 1990.
  16. SACHS, Jeffrey D.; WARNER, Andrew M. Natural Resources and Economic Development: The curse of natural resources. European Economic Review, 2001.
  17. HOGAN, William; STURZENEGGER, Federico. The Natural Resources Trap. Massachusetts Institute of Technology, MIT Press, 2010.
  18. EBRAHUM-ZADEH, Christine. El síndrome holandés: demasiada riqueza malgastada. International Monetary Fun, 2003. Disponible en: https://www.imf.org/external/pubs/ft/fandd/spa/2003/03/pdf/ebra.pdf
  19. CORDEN, W. M. Macroeconomic Policy Interaction under Flexible Exchange Rates: A Two-Country Model. London School of Economics, 1985.
  20. El tipo de cambio es la tasa de proporción entre el valor que posee una moneda con respecto a una divisa extranjera.
  21. COLLIER, Paul. El Club de la Miseria, op.cit., pp. 83-85.
  22. Ibid., pp. 94-96.
  23. HOEFFLER, Anke; COLLIER, Paul. Resource Rents, Governance and Conflict. Journal and conflict resolution, 2005.
  24. COLLIER, Paul. El Club de la Miseria, op.cit., pp. 83-85.
  25. Para un somero análisis sobre el tema, consultar: HERNÁNDEZ RAMOS, Gregorio. La economía de guerra en Libia tras la caída de Gadafi. Documento de Opinión IEEE 64/2019. Disponible en: http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_opinion/2019/DIEEEO64_2019GREHER_economiaLibia.pdf
  26. KAPLAN, Robert. La venganza de la geografía. RBA Libros, 2017.
  27. SACHS, Jeffrey. El fin de la pobreza: Cómo conseguirlo en nuestro tiempo. Debate, 2005.
  28. VENABLES, Anthony. “The spatial economy: cities, regions and international trade”, The MIT press, 2001.
  29. HERNÁNDEZ RAMOS, Gregorio. “El reto de la estabilidad y el desarrollo en el Golfo de Guinea”, The Political Room, 15 de junio de 2020. Disponible en: https://thepoliticalroom.com/golfo-de-guinea- desarrollo-economico
  30. COLLIER, Paul. Africa’s Economic Growth: Opportunities and Constraints. Oxford University, 2006. Disponible en: https://www.afdb.org/fileadmin/uploads/afdb/Documents/Knowledge/09484307-EN- AFRICA-S-ECONOMIC-GROWTH-OPPORTUNITIES-AND-CONSTRAINTS.PDF
  31. Toda la serie de recomendaciones expuestas a continuación son ideas contenidas en: COLLIER, Paul. El Club de la Miseria, op.cit., pp. 107-114.
  32. Si el lector desea ampliar, un análisis esclarecedor sobre la presente situación en la región: SÁNCHEZ HERRÁEZ, Pedro. El Sahel en tiempos de pandemia: ¿aún peor? Documento de Análisis IEEE 24/2020. Disponible en: http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_analisis/2020/DIEEEA24_2020PEDSAN_pandemiaSahel.pdf