Tormenta navideña en el Sahel: la guerra contra la hidra yihadista
- EL SAHEL: LABORATORIO DE LA IMPUNIDAD
- EL MOSAICO DEL MAL: QUIÉN ES QUIÉN
- NIGERIA: EL HAMBRE Y LA IDEOLOGÍA COMO ARMAS DE GUERRA
- EL GOLPE DE NAVIDAD: UNA ACCIÓN INDISPENSABLE
- MÁS ALLÁ DE LOS MISILES: EL RETO DE EUROPA
- CONCLUSIÓN: LA CIVILIZACIÓN EXIGE SER DEFENDIDA
En el marco de una coordinación sin precedentes con el Gobierno de Abuja, el Mando de Estados Unidos para África (AFRICOM) llevó a cabo el 25 de diciembre una operación punitiva contra los campamentos del Estado Islámico (Daesh). Lo que algunos analistas de salón calificaron precipitadamente como una «escalada preocupante» no es, simple y llanamente, más que el retorno de la razón: el reconocimiento de que el terror no se apacigua, sino que se vence con la fuerza y la superioridad moral.
Nigeria se ha convertido en el corazón sangrante del Sahel y en el nuevo frente visible de la guerra mundial contra Daesh. Lo que la diplomacia europea percibió durante años, con su característica miopía, como una sucesión de conflictos «lejanos» y tribales en Mali, Burkina Faso o Níger, se cristalizó en 2025 en un polvorín que amenaza con hacer saltar por los aires la fachada sur de nuestra propia casa.
EL SAHEL: LABORATORIO DE LA IMPUNIDAD
El Sahel es hoy el gran laboratorio mundial de la impunidad. Es un espacio geográfico inmenso donde la debilidad institucional ya no es un accidente histórico, sino una condición permanente; donde la violencia ha dejado de ser episódica para convertirse en una tragedia cotidiana y sin fin.
Desde las costas de Mauritania hasta la selva de Camerún, pasando por la inmensidad del sur de Argelia y los confines atlánticos de Senegal, se ha consolidado un continuo de inseguridad. Como advierte el Armed Conflict Survey del prestigioso IISS, ya no nos enfrentamos a crisis aisladas, sino a un «sistema de conflictos conectados». Se trata de una hidra en la que los golpes de Estado militares, las economías mafiosas de los tráficos más execrables, los mercenarios extranjeros y las fronteras que no son más que líneas en la arena permiten a los grupos yihadistas y criminales replegarse, recomponerse, rearmarse y expandirse a su antojo.
Mauritania: Las katibas de Al Qaeda (JNIM) aprovechan la porosidad de su frontera sur, tratando de convertir el país en su ruta logística hacia el océano. Si este dique cede, el terrorismo tendrá una ventana al Atlántico y a las rutas marítimas hacia Europa.
El imperativo estratégico de Marruecos: En este capítulo del acceso del yihadismo al Atlántico, el papel de Marruecos es fundamental. Como país aliado de Occidente, que cuenta con fuerzas de seguridad y antiterroristas de primer orden, el control de Rabat sobre el Sáhara Occidental es un cerrojo de seguridad indispensable. El hecho de que la ONU y las grandes potencias hayan dado la razón a Marruecos en cuanto a su soberanía sobre este territorio constituye un hecho político de gran trascendencia: es el reconocimiento de que solo una soberanía estatal fuerte puede impedir que la zona se convierta en un corredor para el crimen organizado. Marruecos actúa aquí como el único dique fiable contra la unión de los cárteles y el califato en nuestro flanco sur.
Sur de Argelia: Más al este, Argel contiene la respiración. Su «muro de hierro» militarizado en Tamanrasset apenas logra contener el tráfico ilícito y los ataques contra los campos petrolíferos.
Senegal: Dakar ve cómo el yihadismo acecha su frontera en la región de Kayes, intentando infiltrarse en las cofradías sufíes.
Chatham House y el IFRI (Instituto Francés de Relaciones Internacionales) advierten con lucidez clínica: «Sin un enfoque regional sólido y cinético, la violencia simplemente se desplaza. Si apretamos las tuercas en Níger, el tumor migra a Benín; si golpeamos en el lago Chad, vuelve a crecer en Sokoto. » Se crean «zonas grises» donde el Estado se evapora y los actores armados llenan el vacío con su propia gobernanza brutal.
EL MOSAICO DEL MAL: QUIÉN ES QUIÉN
En este terreno fértil operan tres grandes constelaciones. No se trata de un enemigo monolítico, sino de un ecosistema.
1. El Estado Islámico (DAECH-EI): En el Sahel, se articula en torno al EIGS (Estado Islámico en el Gran Sáhara) y al ISWAP en la cuenca del lago Chad. Son los «tecnócratas del terror». En Nigeria, el ISWAP ha demostrado una gran capacidad de adaptación táctica, incorporando drones comerciales armados a su arsenal y abriendo un nuevo frente en el noroeste que conecta el Sahel con el interior de Nigeria.
2. Al Qaeda en el Sahel (JNIM/GSIM): Actores dominantes en el centro de la región.
Su fuerza es política: allí donde el Estado desaparece, el JNIM arbitra las disputas locales, impone impuestos y ofrece una «justicia» brutal y expeditiva. Tejen alianzas pragmáticas con comunidades que se sienten abandonadas.
3. La nebulosa Boko Haram (JAS, Ansaru): Combina el terror nihilista y el bandolerismo puro. Según el International Crisis Group, las guerras internas entre yihadistas suelen provocar más sufrimiento a los civiles que se ven atrapados en medio del fuego cruzado. A esto se suma ahora la amenaza de «Lakurawa», un nuevo grupo afiliado al EI en el estado de Sokoto, que impone una versión brutal de la sharia.
NIGERIA: EL HAMBRE Y LA IDEOLOGÍA COMO ARMAS DE GUERRA
Es en Nigeria donde esta arquitectura del terror alcanza su expresión más utilitaria y satánica.
● La guerra del hambre: Los terroristas han sistematizado el incendio de los graneros. No se trata de vandalismo, sino de pura estrategia militar. La hambruna se convierte en un arma para vaciar los territorios que pasan a estar bajo la administración de facto de las bandas. El mensaje es medieval: comed de la mano del «califato» o morid.
● La guerra contra el futuro: Las escuelas, tanto cristianas como musulmanas laicas, son atacadas con saña porque representan la modernidad. El secuestro masivo de estudiantes sigue siendo una fuente de financiación y una herramienta de terror psicológico.
● La caza de cristianos y musulmanes
● Moderados: Aunque la corrección política intenta disuadirnos de decirlo, existe una persecución religiosa sistémica. Atacar una iglesia rural un domingo, masacrar a los fieles y quemar el templo no es un «conflicto tribal» exacerbado por el cambio climático; es un acto de limpieza étnica y teológica. Organizaciones como Open Doors confirman que ser cristiano en el norte de Nigeria es un riesgo extremo.
● El asedio a la movilidad: El transporte público y las carreteras federales se han convertido en frentes invisibles.
La escalada de 2025 fue vertiginosa. En el último trimestre, la aparición de células vinculadas al EI en el eje de Sokoto hizo saltar todas las alarmas. La pesadilla definitiva se estaba materializando: la conexión operativa entre los yihadistas del Sahel y el interior profundo de Nigeria.
EL GOLPE DE NAVIDAD: UNA ACCIÓN INDISPENSABLE
En este contexto de deterioro absoluto, los bombardeos estadounidenses de Navidad marcaron un punto de inflexión. El 25 de diciembre, por orden del presidente Donald Trump y en estrecha coordinación con el Gobierno de Abuja, AFRICOM llevó a cabo una serie de ataques de precisión contra los campamentos del EI en Sokoto.
Trump, con su habitual ausencia de filtros diplomáticos pero con un instinto seguro para la Realpolitik, presentó la operación como un golpe «poderoso y letal» contra la «escoria terrorista» responsable de la masacre de cristianos. La reacción del Gobierno nigeriano fue reveladora: tras años de negación, las fuentes oficiales de Abuja tuvieron que admitir la realidad al hablar de «ataques de precisión contra elementos extranjeros del DAESH/Estado Islámico».
Desde un punto de vista estrictamente estratégico, estos ataques son una medida estratégica necesaria. Rompen la impunidad y cortan nudos transfronterizos vitales. Además, este golpe pone de manifiesto el estrepitoso fracaso de las alternativas. Los mercenarios rusos de Wagner (ahora Africa Corps), que prometieron seguridad a las juntas golpistas de Mali y Níger, han resultado ser un fraude sangriento.
Ante la torpe brutalidad del martillo ruso, Estados Unidos ha ofrecido el bisturí tecnológico.
Como defiende desde hace años el RUSI (Royal United Services Institute), este modelo de intervenciones selectivas es la única alternativa viable tanto a las grandes ocupaciones militares fallidas como a la cobarde inacción que deja el campo libre a los bárbaros.
MÁS ALLÁ DE LOS MISILES: EL RETO DE EUROPA
Sin embargo, no nos engañemos. El ataque es necesario, pero no suficiente. Los expertos coinciden en una advertencia fundamental: ningún número de misiles puede sustituir a un Estado que funcione.
Pero aquí es donde entra en juego la responsabilidad de Europa. El Sahel ya no es una periferia exótica, es nuestra frontera avanzada. Para España y para Europa, seguir mirando hacia otro lado, redactando informes sobre la resiliencia climática mientras se degüella a poblaciones enteras a pocas horas de vuelo, no es neutralidad: es un suicidio geopolítico aplazado.
CONCLUSIÓN: LA CIVILIZACIÓN EXIGE SER DEFENDIDA
Los bombardeos estadounidenses contra el Daesh en Nigeria son una excelente noticia, ya que eliminan focos activos de barbarie y recuerdan al yihadismo una certeza olvidada: matar cristianos, quemar graneros y arrasar escuelas tiene un precio real y tangible.
Los críticos del «imperialismo yanqui» y los defensores del «diálogo inclusivo» saldrán en masa a condenar la injerencia. Que griten. Mientras gritan desde la seguridad de sus sofás en Europa, las familias de Sokoto y Borno quizá duerman un poco más tranquilas sabiendo que los verdugos que merodeaban por el bosque han sido neutralizados.
