El levantamiento iraní: ¿cambio de fase, de la protesta social a la contestación de la soberanía represiva?

Iraníes mantienen las protestas por tercer día consecutivo en las calles y lugares emblemáticos de Teherán - PHOTO/ARCHIVO
Iraníes mantienen las protestas en las calles y lugares emblemáticos de Teherán - PHOTO/ARCHIVO
Un marco teórico para comprender el momento actual en Irán
  1. Marco conceptual: Estado, violencia y obediencia
  2. De la protesta a la confrontación violenta asimétrica
  3. La radicalización como fenómeno estructural, no ideológico
  4. La situación de poder predual (Pre-Dual Power)
  5. El colapso de la obediencia
  6. Síntesis analítica

¿Ha superado el levantamiento en curso en Irán la fase de «protesta social» para entrar en una fase que la ciencia política califica de «transición cualitativa del levantamiento»? Los signos de esta transición —como el desarme de las fuerzas represivas, los enfrentamientos directos con las unidades especiales y el colapso del carácter disuasorio de la violencia estatal— son ahora visibles en casi todas partes. Basándonos en teorías clásicas y contemporáneas sobre el Estado, la revolución y los movimientos sociales, podemos afirmar que esta fase no constituye una simple escalada coyuntural, sino la entrada en una situación estructural que cuestiona simultáneamente la legitimidad, la eficacia y el monopolio del poder (violencia) del Estado.

1. Marco conceptual: Estado, violencia y obediencia

El punto de partida teórico de este análisis se basa en la definición clásica del Estado formulada por Max Weber: un Estado cuya existencia se basa en el monopolio de la violencia legítima. Mientras se mantenga este monopolio, incluso en un contexto de descontento social generalizado, las protestas se limitan a un «desafío político» y no conducen a un cambio fundamental.

Pero cuando los instrumentos de represión escapan al control de las fuerzas gubernamentales y pasan a manos de la población, la violencia estatal deja de ser disuasoria y exclusiva.

En los últimos días se han observado en Irán decenas de ejemplos de desarme de las fuerzas represivas. En Tous, en la provincia de Khorasan, jóvenes insurgentes interceptaron un autobús que transportaba a fuerzas de la República Islámica, las desarmaron y las ataron. En Isfahán (puente Si-o-se-pol), Shiraz (barrio de Ma'ali Abad) y Teherán se han registrado varios casos similares. Cuando un joven insurgente, en Naziabad (Gran Teherán), arrebata una pistola eléctrica a un agente y la utiliza contra él, se puede decir que las fuerzas represivas están sufriendo pérdidas sobre el terreno.

Del mismo modo, el 6 de enero, en la ciudad de Malekshahi (provincia de Ilam), las unidades especiales sufrieron pérdidas, huyeron por miedo y la ciudad quedó prácticamente bajo el control de los insurgentes. El mismo escenario se repitió ese mismo día en Abdanan, también en la provincia de Ilam. El poder entra así en una fase que puede calificarse de erosión de la capacidad coercitiva del Estado.

2. De la protesta a la confrontación violenta asimétrica

En las teorías de los movimientos sociales, una protesta «cambia de fase» cuando pasa de la acción simbólica a una acción material dirigida contra la estructura del poder. Esta etapa se interpreta generalmente como el resultado de una transformación del cálculo colectivo de costes y beneficios: en otras palabras, el coste de la obediencia al régimen se vuelve más elevado que el de la resistencia.

Un ejemplo ampliamente difundido en las redes sociales iraníes ilustra este cambio. En respuesta a un amigo que le aconseja no participar en las manifestaciones, un joven declara:

«¿Por qué no iba a ir a manifestarme? Mis ingresos no cubren mis gastos. Trabajo de la mañana a la noche. ¿Qué tengo que temer perder? Mis padres se consumen ante mis ojos y no puedo hacer nada. El sueño de mi madre es verme con traje de novio, pero mi propio sueño es morir mañana. ¿Por qué no iba a ir? Déjame ir, al menos para no acostarme cada noche con la conciencia tranquila. Para que mañana, si mi hijo me pregunta: «¿Qué has hecho?», no tenga que responder: «Nada». Cada noche, la idea de que ya es demasiado tarde me atormenta hasta el amanecer. ¿Por qué no iba a ir? Es demasiado tarde. Hemos soportado demasiado. Estoy harto [se señala la garganta]. No puedo más. Yo voy a ir. Si tú también vienes, mejor. Si no, al menos no me olvides».

El miedo social da paso a una audacia colectiva.

Ya sea la joven que se plantó sola frente a un cañón de agua para detener una columna militar, los jóvenes que se sentaron en medio de la calle para bloquear el avance de las fuerzas represivas, o los insurgentes que, mediante una acción colectiva, liberaron a algunos de sus compañeros detenidos, todos estos actos ilustran claramente cómo el miedo social ha sido sustituido por el coraje colectivo.

Esto significa que la violencia estatal está perdiendo su función. En este punto, el levantamiento entra en lo que se puede llamar una fase insurreccional de confrontación, no necesariamente una guerra armada clásica, sino un enfrentamiento directo y asimétrico con el aparato represivo.

3. La radicalización como fenómeno estructural, no ideológico

Contrariamente a los discursos oficiales que atribuyen la «radicalización» a influencias extranjeras o ideologías, la literatura académica la considera más a menudo como una reacción estructural. Un teórico muestra que las revoluciones no comienzan con la radicalización del pueblo, sino con la incapacidad del Estado para ejercer su poder, es decir, con la creciente ineficacia de la represión.

En el Irán actual, a pesar de la expansión y la diversidad de sus fuerzas represivas (múltiples servicios de inteligencia, Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica, Basij, fuerzas policiales, etc.), especialmente tras los reveses regionales del régimen y la guerra de doce días con Israel, este aparato parece funcionalmente desgastado y fragmentado, incapaz de garantizar un efecto disuasorio duradero.

Esta situación ha hecho posible la acción directa de la población. Aunque se detiene a muchas personas, las familias ya no se dejan intimidar: se reúnen frente a las cárceles y los centros de detención para exigir la liberación de sus hijos. Así, el desarme de las fuerzas represivas constituye un claro indicador de que el levantamiento ha entrado en una nueva fase.

4. La situación de poder predual (Pre-Dual Power)

En la literatura política, el concepto de «dualidad del poder» se refiere a un momento en el que dos centros de autoridad rivales coexisten simultáneamente en un mismo territorio. Pero antes de eso, existe una fase intermedia que se puede describir así:

  • el poder oficial permanece en su lugar;
  • pero su autoridad no se ejerce en todas partes ni de forma permanente;
  • en algunos espacios, es la sociedad la que toma la iniciativa.

Esta situación se denomina en la literatura contemporánea con conceptos como soberanía disputada o fase de predualidad del poder. Un ejemplo de ello se observó el 6 de enero en las ciudades de Abdanan y Malekshahi, en la provincia de Ilam. El desarme de las fuerzas represivas y su retirada de facto son signos clásicos de la entrada en esta fase.

5. El colapso de la obediencia

Otro teórico establece una distinción fundamental entre el poder y la violencia:

el poder nace de la obediencia colectiva, y no de las armas.

Cuando la población, sin una dirección centralizada ni un orden oficial, pero a través de una acción coordinada, logra repeler a las fuerzas represivas, esto significa el colapso del equilibrio del miedo, un momento que puede describirse como Collapse of the Fear Equilibrium.

Síntesis analítica

En un marco teórico coherente, se puede formular el «cambio de fase del levantamiento iraní» de la siguiente manera:

  1. Erosión del monopolio estatal de la violencia;
  2. Pasar de la protesta a la confrontación directa;
  3. Radicalización resultante de la incapacidad estructural del régimen;
  4. Entrada en una situación de predualidad del poder;
  5. Colapso de la obediencia y de la barrera psicológica de la represión.

En cualquier caso, esta fase no marca ni el fin del levantamiento ni una victoria asegurada, pero en la experiencia histórica de las revoluciones, constituye el comienzo de una crisis incontrolable para los regímenes en el poder.