Arabia Saudí entre el mito y la realidad: el legado de Abdulaziz frente a las narrativas occidentales

Donald Trump, presidente de Estados Unidos y Mohamed bin Salman, príncipe heredero de Arabia Saudí
Donald Trump, presidente de Estados Unidos y Mohamed bin Salman, príncipe heredero de Arabia Saudí
La herencia de Abdulaziz va más allá de la unificación territorial: construyó una identidad nacional y un sistema de gobierno moderno capaz de resistir desafíos internos y externos. Arabia Saudí pasó de ser un desierto fragmentado a convertirse en una potencia económica, política y espiritual

El enviado estadounidense para Siria, Thomas Barrack, declaró en Beirut el 26 de septiembre de 2025 que “Oriente Próximo no existe, solo hay tribus, aldeas y Estados creados por Sykes-Picot… y es una ilusión pensar que 27 Estados inventados con 110 grupos étnicos distintos puedan compartir un concepto político común”. 

Sus palabras, más que un análisis, reflejan una visión occidental repetida durante décadas: la idea de que la región carece de capacidad histórica para construir Estados sólidos. Este discurso oscila entre la arrogancia y la ignorancia, y pasa por alto ejemplos que contradicen directamente esa narrativa.

Uno de ellos es la experiencia de Arabia Saudí y de su fundador, el rey Abdulaziz Al Saud. Nacido en 1875, Abdulaziz inició a principios del siglo XX un proceso de unificación que culminaría en 1932 con la proclamación del Reino de Arabia Saudí. No fue el resultado de Sykes-Picot ni de una imposición colonial, sino de un proyecto interno basado en la fuerza, la visión y el liderazgo. Tras recuperar Riad en 1902, el monarca se lanzó a la tarea de unificar tribus y territorios, no solo mediante la guerra, sino con una estrategia política que sentó las bases de un Estado moderno.

Abdulaziz Al Saud, fundador y rey de Arabia Saudí
Abdulaziz Al Saud, fundador y rey de Arabia Saudí

Lejos de ser un caudillo pasajero, Abdulaziz dejó un legado que sigue vivo en la identidad saudí. Creó un sentimiento nacional que superó divisiones tribales y aseguró estabilidad en una región marcada por la fragmentación. Su independencia frente a las potencias extranjeras lo distinguió de otros líderes contemporáneos, que fueron arrastrados por los acuerdos coloniales. Por ello, los saudíes lo recuerdan como un símbolo de dignidad y soberanía, y su memoria impregna tanto la enseñanza escolar como la cultura política actual.

El argumento de Barrack de que Oriente Próximo no puede producir Estados duraderos ignora siglos de historia. El Califato Omeya (661–750) se extendió por tres continentes; el Califato Abasí (750–1258) perduró cerca de seis siglos; y el Emirato Omeya en al-Ándalus sobrevivió ochocientos años. Estas experiencias desmienten la idea de que la región esté condenada a la fragmentación.

En tiempos modernos, Arabia Saudí representa un caso paradigmático. Tras la muerte de Abdulaziz en 1953, sus hijos continuaron el proyecto: el rey Saud apostó por la educación y las infraestructuras; Faisal situó al país en el centro de la geopolítica mundial con el uso del petróleo como arma en 1973; Jalid garantizó estabilidad y prosperidad; Fahd promovió megaproyectos y desempeñó un papel decisivo en la Guerra del Golfo; Abdalá impulsó reformas sociales y educativas; y Salman lidera hoy una transformación histórica con la Visión 2030, que diversifica la economía y abre el país al mundo.

Mohamed bin Salman, príncipe heredero de Arabia Saudí, y Felipe VI, rey de España
Mohamed bin Salman, príncipe heredero de Arabia Saudí, y Felipe VI, rey de España

La herencia de Abdulaziz va más allá de la unificación territorial: construyó una identidad nacional y un sistema de gobierno moderno capaz de resistir desafíos internos y externos. Arabia Saudí pasó de ser un desierto fragmentado a convertirse en una potencia económica, política y espiritual. Su historia demuestra que el futuro de Oriente Próximo no depende de mapas coloniales, sino de líderes capaces de articular proyectos propios.

Arabia Saudí no es solo petróleo ni fronteras: es la narración de un liderazgo inspirador y de una dinastía que ha continuado la obra generación tras generación. Frente a visiones reduccionistas como la de Barrack, la experiencia saudí revela que la región sí puede producir Estados estables y potentes. Es una historia que merece ser contada en todos los idiomas, porque lo que fundó Abdulaziz sigue vivo en el presente y en el futuro del reino.

Dr. Hasan Alnajrani.  Periodista y académico saudí