¿Cómo ha reconfigurado la Visión 2030 la conciencia de los saudíes?
Antes de 1979, el país vivía un clima más abierto, culto y plural en términos intelectuales. Ese año, coincidiendo con la llegada de Jomeini y el clero chií al poder en Irán, la región entró en la era de los “conservadores religiosos”, algo que dejó una huella profunda en el ambiente social y en las políticas de Oriente Medio.
En este contexto, la Visión 2030 irrumpe como un proyecto nacional integral que persigue diversificar la economía, mejorar la calidad de vida y modernizar el Estado, pero también —y quizá ante todo— renovar la mentalidad de los saudíes. La idea de fondo es clara: el futuro no es un producto exclusivo de la maquinaria estatal, sino un proyecto compartido entre instituciones y ciudadanos.
Durante décadas, Arabia Saudí vivió apoyada en un modelo económico fuertemente dependiente del petróleo y en una estructura social marcada por la cautela y el repliegue hacia dentro. La entrada al país, especialmente para los no musulmanes, estaba rodeada de complejidad burocrática.
Con el tiempo, fue creciendo la sensación de que hacía falta una actualización profunda del Estado y del pensamiento.
La Visión 2030 se convierte así en el motor real de la apertura que hoy experimenta el país en múltiples frentes. Parte de la premisa de que el Estado no puede seguir anclado en un único recurso ni en una idea de bienestar garantizado, y que es necesario alterar ese imaginario colectivo. De ahí que muchos jóvenes saudíes hayan empezado a concebir el futuro como resultado del esfuerzo, la planificación y la competencia, más que como la simple prolongación del pasado petrolero.
Desde una óptica comunicativa, la Visión 2030 no se presentó como un documento técnico y frío, sino como un relato nacional compartido. El discurso de liderazgo fue directo, claro y alejado de la jerga burocrática. La narrativa se articuló en torno a conceptos como empoderamiento, oportunidades, participación y desafío. Este lenguaje contribuyó a que los saudíes se vieran a sí mismos como parte del proyecto y no como meros espectadores de transformaciones económicas y sociales.
La literatura contemporánea sobre gobernanza subraya precisamente que las grandes visiones que funcionan son las que generan comportamientos, no solo metas: logran que la sociedad empiece a actuar conforme al futuro que desea antes de alcanzarlo plenamente.
En el plano internacional, la Visión 2030 provocó sorpresa —y en algunos casos cierto desconcierto— en parte del mundo desarrollado, acostumbrado a leer la región desde claves rentistas o tradicionales.Cuando Arabia Saudí anunció megainiciativas como Neom, Qiddiya, el proyecto del mar Rojo o Riyadh Green, no faltaron voces que las tildaron de sueños excesivamente ambiciosos.
Sin embargo, en menos de una década, esas iniciativas se han ido consolidando como modelos económicos e inversiones tangibles. El discurso sobre Arabia Saudí en los grandes foros ya no gira exclusivamente en torno al crudo, sino también al turismo, la innovación, la tecnología avanzada y, más recientemente, la inteligencia artificial.
Algo similar ha ocurrido en el terreno del deporte y la cultura. El país ha pasado de ser un consumidor de ocio a convertirse en productor y exportador. Las temporadas de entretenimiento en Riad se suceden sin pausa, se celebran grandes eventos deportivos y se cierran fichajes de impacto mundial, como la llegada de Cristiano Ronaldo al Al Nassr. Paralelamente, se han levantado ecosistemas dedicados a la cultura y la creatividad. Todo ello ha contribuido a redefinir la imagen del Reino como un actor que se levanta con confianza y desafía los techos de expectativa.
Al mismo tiempo, el mundo ha descubierto otra faceta de Arabia Saudí: su papel como mediador político y factor de estabilidad regional. El país ya no se ve únicamente como “potencia petrolera”, sino como “potencia de influencia”, capaz de sentar en la misma mesa a actores enfrentados y de impulsar soluciones en dosieres regionales e internacionales complejos. En este sentido, la Visión 2030 trasciende el marco interno y funciona también como un nuevo modelo diplomático que refuerza la presencia saudí en el sistema internacional.
En última instancia, las grandes visiones no son simples planes gubernamentales, sino contratos sociales renovados que redefinen la relación entre Estado y ciudadanía y amplían la conciencia sobre los desafíos locales, regionales y globales.
La Visión Saudí 2030 ha puesto en marcha una dinámica inédita: el ciudadano se percibe ahora como protagonista de un proyecto de transformación, las fronteras mentales sobre lo que el país puede llegar a ser se han desplazado, y el Reino se ha convertido en una enorme obra en marcha que no se detiene.
Su objetivo: situar a Arabia Saudí entre las naciones más avanzadas, no por casualidad ni por mérito circunstancial, sino a partir de la inversión en las personas, en las oportunidades y en la capacidad de una sociedad para construirse su propio futuro.
Dr. Hasan Alnajrani. Periodista y académico saudí
