Las crisis… y las relaciones entre el Golfo y España
Hasta entonces, los vínculos se concentraban sobre todo en países anglófonos, lo que se reflejaba en la vida cotidiana y en la penetración de la cultura estadounidense en múltiples ámbitos. Aquel acontecimiento dejó una huella que trascendió lo estrictamente de seguridad, generando efectos económicos, culturales, sociales y geopolíticos de amplio alcance, incluso en el propio orden internacional.
El 11-S no fue, sin embargo, el único factor que impulsó a las sociedades del Golfo a diversificar alianzas. Hoy el planeta reconfigura sus equilibrios bajo la presión del cambio climático, la volatilidad de los mercados energéticos, las disrupciones en las cadenas de suministro y crisis políticas que van desde la guerra en Ucrania hasta las tensiones en el Mediterráneo oriental.
De ahí que cobre sentido una nueva etapa entre el Golfo y España basada en intereses compartidos, que devuelva al Mediterráneo su papel como puente entre el mundo árabe y Europa.
La energía constituye el núcleo más sensible de esta relación. Mientras los países del Golfo siguen siendo proveedores clave de petróleo y gas para Europa, España aporta una experiencia puntera en renovables.
En un contexto de transición hacia la neutralidad climática y la reducción de emisiones, ambos actores encuentran terreno común: garantizar seguridad de suministro y avanzar en la transición verde.
Arabia Saudí, Emiratos o Catar apuestan por inversiones a largo plazo que refuercen la diversificación de sus economías; Madrid busca proveedores fiables que reduzcan su dependencia del gas argelino o ruso. De esa interdependencia nacen oportunidades en ámbitos como la energía solar o el hidrógeno verde, que se perfilan como ejes estratégicos de la futura asociación.
Más allá de la energía, el turismo se consolida como un puente humano. El viajero del Golfo ha situado a España entre sus destinos favoritos, atraído por su estilo de vida, gastronomía, opciones de compras y un factor decisivo: la seguridad.
No sorprende que España, con más de 80 millones de visitantes anuales, sea potencia mundial en turismo, mientras los países del Golfo desarrollan con ambición sus propias industrias en el marco de planes como la Visión 2030 saudí.
La experiencia española ofrece un modelo de referencia, y el legado histórico andalusí aporta una dimensión cultural que refuerza el vínculo y abre la puerta a iniciativas conjuntas en turismo y cultura.
El comercio y la inversión completan este mapa. España es puerta de entrada para los productos del Golfo al mercado europeo, mientras que la región constituye para Madrid un acceso estratégico a Oriente Medio y el norte de África.
Crecen las inversiones españolas en infraestructuras, transporte o deporte en Arabia Saudí, Emiratos y Catar, al tiempo que los fondos soberanos del Golfo exploran sectores españoles como la tecnología, la logística o el inmobiliario. Se trata de una evolución hacia alianzas estratégicas que trascienden el mero intercambio comercial.
En paralelo, el factor político se hace presente: España, miembro de la UE, es socio clave para el Golfo en Bruselas, mientras que los responsables españoles ven en los países del Golfo aliados fiables para estabilizar los mercados energéticos y dinamizar la inversión. La creciente proyección saudí en el G20 y la visibilidad emiratí y catarí en cultura y deporte convierten la diplomacia económica en un motor esencial de acercamiento.
Las grandes crisis, lejos de debilitar los lazos, ponen de manifeisto su relevancia. La crisis energética europea o las disrupciones logísticas han hecho más urgentes y realistas las conexiones entre el Golfo y España.
Europa necesita socios de confianza, y el Golfo se perfila como opción estratégica para Madrid, no solo en energía, sino también en seguridad alimentaria, puertos e infraestructuras. A su vez, la cooperación con España ofrece a los países del Golfo acceso a tecnología avanzada y a una red de relaciones europeas y latinoamericanas de larga data.
Hoy la relación hispano-golfo se encuentra ante una coyuntura histórica: pasar de la cooperación tradicional a convertirse en pilar estratégico en tiempos de crisis encadenadas. La necesidad europea de seguridad y estabilidad económicas converge con el deseo del Golfo de diversificar sus fuentes de poder y reforzar su proyección internacional.
Si ambas partes saben aprovechar el momento, el Mediterráneo puede recuperar su condición de puente económico y político entre el mundo árabe y Europa, cimentado en intereses comunes y una visión de largo alcance.
Dr. Hasan Alnajrani. Periodista y académico