Después del golpe israelí en Doha: el Golfo entre Washington y el mundo árabe

<p>El Secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, se reúne con el Emir Sheikh Tamim bin Hamad Al Thani de Qatar en Amiri Diwan, en Doha, Qatar, el 16 de septiembre de 2025 - REUTERS/ NATHAN HOWARD</p>
El Secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, se reúne con el Emir Sheikh Tamim bin Hamad Al Thani de Qatar en Amiri Diwan, en Doha, Qatar, el 16 de septiembre de 2025 - REUTERS/ NATHAN HOWARD
Los ciudadanos del Golfo, y en particular los cataríes, despertaron con la noticia de un ataque israelí en Doha dirigido contra dirigentes de Hamás que mantenían conversaciones con la mediación catarí para intentar frenar la guerra en Gaza

El bombardeo no solo supuso un nuevo capítulo en la escalada, sino que evidenció la voluntad de Israel de proyectar su ecuación de disuasión más allá de su entorno inmediato, aun a costa de vulnerar la soberanía del Golfo. El episodio marca un punto de inflexión, no solo en el equilibrio de fuerzas regional, sino también en la evolución de las relaciones entre Washington y sus socios del Golfo, y en el papel del mundo árabe en el tablero internacional. 

Históricamente, Estados Unidos ha sido garante de la seguridad del Golfo, pero tampoco ha ocultado su respaldo —explícito o implícito— a las políticas israelíes. Con frecuencia evita responsabilizar al primer ministro Benjamin Netanyahu, y justifica las ofensivas con el argumento del “derecho de Israel a defenderse”, ignorando la soberanía de los países árabes. Este doble rasero erosiona la confianza en Washington y empuja a las capitales del Golfo a explorar alianzas estratégicas con Europa, China o Rusia. 

<p>El presidente ruso, Vladimir Putin; el presidente kazajo, Kassym-Jomart Tokayev; el presidente chino, Xi Jinping; y el presidente uzbeko, Shavkat Mirziyoyev, llegan a un desfile militar para conmemorar el 80.º aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial, en Pekín, China, el 3 de septiembre de 2025 - Sputnik/Alexander Kazakov/Pool vía REUTERS</p>
El presidente ruso, Vladimir Putin; el presidente kazajo, Kassym-Jomart Tokayev; el presidente chino, Xi Jinping; y el presidente uzbeko, Shavkat Mirziyoyev, llegan a un desfile militar para conmemorar el 80.º aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial, en Pekín, China, el 3 de septiembre de 2025 - Sputnik/Alexander Kazakov/Pool vía REUTERS

Pese a las dudas generadas tras el ataque a Doha —incluida la sospecha de que los sistemas de defensa estadounidenses no advirtieron la incursión—, la relación con Estados Unidos parece destinada a perdurar. Ya ocurrió en septiembre de 2019, cuando el ataque contra las instalaciones de Abqaiq en Arabia Saudí puso a prueba la alianza sin quebrarla. La asociación sigue siendo sólida, aunque con márgenes de fricción que podrían reconfigurarse sin alterar el núcleo de la cooperación. 

Tras la ofensiva israelí, se celebraron una cumbre del Golfo y otra árabe-islámica. La segunda, en particular, dejó entrever la conciencia de que el futuro inmediato exige una reacción clara ante las operaciones israelíes. El mundo árabe se enfrenta a dos caminos: resignarse a un predominio israelí con respaldo estadounidense o transformar el golpe en un catalizador de unidad política y de seguridad. Las cumbres señalaron una primera voluntad de coordinarse, aunque el reto reside en pasar de las declaraciones a las políticas tangibles: defensa conjunta, diplomacia activa y un discurso unificado. 

¿Es posible frenar la escalada israelí? Israel opera en un vacío árabe y bajo la cobertura de Washington, lo que le otorga margen para maniobras arriesgadas. Sin embargo, los Estados árabes conservan instrumentos de presión: desde la activación de mecanismos legales internacionales hasta el uso estratégico de la energía, pasando por un relato comunicativo capaz de conectar con las opiniones públicas occidentales. La Iniciativa de Paz Árabe de 2002 sigue siendo una referencia válida, siempre que se actualice y se traduzca en una hoja de ruta concreta. 

<p>Soldados israelíes, tanques y vehículos blindados de transporte de personal (APC) cerca de la frontera entre Israel y Gaza, en Israel, el 16 de septiembre de 2025 - REUTERS/ AMIR COHEN </p>
Soldados israelíes, tanques y vehículos blindados de transporte de personal (APC) cerca de la frontera entre Israel y Gaza, en Israel, el 16 de septiembre de 2025 - REUTERS/ AMIR COHEN 

Lejos de ser un presagio funesto, el golpe en Doha puede convertirse en una oportunidad realista para repensar la casa árabe, debilitada por más de siete décadas de crisis encadenadas. Los desafíos comunes —desde la seguridad hasta la transición energética y digital— imponen superar divisiones internas y apostar por una arquitectura regional más cohesionada, que negocie desde la iniciativa y no desde la reacción. 

En definitiva, lo ocurrido en Doha no es un episodio aislado, sino una llamada de atención. Obliga a revisar alianzas y a redefinir prioridades frente a un socio estadounidense ambiguo y un aliado israelí dispuesto a la escalada. La incógnita es clara: ¿será esta crisis el punto de partida de una nueva unidad árabe o un capítulo más en la crónica de la fragmentación?