¿De dónde surge Mohamed bin Salman?

<p paraid="526115933" paraeid="{3c9327f2-4e97-43b0-97f2-ae10859097a4}{112}">Donald Trump y&nbsp;Mohammed&nbsp;bin&nbsp;Salman, en el Foro de Inversión Estados Unidos-Arabia Saudita en Washington, D.C., Estados Unidos, el 19 de noviembre de 2025 - REUTERS/ EVELYN HOCKSTEIN&nbsp;</p>
Donald Trump y Mohammed bin Salman, en el Foro de Inversión Estados Unidos-Arabia Saudita en Washington, D.C., Estados Unidos, el 19 de noviembre de 2025 - REUTERS/ EVELYN HOCKSTEIN 
Cómo el príncipe heredó y proyectó la nueva visión saudí desde Washington

Muchos amigos en España suelen preguntarme, cuando les digo que soy saudí, de dónde ha salido Mohamed bin Salman. ¿De qué partido procede? ¿A qué secta, religión o tribu pertenece? 

Sonrío siempre y les respondo que proviene de lo más hondo de nosotros: del calor de nuestra tierra, de la firmeza de nuestras montañas, del bramido de nuestros mares, de la identidad de nuestro paisaje, de las brisas que atraviesan el cielo saudí. 

Abdulaziz Al Saud, fundador y rey de Arabia Saudí
Abdulaziz Al Saud, fundador y rey de Arabia Saudí

Surgió de una familia de peso histórico que ha dado al país lo que ninguna otra —la Casa de Saúd—.Desde que el califa Muawiya ibn Abi Sufian abandonó La Meca en el año 661 d. C. hasta la unificación del Reino de Arabia Saudí en 1932 por el rey Abdulaziz Al Saud, la península árabe no conoció un despertar comparable al que él y sus sucesores cimentaron.

Mi abuelo recorría senderos inhóspitos, que solo conocen quienes transitan la paciencia, cruzando desiertos y llanuras desde el sur saudí, desde Najrán, hasta alcanzar La Meca hace un siglo. Era un trayecto de treinta días a pie y a lomos de camello, atravesando montañas, evitando asaltantes y superando caminos no trazados, cubriendo casi 628 kilómetros. 

Después de 1932, ese mismo viaje pasó a realizarse en ocho horas por carretera o en una hora y media en avión, un salto civilizatorio que transformó por completo esta región del mundo. 

Mi abuelo, mi padre y yo guardamos gratitud hacia la familia real que ha puesto las riquezas del país al servicio de su tierra y su gente, hasta consolidar una confianza absoluta en su liderazgo. Así, cada viaje real se convierte para nosotros en un eco emocional que sentimos como propio. 

El último de ellos fue la visita del príncipe Mohamed bin Salman a Washington el 18 de noviembre de 2018, donde fue recibido por el presidente Donald Trump.

Este viaje se produjo en un momento extraordinario, donde las aspiraciones internas del Reino convergen con transformaciones económicas, sociales y geopolíticas, y se entrelazan con desafíos regionales y globales derivados de los cambios en el equilibrio de poder y el acelerado avance tecnológico y financiero.

La Visión Saudí 2030 reposa sobre tres pilares: convertir al Reino en “el corazón del mundo árabe e islámico”, en “una potencia global de inversión” y en un “punto de conexión entre tres continentes”. 

<p>El presidente Donald Trump y el príncipe heredero y primer ministro saudí Mohammed bin Salman se dan la mano durante una reunión en el Despacho Oval de la Casa Blanca en Washington D. C., el 18 de noviembre de 2025 - REUTERS/ EVELYN HOCKSTEIN</p>
El presidente Donald Trump y el príncipe heredero y primer ministro saudí Mohammed bin Salman se dan la mano durante una reunión en el Despacho Oval de la Casa Blanca en Washington D. C., el 18 de noviembre de 2025 - REUTERS/ EVELYN HOCKSTEIN

La visita tuvo, por ello, implicaciones profundas.

En el plano económico, la relación con Estados Unidos sigue siendo un motor clave de inversión, tecnología e innovación; y la cooperación bilateral refuerza el principio saudí de la “seguridad económica”. 

En el ámbito estratégico, el Reino busca garantías que superen el eje petrolero, incorporando tecnologías avanzadas —IA, energía nuclear civil, sistemas de defensa— y ampliando alianzas clave con Washington. 

En el plano simbólico, el retorno del príncipe heredero a la capital estadounidense refleja la intención saudí de redefinir la relación bilateral desde la cooperación entre actores fuertes, no desde la subordinación.

La visita consolida los cimientos de la Visión 2030 y se proyecta en las transformaciones internas y regionales. Desde el prisma de la visión, contribuye a fortalecer la posición del Reino como centro inversor y como proyecto económico diversificado. La búsqueda activa de capital y experiencia estadounidenses acelera proyectos estratégicos como ciudades inteligentes, turismo y tecnología. 

A nivel regional, el viaje forma parte de un reposicionamiento saudí-estadounidense en Oriente Medio:Arabia Saudí se afirma como mediador y garante en zonas de tensión, mientras Washington busca un socio estable que reduzca riesgos. Sin embargo, surgen también desafíos relevantes: las ambiciones de cooperación en seguridad pueden chocar con viejos equilibrios estadounidenses en la región, especialmente su relación con Israel.

Cada paso de la dirigencia saudí goza de un respaldo popular amplio, fruto de la estabilidad y prosperidad construidas por los reyes sucesivos. Y esta visita, la más reciente, abre un horizonte previsible: nuevas alianzas económicas, energéticas y tecnológicas; mayor cooperación militar; y un reacomodo geopolítico que puede redefinir el equilibrio regional. 

No obstante, los conflictos prolongados —la cuestión palestina-israelí, la influencia iraní o las dinámicas del Golfo— podrían retrasar algunos avances, provocando que la relación saudí-estadounidense evolucione hacia un modelo más pragmático basado en “ajustes graduales” más que en rupturas históricas.

<p>El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla durante una reunión con el príncipe heredero y primer ministro saudí, Mohammed bin Salman, acompañado por el vicepresidente estadounidense, JD Vance, el secretario de Estado, Marco Rubio, y el secretario de Defensa, Pete Hegseth, en el Despacho Oval de la Casa Blanca en Washington D. C., Estados Unidos, el 18 de noviembre de 2025 - REUTERS/ EVELYN HOCKSTEIN</p>
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla durante una reunión con el príncipe heredero y primer ministro saudí, Mohammed bin Salman, acompañado por el vicepresidente estadounidense, JD Vance, el secretario de Estado, Marco Rubio, y el secretario de Defensa, Pete Hegseth, en el Despacho Oval de la Casa Blanca en Washington D. C., Estados Unidos, el 18 de noviembre de 2025 - REUTERS/ EVELYN HOCKSTEIN

En definitiva, la visita del príncipe heredero a Washington representa un paso coherente dentro de un proyecto saudí en expansión, apoyado en un legado sólido y orientado hacia un futuro donde se reconfiguran fuerzas y prioridades.

Confirma que Arabia Saudí avanza con seguridad en la ampliación de su peso global y que ya no es un simple receptor del orden internacional, sino un actor que lo impulsa, lo moldea y lo redefine. Una señal clara de que el Reino continúa avanzando hacia un horizonte de mayor estabilidad e influencia en su entorno y en el mundo.

Dr. Hasan Alnajrani, periodista y académico saudí