Los medios de comunicación marroquíes lograron ser parte de la solución, no parte del problema

Manifestación en Marruecos
Manifestación en Marruecos
Esta nueva dinámica también se atribuye a las autoridades marroquíes, que concedieron un amplio margen a los medios de comunicación, al darse cuenta de que ya no es posible gestionar la opinión pública con los métodos antiguos, sino más bien a través de la transparencia y la apertura

El panorama mediático marroquí ha sido testigo de un cambio notable en los últimos días. Ha quedado claro que los medios de comunicación, tanto públicos como privados, han recuperado la iniciativa a la hora de cubrir las protestas de la «Generación Z» y organizar debates públicos, presentando un nuevo modelo para abordar las cuestiones internas, lejos del discurso defensivo o justificativo que ha acompañado a los medios oficiales durante décadas.

Este fuerte regreso no fue una mera respuesta circunstancial a los acontecimientos, sino una expresión de la madurez de una experiencia mediática que ha llegado a comprender su papel y a creer en su capacidad para liderar la opinión pública, y no solo seguirla. También representa el fruto de décadas de tradición periodística en Marruecos; como muchos lo ven, el periodismo es una historia y unas experiencias acumuladas que se refinan mutuamente.

Desde el comienzo de las protestas sociales en algunas ciudades marroquíes, los observadores señalaron que los canales oficiales marroquíes entraron en la contienda con una rapidez inusual. Informaron sobre los hechos desde el terreno, acogieron a jóvenes de la «Generación Z», políticos, sindicalistas y representantes de la sociedad civil, y abrieron sus ondas para el debate y el diálogo.

De hecho, una gran parte de los videoclips que circulaban desde el terreno fueron captados por las cámaras de periodistas afiliados a instituciones mediáticas marroquíes, que se situaron junto a los manifestantes y las fuerzas de seguridad, con cada parte desempeñando su función asignada.

Esta fuerte y rápida presencia de los medios de comunicación locales cortó el paso a los canales extranjeros —especialmente a algunas emisoras árabes por satélite— que intentaban monopolizar la narrativa sobre lo que estaba sucediendo en Marruecos. En la actualidad, los espectadores marroquíes encuentran en los canales de su país suficiente información y análisis, sin necesidad de intermediarios externos que a menudo sobrecargan los acontecimientos con más de lo que pueden soportar.

Los medios de comunicación marroquíes se beneficiaron de la ventaja de la proximidad y la familiaridad. Su cobertura de los acontecimientos reveló la fragilidad de la cobertura procedente del extranjero, que en su mayor parte estaba fuera de contexto, desconectada de la realidad y dominada por la emoción, la influencia y las proyecciones y posturas emocionales, simplemente porque no saben nada sobre Marruecos o, si lo saben, solo conocen superficialidades.

El aspecto más significativo de esta transformación es la aparición de escenas desconocidas en el espacio audiovisual marroquí: jóvenes presentadores que debaten directamente con los ministros en directo, les plantean preguntas difíciles y apremiantes y, en ocasiones, expresan posiciones críticas francas.

Esta animada interacción entre los medios de comunicación y la política es lo que, en última instancia, crea la vitalidad de la vida democrática; el poder ejecutivo ya no monopoliza el discurso público y los medios de comunicación ya no lo tratan desde una posición de subordinación o miedo.

Las instituciones mediáticas marroquíes han comprendido que la credibilidad se construye en momentos de crisis y que transmitir la imagen interna de forma clara y objetiva es la mejor manera de defender al país y su imagen, y de silenciar a quienes acechan. Mientras que algunos canales extranjeros trataban de avivar la tensión o presentar los acontecimientos en un contexto sombrío y dramático, los medios de comunicación marroquíes demostraron que la profesionalidad, la calma y la adhesión a la realidad son suficientes para disipar las exageraciones y generar confianza entre los ciudadanos y las instituciones de su país.

Esta nueva dinámica también se atribuye a las autoridades marroquíes, que dieron un amplio margen a los medios de comunicación, al darse cuenta de que ya no es posible gestionar la opinión pública con los métodos antiguos, sino a través de la transparencia y la apertura. Las protestas y las reivindicaciones sociales ya no se consideran un «expediente de seguridad», sino más bien la expresión de una sociedad viva que quiere hacer oír su voz dentro del marco de la ley.

En este sentido, lo que ocurrió no fue solo una cobertura mediática exitosa, sino un paso en un largo camino hacia el establecimiento de un modelo marroquí distintivo para la relación entre el Estado, la sociedad y los medios de comunicación; un modelo que equilibra la estabilidad y la apertura, y la libertad de expresión y la responsabilidad nacional. En esta ocasión, los medios de comunicación marroquíes lograron ser parte de la solución, y no parte del problema, y desmontaron las narrativas externas que durante mucho tiempo han tratado de monopolizar la voz de la calle marroquí y de pescar en aguas turbulentas.

La experiencia reciente ha demostrado que, cuando se confía en el periodismo marroquí, este puede ser una verdadera voz para la nación y los ciudadanos, y que, cuando un ciudadano encuentra una voz dentro de la nación que habla de sus preocupaciones, sueños y aspiraciones, no recurrirá a plataformas externas para expresarse, ni a una quinta columna cuyo único objetivo es crear sedición, confusión y ruido, y atacar las instituciones de la nación y socavar la confianza en ellas difundiendo rumores, noticias falsas y filtraciones que esconden mucho detrás.

Hatim Bettioui es periodista afincado en Londres y secretario general de la Fundación Foro de Assilah.

Artículo publicado anteriormente en el  Middle East onLine