Opinión

Gaza: la economía traerá la Paz y la mantendrá

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En el año 2007 la Franja Gaza fue bloqueada por mar, tierra y aire, y desde entonces sus condiciones de vida han ido en decrecimiento. A modo de resumen en Gaza, la población tiene acceso a una media de 13 horas de electricidad diaria, la tasa de desempleo es del 45% y debido a la pobreza el 80% de los gazatíes son dependientes de la ayuda humanitaria. La ONU ya alertaba que en 2020 la situación originaría que el territorio fuera inhabitable. Con todo ello, el 28 de enero de ese mismo año, el presidente de Estados Unidos Donald Trump presentó “Peace to Prosperity” conocido como el “Trump peace plan”.

El “Plan para la Paz” o también conocido como “El acuerdo del siglo” trajo consigo una gran diversidad de opiniones. Hay quienes lo consideraron la “bofetada del siglo” mientras otros lo aplaudieron entendiendo que era la única “vía realista” a la resolución del conflicto Palestina-Israel.

Cabe preguntar si tal “Plan para la Paz” podría haberse denominado “Plan económico para el fin del conflicto”. Atreverse a darle esta nomenclatura puede parecer, o no, lo idóneo si se analiza en profundidad. En su “Marco general” el plan es definido como “el camino hacia la prosperidad, la seguridad y la dignidad de los involucrados”. Parece coherente resaltar que lejos de ser un plan predeterminado adquirió la condición de “base” sobre el cual las partes pudieran partir hacia unas futuras negociaciones que les permitiera alcanzar la Paz y desarrollar sus potenciales.

Es por ello por lo que el plan se componía de dos ejes: el marco político y el marco económico. El político se caracterizó por un reconocimiento mutuo del Estado de Israel y un futuro Estado palestino, mismos derechos civiles para todos sus ciudadanos, fronteras defendibles para el Estado de Israel, expansión territorial de Palestina similar a la extensión de terreno que abarca Gaza y Cisjordania, enlaces de transporte entre Gaza y Cisjordania, tanto israelíes como palestinos no podrán ser desarraigados de sus hogares y se establecerá una capital Palestina en el Jerusalén Oriental. Un acuerdo que, para sus críticos, entre ellos la Unión Europea, muestra un claro sesgo a favor de Israel.

En cuanto al eje económico se centra en tres pilares: liberar el potencial económico, potenciar el pueblo palestino y mejorar la gobernanza palestina. Para ello el “Peace to Prosperity” facilitaría más de 50.000 millones de dólares en nuevas inversiones durante los próximos 10 años.

Aunque a primera vista aparezcan como bloques heterogéneos ambos ejes parecen confluir. El conflicto palestino-israelí adquiere tal complejidad que resulta inviable obviar una necesaria homogeneidad entre lo económico y lo político. Cada una de las propuestas políticas demandan una previa estabilidad económica que permita que tales puedan establecerse y con ello perdurar en el tiempo.

La economía trae la Paz, y la mantiene. Tras la Primera Guerra Mundial aparecieron numerosos estudios académicos dirigidos a comprender los determinantes de la paz, como fomentarla y mantenerla. En sus inicios se buscaba conocer que elementos debían estudiarse para así evitar futuras guerras, más tarde este proceso evolucionó; las guerras empezaron a entenderse como un largo proceso donde se debería trabajar tanto en su origen como en el postconflicto.

De este modo surgieron y se desarrollaron los estudios postconflicto. Estos estudios pusieron de manifiesto que no basta con negociar la paz y firmarla, es necesario trabajar en una serie de aspectos que se hacen necesarios para el mantenimiento de esta. La gran mayoría de los estudios siguen una misma línea de trabajo en el que la economía adquiere vital importancia.

La evidencia empírica y la literatura sugieren que las variables que influyen en la paz son muchas y no necesariamente todas observables en todo momento. Por ejemplo, la información contenida en grandes bases de datos como Codebook Uppsala Conflict Database Categorical (2006) registra un total de 197 variables, pero solo cerca el 37 % se puede clasificar, con criterios socioeconómicos, como importantes en la determinación de una paz duradera. En consecuencia, debe agruparse en unas pocas variables con alto poder de impacto en la paz de una sociedad.

Según autores como Collier y Hoeffler y Djankov y Reynal-Querol, la pobreza es la causa principal para que se inicien o reinicien conflictos armados internos. (…) el fracaso del desarrollo económico es la causa raizal primaria del conflicto. Países con ingresos per cápita bajos, estancados y desigualmente distribuidos, que han permanecido en eterna dependencia de productos primarios para sus exportaciones, confrontan riesgos peligrosamente elevados de conflicto prolongado.

Así pues, la ciencia ha demostrado que existen factores económicos que mantienen una estrecha relación con el sometimiento de la paz. Un manejo económico adecuado es condición necesaria, pero no suficiente, para la reconstrucción y sostenibilidad de la paz.

De este modo, ¿el “Peace to Prosperety” podría haber sido un cimiento sólido sobre el que construir un proceso de paz duradera? Nunca lo sabremos, quizás con un adecuado eje político, equitativo y acorde a los parámetros internacionales, con esos 50.000 millones se habría evitado tal “statu quo”.

No obstante, como se mencionaba, la economía no lo es todo para dar con una solución, primero antes deben producirse cambios estructurales. Entre otros, debe desparecer la violencia terrorista acorde a un cambio de gobierno en Gaza y todo apunte a que la ANP se hago cargo siempre y cuando cuente con los recursos de la comunidad internacional. Con todo ello, hay quienes apuestan por la ONU, sin respaldo israelí, a la hora de tomar un papel relevante. Un papel relevante que requerirá de nuevo capital financiero.

“La guerra genera pobreza, pero también la pobreza gesta guerras”

Jacobo Salvador Micó Faus

Analista en terrorismo internacional e investigador en antisemitismo