El infierno de Gaza: verdades incómodas
A estas alturas, hasta el más alejado de los temas de seguridad o geopolíticos, sabe que el conflicto entre Israel y Hamás en Gaza (nótese lo importante que son las palabras, no es un conflicto entre Israel y Palestina, ni entre Israel y Gaza), no es algo surgido recientemente. Estamos asistiendo a una intensificación con tintes devastadores provocado por el ataque de Hamás contra Israel el siete de octubre de 2023. Tampoco se puede obviar que las repercusiones de lo que está sucediendo, y del resultado final, sea el que sea, tendrán un grave impacto regional y global.
Acercándonos ya peligrosamente a finales de 2025, el panorama que tenemos por delante es el de una crisis humanitaria y de gobernanza de proporciones catastróficas. Nuestra intención hoy es tratar de explicar lo que está sucediendo, sin recurrir a los argumentos simples, buenistas e infantiloides que en numerosos espacios generalistas de todo sesgo ideológico plantean para, en una posterior ocasión, y dentro de nuestras posibilidades, realizar un somero estudio prospectivo que evalúe posibles ramificaciones de tres escenarios clave, basándonos en un análisis riguroso de la información de agencias de noticias, informes de la ONU y otras organizaciones internacionales, así como de documentos de análisis estratégico.
El costo humano está siendo abrumador, eso no puede ponerse en duda; sin embargo, no podemos olvidar que las cifras que se están difundiendo, y dando por buenas por parte de medios y gobiernos, son cifras de parte, proporcionadas por el Ministerio de Salud de Hamás. Por lo tanto, los más de 65.000 muertos y 144.000 heridos podemos afirmar que no están contrastados. Bien es cierto que Israel tampoco lo pone fácil no dando cifras propias, y no permitiendo que la prensa acceda a la zona.
Así las cosas, y teniendo por seguro que esos números no son reales, podemos afirmar que en ese campo Hamás ya ha ganado la lucha por el relato. Y la mayor prueba de ello es que ya nadie habla de los más de mil quinientos muertos provocados por Hamás en octubre de 2023; es más, ya hay quien públicamente se ha atrevido a decir que esas cifras, así como las violaciones y demás, son un bulo. Ver para creer.
Otro aspecto de la devastación, y clave para el argumento que queremos exponer, son los daños materiales. Con imágenes satélite, se pueden evaluar efectos bastante aproximados a la real, estos datos pueden ser más fiables. En febrero de 2025, el 35 % de las estructuras de Gaza, equivalentes a 88 868 edificios, estaban dañados y casi la mitad de los edificios, ya en julio, estaban afectados. Las infraestructuras de salud, agua, saneamiento y educación están completamente colapsadas, y se estima que la retirada de escombros, que deberá llevar aparejada una limpieza exhaustiva de UXOs, una vez finalicen las hostilidades tardará varios años en completarse. Este último dato sobre infraestructuras es clave para entender qué está sucediendo.
Según algunos analistas, o comentaristas, Hamás no es más que otro grupo terrorista. Incluso en algunos círculos, tertulias e incluso en alguna declaración oficial, hay quien se ha atrevido a comparar a Hamás con la nefasta ETA y poner como ejemplo de lucha contra un grupo terrorista el cómo se hizo en nuestro país (de esto también se podría hablar, porque no está de más recordar que nadie se tomó en serio esa lucha hasta que además de policías, guardias civiles y militares empezaron a caer políticos y periodistas, pero esa es otra historia). Ese es el principal error de base. Hamás no es un simple grupo terrorista, es una organización que actúa como proxy de Irán que ha recibido dicha consideración por parte de numerosos países occidentales, lo cual, no es lo mismo.
Para aquellos que no estén familiarizados con lo que era y es Hamás, no está de más recordar que Hamás tiene una fuerza de entre 25.000 y 35.000 combatientes, perfectamente adoctrinados, adiestrados y armados, principalmente por Irán. Y no sólo con armamento ligero, sino con ametralladoras pesadas, misiles contra carro, cohetes de todo tipo, algunos de ellos con un radio del alcance que les permite alcanzar Tel Aviv, morteros e incluso UAV. Creo que comparar algo así con ETA y afirmar que se le puede derrotar de la misma manera sólo puede hacerse o desde la más profunda ignorancia (total, lo que importa es la consigna) o desde la más aviesa intencionalidad.
Y a todo lo anterior, hemos de añadir las infraestructuras. Durante años, o más concretamente, décadas, Hamás se ha dedicado a fortificar y preparar toda la Franja de Gaza, y en especial su ciudad, para hacer frente a una incursión de Israel. Su estrategia, confirmada por los hallazgos de las tropas de las IDF, ha incluido un uso sistemático de infraestructura civil para ocultar y proteger sus activos militares. Entre las instalaciones militares confirmadas se incluyen:
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Centros de Mando y Control bajo Hospitales: es particularmente llamativo el hallado bajo el Hospital Al Shifa (el más grande de Gaza), así como de otros hospitales como el Hospital Indonesio y el Hospital Rantisi.
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Túneles y puestos de mando bajo Instalaciones de la ONU: se ha confirmado el descubrimiento de un complejo de túneles y un centro de datos militar de Hamás que pasaba directamente bajo la sede de la UNRWA (Agencia de la ONU para los refugiados palestinos) en la ciudad de Gaza.
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Aberturas y Almacenes en estructuras residenciales, escuelas y mezquitas o bajo éstas: se han encontrado numerosas aberturas de túneles y posiciones de lanzamiento de cohetes en viviendas particulares, escuelas y otros edificios públicos en zonas densamente pobladas.
La infraestructura militar clave de Hamás es una red de túneles multifuncional y sostiene un uso deliberado de edificios civiles (como hospitales y escuelas) como cobertura para puesto de mando, almacenamiento de armas, puntos de acceso a la red subterránea y para asegurarse, por ejemplo, el suministro eléctrico, eliminando la firma electrónica y energética al funcionar bajo esas instalaciones civiles.
Ante algo así, no podemos ser tan ingenuos como para pensar que la lucha para eliminar a tan fenomenal enemigo se puede parecer ni en lo más mínimo a la forma en cómo hemos combatido el terrorismo en Europa. Probablemente, lo más parecido que tenemos a lo que está enfrentando Israel en Gaza sea lo sucedido en su momento en Grozni o en Falujah, pero corregido y aumentado.
Combatir en un entorno como el descrito es probablemente de las cosas más duras que puede enfrentar un Ejército, y mucho más cuando tu enemigo no usa ni uniformes, ni distintivos y trata por todos los medios de confundirse entre la población civil a la que, por cierto, no permite abandonar la zona (con la inestimable ayuda de los países árabes vecinos que se niegan a abrir sus fronteras para que al menos los no combatientes puedan abandonar la franja).
También es importante mencionar el manoseado asunto de la ayuda humanitaria. Es cierto que ha comenzado a llegar tarde, y que podría hacerse mejor. Pero también lo es que en cuanto la ayuda entra en suelo gazatí, Hamás se hace cargo de esta e impide, incluso abriendo fuego contra la muchedumbre, que ésta acceda a ella. La organización da prioridad a sus combatientes, a sus heridos, y, por qué no decirlo si es cierto, del mismo modo que Hamás busca deliberadamente imágenes de civiles, principalmente mujeres y niños muertos o heridos por los ataques israelíes, también emplea imágenes de niños famélicos. Uno de los grandes frentes de esta guerra está en el relato, y por ahora ahí Hamás va ganado claramente.
La lucha, y eso es algo que estamos viendo a diario, es brutal, y las bajas por ambos bandos no cesan. Como tampoco cesan las bajas civiles. Los sistemas empleados para calcular las posibles bajas colaterales en cada ataque son en más ocasiones de las deseables, cuando menos tolerantes con estas y, sin duda, el desempeño de algunas unidades en momentos concretos totalmente reprochable e incluso puede que constituya un delito.
No perdamos de vista el tipo de lucha que se está llevando a cabo, el enemigo al que se enfrentan, y, sobre todo, que, aunque haya quien quiera ponerse una venda, es el único camino posible para Israel. Mientras Hamás o Hezbolá tengan una mínima capacidad operativa, otro 7-O será posible, y como ya hemos repetido en otras ocasiones, eso es algo que Israel no va a permitir que pase, cueste lo que cueste.
Lo que no podemos hacer es creernos nuestro propio buenismo y mundo de fantasía creado a medida. Condenemos lo que haya que condenar, pero no convirtamos a las víctimas en verdugos y analicemos las cosas con rigurosidad.