La prevalencia de la guerra defensiva, su estancamiento y su carácter limitado

Artilleros antiaéreos ucranianos durante la guerra con Rusia - AFP/ANATOLII STEPANOV
Los artilleros antiaéreos ucranianos de la 93.a Brigada Mecanizada Separada Kholodny Yar monitorean el cielo desde sus posiciones en dirección a Bakhmut en la región de Donetsk, en medio de la invasión rusa - AFP/ANATOLII STEPANOV

Este documento es copia del original que ha sido publicado por el Instituto Español de Estudios Estratégicos en el siguiente enlace.

La guerra de Ucrania ha puesto en liza el desarrollo de nueva tecnología militar. Drones armados, sistemas de observación y vigilancia, armas de precisión de largo alcance, sistemas de comunicaciones en red, etc. Sin embargo, el campo de batalla ucraniano se parece más a una estampa de la Primera Guerra Mundial, con soldados a pie protegiéndose dentro de trincheras embarradas de los intensos bombardeos de la artillería clásica. El frente apenas se mueve, y pese a los avances tecnológicos, ninguno de los dos contendientes parece alcanzar una victoria decisiva. La guerra se muestra más estancada e indecisa que nunca; y los objetivos que alcanzan ambos bandos son solamente objeticos tácticos de carácter limitado. ¿Estamos de nuevo frente a una prevalencia de la defensiva sobre la ofensiva? ¿Qué factores del entorno operativo conforman esta nueva forma y manera de combatir…?

  1. Introducción
  2. El dominio de la defensa: origen y causa
  3. Combate urbano: grandes urbes y elevada densidad
  4. La moderación en el uso de la fuerza
  5. La guerra es cara, la ofensiva aún más
  6. Las nuevas tecnologías: de nuevo a las trincheras en el campo de batalla
  7. Conclusión: guerra de estancamiento y ventaja de la defensiva

Introducción

El 24 de febrero de 2022, enormes formaciones rusas cruzaban la frontera entre Rusia y Ucrania a lo largo de múltiples ejes de progresión con el propósito de alcanzar una rápida victoria sobre las fuerzas ucranianas. En pocas semanas, las fuerzas rusas controlaban amplias zonas de Ucrania y arribaban a los suburbios de Kiev. Rusia parecía alcanzar su victoria decisiva.

Sin embargo, el descaro del avance ruso se vio detenido por una tenaz resistencia ucraniana y la ofensiva rusa era detenida sin haber alcanzado sus objetivos operacionales; tan sólo lograban alcanzar objetivos tácticos limitados. A día de hoy, la guerra continúa a lo largo de miles de kilómetros de trincheras, y las ofensivas se saldan con el avance de escasos metros a un coste de vidas inasumible. Ningún adversario parece imponerse al otro. La guerra en Ucrania parece asemejarse a la Gran Guerra Europea de 1914, donde los dispositivos defensivos se imponían a las tácticas y procedimientos ofensivos. ¿Estamos ante un cambio de paradigma dominante en el arte de la guerra? Por primera vez desde entonces, ¿la tecnología y la evolución de la táctica militar han ocasionado un empate técnico entre dos contendientes con capacidades militares similares…?

El dominio de la defensa: origen y causa

La guerra de Ucrania parece que no terminará con una victoria decisiva para ninguno de los contendientes. No obstante, su desarrollo ha permitido a los ejércitos del mundo sacar conclusiones y son numerosas las lecciones aprendidas sobre el carácter cambiante de la guerra. A este respecto, si se analiza la guerra ruso-ucraniana, junto a las guerras acontecidas en las últimas décadas, se puede aseverar que todas ellas poseen un mismo denominador, establecido sobre la sólida base de cuatro características comunes a todas ellas:

  • La guerra y sus combates principales se desarrollan en grandes urbes.
  • Existe una mayor moderación en el uso de la fuerza, especialmente por Occidente.
  • El coste de mantener una ofensiva se ha incrementado.
  • Los nuevos sistemas de armas, como drones, sensores de reconocimiento, y sistemas de armas de precisión hacen la maniobra y su movimiento especialmente letales para el atacante.

Todas estas razones impactan en el actual carácter de la guerra, en lo que parece ser una ventaja pronunciada para el defensor, particularmente si éste posee unas buenas capacidades de observación y reconocimiento avanzado; así como de fuegos de precisión de largo alcance1. Por ello, las implicaciones de cada una de estas características se combinan para sugerir que estamos entrando en una nueva era de guerra de estancamiento, donde ambos contendientes alcanzan las “tablas”, y donde sólo es posible lograr objetivos de guerra limitados.

¿Estamos ante ese carácter de la guerra de estancamiento o indeciso? ¿Se puede afirmar que el actual entorno operativo hace preeminente a la defensiva sobre la ofensiva?

Si analizamos el entorno operativo de la guerra ruso-ucraniana y lo ponemos en contraposición con los conflictos de los últimos años, podremos tratar de hallar respuesta a tan sugerente pregunta.

Combate urbano: grandes urbes y elevada densidad

En las últimas décadas, la guerra se ha venido desarrollando, fundamentalmente, en entornos urbanos. De acuerdo a Naciones Unidas, el 68% de la población mundial vivirá en grandes ciudades densamente pobladas en el año 20502. La población mundial está migrando a las ciudades, que son cada vez más grandes y densas; lo que a su vez afecta a los lugares donde se han venido librando batallas y combates. Ciudades como Kiev y Mariúpol, o el reciente ejemplo de Gaza, son claros exponentes de que las grandes urbes se han convertido en epicentro de ataques y contraataques3. Asimismo, los condicionantes de estas batallas no han sido muy diferentes a aquellas batallas urbanas desarrolladas en Mosul, Faluya o Grozni a principios del siglo XXI. En todos estos casos, los cambios demográficos chocaron frontalmente con el carácter cambiante de hacer la guerra. Pero, ¿por qué este empecinamiento en librar batallas en ciudades y grandes urbes…?

A lo largo de la historia, no son pocas las grandes ciudades que han servido como terreno clave para dos ejércitos enfrentados, convirtiéndose en grandes nodos de comunicaciones o importantes focos de resistencia. Hoy día, el desafío para el atacante es que estas ciudades son mucho más grandes que antaño y están más pobladas. Asimismo, el tamaño y la enorme complejidad de las ciudades actuales, las hace atractivas para un defensor, tecnológicamente inferior al atacante. De este modo, una defensiva establecida en terreno urbano posee tres importantes ventajas o características clave sobre la ofensiva: 1) mitiga y equilibra, en gran medida, las ventajas de los modernos sistemas de armas del siglo XXI; 2) atrae y fija a un elevado número de tropas atacantes, infligiéndole numerosas bajas; y 3) obliga al atacante a luchar cuerpo a cuerpo y casa por casa, ralentizando el ritmo y el tempo de la ofensiva. Por todo ello, el estancamiento ofensivo, los objetivos limitados y la indecisión emergen por doquier. Es más, las grandes ciudades, con elevada densidad, son difíciles de controlar y requieren un enorme número de efectivos para su control y ocupación. En definitiva, una ingente cantidad de hombres y recursos que bien podrían ser desplegados en otro sitio del frente4.

Por otro lado, una ofensiva sobre una gran ciudad requiere dividir la urbe en zonas, en las que normalmente se fuerza a la evacuación de la población civil con la finalidad de minimizar los daños y bajas colaterales. Las recientes experiencias de Mauripol y Gaza demuestran que, pese a este empeño, las bajas entre las población son numerosas, perdiéndose la legitimidad internacional y el relato de la guerra. En este sentido, y pese a la victoria táctica sobre las fuerzas de Hamas en la Franja de Gaza, Israel parece estar perdiendo la “narrativa del combate” y por tanto la legitimidad de su ofensiva5.

Este hecho, a su vez hace, que el ejército atacante deba moderar el uso de la fuerza, tratando de mantener un difícil equilibrio entre el empleo de todas sus capacidades al cien por cien, y la necesidad de evitar bajar y daños colaterales. Consecuentemente, esta tendencia favorece el estancamiento.

La moderación en el uso de la fuerza

La moderación en el uso de la fuerza en la guerra no es un fenómeno nuevo; de hecho, y a pesar de la gran cantidad de víctimas civiles en guerras recientes, podría decirse que ésta nunca ha sido mayor que en la actualidad. Este elevado nivel de moderación se debe fundamentalmente a las expectativas éticas y morales de las sociedades occidentales. Incluso podría aseverarse, que aterrorizar a la población civil parece estar más restringido en estos días que en el pasado. Pongamos por ejemplo los ataques rusos en Ucrania. A este respecto, parece que dichos ataques efectuados indiscriminadamente contra civiles son bastante más moderados en comparación con la prevalencia histórica de tales tácticas en la Segunda Guerra Mundial o en otros conflictos del pasado; donde la barbarie campaba literalmente a sus anchas y se diezmaban poblaciones enteras.

Si bien es cierto que los rusos han mostrado, a través de sus acciones en Ucrania y Siria, al menos cierta voluntad o permisividad de utilizar el terror contra la población civil para lograr sus objetivos; occidente no está tan dispuesto a utilizar tales tácticas. Por el contrario, para los ejércitos occidentales, la mitigación de daños colaterales es una obligación ética y moral, siendo un factor de planeamiento indispensable para el desarrollo de cualquier operación. De hecho, al lector no se le escapa que, este hecho ha sido y es usado por los adversarios de occidente en las guerras de Irak y Afganistán; donde la insurgencia se organizaba y combatía entre la población civil, fundamentalmente en núcleos urbanos, tratando en numerosas ocasiones de usar a la propia población como escudos humanos.

De esta manera, los ejércitos occidentales se enfrentaban a la complejidad añadida de separar a los combatientes de los no combatientes, lo que impedía desarrollar una maniobra decisiva y resolutiva. Como consecuencia de ello, las operaciones que se llevaban a cabo eran más metódicas y limitadas en sus objetivos.

Por otro lado, el desarrollo de complejos sistemas de armas, con un elevado grado de precisión, sólo ha servido para acentuar la moderación en el uso de la fuerza.

A este respecto, sería difícil aseverar si es consecuencia de ello, o al revés, una auto imposición o auto limitación para evitar los daños colaterales. De hecho, la elevada expectativa de nuestras sociedades en los ataques quirúrgicos, con resultado de cero bajas civiles, ha hecho que la muerte de inocentes sea aún más inaceptable. Lo cierto, es que la limitación en el uso de la fuerza es una característica de los ejércitos occidentales, tan necesitados de legitimidad. Como consecuencia de ello, qué duda cabe que este factor es una consecuencia más del carácter actual limitado de la guerra y de su estancamiento.

Por otro lado, esta necesidad de desarrollar complejos sistemas de armas, tecnológicamente avanzados, capaces de batir exclusivamente al enemigo, hace que los ejércitos tiendan a la profesionalización y su mantenimiento sea muy caro y costoso. En definitiva, ejércitos profesionales y caros, constreñidos en el uso de la fuerza, sólo capaces de alcanzar objetivos limitados. Pero, ¿son estos ejércitos profesionales y caros de sostener el motivo del estancamiento actual de la guerra? Evidentemente no, pero pueden contribuir a ello.

La guerra es cara, la ofensiva aún más

Dejando a un lado la guerra, el coste de mantener un ejército profesional, que sea capaz de mantener el esfuerzo de una guerra, ha aumentado considerablemente. En este sentido, es evidente que aumentan los costes de personal con la finalidad de mantener ejércitos profesionales con un adecuado alistamiento y profesionalización. En los países desarrollados además se da una curiosa tendencia, que podríamos resumir en “a menor presupuesto, menor cantidad de fuerza disponible”. Por tanto, parece evidente que cualquier recorte en el presupuesto de defensa acaba afectando al tamaño de la fuerza, puesto que lo que se busca es mantener el nivel de profesionalización y las inversiones en los programas de modernización. De este modo, cada año que pasa, las naciones modernas disponen de ejércitos más pequeños, pero fuertemente tecnificados y profesionalizados. En este sentido, son numerosos los ejércitos que han sufrido este proceso de reducción de personal, en aras de mantener sus desarrollos tecnológicos. Paradigma de ello, son los ejemplos de los Estados Unidos6 y China7.

Asimismo, a medida que avanza la tecnología, el equipo militar también se va volviendo más caro, lo que ejerce aún más presión sobre los presupuestos de defensa. Parece claro que las nuevas tecnologías aportan nuevas capacidades al campo de batalla, a menudo capacidades decisivas en el entorno operativo adecuado; pero qué duda cabe, que todas tienen un extraordinario coste. Por este motivo, en los ejércitos modernos se cumple la máxima de “calidad sobre cantidad” en aras de poseer determinadas ventajas tecnológicas sobre un hipotético adversario. Sin embargo, es necesario decir, que la mayoría de las veces, el cumplimiento de esta máxima se realiza sin tener en cuenta el ritmo adecuado de reposición en caso de guerra. En este sentido, puede que los ejércitos modernos mantengan sus stocks en niveles básicamente aceptables. Sin embargo, planear y programar como habría que reponer dicho stock en caso de conflicto real, es una cosa muy diferente; y es que, es necesario tener en cuenta los tiempos de producción, que son normalmente largos, asociados a este tipo de nuevas tecnologías avanzadas8.

A este respecto, cuando la guerra comience, estos equipos irán sufriendo, inevitablemente, bajas y la cantidad de material y armamento avanzado disponible se irá agotando en las primeras etapas de un conflicto prolongado. Este hecho, sin duda, podría aumentar la probabilidad de un estancamiento del conflicto. Por este motivo, se podría aseverar que, durante el estancamiento en el campo de batalla, la base industrial militar de un combatiente, y no una munición exquisita en particular, podría ser el factor decisivo para ganar la guerra9.

Podría decirse, por tanto, que la combinación de tropas caras, equipos caros y costes de mantenimiento y reposición elevados, en dinero y tiempo, son un denominador común en ejércitos pequeños, profesionales y tecnológicamente avanzados. Este hecho, combinado con la renuencia a arriesgarse a la destrucción de unas fuerzas armadas costosas y la dificultad de reposición de stocks, tendrían cierta similitud con la era de la guerra limitada e indecisa del siglo XVIII: filosofía del Duque de Malborough y Federico el Grande en estado puro. Y es que, al igual que el desarrollo de potentes mosquetes en el siglo XVIII, hacían muy costosa e indecisa la guerra; en nuestro tiempo también emergen nuevas tecnologías que hacen que el entorno operativo se preste al estancamiento de la guerra.

Las nuevas tecnologías: de nuevo a las trincheras en el campo de batalla

La guerra de Ucrania, como paradigma de la guerra en este nuevo tiempo, ha traído el desarrollo y puesta en escena de nuevos sensores, drones, satélites y las novedosas plataformas de vigilancia y reconocimiento, combinados con armas de precisión de largo alcance. En este sentido, una de las principales lecciones aprendidas de ambos contendientes, es que estos desarrollos tecnológicos hacen cada vez más difícil el movimiento, la maniobra y la protección de la fuerza de sus unidades10.

A primera vista, la adquisición de estos sistemas parece ser el componente decisivo de la guerra, ya que cualquier unidad puede ser fácilmente descubierta y batida por el fuego. De hecho, podríamos pensar que quien disponga de esta tecnología podría alcanzar una victoria decisiva. Incluso, se puede llegar a la falsa creencia que el oponente que prevalecerá será quien tenga más sensores, mejores puestos de mando, mayor número de municiones de precisión; y además aquel que sea capaz de explotar dicha ventaja informativa.

De hecho, el dominio norteamericano en la Primera Guerra del Golfo, sus ataques selectivos a objetivos de alto valor durante la Guerra Global contra el Terrorismo y, más recientemente, el éxito azerbaiyano y sus drones contra tropas armenias, respaldan esta afirmación, al menos en el nivel táctico. Sin embargo, si se examinan más de cerca, se puede apreciar que los efectos de estos drones, sensores y municiones de precisión no son muy diferentes de los proyectiles que los adversarios se han estado lanzando durante siglos. De hecho, estos nuevos sistemas de armas conforman el campo de batalla a nivel táctico y operacional e incluso estratégico, pero no son la solución para librar una guerra exitosa, alcanzar una victoria decisiva o incluso para disuadir a un adversario11.

En este sentido, se puede establecer que estos nuevos sistemas de armas establecen los parámetros a partir de los cuales las fuerzas, y en particular las fuerzas terrestres, tienen que operar a nivel táctico. La diferencia clave es que, hoy día, el campo de batalla posee mucho más espacio inseguro que nunca. Podría decirse que estos sistemas han creado la nueva "tierra de nadie" de nuestra era, que se extiende a lo largo de cientos de kilómetros, en lugar de los cientos de metros que vimos en la Primera Guerra Mundial. Y en cuanto a los sistemas de armas, podríamos decir que se ha cambiado la ametralladora de la Gran Guerra, esa que produjo el estancamiento en la tierra de nadie; por la existencia de estos nuevos sistemas de armas.

Como se ha visto en Ucrania, las fuerzas rusas y ucranianas, que operan en campo abierto, han sido destruidas tanto por armas guiadas de precisión como por artillería convencional apoyada por drones y sistemas de reconocimiento. La guerra ha entrado en un punto muerto, con sistemas defensivos de kilómetros de trincheras y campos de minas, asemejándose a un campo de batalla de cualquiera de la Gran Guerra12. El reto para los mandos ruso y ucraniano es similar al que enfrentaron las potencias beligerantes de la Gran Guerra: ¿cómo atravesar una tierra de nadie tan vasta y tener suficientes fuerzas para ser decisivo?

A este desafío se suma el hecho de que los nodos logísticos de la retaguardia, que antes eran seguros, ahora se encuentran dentro de esta nueva “tierra de nadie” y ya no están a salvo de la destrucción, como demuestran los exitosos ataques rusos y ucranianos sobre depósitos e instalaciones militares ubicados en la retaguardia enemiga.

Emerge por tanto un importante dilema sobre qué hacer con el movimiento de unidades y la maniobra táctica cuando estamos en ofensiva. La cuestión es que la combinación de todos estos factores del entorno operativo con los nuevos desarrollos tecnológicos, hacen que el movimiento y la maniobra no sean ideales cuando sabemos que estamos siendo observados y somos presa fácil de drones armados y municiones de largo alcance. Por tanto, todo ello nos hace preguntarnos si, hoy día, la ventaja de la defensiva está en su punto álgido, tal y como lo estuvo hace ya casi un siglo.

Conclusión: guerra de estancamiento y ventaja de la defensiva

Como se ha podido apreciar, el terreno urbano proporciona ocultación y cobertura, y hay más terreno urbano que nunca en la historia de los conflictos. Asimismo, para tratar de ser decisivo en la guerra no basta con poseer superioridad en los fuegos, sino que continúa siendo necesario ocupar el terreno clave del adversario con determinación. Por tanto, al final, habrá que obligar al adversario a combatir para arrebatarle el terreno, normalmente terreno urbano, lo que hará que los defensores puedan ganar tiempo. Tiempo necesario, bien para desgastar al enemigo; bien para obtener ayuda o una intervención de una potencia aliada extranjera. En definitiva, producir un estancamiento en las operaciones, que marque el desarrollo de la guerra en el camino de la indecisión y que, a la larga, sólo permita la consecución de objetivos limitados por parte el atacante13.
Además, la necesidad de ocupar el terreno clave del adversario, haciendo frente a la combinación de terreno urbano y a las plataformas de observación y ataque no tripuladas y fuegos de precisión de largo alcance, ocasionaría un enorme desgaste, en bajas y medios, a los ejércitos del potencial agresor. Un coste inasumible y de difícil reposición para ejércitos profesionalizados y tecnológicamente avanzados14.

De este modo, si la actual guerra de Ucrania es un indicador, el futuro carácter de la guerra tratará menos de intercambios de misiles intercontinentales y ataques cibernéticos (aunque desempeñarán un papel importante sin duda) y más sobre sistemas de vigilancia remotos, que pueden observar a distancia al adversario y que consiguen atacar eficaz y letalmente; al tiempo que niega esa capacidad al adversario con medidas de fuego de precisión de largo alcance, guerra electrónica, sistemas antiaéreos y antimisiles, etc. Pero, ¿desaparecerá la maniobra? Evidentemente no. El contacto directo de fuerzas y la guerra de maniobra no desaparecerá, aunque su prevalencia será menor y tendrá mucha menos importancia relativa que décadas pasadas15.

Por tanto, todas estas características emergentes de la guerra sugieren que estamos entrando en una nueva era de guerra indecisa caracterizada por los dispositivos defensivos, el estancamiento y el combate a distancia, a lo largo de una extensa “tierra de nadie”; donde sólo será posible alcanzar objetivos de guerra limitados, a pesar de los avances tecnológicos. Asimismo, los nuevos sistemas de armas con vocación de ser decisivos en la batalla, son incapaces de apoderarse, ocupar y mantener el terreno clave, y parece que el carácter de la guerra se muestra más estancado y limitado que nunca.

La maximización de las ciudades como terreno clave, el coste de la guerra y su sostenimiento, la moderación en el uso de fuerza y los cambios tecnológicos, han dado lugar a un entorno operativo que beneficia a la guerra defensiva más que en cualquier otro momento desde la Gran Guerra. Cuando este terreno es una gran urbe, el atacante tendría que realizar sus movimientos de aproximación y maniobrar a través de espacios abiertos que estarán constantemente amenazados por sensores de vigilancia y observación, drones armados, y los medios de adquisición y fuegos de largo alcance del defensor. Los precedentes de Fallujah, Mauripol o Bajmut nos muestran que la lucha en este terreno lleva tiempo y un coste de vidas difícilmente asumible; lo que podría frustrar las esperanzas de un agresor de obtener una victoria rápida y decisiva; propiciando el estancamiento y la consecución de objetivos limitados.

Se puede apreciar, y Ucrania es un exponente de ello, como este estancamiento se conforma sobre la sólida base de una tríada: la voluntad de resistencia, la existencia de grandes cantidades de municiones y una sólida base industrial; siendo estos tres factores determinantes en la conducción de la guerra.

La contienda ucraniana, a pesar de la guerra cibernética, los drones y aviones no tripulados y las municiones de largo alcance e inteligentes, se parece mucho más a la Gran Guerra que a una guerra futurista. Entonces, ¿Cuáles son las consecuencias de esta guerra limitada e indecisa…? La respuesta no es fácil. Pero si realmente nos estamos enfrentando a un nuevo carácter de la guerra limitado e indeciso, que produce estancamiento, es también necesario establecer un nuevo pensamiento sobre qué estrategias seguir para enfrentarla y salir victorioso. Asimismo, y tal y como pasó antaño, sólo la emergencia de nuevos sistemas de armas y sus nuevas tácticas y procedimientos podrán romper “las tablas” en el campo de batalla, e inclinar de nuevo la balanza hacia la ofensiva.

Miguel Ángel Pérez Franco

Teniente Coronel del Ejército de Tierra, DEM

Estado Mayor de la Defensa

Referencias:

1 Este aspecto se ve con notoriedad en la guerra de Ucrania, no se percibe en la guerra de Israel contra Hamas. En este sentido, éste último no posee esta tecnología, lo que favorece, sin duda, la ofensiva israelí sobre la Franja.

2 A día de hoy, existen en el mundo 578 ciudades con más de un millón de habitantes, estando previsto que este número alcance las 662 ciudades para el año 2030. Asimismo, existen 32 ciudades o mega urbes con más de diez millones de residentes, estando previstas un aumento a 43 mega urbes para el 2030. BARNO, David y BENSAHEL Nora. “Learning from real wars: Gaza and Ukraine”. War on the Rocks. Learning from Real Wars: Gaza and Ukraine - War on the Rocks. Fecha de consulta: 03 de febrero de 2024.

3 Una de las lecciones identificadas en la Guerra de Ucrania, es que un ejército en combate urbano debe de ser capaz de pasar de la ofensiva a la defensiva, y viceversa, rápidamente. SPENCER, John y COLLINS Liam. “Twelve months of war in Ukraine have revealed for fundamental lessons on urban warfare”. Modern War Institute at West Point. February 2023. Twelve Months of War in Ukraine Have Revealed Four Fundamental Lessons on Urban Warfare - Modern War Institute (westpoint.edu). Fecha de consulta: 27 de enero de 2023.

4 Durante la guerra de Irak de 2003, el ejército de los Estados Unidos desplegó una división completa de cuatro, la División Multinacional de Bagdad, orientada a la ocupación y control de la capital iraquí. La enorme exigencia de controlar una ciudad de aproximadamente siete millones de habitantes, alejaron a las fuerzas aliadas de las zonas de influencia y santuarios insurgentes; e impidieron el refuerzo, en tiempo oportuno, de zonas conflictivas como el Triángulo Sunita o la provincia de Al-Anbar. RAYBURN Joel y SOCHAK, Frank. “The U.S. Army inte Iraq War: 2003 – 2006. Invasion, Insurgency and Civil War”. Volume 1. United States Army War College Press. Año 2019, pp. 121-124.

5 No son pocas las organizaciones y gobiernos que acusan a Israel de haber violado el Derecho Internacional Humanitario. A este respecto, uno de los objetivos de Hamas es hacer perder la legitimidad a Israel, desacreditando a la nación hebrea ante el mundo. VV.AA. “Gaza Conflict 2021 Assessment: Observations and Lessons”. The Jewish Institute for National Security of America. Año 2021, pp. 21 y 22.

6 De acuerdo a la National Defence Authorization Act, correspondiente al año 2023, el Ejército de los Estados Unidos ha sufrido un recorte de un 6%, lo que supone 33.000 efectivos menos, en sólo un año; quedándose actualmente en
452.000 efectivos. SPOEHR, Thomas. “The Incredible Shrinking Army: NDAA End Strength Levels Are a Mistake”. The Heritage Foundation. The Incredible Shrinking Army: NDAA End Strength Levels Are a Mistake | The Heritage Foundation. Fecha de consulta: 4 Enero 2024.

7 El Ejército Popular de Liberación de China ha sufrido una reducción de unos 300.000 efectivos durante la última década, y todo ello, con la finalidad de invertir más esfuerzo en sus desarrollos tecnológicos. NI, Adam. “Why China is trimming its Army”. The Diplomat. Why China Is Trimming Its Army – The Diplomat. Fecha de consulta: 4 Enero 2024.

8 En este sentido, son de sobra conocidos los problemas ucranianos de falta de stock y de reposición de carros de combate y de material de guerra; así como la dificultad de occidente de reponer dicho material por ser equipos de elevado coste económico y de larga producción.

9 A pesar de las sanciones, durante el año 2023, Rusia fue capaz de construir hasta 2.300 carros de combate; mientras que Ucrania recibió unos 1.250. Asimismo, Corea del Norte está suministrando todo tipo de municiones, de todos los calibres, a las fuerzas rusas. Este hecho podría decantar la balanza de la guerra del lado ruso. DEFENCE PRESS. “Tanks, IFVs, APVs: What weaponry did Ukraine receive from Allies in 2023?” Defence Press. Tanks, IFVs, APVs:

What Weaponry Did Ukraine Receive From Allies in 2023? (Part 1) | Defense Express (defence-ua.com). Fecha de consulta: 7 de febrero de 2024.

10 BIDDLE, Stephen. “Back in the trenches. Why new technology hasn´t revolutionized warfare in Ukraine”. Foreign Affairs. September/October 2023. Back in the Trenches: Why New Technology Hasn’t Revolutionized Warfare in Ukraine (foreignaffairs.com). Fecha de consulta: 5 de febrero 2024.

11 Una forma de evaluar si las nuevas armas y desarrollos tecnológicos son decisivos en Ucrania, es analizar las bajas que han infligido. En este sentido, quienes aprecian una revolución militar en Ucrania, suelen argumentar que los nuevos sistemas de vigilancia, los drones armados, etc…, han hecho que el campo de batalla moderno sea radicalmente más letal. Sin embargo, la letalidad real de las armas rusas y ucranianas en esta guerra apenas difiere de la observada en guerras anteriores, y en algunos casos es incluso inferior. Lo que sí que hace es condicionar el entorno operativo a nivel táctico. BIDDLE, S. Op. cit.

12 Ibidem.

13 Los ucranianos, por ejemplo, se han refugiado en sus ciudades para mitigar y equilibrar la balanza del combate ante las enormes capacidades rusas. Asimismo, Hamas continúa combatiendo, a la defensiva, en la Franja de Gaza tratando de estancar el conflicto y obtener un alto el fuego provechoso o la extensión del conflicto a Líbano e Irán; lo que a la postre resultaría en un mayor desgate del ejército hebreo.

14 Con la finalidad de evitar dicho desgaste, el carácter del guerra podría converger hacia una “competición del salvas” de municiones de precisión de larga distancia, donde el contacto entre las tropas se minimice. PULIDO, Guillermo. “La Batalla Multidominio y el campo de batalla futuro”. Ejércitos. Revista Digital sobre Defensa, Armamento y Fuerzas Armadas. | La Batalla Multidominio y el campo de batalla futuro (revistaejercitos.com). Fecha de consulta: 6 de marzo de 2024.

15 Según cifras del Ministerio de Defensa ucraniano, se estima que Rusia sufrió 146.820 bajas durante el primer año de la invasión; y que el 85% de las bajas rusas fueron causadas por la artillería ucraniana. BIDDLE, S. Op. cit.

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