80 años de la ONU emitiendo resoluciones en favor de la paz y el desarrollo
La ONU reemplazó a la fracasada Sociedad de Naciones o Liga de las Naciones, que surgió luego de la Primera Guerra Mundial (1914-1919) por el Tratado de Versalles. Es verdad que las Naciones Unidas, conforme la Carta de San Francisco, que es su tratado constitutivo, tiene como finalidad central el mantenimiento de la paz mundial.
Es verdad que también lo fue de la Liga de las Naciones, cuyo inexorable destino fue su desaparición porque no pudo conservar la paz internacional. ¿Acaso la ONU ha podido hacerlo, desde 1945?. Aunque pudiera ser poco creíble, la respuesta es que sí.
La ONU desde su creación ha debido soportar guerras regionales o localizadas en las 8 décadas transcurridas. Así, no pudo evitar la guerra de Corea, de Vietnam, de Afganistán, del Golfo Pérsico, de Irak, de Siria, y últimamente la de Rusia y Ucrania e Israel contra el Hamás (palestino) y el Hezbolá (libanés), estos dos últimos, denominados actores no convencionales; sin embargo, lo que también es cierto es que, aun con sus aciertos y deficiencias, la ONU sigue evitando que en el mundo se desate una tercera guerra mundial, que sería una desgracia completa para la humanidad.
Creo que ese esfuerzo sigue llevándose adelante. Hay quienes piden a gritos una reforma del Consejo de Seguridad de la ONU, y eso podría ser bueno, pero se debe tener cuidado que, al hacerlo, se garantice la conservación del derecho de veto que tienen los 5 miembros permanentes del Consejo de Seguridad, tal como está establecido hasta ahora.
Si se pretendiera ampliar de 1 a 3 miembros para configurarlo, la ONU terminaría consumada como una organización ineficaz e inservible, pues no veo a Rusia o a China, miembros del Consejo, seguir formando parte de una organización en la que siempre quedarán marginados en minoría ante el decantado predominio de lo que acuerden Estados Unidos, Reino Unido y Francia, los otros 3 miembros, consiguiendo éstos, lo que se propusieran, incluido el capricho.
Así, desaparecido el equilibrio en el poder mundial -es lo que ha dado vida a la ONU a lo largo de sus 80 años que estamos celebrando-, su final sería inexorable, tal como pasó a la Liga de las Naciones, que se extinguió precisamente porque en ella no estuvieron las grandes potencias del globo.
En el octogésimo aniversario de la creación de la ONU, relievo sus esfuerzos por mantener la paz mundial, siempre emitiendo resoluciones para acabar los conflictos y voltear la página en favor del desarrollo de los pueblos, como todos esperamos, por estos días, en la cuestión del Sáhara Occidental -norte de África-, recogiendo la propuesta de autonomía para esa región meridional del reino de Marruecos, planteada por el rey Mohamed VI, en 2007, y que a la fecha, ha merecido reconocimientos y aceptaciones de los Estados, de dimensión ecuménica, es decir, tan parecida al tamaño de la propia ONU.
Miguel Ángel Rodríguez Mackay, excanciller del Perú e internacionalista
