El plan de paz de Donald Trump

Una diapositiva titulada Nueva Gaza se ve en una pantalla durante un evento que anuncia la carta de la iniciativa de Paz de la Junta Directiva del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, destinada a resolver conflictos globales, junto con la 56ª edición anual del Foro Económico Mundial (WEF), en Davos, Suiza, el 22 de enero de 2026 - REUTERS/ DENIS BALIBOUSE
Una diapositiva titulada Nueva Gaza se ve en una pantalla durante un evento que anuncia la carta de la iniciativa de Paz de la Junta Directiva del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, destinada a resolver conflictos globales, junto con la 56ª edición anual del Foro Económico Mundial (WEF), en Davos, Suiza, el 22 de enero de 2026 - REUTERS/ DENIS BALIBOUSE
Estoy de acuerdo en que un plan de paz debe permitir el resurgimiento material de una ciudad y su pueblo devastados como Gaza; sin embargo, creo que nada será mejor si acaso antes o paralelamente, no se produce el arreglo del problema de fondo entre Israel y Palestina

Una vez producido el alto el fuego en Gaza, y por tanto, cesar las hostilidades por parte Israel y el Hamas, entonces cobró el mayor interés para unos y el enorme rechazo para otros, el anuncio por parte del presidente de EE.UU. Donald Trump, de un plan de paz para esta parte del Medio Oriente, completamente diezmada por la guerra iniciada el 7 de octubre de 2023 con la masacre de los terroristas aniquilando a más de 1.200 israelíes y la respuesta que le siguió con la muerte de cerca de 70 mil gazatíes a manos de las fuerzas de Israel, según los datos proporcionados por Hamás. 

Este plan al inicio relievaba la reconstrucción –infraestructura (Hoy se habla del levantamiento de alrededor de 180 rascacielos)–, que, para contar con la aquiescencia internacional, llevó al propio Trump a solicitar al Consejo de Seguridad, que integra su país, le pudiera brindar el respaldo que estaba buscando, siempre en el marco de la ONU, el mismo que traducido en las reglas de la convivencia internacional, se denomina legitimación internacional, un estado indispensable para llevar adelante una diversidad de procesos que cuenten con el beneplácito mundial. 

No cabe la menor duda que Estados Unidos y su presidente, entraron en una etapa de franco empoderamiento planetario, nunca antes visto, permitiéndole a Trump imponer aranceles al por mayor y a su antojo. Parte de la coronación por el enorme poder del hegemón, ha sido la extracción del exdictador de Venezuela, Nicolás Maduro, hecho en las entrañas y narices del propio poder madurista, y ante la atónita mirada de Rusia y China, principalmente. 

Con lo anterior, hace muy pocos días, en el marco de la cumbre económica de Davos, en Suiza, el presidente estadounidense, hizo hincapié a su particular visión sobre Groenlandia, asunto que alteró la temporal tranquilidad política europea, cuyos países reaccionaron erradamente ante las vociferantes pretensiones de Trump, creyendo que el mandatario neoyorquino quería anexar el referido territorio ártico bajo la soberanía de Dinamarca. 

Ya vimos que Trump en realidad lo que quiere es asegurar ese espacio septentrional para la seguridad y la defensa, no sólo de EE.UU., si no, principalmente, de la Unión Europa, que reaccionó ingenuamente poniéndose contra Trump, pero que ha corregido su actitud, valorando que la única seguridad para su ratio existencial será hallarse fuertemente aliada a EE.UU. 

Pero todo lo anterior no es el mejor contexto para las pretensiones de Trump mirando su plan de paz que ahora parece ensanchado y algo lejano a lo dijo inicialmente sobre Gaza, generando nuevas críticas. Estoy de acuerdo en que un plan de paz debe permitir el resurgimiento material de una ciudad y su pueblo devastados como Gaza; sin embargo, creo que nada será mejor si acaso antes o paralelamente, no se produce el arreglo del problema de fondo entre Israel y Palestina, y con ello, en forma, también paralela, que Israel retire completamente sus tropas de Gaza, y que Hamás se haya apartado totalmente del control de esa ciudad, que lo tuvo desde el 2007. 

Primero hay que ir por el asunto de fondo para que los esfuerzos que sigan no se hagan en saco roto.

Miguel Ángel Rodríguez Mackay. Excanciller del Perú e Internacionalista

Artículo publicado en el diario Expreso del Perú