El Sáhara Occidental: ¿qué establece la resolución 2797(2025) del Consejo de Seguridad de la ONU?
Esta resolución marca un punto de inflexión, tras medio siglo de haberse creado un problema que nunca debió suceder, si acaso hubiera prosperado la buena fe y la sensatez en el respeto incólume de la historia y del derecho internacional, que consagraron la soberanía del Reino de Marruecos sobre su porción territorial más austral, es decir, el referido Sáhara, que, con la propiedad que corresponde debemos llamar correctamente Sáhara marroquí.
Lamentablemente eso no sucedió en los últimos 50 años por la actitud deliberadamente conspiradora de Argelia en sus febriles deseos de conseguir a cualquier precio una salida al océano Atlántico y hacerse de los ricos yacimientos de fosfatos hallados en el inmenso desierto marroquí, usando a su antojo para ello al Frente Polisario, e inventando a la autoproclamada “República Árabe Saharaui Democrática” (RASD), una entidad artificial, jamás reconocida por las Naciones Unidas ni por el derecho internacional.
La Resolución 2797, en su forma y en su fondo, sepulta a la inestabilidad que quisieron imponer Argelia y el Polisario, y, en cambio, encausa el asunto de manera clara e inequívoca al establecer que la base de las negociaciones que deberán iniciarse pronto es, dominantemente y sobre todas las cosas, el plan de autonomía para el Sáhara que fuera presentado por el rey Mohamed VI a las Naciones Unidas en 2007.
Este plan, dice la resolución que estoy comentando, sola y únicamente podrá tener sentido en el marco de la soberanía de Marruecos, quedando así delimitado y determinado en ese contexto jurídico y geopolítico, de tal manera que todo lo que siga deberá abordarse en ese cause como el único relevante que cuenta el río para llegar al mar.
El tenor de la resolución es directo al señalar a las partes involucradas, esto es, el propio Marruecos, el Polisario, Argelia y Mauritania, que decidió voluntaria y unilateralmente desligarse del asunto en 1979, de tal manera que ninguno podrá esquivar su responsabilidad y su rol activo en la solución del problema, lo que, en buena cuenta, constituye un mensaje directo para Argelia y el Frente Polisario, que todo el tiempo han venido escabulléndose para no afrontar una realidad que siempre los iba a delatar y a señalar, censurándolos todo el tiempo.
El escenario en el que deberán producirse las negociaciones -lo abordaré en otra columna-, por el lapso máximo de un año y con el acompañamiento de la denominada MINURSO, es la propia ONU, y eso me parece extraordinariamente acertado y correcto. En efecto, la ONU, tras la guerra de 1939, es el foro político por antonomasia para el sello de la paz y la tranquilidad en diversas partes del globo, y por eso también lo será, como lo consagra la Resolución 2797, para el Sáhara y desde luego para toda la región del Magreb.
Miguel Ángel Rodríguez Mackay, excanciller del Perú e Internacionalista
Artículo publicado en el diario Expreso del Perú
