Venezuela, año cero

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Hoy, 3 de enero de 2026, el régimen chavista de Venezuela parece haber llegado a su fin, o al menos eso es lo que parece indicar la captura de Nicolás Maduro y su esposa por parte de unidades de operaciones especiales norteamericanas

Mediante una táctica “quirúrgica” y procediendo tal y como alguno de nuestros colaboradores ya vaticinó en este espacio, frente a los que alertaban de una invasión en toda regla del país caribeño, el líder venezolano ha sido detenido y trasladado junto a su mujer a un lugar hasta el momento desconocido (casi con toda seguridad a uno de los buques que EEUU tiene frente a las costas, donde se le estará filiando y llevando a cabo un exhaustivo reconocimiento médico para demostrar que está indemne).

Es comprensible la sorpresa por la acción de Estados Unidos, pero sólo hasta cierto punto. Como ya se ha apuntado numerosas veces en este espacio, la acumulación de fuerzas y las acciones de la US Navy contra embarcaciones que transportaban droga (humildes pescadores según ciertos políticos patrios) eran un claro indicador de que algo como lo sucedido iba a ocurrir. Nadie realiza tal despliegue de medios durante tan largo periodo de tiempo para replegarse sin lograr nada. 

Sería muy difícil justificar el coste, y además el daño reputacional sería incalculable. Por lo tanto, podemos afirmar que ha sucedido lo inevitable. Aquí la pregunta no era si EE. UU. iba a llevar a cabo alguna acción directa contra el régimen de Maduro, sino cuándo. Y ese cuándo ha sido hoy.

Pero el ejercicio de esta madrugada suscita a la vez varias interrogantes que no son fáciles de responder, y por supuesto abre la puerta a varios escenarios, algunos de los cuales no son nada halagüeños.

En primer lugar, hay un dato que a muchos se le ha pasado por alto y que es, cuando menos, curioso. Hace exactamente seis años, el mismo presidente Trump, durante su primer mandato, ordenó el ataque que mató a Qasem Soleimani en Irak. ¿Casualidad? Probablemente, pero no podemos dejar de mencionar el dato. También entonces hubo quien se echó las manos a la cabeza y vaticinó un incendio de toda la región del Próximo Oriente, tal y como está sucediendo ahora mismo.

Poniendo el foco en la operación llevada a cabo esta noche, hay varios puntos interesantes. En primer lugar, los ataques se han efectuado de forma muy precisa, afectando principalmente al sistema de mando y control de las fuerzas armadas venezolanas y a su sistema de defensa aérea, sin duda con la finalidad de abrir un pasillo seguro a las aeronaves encargadas de transportar a las unidades de operaciones especiales, cuya misión era capturar al líder venezolano.

Llama la atención cómo se ha minimizado la posibilidad, no ya de daños colaterales, sino de bajas innecesarias dentro de las fuerzas venezolanas, y la ausencia de ataques o acciones contra otros miembros de la cúpula chavista. Esto, a priori, puede interpretarse como una señal de cierta connivencia de parte de esa cúpula con lo sucedido, pero abre muchas incógnitas sobre la posible evolución de la situación en el país.

También es interesante el hecho de que hace sólo veinticuatro horas Maduro había recibido a una delegación china. Es de suponer que dicha delegación ya no se encontraba en el país.

Y llama igualmente la atención un vuelo con origen Caracas y destino Minsk detectado varias horas antes de desatarse la operación. Es sabido que numerosos asesores militares rusos se encontraban en territorio venezolano desde hacía tiempo

Esto no hace más que alimentar las sospechas de que Estados Unidos habría avisado a Moscú para que sacara a su personal y así evitar la posibilidad de un incidente que sólo serviría para escalar la tensión y dificultar las negociaciones que ambos están llevando a cabo para solventar el conflicto de Ucrania.

En el contexto internacional actual se hace muy difícil entender una acción como la ejecutada por Estados Unidos sin que haya algún tipo de acuerdo previo. Y aquí es donde se disparan las posibles hipótesis, tanto por lo mencionado anteriormente como por la experiencia en otras operaciones de similares características. El hecho de que no haya habido enfrentamiento alguno entre las unidades de asalto y la seguridad del presidente Maduro, y que toda la operación haya sido sorprendentemente “limpia” no hace más que alimentar esa hipótesis. 

Una opción podría ser un acuerdo del propio Maduro con Estados Unidos para asegurarse preservar su vida y asegurar el futuro de sus hijos. El líder venezolano era perfectamente consciente de que su futuro pasaba ya inexorablemente, o por la prisión, o por la muerte. Y ante esa tesitura habría optado por negociar y garantizar al menos la seguridad de los suyos. De ser así, no sería descabellado que Estados Unidos hubiera informado a Moscú, e incluso haberle ofrecido algún tipo de concesión en las negociaciones por Ucrania para asegurarse la connivencia de Putin.

Otra posibilidad sería una traición en toda regla del círculo más cercano a Maduro para asegurarse una salida menos traumática. Esto implicaría tanto al círculo político como el militar, y explicaría la ausencia de detenciones de otros lideres y la inacción, no sólo del círculo de protección de Maduro, sino del grueso de las fuerzas armadas. 

No podemos obviar el hecho de los fuertes vínculos de Venezuela, no únicamente con Rusia, sino también con China e Irán. En este sentido, un alto porcentaje del petróleo venezolano tenía como destino principal China, como devolución en especie de numerosos préstamos, por lo que se abre la opción de que se haya buscado golpear de manera indirecta a Pekín, aunque también India, España y los propios EE. UU. recibían parte de ese petróleo. Así las cosas, dejando a un lado de la ecuación la incógnita rusa, que es la que parece más claramente al tanto de lo sucedido, habremos de poner el foco en China, por lo que precede parece el mayor perjudicado por las posibles consecuencias de esta acción.

El caso de Irán es también interesante, pues todo ha sucedido en paralelo a un recrudecimiento de las protestas internas contra el régimen de Teherán, que obliga a los ayatollah a prestar toda su atención a su frente interno. Y como en numerosas ocasiones se ha subrayado, en este tipo de “juego”, nunca nada es casual.

A día de hoy, no podemos sino movernos en el terreno de la especulación. Pero lo que es evidente es que tras lo sucedido ha habido algún tipo de “acuerdo”.

El interés ahora se centra en la información que pueda suministrar el depuesto líder venezolano sobre las actividades, tanto del famoso cártel de los soles y sus conexiones internacionales como, sobre todo, el entramado financiero establecido en torno a la gestión de los recursos naturales del país, y que parece que podría afectar a personalidades del estado español.

Pero donde debemos poner el acento, porque son los verdaderos protagonistas y víctimas de este régimen que parece iniciar hoy su fin es en el pueblo venezolano.

Durante décadas de dictadura gran parte de la población opositora al régimen ha abandonado el país, y un considerable número de los afines que permanecen en Venezuela han sido armados pro el régimen.

El principal peligro ahora son los choques entre ambos sectores de la población, unos, cansados de sufrir la opresión, ansiosos por recuperar una democracia perdida, y otros temerosos de perder sus muchos o pocos privilegios y de ser víctimas de la venganza de los otros. Una situación así podría derivar fácilmente en una sangrienta guerra civil.

En este escenario la posición que tomen las fuerzas de seguridad será clave, y dependerá en gran medida de las decisiones e instrucciones que den la clase política gobernante que, no podemos olvidar, continúan siendo los mismo que ayer

Y aquí el papel de Estados Unidos es clave. Evidentemente no puede llevar a cabo una ocupación del país, pero el hecho de haber tomado la decisión de intervenir le hace automáticamente responsable de lo que suceda a partir de ahora en Venezuela. No puede descabezar el régimen y desentenderse de lo que suceda a partir de hoy. Es de esperar que se hayan previsto toda una serie de medidas y acciones que faciliten el relevo al mando del país y la recuperación plena de las instituciones democráticas con la mirada puesta en unas elecciones verdaderamente libres a medio plazo que legitimen sin lugar a discusión el establecimiento de un gobierno que pueda comenzar la reconstrucción del país.

Todo lo que no sea un plan de estabilización y control del país significará el caos y el fracaso de una acción que a priori está generando demasiadas expectativas. Y las consecuencias para la imagen exterior de Estados Unidos serian desastrosas.