Imágenes y mensajes

<p>El príncipe heredero de Marruecos, Moulay El Hassan, antes del partido - PHOTO/ REUTERS&nbsp;</p>
El príncipe heredero de Marruecos, Moulay El Hassan, antes del partido - PHOTO/ REUTERS 
La imagen deseada, transmitida o percibida, representa a la vez un desafío estratégico para toda comunicación política y una información que contribuye al desarrollo de actitudes, percepciones y representaciones de las personalidades públicas. De la misma manera que las imágenes juegan un papel fundamental en la comprensión de los asuntos políticos, ejercen efectos considerables en la construcción de la identidad nacional
  1. Transformar las representaciones comunes
  2. Del Estadio Moulay Abdellah al Palacio de la Zarzuela
  3. Comunidades afectivas de sentidos

Hace un año, una admirable imagen Real había marcado profundamente los espíritus de todos los marroquíes, y qué mejor medio para devolver la normalidad en estos tiempos de rumores, mentiras y fake news que el poder de una imagen, que la pedagogía de una percepción, que el efecto de una construcción perfecta de una autoimagen, de nuestra imagen, la de todos nosotros, la de toda familia marroquí, la de la Familia Real.

Qué mejor que esta imaginería de un paseo familiar por las calles parisinas, que combina simplicidad y convivialidad, y que refleja una imagen moderna y accesible de la monarquía marroquí. La foto, capturada en noviembre de 2024 durante un paseo informal en París y ampliamente difundida en las redes sociales y en los medios marroquíes, representa un momento íntimo y familiar del rey Mohamed VI rodeado de sus hijos: el príncipe heredero Moulay El Hassan (a la izquierda) y la princesa Lalla Khadija (a la derecha), juntos, relajados y felices, el Rey, como cualquier padre que desea complacer a sus hijos, acompaña a los dos príncipes en un agradable y ordinario paseo familiar. 

El Rey preside en el centro, dominando la escena familiar por su postura paterna y su gesto activo: ajusta tiernamente la bufanda que se desliza del hombro de su hija. El príncipe Moulay El Hassan se mantiene ligeramente atrás, con las manos relajadas, la Princesa Lalla Khadija sonriente y receptiva al gesto, bajo un cielo gris de París que evoca un invierno sereno. Una imagen emblemática que supera con creces el marco de una simple fotografía familiar para inscribirse en una representación polisémica, donde el cuerpo del soberano encarna a la vez al hombre privado y al cuerpo político del Estado.

Mohamerd VI con sus hijos en París
El rey Mohamed VI con sus hijos en París

Todos conocemos el viejo adagio «una imagen vale mil palabras», sin embargo, las imágenes también pueden transmitir significados y emociones que superan el marco de las palabras, permiten generar, reforzar y modificar percepciones, actitudes y mentalidades. 

Las fotografías imponentes de personalidades públicas que han pasado a la historia, capturan posturas de desafío, determinación o trascendencia, cristalizando momentos pivote que han forjado leyendas colectivas, e ilustran así como una imagen puede contribuir a construir y mantener una identidad colectiva, a imponer una visión encarnada del liderazgo, donde el cuerpo del líder –recto, furioso o humilde– materializa la autoridad, la ruptura o la trascendencia, transformando al individuo en símbolo de la nación y de los valores compartidos.

Transformar las representaciones comunes

El registro moderno de la comunicación política nos reserva imágenes altamente expresivas, tales como la de Mao Zedong nadando en el Yangtsé en 1966, a los 72 años y su «regeneración sobrehumana»; o la de Gandhi hilando en la rueca, símbolo icónico de la resistencia no violenta y de la autosuficiencia económica india; el retrato de Churchill con su mirada furiosa simbolizando la resistencia aliada indomable; el cliché de Guevara con la mirada perdida hacia el horizonte y la barba icónica, transformando al guerrillero en mártir eterno incitando a la revuelta mundial; la postura firme de Xi Jinping con el cuerpo recto, hombros cuadrados y mirada fija transmitiendo sensaciones de autoridad inquebrantable, continuidad histórica y potencia imponente; el gesto humanista del Rey Mohammed VI inclinándose para besar la frente de su antiguo primer ministro debilitado y hospitalizado, el líder socialista Abderramán Yussufi, encarnando una retórica visual del paternalismo real y de la armonía post-alternancia; también el vídeo histórico del Soberano entrando triunfalmente en la 5ª cumbre de la Unión Africana; las imágenes de Trump con el puño levantado simbolizando su vitalidad combativa; de Putin cazando un tigre, practicando judo o pilotando un submarino, escenificando a un hombre fuerte e invencible, y las de varios otros líderes políticos, que desbordan de sentidos de poder o ruptura, humildad o proximidad, renovación o confianza.

En materia de comunicación política, la imagen se define por la manera en que el público percibe a una personalidad, a partir de características y cualidades personales específicas, hechas públicas por la comunicación directa, los medios de información y las redes sociales. Como estructura de comunicación, la imagen garantiza la precisión de la transmisión de la información y la concordancia de los sistemas de signos del emisor y del receptor; permite captar la atención en un entorno saturado de mensajes, especialmente a través de la televisión, el cartel publicitario y las redes sociales. 

Además de nutrir y transformar las representaciones comunes (nación, pueblo, orden, identidad…) y, por tanto, la manera de ver la política misma, las imágenes condensan cuestiones complejas en símbolos fácilmente memorizables (líder protector, candidato prometedor, outsider… etc.), lo que estructura las actitudes políticas más rápidamente que un argumento detallado.

Moulay Hasssan CAN lluvia
Príncipe Moulay Hasssan 

Del Estadio Moulay Abdellah al Palacio de la Zarzuela

Al crepúsculo de 2025, durante esta semana marcada por el fervor deportivo africano y la contemplación navideña europea, dos imágenes emblemáticas han surgido en la esfera pública tanto en Marruecos como en España, cautivando la imaginación colectiva y trascendiendo las fronteras culturales. 

La primera, el 21 de diciembre en el Estadio Moulay Abdellah de Rabat, mostró al hijo del rey Mohamed VI descendiendo serenamente bajo un diluvio torrencial para dar el saque inicial del partido inaugural de la Copa de África de Naciones (CAN 2025), saludando a jugadores y público en un gesto de comunión extática, empapado por el agua del cielo, que disolvió el cuerpo principesco en el calor abrasador del entusiasmo popular masivo. 

Apenas tres días después, la segunda imagen expuso el 24 de diciembre una escena Real inédita: el Rey Felipe VI de España revoluciona su tradicional mensaje de Navidad al pronunciarlo de pie y en movimiento en el Salón de las Columnas del Palacio Real, rompiendo así décadas de rigidez protocolaria impuesta por la posición sentada, para proyectar dinamismo y presencia viva ante la nación.

Estas secuencias visuales, separadas por apenas 72 horas y 14 kilómetros del Estrecho, no eran simples eventos pasajeros, sino momentos fuertes de renovación simbólica, así como de producción de sentidos que humanizan la imagen monárquica: Moulay El Hassan encarnando valores de afecto y proximidad, pero también de resistencia y de compartir hasta el punto de mojarse, Felipe VI preocupado por transmitir la imagen de una monarquía más dinámica, se expresa en movimiento, abriendo el camino en medio de tensiones e incertidumbres.

La imagen del príncipe heredero Moulay El Hassan plenamente expuesto a una lluvia intensa durante la inauguración de la CAN 2025 transmite un mensaje de resiliencia, devoción y proximidad con el pueblo. Su gesto de dar el saque inicial honorífico sonriendo y erguido a pesar de la tormenta se lee como un símbolo de liderazgo firme, de compromiso con los eventos nacionales y de resistencia ante las restricciones. 

La imagen del príncipe heredero que insiste en permanecer en el terreno expuesto a la fuerte lluvia sin protección para saludar uno a uno a los jugadores de los dos equipos africanos evoca, en la percepción de los marroquíes, el sentido de una responsabilidad perfectamente asumida, de una determinación ante los desafíos, de una resiliencia inquebrantable en el cumplimiento del deber, lo que suscita admiración, inspira orgullo y refuerza la imagen de un futuro Rey accesible y valiente.

El mensaje de Navidad 2025 del rey Felipe VI generó numerosos comentarios en los medios españoles, debido a su aparición innovadora en posición de pie durante todo el discurso, un gesto inédito que rompe con la tradición de estar sentado. Los expertos en comunicación no verbal destacan una evolución en su lenguaje corporal, más dinámico y cercano. Las reacciones en las redes sociales y en los medios digitales elogian esta postura por transmitir naturalidad y presencia, interpretando la aparición del rey permaneciendo de pie en el Salón de la Zarzuela, sin apoyos, como un cambio deliberado para reforzar solemnidad y movimiento; sus gestos ilustradores con las manos acompañando el mensaje verbal denotaban una mayor fluidez y empatía. Así, esta imagen del mensaje de Navidad en movimiento, ha sido percibida como un esfuerzo por mantener el cuerpo real «sincero y fluido» en lugar de rígido, de manera que pueda alejar la imagen del «busto parlante» tradicional, proyectando proximidad en un contexto de crispación política.

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El rey Felipe VI durante su mensaje de Nochebuena 2025. @Casa SM el Rey

Comunidades afectivas de sentidos

Aparece claramente que la comunicación visual, más allá del simple alcance significante de las imágenes, posee la capacidad de generar verdaderas «comunidades afectivas de sentidos», conectando profundamente a los individuos por la emoción y por experiencias multisensoriales. Es precisamente a través de esta potencia que las imágenes moldean nuestra visión del mundo e influyen durablemente en nuestros afectos, confiriendo así a los medios visuales un rol central en las dinámicas de la política tanto nacional como internacional.

Varios teóricos amplían la historia de las relaciones internacionales más allá de la diplomacia tradicional integrando las «fuerzas profundas», de las cuales la «psicología colectiva» juega un papel clave influyendo en las decisiones estatales a través de percepciones subjetivas y colectivas. Estudios de casos han mostrado cómo la imagen de sí mismo en el extranjero, la imagen del otro en casa, moldean la opinión pública frente al mundo exterior, movilizándola para apoyar o rechazar alianzas, a veces más allá de los intereses económicos o geopolíticos.

Ciertamente, las imágenes son omnipresentes en la política internacional, pero ¿cómo entenderlas? ¿Cómo aprehender la coincidencia temporal de estas imágenes que rompen barreras proyectando proximidad y resiliencia, cómo interpretar la sincronización de las imágenes de un príncipe heredero abrazando la tormenta en plena inmersión y las de un rey en movimiento revitalizando su presencia institucional? ¿Tienen estas imágenes un poder específico? ¿En qué medida pueden emocionarnos y conectarnos visceralmente en una «comunidad afectiva de sentidos»?

A pesar de las diferencias estructurales entre la monarquía española y la monarquía marroquí, las imágenes vibrantes del príncipe Moulay El Hassan sereno bajo el diluvio pluvial en la apertura de la CAN y del rey Felipe VI radiante de dinamismo durante su mensaje de Navidad proyectan, en ambos casos, una vitalidad compartida, una energía contagiosa y una proximidad humana que inspiran esperanza y confianza en un contexto euro-mediterráneo marcado por la incertidumbre geopolítica.

Es altamente significativo desde el punto de vista histórico y político que, en toda la cuenca mediterránea –cuna de civilizaciones–, solo encontramos dos monarquías históricas, España y Marruecos, que han sobrevivido a todas las rupturas y atravesado los tormentos más intensos con una capacidad excepcional de continuidad histórica. Estas dos monarquías ocupan hoy posiciones geopolíticas comparables: España como puente entre Europa latina, mundo atlántico y Mediterráneo; Marruecos, por su parte, conectando África, mundo árabe, Atlántico y Mediterráneo.

A diferencia de otras monarquías mediterráneas desaparecidas, la monarquía española, tras interrupciones y restauraciones sucesivas desde el siglo XIX, se reconstituyó después de la dictadura franquista en 1975, apoyándose en su herencia secular (monarquía católica, unidad nacional), mientras que la monarquía marroquí nunca ha sido interrumpida, ni siquiera bajo el protectorado. En ambos casos, la monarquía no es solo un régimen, sino una institución civilizatoria, anterior al Estado moderno. Entre estos Estados-puentes existe una alta complementariedad y una posible sinergia complementaria, especialmente entre las imágenes positivas de sus instituciones monárquicas, impulsada por relaciones bilaterales excelentes y un liderazgo estabilizador que refuerza la legitimidad histórica frente a los extremismos populistas y a los desafíos del separatismo y de la balcanización.

William A. Callahan, en su obra Sensible Politics: Visualizing International Relations (Oxford University Press, 2020), amplía el análisis de las relaciones internacionales más allá de las fuentes textuales tradicionales, tratando las imágenes como elementos performativos que moldean activamente las experiencias políticas y construyen órdenes sociales y mundiales a través de encuentros afectivos encarnados, fomentando «comunidades afectivas de sentidos». Es en esta perspectiva que se debe entender el lugar central que ocupan las imágenes en el mundo complejo de la política.

Ante la problemática histórica de las percepciones negativas que siempre han empañado las relaciones entre España y Marruecos, las imágenes emblemáticas proyectadas actualmente por las dos monarquías, más allá de informar, memorizar y escenificar, poseen una poderosa retórica susceptible de hacer visible lo invisible, de actuar directamente sobre los afectos y los imaginarios colectivos, de ahí su fuerte potencial para remodelar las opiniones públicas y, por extensión, fortalecer aún más la calidad de las relaciones bilaterales entre los dos Reinos.