Renovarse o morir

<p>Sede del Consejo de Seguridad de la ONU  - REUTERS/ JEENAH MOON</p>
Sede del Consejo de Seguridad de la ONU  - REUTERS/ JEENAH MOON

No existen soluciones a los problemas, solo hay movimientos en marcha. Sepamos crear estos movimientos y las soluciones vendrán

Antoine de Saint-Exupéry

El mismo día 31 de octubre de 2025 en que se tomó la resolución histórica 2797 del Consejo de Seguridad sobre el conflicto del Sáhara, SM el Rey Mohammed VI pronunció un discurso en que volvió a tender la mano a nuestros vecinos argelinos para llegar a un acuerdo sin vencedor ni vencido, e invitar a nuestros hermanos en los campamentos de Tinduf a que volviesen a su patria madre. Ese mismo día, entre júbilo y expectación, tuve la sensación de vivir una situación pensada años antes.

Imbuido en esa mezcla de ‘flashback’ y prolepsis, me acordé de un artículo que había publicado como tres años antes, el día 28 de octubre de 2022 concretamente, titulado “el lobo, la cabra, la col y el granjero”.

Este cuento que se conoce desde tiempos remotos tiene dos significados:

-Uno aparente que precisa que al fin y al cabo, cada problema tiene solución. Esta presuposición per se es nociva por su capacidad de generar una tensión psicológica en la persona que la consiente pudiendo llevarla a la frustración en caso de no alcanzar dicha solución. Por ello, la fórmula de Saint-Exupéry de tomar iniciativas sin pensar en la solución parece menos estresante y por doquier más productiva.

-Y otro subyacente y subrepticio que nos impone, de entrada también, que los tres seres están condenados a comerse uno al otro, y que el granjero es aquel héroe mitológico e imprescindible que se ocupa de separarlos para evitar la hecatombe. Visto lo visto, se me antoja decir que estamos ante la sentencia latin ‘divide et impera’, o sea ante la ilustración misma de la conducta cuan tendenciosa de los antiguos países colonizadores ante el conflicto del Sáhara Occidental, un problema que ellos crearon y se encargaron durante décadas de entretenerlo y usarlo como veneno y antídoto a la vez. 

El Aaiún, Sáhara Occidental
El Aaiún, Sáhara Occidental

 Tres años antes, había llamado la atención a que el mundo vive unos drásticos cambios geopolíticos que imponen a Marruecos, Argelia, España y Francia deconstruir el antiguo paradigma y construir uno nuevo que permita a estos países curarse del “síndrome explosivo intermitente” que condujo las relaciones en el Mediterráneo Occidental a una situación de harakiri o suicidio colectivo. 

Y tres años después, este pensamiento-presagio se cumplió casi en su totalidad ya que tres de estos cuatro países han sincronizado sus relojes y acompasado sus pasos. El cuarto acabará haciéndolo ya que las flechas del tiempo van siempre hacia adelante.

La gran pregunta ahora es: ¿cuáles son los motivos que originaron tal cambio?

Bien es cierto que el reconocimiento de Trump de la marroquinidad del Sáhara Occidental en 2020 tuvo lugar a cambio de la adhesión de Marruecos a los ‘Acuerdos de Abraham’, recordemos que este reconocimiento llevaba cociéndose a fuego lento desde el mandato del presidente Jimmy Carter hace cuarenta y cinco años. Adoptar tal decisión requería un punto de inflexión, unas ciertas condiciones geopolíticas que terminaron dándose. El coraje político de Trump rendía fácil cruzar este umbral. Con la continuidad de Baiden por la misma senda de su antecesor quedaba claro de que se trataba de una decisión concluyente del ‘deep state’ de la potencia más decisiva en este conflicto en el Consejo de Seguridad de la ONU. 

La ceremonia de firma de los Acuerdos de Abraham en el Jardín Sur de la Casa Blanca, en Washington - AP/ALEX BRANDON
La ceremonia de firma de los Acuerdos de Abraham en el Jardín Sur de la Casa Blanca, en Washington - AP/ALEX BRANDON

Era de esperar entonces que los castillos de naipes cayesen uno tras otro. Vino primero el reconocimiento de España en marzo de 2022, luego el de Francia en octubre 2024. Con ello, estas dos potencias colonizadoras conseguían por fin liberarse del hechizo del cuento y zanjar con el dilema de conservar las dos caras a la vez. No hace falta insistir en que estas dos ex potencias colonizadoras tienen constancia de cómo era el mapa de Marruecos antes del reparto de África en la Conferencia de Berlin de 1884, y conocen mejor que nadie la naturaleza de los vínculos que siempre han unido las tribus nómadas del Sáhara (tanto Occidental como Oriental) con el estado central marroquí.

En el segundo mandato de Trump (a partir de enero 2025), Gran Bretaña llegó al guateque en junio de 2025. Con ella, la propuesta marroquí de autonomía gozaba del apoyo de tres de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad.

Volviendo a las causas que maduraron ese punto de inflexión, recordemos que el mundo, según Thomas Gomart y Christophe Bouton, dos de los historiadores contemporáneos más brillantes, entró a partir del comienzo de siglo 21 en una fase de “aceleración de la historia”. 

En sus respectivos excelentes libros, ‘l’accélération de l’histoire: les noeuds géostratégiques d’un monde hors de contrôle’ y ‘l’accélération de l’histoire: des lumières à l’anthropocène’, los dos autores coinciden en que se trata de un fenómeno alimentado por la conjunción de una serie de factores: la multiplicación de los conflictos y la competición geopolítica, el calentamiento global, los avances tecnológicos, y la instantaneidad de la información. Desde entonces, asistimos a una crecida muy significativa de las acciones estratégicas con el objetivo de modificar el paradigma y las relaciones de fuerzas que configuraban el mundo de antes.

La pandemia del Covid-19 en diciembre 2019 y la guerra entre Rusia y Ucrania ejercieron un efecto de retroalimentación ’feed back’ sobre esta aceleración haciendo vacilar tanto el concepto como las reglas antiguas de la mundialización. Desde entonces, la geopolítica tomó las riendas de la economía y ésta se veía cada vez más orientada hacia nuevas zonas de poder, menos amplias, donde se ubicar nuevos centros regionales de producción o de almacenamiento para prevenir la ruptura de la cadena de abastecimiento de productos imprescindibles para la economía. Gracias a sus riquezas en tierras raras y otros recursos muy solicitados por la economía actual y del futuro, África se alzaba como el continente del siglo 21 por antonomasia. 

. Merced a su situación geográfica y a su constancia en la diversificación de sus socios, Marruecos supo cómo anticipar esta nueva situación y convertirse en un punto de anclaje en este nuevo diseño geopolítico y geoeconómico mundial, ofreciendo a cada uno de estos socios lo que necesita sea a nivel de plataformas de producción y tránsito, energía, agricultura, pesca, seguridad y defensa, deporte, migración, etc. Recordemos también que hoy por hoy, Marruecos es un actor ineludible para introducirse en los prometedores mercados africanos por los lazos histórico-culturales que le unen a varios países de este continente y/o los acuerdos estratégicos ‘win-win’ que lleva concluyendo en las dos últimas décadas con otros países que giraban en torno del eje Argel-Pretoria.

La abstención de Rusia y China en la votación de la resolución del Consejo de Seguridad viene a corroborar esta narrativa, acreditar la eficiencia de la diplomacia marroquí, y reconocer la dinámica interna y el gran esfuerzo de desarrollo desplegado en las provincias saharianas.

Hace cincuenta años Marruecos zanjó el asunto del Sáhara sobre el terreno gracias a la Marcha Verde. Con la resolución 2797 del Consejo de Seguridad reconociendo el plan de autonomía en el Sáhara dentro de la soberanía marroquí como el más adecuado para solventar este conflicto, Marruecos aprobó la asignatura que le faltaba: la legalidad internacional.

<p>Soldados del Frente Polisario desfilan durante las celebraciones del 35.º aniversario del movimiento independentista - PHOTO/REUTERS </p>
Soldados del Frente Polisario desfilan durante las celebraciones del 35.º aniversario del movimiento independentista - PHOTO/REUTERS 

Hoy en día, merced a su dominio de los cuatro elementos vitales, el militar, el económico, el político y el diplomático desde la aprobación de la última resolución, la postura de Marruecos es hoy mejor que nunca. En cambio, tanto Argelia como el Polisario están ante un dilema estratégico: comprometerse en las negociaciones y por tanto reconocer de facto el marco de la autonomía bajo soberanía marroquí, o rechazar de implicarse con el riesgo de aislarse aún más. 

En efecto, tanto el resultado aplastante durante el voto de la resolución como la ausencia posterior de cualquier declaración crítica u opuesta por parte de los 192 países miembros de la ONU excepto Argelia, revalidan la unanimidad internacional e inflexible en torno a este asunto. 

Por ello, la invitación de SM el Rey de Marruecos a Argelia y al Frente Polisario supone verdaderamente una vía de salida honrosa y una generosa oferta para consensuar, en el marco de la última resolución, un nuevo punto de equilibrio susceptible de preservar la dignidad de estas partes y asegurar la paz y la prosperidad en esta zona.

En uno de sus bellos ensayos, el neuropsiquiatra y etólogo francés Boris Cyrulnik cuenta que el águila puede vivir hasta setenta años pero a condición de tomar una decisión transcendente llegando a los cuarenta. En esta edad, sus garras pierden fuerza y le impiden cazar, su pico se tuerce y se vuelve romo impidiéndole desgarrar la carne de su presa, y sus alas se vuelven pesadas condenándolo a volar bajo. En este momento, tiene que tomar aquella decisión: regenerarse o morirse.

Si quiere vivir otros treinta años, está obligado a pasar por un ritual trágico y doloroso pero cuán necesario. No le queda más remedio que refugiarse en una montaña, golpear su pico contra la roca más dura hasta que caiga y que la naturaleza le genere otro, y tiene que arrancar sus plumas, una por una, para que le vuelvan a crecer gráciles y ligeras. Este ritual lacerante pero imprescindible dura unos ciento cincuenta días.

La moraleja de esta historia es que no hay regeneración sin cambio, que todo aquel que no se renueva está condenado a morir.

¿Acaso los gobernantes de Argelia están dispuestos a emprender tal solemne ceremonial? ¿Acaso pueden renovar su desgastada doctrina y presentar una nueva y mejor versión de ellos? 

En ello radica la continuidad de su régimen y la unidad de su nación. 

Un error nunca tiene que gobernar la vida de una persona ni de un país, y los cuerdos saben que cuando uno no puede cambiar la dirección del viento, sí puede ajustar sus velas.