Opinión

El Gobierno Meloni afronta sus meses difíciles

La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, gesticula mientras habla durante una reunión con el primer ministro británico, Rishi Sunak, en el segundo día de la Cumbre de Seguridad sobre Inteligencia Artificial (IA) del Reino Unido en Bletchley Park, en el centro de Inglaterra, el 2 de noviembre de 2023 - PHOTO/POOL/AFP/JOE GIDDENS
photo_camera PHOTO/POOL/AFP/JOE GIDDENS - La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, gesticula mientras habla durante una reunión con el primer ministro británico, Rishi Sunak, en el segundo día de la Cumbre de Seguridad sobre Inteligencia Artificial (IA) del Reino Unido en Bletchley Park, en el centro de Inglaterra, el 2 de noviembre de 2023

Como es sabido, el pasado 22 de octubre, el Ejecutivo encabezado por la romana Meloni cumplió su primer año de vida. Y lo hizo tras doce meses en conjunto bastante tranquilos: dinámica de crecimiento heredada del Gobierno Draghi; abultada mayoría parlamentaria tras la aplastante victoria en las elecciones “políticas” de septiembre de 2022; y mucho dinero aún pendiente de cobrar del llamado “Recovery Fund”, aprobado por los dirigentes comunitarios en julio de 2020. Es más, realmente el único problema grave que ha tenido que afrontar el Gobierno Meloni en su primer año de vida ha sido el migratorio: los casi 150.000 inmigrantes irregulares que han llegado a las costas italianas a lo largo de este año que está ya casi a punto de finalizar recuerdan a las cifras que manejaron en su momento el Gobierno Renzi (febrero de 2014-diciembre de 2016) y el Gobierno Gentiloni (diciembre de 2016-mayo de 2018), y que generaron tal malestar que nunca se vieron semejantes niveles de antieuropeísmo entre la población transalpina ante la falta de apoyo del resto de miembro de la Unión Europea.

Pero, con la reactivación del Pacto de Estabilidad y Crecimiento (con sus célebres normas de que cada Estado debe tener como máximo un 60% de deuda sobre PIB y un 3% de déficit en el ejercicio presupuestario anual), los problemas comenzaron a llamar a la puerta de los diferentes ministerios. Y es que la tercera economía de la eurozona, aunque logró recuperar ampliamente el Producto Interior Bruto “pre-coronavirus” siendo “premier” Mario Draghi, en cambio salió más endeudado que nunca: aunque llegó al 152% de deuda sobre PIB, el actual 144 % que hay en este momento sobrepasa en nada más y nada menos que 84 puntos lo exigido en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento.

Hace unos meses los 27 países integrantes de la Unión Europea se reunieron para pactar la manera en que se reactivaría ese mismo Pacto de Estabilidad y Crecimiento: no se volvería a la “dacroniana” austeridad de 2010-14, pero tampoco se dejaría que la deuda de cada Estado miembro siguiera creciendo (ni siquiera que se quedara como estaba). Es más, se pactó que los países más endeudados (Grecia, Italia, Portugal, España y Francia, por este orden) irían poco a poco reduciendo su nivel de deuda sobre PIB, porque para eso se les había dejado estar en la moneda única, una divisa tan fuerte como el dólar o la libra esterlina.

Así, a Meloni le quedaban sólo dos posibilidades: o seguir gastando e ir al enfrentamiento con la Comisión Europea como ya hizo su actual viceprimer ministro Salvini entre 2018 y 2019, o seguir punto por punto lo exigido por las autoridades comunitarias. Con una diferencia muy importante: mientras que en la etapa del célebre enfrentamiento de Matteo Salvini con Jean-Claude Juncker el país seguía recibiendo las cantidades de dinero estipuladas desde hacía años, ahora Meloni se encontraba con la posibilidad de perder hasta 120.000 millones del “Recovery Fund”, consecuencia de la represalia tomada por la Unión Europea por no cumplir con las normas exigidas. 

Así que la euroescéptica Meloni pasó de un “plumazo” a ser una reconvertida europeísta, haciendo sencillamente irreconocible a la política romana de años anteriores y dando la impresión de que no era la “hija política” de Gianfranco Fini (¿cuándo dejarán de llamarla ultraderechista a una persona de impecable trayectoria democrática?), sino la nieta del mismísimo Alcide de Gasperi, no sólo ocho veces consecutivas presidente del Consejo de Ministros, sino también presidente de la Comunidad Europea para el Carbón y el Acero (CECA) entre 1953 y 1954). 

Y, al mismo tiempo, su ya citado viceprimer ministro Matteo Salvini, con los votos clave para tener “maggioranza” el centroderecha en el Parlamento, pasó de insultar a Juncker (que desde 2019 está retirado de la política) a aceptar todo lo exigido por su denostada UE. 

Y es que, no en vano, el líder de la Lega y político lombardo, tras haber sido concejal de la capital de Lombardía, eurodiputado, senador, dos veces viceprimer ministro y titular tanto de Interior como de Infraestructuras, sabe que, cuando Meloni no tenga más remedio que presentar su dimisión (lo que seguramente sucederá en la segunda mitad del año 2024), él tiene todas las papeletas de convertirse en el nuevo “premier”, porque en este momento, en el conjunto del centroderecha, no se vislumbra alternativa a su persona. Lo que, por cierto, supondría el peor “trago” para el presidente Mattarella: el veterano jurista y político siciliano tendría que encargar formar gobierno a un político sin carrera universitaria tras 33 “premiers” todos ellos con título universitario y, además, en uno de los países más cultos del continente europeo. Pero es lo que hay, y Mattarella lo sabe.

La realidad es que la economía transalpina presenta datos de crecimiento muy pobres: en los dos mejores trimestres del año (segundo y tercero), no sólo no ha crecido, sino que ha pasado a estar en negativo (el segundo trimestre se dio un -0,3% del PIB y ahora un 0). Meloni, por una sola décima, ha conseguido evitar la temida recesión “técnica” (dos trimestres consecutivos en negativo), pero la dinámica no es precisamente la mejor. Y eso que la vecina Alemania, con un -0,1% en el tercer trimestre, está peor aún, pero, claro está, los germanos tienen un 67% de deuda sobre PIB, con lo que tienen mucho más margen de gasto y de aplicar políticas sociales en momentos de dificultad como el actual.

Meloni sufre, en relación con ello, las consecuencias de dos circunstancias: la primera, el encarecimiento de las materias primas, muy necesarias para las industrias de Emilia-Romagna y, sobre todo, Lombardía y Véneto; y la segunda, la subida de los tipos de interés, que han sido de un nivel sencillamente descomunal. Recordemos que se ha pasado en un año del 0-5-1% a casi el 5%, y aunque la presidenta del BCE, Lagarde, asegura que no habrá más subidas, su homólogo en la Reserva Federal Estadounidense, Jerome Powell, ya he hecho saber que aún queda alguna subida más de esos mismos tipos de interés, todo ello con el fin de aplacar la subida del coste de la vida.

Lo segundo es ciertamente lo que más ha perjudicado al Gobierno Meloni, ya que con una deuda tan abultada hay que destinar mucho dinero en los Presupuestos Generales del Estado (PGE) solo a pagar intereses de la deuda. Pero no hay que olvidarse de otros gastos que le han perjudicado de manera muy significativa: si en 2023 hubo de gastarse 317.000 millones en pensiones, ahora la cantidad ascenderá a 340.000, lo que supone una subida de casi el 10%.

Así que parece claro lo que va a suceder: de aquí a finales de diciembre, se prevé un clima de relativa tranquilidad, con una prima de riesgo en este momento controlada (tras estar a punto de llegar a los 210 puntos básicos, ahora está bajando al entorno de los 190-192); pero, a partir de enero, con los nuevos presupuestos funcionando, y las consecuencias que de ello se derivan (congelación de pensiones cuando no bajada, subida de impuestos, creación de nuevas tasas, etc.), la misma Meloni que llegó a superar el 31% de apoyo entre los votantes irá viendo de qué manera menguan sustancialmente el número de personas que le siguen apoyando. 

Y eso que sus dos compañeros de generación (Salvini, nacido en marzo de 1973, y Renzi, que vino al mundo en enero de 1975) se encuentran en sus momentos más bajos de popularidad, con lo que en este momento no son rivales. Tanto es así que Salvini espera tranquilamente a que el Ejecutivo del que él mismo forma parte caiga antes o después (a él no le va a afectar esa caída porque dirige el ministerio de Infraestructuras, y le basta con decir que no ha recibido dinero para hacer todo lo que pensaba hacer), y Renzi ya está pensando en las elecciones europeas de junio de 2004 para intentar convertirse, seguramente, en el primer italiano que desempeña el puesto de presidente del Consejo Europeo (aunque haya más posibilidades, como ser vicepresidente de la Comisión o dirigir una comisaría fuerte como Asuntos Económicos o Competencia, o incluso dirigir la diplomacia europea, dado su perfil cada vez más internacional).

En realidad, Meloni sufre, como tantos otros que estuvieron antes que ella al frente de la Presidencia del Consejo de Ministros, el hecho de que la deuda pública se disparara en los años setenta y ochenta del siglo pasado. Lo que supone que cada vez haya menos dinero para invertir en nuevas industrias; para financiar nuevas infraestructuras; y, en suma, para modernizar el aparato productivo de un país que aún sigue siendo miembro del G-7 (las siete economías más poderosas del mundo). 

Y eso que, como ya se ha señalado aquí en más de una ocasión, posee un buen ramillete de ministros competentes: Tajani en Asuntos Exteriores, Nordio en Justicia, Crosetto en Defensa e incluso Fitto en la gestión de los fondos europeos son buenos ejemplos de lo dicho anteriormente. Pero, cuando duele el bolsillo, no hay gobierno que se salve, y menos en un país que lleva casi 70 Ejecutivos en 77 años de historia republicana. 

Sólo nos queda una pregunta por hacer: ¿entre noviembre y diciembre, esto es, los meses en que el Parlamento nacional tiene que aprobar definitivamente los Presupuestos Generales del Estado (PGE), se atreverá Meloni a hacer cambios en el sentido de aumentar el gasto público, saltándose las reglas de deuda y déficit? Da la impresión de que no será así, pero dejemos que el paso del tiempo lo confirme. 

Pablo Martín de Santa Olalla Saludes es profesor en la Universidad Camilo José Cela (UCJC) y autor del libro “Italia, 2018-2023. De la esperanza a la desafección” (Madrid, Líber Factory, 2023).