Opinión

Pedro Sánchez nombra un diplomático afín al PSOE como embajador en Rabat

El presidente Pedro Sánchez con el primer ministro, Aziz Akhannouch - PHOTO/Pool Moncloa-Borja Puig de la Bellecasa
photo_camera El presidente Pedro Sánchez con el primer ministro, Aziz Akhannouch - PHOTO/Pool Moncloa-Borja Puig de la Bellecasa

El presidente español Pedro Sánchez ha impuesto al Consejo de Ministros el nombramiento de Enrique Ojeda Vila como nuevo embajador en Marruecos, en sustitución de Ricardo Diez Hochleitner, que llevaba en el puesto ocho años. La designación de Enrique Ojeda ha causado estupor e incomprensión en los medios políticos y diplomáticos marroquíes.

El puesto de embajador ante el Reino de Marruecos tiene para España carácter estratégico, para muchos expertos incluso más importante que la de los pesos pesados de la diplomacia española en Washington, Bruselas, la OTAN, la OCDE, Londres, París, Moscú o Beijing. 

Tradicionalmente el Gobierno español ha sido muy cuidadoso en el nombramiento del embajador en Rabat, a menudo vinculado a la Casa Real, y en general con dilatada experiencia en puestos clave de la política internacional y la diplomacia. 

Pedro Sánchez ha roto con esta tradición, al nombrar a un diplomático cuyo único vínculo con Marruecos y el Magreb ha sido su paso en 2004 por la Fundación Tres Culturas del Mediterráneo, organismo que gestionan juntos España y Marruecos pero que no infiere en los asuntos internos del país vecino, ni en los temas de geopolítica y relaciones internacionales. 

Por otra parte, la experiencia diplomática de Enrique Ojeda se limita a países latinoamericanos, como El Salvador, Bolivia y Chile, donde ha pasado diez años en conjunto, y con los que España tiene relaciones de segundo nivel; carrera latinoamericana que culminó con los tres años recientes pasados a dirigir Casa América en Madrid. 

La única explicación que se da en Rabat al nombramiento de Enrique Ojeda como nuevo embajador, es que seguirá fielmente las directivas de Pedro Sánchez, que será quien desde la Moncloa asuma directamente las riendas de las relaciones con Marruecos, en persona o por medio de su primer círculo. El ministerio de Exteriores que lleva José Manuel Albares. Bueno será una simple caja de resonancia y de gestión de asuntos menores. 

Algunos diplomáticos que conocen bien el entresijo de las relaciones hispano-marroquíes creen que el presidente Sánchez ha cometido un error al privar al Palacio Real marroquí de un puente directo con la Casa real española y las altas esferas del Estado. 

El rey Mohamed VI nombró como sus representantes directos a los dos últimos embajadores en España, la actual en el puesto Karima Benyaich y el anterior su hermano Fadel Benyaich, con quienes el Rey y sus hermanas convivieron muchos años en el Palacio Real donde realizaron sus estudios y su formación. 

Rabat esperaba otra cosa. ¿Ha sido ésta una nueva metedura de pata? Pedro Sánchez sigue jugando con fuego con Marruecos, y parece no darse cuenta.