La conmoción por el atentado terrorista de Sídney no impidió una Janucá multitudinaria en Madrid
Así lo proclamaron tanto la presidente de la Comunidad Judía de Madrid, Estrella Bengio, como el alcalde de la capital, José Luis Martínez Almeida. Pero, lejos de atemorizar y retraer a unos y a otros, el comienzo de la festividad en el recinto de los Jardines de Cecilio Rodríguez en el Parque del Retiro registró la asistencia más numerosa de los últimos años.
Cierto es que, como recordó al alcalde, “es anormal que las familias hayan de reunirse para esta fiesta en un recinto cerrado y con excepcionales medidas de seguridad”, abogando porque pueda volver a su escenario habitual, al aire libre y en la Plaza de la Villa de Madrid, de forma que todo el pueblo pueda participar libremente en una fiesta conmemorativa sobre todo de una parte de sus vecinos, “judíos pero tan españoles y madrileños como los demás, sean de las ideas y creencias que sean”, subrayó el regidor de la ciudad.
Almeida recalcó su apoyo a la comunidad judía “para defender su derecho a tener un país, la convivencia en paz y la lucha por la libertad y los derechos humanos. Frente a la oscuridad y el terror, Madrid lanza un mensaje de convivencia y acogimiento celebrando actos como este”.
Janucá es una de las celebraciones más entrañables y luminosas del calendario judío. Conmemora la victoria de los macabeos sobre el imperio seléucida de Antioco IV Epífanes, alrededor de los años 165-164 a.C. Y recuerda el milagro del aceite, cuando una pequeña cantidad, suficiente para un solo día, mantuvo encendida la llama del Templo durante ocho jornadas completas. Encender cada vela hoy es, pues, un homenaje a aquella resistencia, a la esperanza que renace y a la luz que se comparte.
El encuentro, coorganizado también por el Centro Sefarad-Israel, dirigido por José Thovar, constituye una invitación a vivir la tradición en comunidad. Así, año tras año, Janucá recuerda la importancia de la memoria, la libertad y el espíritu de convivencia.
En la celebración madrileña se evocó el hecho de que este diciembre sea una temporada festiva única, en la que coinciden Janucá y Navidad, que en el caso de Israel se traduce en la iluminación de norte a sur del país de muchas ciudades, con mercados, espectáculos y celebraciones multiculturales, en las que se resalta la convivencia entre tradiciones judías y cristianas, creando un ambiente luminoso, alegre y acogedor.
Jerusalén reclama así convertirse en el epicentro de luz y espiritualidad, con ceremonias de encendido de la menorá durante los ocho días de Janucá, mercados navideños en la Puerta Nueva y una decoración multicolor que envuelve la Ciudad Vieja y el Barrio Cristiano.
