Opinión

COP28, entre la decepción o adoptar medidas trascendentales

PHOTO/PIXABAY - Dubai destaca económicamente en los EAU
photo_camera PHOTO/PIXABAY - Dubai destaca económicamente en los EAU

En las pasadas cumbres climáticas de Glasgow y de Sharm el-Sheij la comunidad internacional fue incapaz de alcanzar objetivos creíbles y realistas: ni cifras ni plazos, cerrándose ante la promesa de los países representados de abordar mayores compromisos en materia de mitigación de las emisiones dañinas y financiación para ayudar a los países menos favorecidos a compensar su hipotética renuncia a desarrollarse contaminando. La nueva cumbre, que se celebra en Dubai a partir del 30 de noviembre, tendrá aún menos margen si cabe para resolver el cada vez más acuciante dilema: seguir con regates y dilaciones que permiten los fuertes incrementos de temperatura del planeta a través de los gases de efecto invernadero, o tomar de una vez las decisiones drásticas que se imponen.  

Principal combustible contaminante, el hecho de que el encuentro se celebre en un país gran productor de petróleo y que el presidente de la cumbre sea el Sultán A-Jaber, ministro de Tecnología e Innovación de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) y máximo dirigente de la Compañía Nacional de Petróleo de Abu Dabi, pudiera facilitar la conclusión de un acuerdo firme para que el calentamiento global frene el brutal incremento registrado en los últimos años. Pero, también es innegable la desconfianza que a priori manifiestan la práctica totalidad de las organizaciones ecologistas, además de la sociedad civil de países que exigen su derecho al desarrollo, aduciendo implícitamente que no son ellos los culpables del mayor desafío al que hace frente el planeta en su conjunto, sino las grandes potencias industriales que han logrado su actual nivel de riqueza y desarrollo a través de contaminar sin descanso a lo largo del último siglo y medio.  

En esa línea reivindicativa, Brasil presentará la idea más original y arriesgada en términos de costes: la creación de un fondo que ayude a preservar los bosques y selvas tropicales que aún se asientan en unos treinta países del mundo. Luiz Inácio Silva da Silva, presidente del país, presentará su ambicioso proyecto, que consistirá en un mecanismo de pago por hectárea de bosque tropical todavía en pie. Financiado por una institución financiera multilateral, Lula pretende que tal fondo sea un activo lo suficientemente convincente para que los gobiernos de los países concernidos acaben de raíz con la sistemática tala de árboles tropicales.  

Anunciada tal propuesta por la ministra brasileña de Medio Ambiente, Marina Silva, el punto fuerte de la misma vuelve a centrarse una vez más en “las compensaciones que los países industrializados deben asumir por su responsabilidad en la contaminación y deforestación, de manera que esa financiación contribuya a preservar lo que aún queda e incluso a favorecer una vuelta al crecimiento de tales selvas tropicales”.  

Lula se presentará en la cumbre con cifras que demostrarían que Brasil ha frenado en el año que lleva del presente mandato la abrupta deforestación de la selva amazónica. Según el informe anual del Observatorio del Clima, Brasil habría emitido a la atmósfera 9,4 billones de toneladas de gases de efecto invernadero durante el período 2019-2022, los cuatro años que coinciden con la presidencia de Jair Bolsonaro, aun cuando en el último de tales años las emisiones del país habían retrocedido un 8%.  

El actual presidente de Brasil también mostrará que se puede superar la tradicional hostilidad entre conservacionistas y explotadores ganaderos que queman la selva para hacer sitio a los pastos. ¿Cómo? Rehabilitando las zonas del país que poseían grandes extensiones de pastos y que ahora están degradadas, pero que poseen muchas potencialidades para diferentes cultivos. Así, según el Ministerio de Agricultura de Brasilia, el país acrecerá en diez años sus tierras cultivables de los 65 millones de hectáreas actuales hasta los 105 millones, mediante una inversión de unos 115.000 millones de euros. Y, obviamente, esa arquitectura y ese dinero quiere Lula que sean abonados por las potencias más industrializadas.  

Por parte de la Unión Europea, el comisario del Clima y negociador principal de la COP28, Wopke Hoekstra, se siente convencido de que la cumbre debe acelerar las medidas prácticas en materia de mitigación, adaptación, perdidas y daños y financiación de la lucha contra el cambio climático, al tiempo que fomentar una COP28 que no deje a nadie atrás. Objetivos que el Sultán Al Jaber dice compartir, al tiempo que ha instado a ultimar el primer balance mundial en el marco del Acuerdo de París. Este debería constituir un punto de inflexión en materia de acción por el clima en esta década en la que estamos, crucial para configurar de una vez la acción para seguir habitando y disfrutando del único planeta que aún tenemos para vivir.