Cuenta atrás para el cierre nuclear… o su vida nueva
El cual sumió a la península ibérica en la más completa oscuridad. Pero, si cabe extraer ya alguna enseñanza de aquel episodio si se quiere que el país no repita aquella imagen tercermundista, es que el llamado mix energético no puede prescindir de la noche a la mañana de una de sus fuentes de energía más estables y hoy demostradamente más limpias y seguras. Algo que reconoce incluso Teresa Ribera, la exvicepresidenta del Gobierno, enérgica militante antinuclear, pero conversa hacia sus bondades, por ejemplo, en Francia, tan pronto como se acomodó en su poltrona de la Comisión Europea.
Sí, estamos hablando de la nuclear, energía que tan mala fama cosechó, tanto porque el gran público asoció su origen a las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki como a los primeros accidentes acaecidos en las primeras centrales, y, sobre todo, tras el desastre de Chernóbil, si bien este último no se ha explicado suficientemente bien porque aquella central ucraniana no estaba enfocada a la producción comercial de electricidad sino a la producción de bombas, diferencia más que sustancial.
Un grupo de periodistas de la Asociación de Periodistas Europeos (APE) hemos visitado y recorrido la central nuclear de Almaraz, cuyos dos reactores están sentenciados a apagarse en 2027 y 2028 respectivamente. Pareciera, pues, una contradicción que esta central, propiedad de Iberdrola, Naturgy, Endesa y EDP, esté invirtiendo 50 millones de euros en la mejora, actualización y modernización de los equipos de la planta.
Puesta a punto que significa ni más ni menos que llevar a su nivel óptimo unas instalaciones que su gemela de North Anna (Virginia, EE. UU.) operará durante los próximos 80 años. Digamos a este respecto que, en los Estados Unidos, además de la central de North Anna hay otros siete reactores para funcionar hasta el año 2105 mientras que existen otros ochenta reactores para hacerlo hasta 2085.
Situada en Extremadura, Almaraz cubre el 7 % de la demanda eléctrica nacional, o sea la equivalente anual de 4 millones de hogares españoles. Además, junto a la de Trillo, situada en la provincia de Guadalajara, tiene como principal destino de su producción a la Comunidad de Madrid, cuyas necesidades de energía, lejos de disminuir en los próximos años, puede multiplicarse, tanto por el aumento poblacional como por las perspectivas de instalación de centros de datos, grandes consumidores de energía e imprescindibles motores del desarrollo del futuro inmediato.
El anuncio del cierre de esta y otras centrales, decisión basada más en los clichés del pasado que en la estricta realidad de la seguridad de la producción de esta energía, ha provocado la correspondiente convulsión, no sólo en sus principales clientes sino también en la región en la que se asienta. Importante foco de desarrollo económico y social genera 3.000 empleos de muy alta cualificación. Los trabajadores españoles de la industria nuclear están considerados entre los mejores del mundo, así lo acredita la Asociación Mundial de Operadores Nucleares (WANO), con sede en París, y que por dos veces consecutivas ha otorgado el nivel de excelencia a Almaraz. En la hipótesis de que se consumara el cierre, tal y como está previsto, pero en un futuro, y conforme a la tendencia mundial de potenciar tanto las grandes como las centrales más pequeñas, se decidiera recuperar el tiempo y las instalaciones perdidas, la fuga de ese talento sería muy difícil de colmar, más aún cuanto que estos técnicos han de actualizar continuamente sus estudios altamente especializados a lo largo de toda su vida profesional.
El conjunto de las plantas nucleares en funcionamiento en España aporta el 20 % del total de la energía nacional, un negocio por el que pagan una fiscalidad de 1.600 millones de euros. Cifra que los operadores consideran asfixiante. De ellos, Almaraz aporta en tributos 435 millones de euros, tras la subida del 30% de la tasa de ENRESA, de los que alrededor de 100 millones corresponden a Extremadura. Estas cantidades superan a todos los costes operativos juntos, lo que ha hecho plantearse a los dirigentes de estas empresas el cierre de estas por manifiesta falta de rentabilidad y trabajo a pérdidas.
Que las distintas fuerzas políticas, económicas y sociales de las regiones en que las centrales están asentadas, principalmente en Extremadura, productora y exportadora de seis veces más de la energía que consume, cabe interpretarse como una llamada a que se reconsidere el abandono de la energía nuclear. Máxime cuando se contempla el ejemplo de Alemania, cuyas centrales fueron cerradas por la canciller Angela Merkel, y cuya producción ha sido sustituida, -¡oh, sorpresa! - quemando carbón y gas, o sea lanzando a la atmósfera miles de millones de toneladas de CO2.
Y, en fin, no menos importante es la cuestión de los residuos, hoy almacenados en una zona especial de cada central en funcionamiento, una vez desechada la opción de un almacén temporal centralizado en Villar de Cañas (Cuenca). ¿Qué pasaría con tales residuos, una vez cerrada la central y desmontados todos sus elementos? ¿Habría que mantener eternamente una zona exclusiva, mantenida y vigilada sin posibilidad de darle otros usos a los terrenos abandonados?
De momento, a día de hoy los ciervos pastan libremente por los alrededores de la central de Almaraz. Apenas quedan unos meses para que la decisión de cierre sea irreversible por las medidas previas a adoptar. Por ejemplo, nadie renovaría contratos de compra de combustible (uranio) sabiendo que la central se cierra y tal material no sería ya de utilidad, ni tampoco la convocatoria de los obligados cursos de varios años de especialización específica para ingenieros.
Va siendo hora de perder el miedo a la energía nuclear, incrustado por imágenes asociadas a la destrucción y contaminación eterna. Visitar y recorrer Almaraz, respetando sus estrictas medidas de seguridad, se consuma con una medición corporal que apenas arroja la radioactividad contraída en una mínima sesión para hacerse una placa de rayos X.
Los beneficios están contrastados. Y, aunque el riesgo cero no existe, en esta central han implantado un programa denominado Plan A-CERO (Cero accidentes). Desde que hace casi quinientos días, en que un trabajador se hizo un esguince bajando unas escaleras, la central no ha registrado accidente alguno, lo que la lleva a presumir de haberse erigido como un referente internacional en Prevención de Riesgos Laborales en el sector nuclear.
