Nigeria, en el punto de mira de Trump por las matanzas de cristianos
Tampoco son muchos los países occidentales en los que se produzca una defensa cerrada de sus valores. Muy a menudo, la indiferencia, cuando no una ostensible hostilidad hacia las tragedias que sufren y padecen los cristianos, a veces incluso en sus propios países desarrollados, son las reacciones más habituales.
Expuesto ese contexto, ha causado enorme sorpresa que el mismísimo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, haya amenazado a Nigeria con intervenir militarmente si prosigue el asesinato sistemático de cristianos a manos de “islamistas radicales” en el país más poblado de África. Con el lenguaje brutal que le caracteriza, Trump escribía en su propia red, Truth Social, que “Estados Unidos podría entrar ahora en ese vergonzoso país pegando tiros para erradicar completamente a los terroristas islámicos, que están perpetrando estas terribles atrocidades”.
Para reafirmar su plena disposición a cumplir su amenaza, Trump recalcaba “haber ordenado a nuestro Departamento de Guerra (nueva denominación oficial del de Defensa) que se prepare para una intervención”, matizando que “si atacamos será de una manera rápida, violenta y tajante, al igual que los ataques que efectúan los matones terroristas contra nuestros queridos cristianos”.
La redacción de este mensaje denota que Trump ha leído los últimos informes de diversas organizaciones, y que le han transmitido algunos congresistas de su Partido Republicano. Sin duda le han llegado las conclusiones del elaborado por la ONG International Society for Civil Liberty and the Rule of Law Intersociety, en el que se asegura que más de 20.000 cristianos han sido masacrados en el sureste de Nigeria desde 2015. Asegura el informe que los asesinatos fueron perpetrados por diversas organizaciones yihadistas sí como por el Ejército nigeriano desplegado en la zona, al que culpa directamente de casi la mitad de esa cifra de muertos.
Esta organización, fundada por el abogado Emeka Umeagbalasi, perteneciente a la etnia igbo, sigue el modelo de Peter Benenson, el católico converso que fundara Amnesty International durante la Guerra Fría. También según su informe, en los primeros 220 días del presente año 2025 han sido asesinados 7.000 cristianos en Nigeria. En una contabilidad más amplia, en concreto desde 2009, año en que Boko Haram, adherida a Al Qaeda, empezara sus actividades terroristas, tanto en Nigeria como en sus regiones vecinas del Sahel, más de 12 millones de personas han sido desplazadas y 189.000 civiles asesinadas, de ellas 125.000 cristianos.
En mayo de este mismo año, en un encuentro de líderes cristianos celebrado en Nairobi, Joshua Williams, director para África de la ONG Open Doors, contabilizaba en los últimos veinte años 19.000 iglesias y capillas asaltadas y total o parcialmente destruidas en el continente africano, y, de ellas, 15.000 estaban situadas en Nigeria. Esta organización, de inspiración protestante, denunciaba asimismo que solo en 2024 más de 4.500 cristianos fueron asesinados “por su fe” en doce países del Sahel, 114.000 obligados a huir, 16.000 casas destruidas y 1.700 templos dañados.
Con todos estos datos, el presidente Donald Trump ha designado a Nigeria como “país particularmente preocupante”, alegando que su población cristiana sufre una amenaza existencial, y culpando directamente de ello a los islamistas radicales. “Estados Unidos no puede permanecer impasible ante estas atrocidades que se cometen en Nigeria y en muchos otros países”, añadió.
Que sus duras advertencias han causado impacto en la capital nigeriana lo demuestra la reacción del presidente del país, Bola Tinubu, al manifestar su disposición a “profundizar el entendimiento y la cooperación para la protección de todas las comunidades y religiones”. Al ser declarado país particularmente preocupante, Nigeria es susceptible de ser objeto de imposición de sanciones internacionales, reducción de la ayuda militar y prohibición de viajar al extranjero de los cargos públicos nigerianos considerados responsables de las masacres.
Sin negar la existencia de los asesinatos y demás violaciones, publicaciones como Afrique XXI.Info, cuestionan la exactitud de las cifras mencionadas en los informes. Uno de sus analistas, Marc-Antoine Pérousse de Montclos, especialista de la violencia en África, advierte de la imposibilidad de distinguir con precisión a las víctimas, y agruparlas por causa de su fe, del bandidaje o de los choques étnicos. Máxime cuando, según el citado especialista, “en Nigeria no existen registros policiales ni estadísticas oficiales fiables”.
En todo caso, y al menos por unos días, la incuestionable tragedia que sufren las comunidades cristianas en muchos lugares del mundo ha merecido la atención del hombre considerado más poderoso del orbe, y por consiguiente de quienes se encogían de hombros en las sociedades occidentales, preñadas del relativismo “woke” hacia las creencias y valores cristianos de su propia civilización.
