Otra manera de hacer las cosas, el gran acuerdo UE-India
Después de casi dos décadas de negociaciones, con sus correspondientes altibajos, la Comisión Europea, que tiene las competencias en materia de Comercio, y el Gobierno de India han concluido “la madre de todos los acuerdos comerciales”, que supondrá una notable mejora tanto para los más de 450 millones de europeos como para los casi 1.500 millones de habitantes del país más poblado de la Tierra. O sea, un tratado que afecta a 2.000 millones de personas, es decir a uno de cada cuatro de los individuos que pueblan nuestro planeta.
Gran parte del mérito de la conclusión de este acuerdo hay que anotárselo al hombre más poderoso de la Tierra, el presidente norteamericano Donald Trump, cuya manera de concebir las relaciones internacionales ha situado a pueblos y dirigentes de todo el mundo en la incertidumbre, el alarmismo y el temor al futuro más inmediato.
El marcado libre que genera este acuerdo parte de un intercambio comercial de 180.000 millones de euros (cifra correspondiente a 2024, la última oficial disponible), cantidad que la Unión Europea considera que se habrá duplicado en 2032, gracias a la eliminación total o reducción de aranceles que sufrían hasta ahora las exportaciones de la UE a India.
Las reducciones supondrán de inmediato una rebaja de más de 4.000 millones en los aranceles que gravaban a los productos europeos, entre ellos el vino y el aceite españoles. Ambas joyas agroalimentarias van a abaratarse en el populoso mercado indio; el vino pasará a pagar un arancel del 150% al 30% mientras que el aceite verá desaparecer por completo el 55% con el que era gravado hasta ahora. Otros productos agroalimentarios de gran consumo como la pasta o el chocolate verán desaparecer por completo sus actuales gravámenes del 50%.
La Comisión Europea ha logrado mantener la protección de los productos más sensibles, en concreto las carnes de pollo y vacuno, así como el arroz y el azúcar, que serán objeto de negociaciones posteriores hasta lograr también su integración en el acuerdo firmado entre Ursula von der Leyen y Antonio Costa, de una parte, y Narendra Modi, jefe del Gobierno indio, de otra.
Tanto la presidente de la Comisión Europea, como el presidente del Consejo Europeo se resarcen así del “revés” sufrido por la remisión por parte del Parlamento Europeo al Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) del Acuerdo UE-Mercosur, un hito también en la historia del comercio mundial (zona de libre comercio para 700 millones de personas de una y otra orilla del Atlántico), pero que podría quedar en barbecho si se demorara mucho tiempo su entrada en vigor real, a causa del tiempo que tarde el TJUE en decidir si el acuerdo UE-Mercosur es o no acorde a los tratados de la Unión.
Ambos acuerdos son integrales, de manera que no afectan exclusivamente a un solo sector. En el caso del de la UE-India, también la industria europea va a salir muy beneficiada. Los aranceles a los automóviles se irán rebajando gradualmente del 110% actual al 10% en un máximo lapso de diez años. También se reducirán drásticamente o incluso se eliminarán por completo las tasas que sufren los bienes de equipo, los químicos y los farmacéuticos.
En definitiva, la UE se está buscando la vida, una vez que ya ha comprendido que el íntimo amigo y aliado americano cumple su palabra de “America First”, aunque sea pasando por encima del cadáver de su mejor amigo. Sabiendo, además, que campando cada uno de los Veintisiete por sus respetos, todos serían presa fácil del gigante americano.
Manda asimismo un mensaje a EEUU y al resto del mundo de que las cosas pueden hacerse de otra manera, mediante el diálogo, la cooperación y unas reglas respetadas por todos. O sea, la UE ha decidido, por fin, empezar a hablar el lenguaje del poder, que lo tiene, y salir de su abatimiento y propensión al vasallaje.
Por cierto, los agricultores españoles han anunciado para el mes de febrero una “invasión” de Madrid con miles de tractores. Aún cuando no se cuestionen sus legítimas reivindicaciones, alguien debería persuadirles de que el proteccionismo salvaje, de manera semejante al que está instaurando Trump, no es en absoluto la mejor solución para competir en un mundo globalizado e, incluso a su pesar, integrado.
