Afganistán año dos: crisis humanitaria, violación de los derechos humanos y apartheid de género

REUTERS/ALI KHARA - Un combatiente talibán hace guardia en el lugar donde un vehículo cargado de explosivos detonó en medio de un ataque a un templo sij en Kabul, Afganistán, el 18 de junio de 2022
REUTERS/ALI KHARA - Un combatiente talibán hace guardia en el lugar donde un vehículo cargado de explosivos detonó en medio de un ataque a un templo sij en Kabul, Afganistán, el 18 de junio de 2022

Este documento es copia del original que ha sido publicado por el Instituto Español de Estudios Estratégicos en el siguiente enlace.

El 15 de agosto de 2021, los talibanes entraban en Kabul y se hacían de nuevo con el poder tras dos décadas de intervención internacional, gobiernos fallidos e innumerables sacrificios. Dos años después, nos encontramos ante un apartheid contra las mujeres, a las que los talibanes han echado del espacio público, represión e innumerables prohibiciones. La democracia y el pluralismo han sido erradicados. Hay una mayor seguridad, a pesar de unos pocos focos de resistencia en algunas zonas y los atentados del autoproclamado Estado Islámico del Gran Jorasán o ISKP. El régimen no ha caído y parece inevitable su control sobre Afganistán en un futuro previsible. La Organización Mundial de la Salud ha repetido su advertencia sobre el aumento imparable de la crisis humanitaria en el país asiático. Se calcula que casi 30 millones de personas necesitan ayuda inmediata.

Introducción

Desde que los talibanes recuperaron el poder, con la toma de Kabul, el 15 de agosto de 2021, han ido afianzando un régimen totalitario, misógino y contrario a los derechos humanos más básicos, mientras las condiciones de vida para la población, especialmente para las mujeres, han empeorado día a día. Sus acciones vienen mostrando que su radicalismo religioso, social o político es semejante al de los talibanes de los 90 del pasado siglo.

Su principal objetivo, a nivel externo, es lograr el reconocimiento internacional y el desbloqueo de las reservas afganas congeladas en el exterior. El poder y la toma de decisiones residen en el hombre fuerte de los talibanes, el mulá Hibatullah Akhundzada, y en la facción de Kandahar, la más extrema. No están dispuestos a ceder en su fin de imponer un emirato islámico radical, con las mujeres y niñas condenadas al ostracismo.

Pero a pesar de las restricciones, en Kabul1, se ven mujeres por la ciudad, sobre todo en el barrio hazara. En general, no llevan burka, pero sí hijab y vestimenta negra, como imponen los talibanes, aunque no son pocas las que desafían la dictadura talibana con ropa de distintos colores y cubriendo su cabeza con una dupata o pañuelo. A muchas se las ve solas o con otras mujeres, sin mahram (acompañante masculino de la familia), imprescindible para poder viajar, aunque tampoco tienen muchos sitios a los que ir.

No hay hombres que vistan a la occidental, ahora todos usan el shalwar kameez, un conjunto tradicional de pantalón holgado y túnica, como ordenan los cánones de los talibanes. La cuestión de la vestimenta no es un tema baladí en la historia de Afganistán, sobre todo en Kabul. Es también un símbolo del progreso o del retroceso o estancamiento de los procesos de modernización. El rey Amanullah ya intentó en los años 20 del siglo pasado un programa de reformas y modernización en el que se incluían la supresión del velo y la orden de vestir ropa occidental en Kabul. Fueron su reflejo simbólico, aunque al final, «el resentimiento creció entre los líderes religiosos conservadores, las tribus y los miembros disidentes de la familia real»2. Las reformas acabaron costándole el trono.

A primera vista, hay menos controles que antes y se percibe menos tensión. Pero es una falsa seguridad porque, en cuanto se empieza a rascar la superficie, emergen el temor y el terror en una gran parte de la población. Los talibanes han venido para quedarse, al menos de momento. Y hay una diferencia fundamental con el Afganistán de su anterior periodo: Kabul y otras ciudades han sido reconstruidas, los talibanes se han encontrado con ministerios y despachos acondicionados, con coches modernos y armamento abandonado por los norteamericanos y se encuentran muy cómodos en estas nuevas circunstancias. Pero tienen enfrente a una población que, en estos últimos 20 años, ha disfrutado, sobre todo en las ciudades, de cierta libertad y derechos que no están dispuestos a perder. Están hartos de guerras y la resistencia armada, como la que lidera Ahmad Masood, el hijo del legendario Ahmad Sha Masood, el León del Panjshir, asesinado por Al Qaeda dos días antes de los atentados del 11-S, difícilmente podrá avanzar sin apoyos del exterior3.

Los afganos se sienten abandonados por una comunidad internacional que se fue sin mirar atrás. «El mundo y nuestros vecinos han sido muy injustos con Afganistán», denuncia la activista de los derechos de la mujer, Mahbouba Seraj4. «La comunidad internacional hizo una gran promesa al pueblo afgano. Dijo: vamos a desarrollar y rehabilitar el país y a proporcionar un buen gobierno para el pueblo. Y un día abandonaron al pueblo de Afganistán», añade Muhammad Yousef, fundador y director de la ONG Aschiana5.

No quieren volver a las armas, pero piden una mayor presión sobre los talibanes para que no acaben con la limitada libertad de la que disponían y respeten sus derechos humanos. Algunos, sin embargo, ya reconocen que, si hace falta volver a la lucha, lo harán, aunque son conscientes de que, por ahora, no contarían con ayuda ni apoyo del exterior. La Misión de Asistencia de Naciones Unidas a Afganistán (UNAMA) ha continuado recibiendo denuncias de abusos y violaciones de derechos humanos, cometidos incluso contra antiguos funcionarios del gobierno y personal de seguridad, en violación de la amnistía general anunciada en agosto de 2021.

Las autoridades aseguran tener buenos resultados en materia de ingresos y comercio y haber reducido la corrupción e incrementado la erradicación de los campos de adormidera. Entre los artículos de The Kabul Times, publicación que el régimen talibán utiliza para «vender sus logros» y decisiones en inglés6, predominan las informaciones sobre nuevos proyectos, avances en las relaciones comerciales, acuerdos con países y compañías extranjeras, buenas relaciones con los vecinos o críticas a UNAMA por sus informes negativos, etc. Sin embargo, las previsiones indican perspectivas limitadas de crecimiento y de reducción de la pobreza. La inversión en desarrollo es muy escasa y millones de afganos dependen de la ayuda internacional. La crisis humanitaria no tiene precedentes, con un riesgo muy real de colapso sistémico y catástrofe humana.

Ha habido un rápido declive económico, hambre y riesgo de malnutrición, inflación, aumento drástico de la pobreza tanto urbana como rural, un sistema de salud pública casi colapsado, asfixia de los medios de comunicación y de la sociedad civil, una exclusión casi total de las mujeres y niñas de la vida pública y fuertes limitaciones o cierre de las organizaciones de derechos humanos. En este 2023, 28,3 millones de personas (dos tercios de la población) necesitan ayuda humanitaria urgente para sobrevivir. El país está en su tercer año consecutivo de sequía y sigue sufriendo los efectos de 40 años de conflicto y desastres naturales recurrentes. Además de unos costes humanos inimaginables, esta crisis está revirtiendo muchos de los logros de los últimos 20 años.

Represión y violación de los derechos humanos

Desde su llegada al poder, los talibanes no han dejado de cometer violaciones de derechos humanos y han impuesto un régimen de miedo y terror. Han sometido con total impunidad a ejecuciones extrajudiciales, detenciones arbitrarias, tortura y detenciones ilegales a quienes consideran sus oponentes. Se han llevado a cabo ejecuciones y flagelaciones públicas para castigar delitos tales como el asesinato, el robo, las relaciones «ilegítimas» o la infracción de normas sociales7.

Según un informe8 de la organización afgana Rawadari, en el primer semestre de 2023,
«los atentados terroristas y los conflictos armados han disminuido en comparación con años anteriores, lo que ha provocado menos víctimas civiles. Sin embargo, otras formas de violación de los derechos humanos, especialmente las ejecuciones selectivas y extrajudiciales, siguen siendo frecuentes y las llevan a cabo tanto talibanes como desconocidos». Además, han impuesto cada vez más restricciones a la vida de los ciudadanos, siguen reprimiendo con violencia protestas y concentraciones pacíficas y
«han llevado a cabo detenciones arbitrarias e ilegales de exfuncionarios, manifestantes, activistas de derechos humanos, periodistas y opositores políticos»9. La población vive en un ambiente de represión y asfixia. «La tortura y los malos tratos a prisioneros y la aplicación de castigos crueles e inhumanos son otros de los graves casos de violaciones de derechos humanos cometidos por los talibanes»10. Esta investigación también concluye que estos han continuado con su venganza contra antiguos empleados del anterior gobierno.

En su informe de agosto de este año, UNAMA asegura que al menos 218 exmilitares y exfuncionarios han sido asesinados en ejecuciones extrajudiciales desde la toma del poder por los talibanes, a pesar de la amnistía general ordenada por su líder supremo, junto a otra orden contra la tortura o los malos tratos a personas detenidas. «En la mayoría de los casos, los individuos fueron detenidos por las fuerzas de seguridad, a menudo brevemente, antes de ser asesinados», denuncia UNAMA11. El Ministerio de Asuntos Exteriores talibán asegura que no conoce ningún caso de incumplimiento de la orden y que si se produjera alguno, se investigaría. «Ningún militar de la anterior Administración ha sido arrestado, detenido o torturado por sus actividades en las instituciones de seguridad», afirma en una declaración que la ONU publica en su informe. Naciones Unidas no oculta su preocupación ante la impunidad con la que actúan los talibanes. Se han contabilizado al menos 800 incidentes de violaciones de derechos humanos contra exfuncionarios y exmilitares, incluidas detenciones arbitrarias, desapariciones y torturas. Ya hay establecidos por todo el país tribunales islámicos que aplican la sharía o ley islámica de acuerdo con la interpretación extremista de los talibanes.

«Parece que hay un cierto conformismo de la comunidad internacional con el gobierno que actualmente rige los destinos de Afganistán. Hay una cierta resignación. Se hizo un gran esfuerzo militar y de desarrollo. Algo se hizo claramente mal porque eso no caló en la sociedad afgana. Y a la vuelta de unos años, los talibanes recuperaron el poder»12, afirma Carlos Castresana, fiscal español especializado en derecho internacional de los derechos humanos. Y, prosigue, se trata de un régimen autoritario con una autoridad religiosa que está en Kandahar más que con la autoridad política que está en Kabul y que de plano han retirado a las mujeres la condición de seres humanos.

El apartheid de género

La represión de las mujeres empezó desde el mismo momento de su llegada al poder y había sido ya implementada en las zonas, sobre todo rurales, que habían ido cayendo bajo el control talibán en los últimos años. Cerraron el Ministerio de Asuntos de la Mujer y lo sustituyeron por el Ministerio de Propagación de la Virtud y Prevención del Vicio, que emite decretos restrictivos y abusivos sobre los derechos de las mujeres y las niñas.

Cuando las mujeres protestan, les responden con detenciones ilegales o se las reprime con violencia.

No impusieron el burka, contrariamente a lo que hicieron en los 90, en un intento de no provocar la ira internacional, pero las mujeres han de ir tapadas con hijab negro. En Kabul, muchas, en lo que podría ser símbolo de callada rebeldía, no lo respetan del todo y esto enfurece a los talibanes. Algunos han dicho que no habrá enseñanza secundaria ni universitaria hasta que las mujeres no acaten todas las limitaciones a su libertad. Es decir, han de renunciar a todos sus derechos para poder disfrutar del derecho a la educación. Pero, además de tener prohibida la educación más allá de la primaria, tienen vetado el acceso a parques, gimnasios, salones de belleza y baños públicos y trabajar para las ONG y Naciones Unidas. Y se han reintroducido los castigos públicos, incluidas flagelaciones y ejecuciones, distintivos de su brutalidad.

Los talibanes no solo han privado a las mujeres de sus derechos humanos, sino que, con sus políticas discriminatorias, les niegan oportunidades de empleo. Prohibirles trabajar fuera de casa y excluirlas deliberadamente de la esfera social tiene consecuencias graves y perjudiciales y han provocado la expansión de la pobreza y otras consecuencias devastadoras para el país. Y la situación de las mujeres y niñas sigue deteriorándose con un aumento del riesgo de exposición a la violencia y a los abusos, con graves consecuencias para la salud física y mental. Además, repercute negativamente en la economía y la prestación de servicios humanitarios vitales.

La violencia va desde asesinatos y crímenes de honor hasta matrimonios forzados e infantiles y palizas, venta de niñas y órganos, trabajo infantil, trata de personas. Los expertos de la ONU han manifestado su honda preocupación por la ausencia de protección jurídica para ellas, por la aplicación sistemática de la discriminación y por la normalización de la violencia de género. «Las mujeres no tienen acceso a profesionales del derecho. Algunas abogadas siguen prestando servicios jurídicos desde sus casas, pero en la mayoría de las localidades se les prohíbe entrar en las salas de los tribunales»13.

«Me parece que es apropiada y en modo alguno desmedida la calificación de apartheid de género que se está dando a la situación actual en Afganistán. Tendríamos que ser mucho más enérgicos como comunidad internacional, porque la humanidad la tienen que defender los Estados y son nuestros representantes a los que elegimos y no están a la altura de la respuesta que esa situación estaría demandando»14, afirma el fiscal Castresana. «En este caso, estamos hablando de apartheid de género, que, en los últimos años, se ha utilizado para describir la terrible persecución de mujeres y niñas en Afganistán», destaca también William Schabas, profesor de ley internacional y derechos humanos en la Middlesex University de Londres: «Pero no hay un crimen de apartheid de género en el Estatuto de Roma, pero sí uno de persecución por motivos de género. Y así se aborda más adecuadamente el delito a través de la noción de crímenes contra la humanidad en la Corte Penal Internacional»15.

«La situación va de mal en peor. Nuestros derechos están siendo borrados, uno a uno. Es realmente un apartheid. Pero no veo reacción alguna del mundo. Eso es lo que me preocupa de verdad. No estamos dormidas, estamos luchando. ¿Qué está haciendo el mundo? Ellos nos colocaron en esta situación. ¿Y qué están haciendo ahora? Nada. Las mujeres de Afganistán están muriendo cada día, aunque son las más valientes y resistentes que he visto en mi vida», dice airada Mahbouba Seraj16.

El 20 de diciembre de 2022, el Ministerio talibán de Educación Superior emitió una orden a las universidades públicas y privadas, suspendiendo la educación femenina hasta nuevo aviso. Estudiantes de ambos sexos protestaron en varias ciudades, pero los talibanes los dispersaron con cañones de agua, palizas y detenciones. Las niñas y las mujeres se han visto en estos dos años condenadas al ostracismo y a la invisibilización en la vida pública. «Creo que estoy viviendo en una oscuridad sin futuro, siento que estoy en una prisión, antes tenía mis paseos diarios y una agenda de cosas que hacer, pero ahora está vacía. Los talibanes son crueles con las mujeres», dice con tristeza Zakia Alikzada17. Querría ser activa en la sociedad civil, pero tiene mucho miedo a ser arrestada. «Desgraciadamente, nadie escucha la voz de las niñas y mujeres afganas. No hay esperanza», concluye.

Cuando se trata de la situación de las mujeres y las niñas, progresivamente todos sus derechos se han aniquilado, desintegrado, negado hasta que ellas ya no existen realmente como seres humanos. «Se les niega el derecho a circular, el derecho a la educación, el derecho a trabajar, el derecho a viajar, todo, excepto quedarse en casa bajo la tutela de los hombres. Son las que más sufren las consecuencias del régimen talibán», denuncia Agnès Callamard, secretaria general de Amnistía Internacional. La organización de defensa de los derechos humanos ha investigado, junto a la Comisión Internacional de Juristas, la situación de las mujeres y ha llegado a la conclusión de que los talibanes son responsables de crímenes contra la humanidad, de persecución por motivos de género, «lo cual es extremadamente grave y el tipo de crimen que debería exigir una reacción inmediata de la comunidad internacional»18.

Hay algunas excepciones. Las mujeres que trabajan en el sector sanitario pueden ir a los centros de salud y prestar sus servicios, que son imprescindibles para atender a las mujeres en una sociedad segregada y muy conservadora. «Hay enfermeras, comadronas y médicas. Pero si las jóvenes no puedan ir a las escuelas secundarias y estudiar luego enfermería o medicina, si esto sigue así ¿qué pasará con el país en un futuro próximo?», se pregunta Mohamed Ayoya19, representante de Unicef en Afganistán.

Se agravan los problemas de salud mental entre las niñas y las mujeres. Aisladas, perseguidas y desesperanzadas, muchas afirman sufrir ansiedad y depresión en lo que ya se califica de crisis de salud mental y «pandemia de pensamientos suicidas». Las activistas aseguran que ha habido un aumento de los suicidios de mujeres desde agosto de 2021. Es difícil encontrar cifras concretas y se teme que esta no sea más que la punta del iceberg. La angustia y desesperación son fácilmente perceptibles en las afganas. Según TOLOnews, el pasado año, hubo 250 intentos de suicidio en el país, 188 de ellos fueron mujeres.

Maryam Marof Arwin, directora de la Organización para el Fortalecimiento del Bienestar de Mujeres y Niños de Afganistán, asegura que recibe informes de al menos nueve u once suicidios de mujeres cada mes, muchas de ellas jóvenes. Pero advierte que debido a la reticencia de las familias y a la presión de los talibanes, no se informa sobre este asunto. «Los talibanes intentan suprimir los informes sobre suicidios. La mayoría de las veces no permiten que los medios de comunicación los publiquen. Pero estamos viendo un aumento en el número de suicidios y nos preocupa la situación de las mujeres, especialmente de las niñas»20, explica.

La depresión es generalizada, la prohibición de la educación y el desempleo agravan las ya de por sí nefastas condiciones económicas de decenas de familias sumidas en la pobreza. «La esperanza entre las mujeres está en niveles muy bajos. Las niñas no se encuentran en una buena situación mental. Los datos de comportamiento muestran que más del 90 % de las mujeres tienen depresión o se sienten mentalmente enfermas. No pueden alzar la voz. No pueden vivir libremente», nos cuenta Alina21, profesora de la Universidad de Kabul, que añade que los problemas de salud están en su punto álgido.

«Los derechos de las mujeres están en la base de la cultura occidental, pero no de la cultura de la mujer afgana», se defiende Abdul Haq Hammad, jefe de publicaciones del Ministerio de Información y Cultura de los talibanes, «en la cultura occidental, a partir de los 18 años, los padres ya no controlan a sus hijas, pero eso va en contra de nuestra cultura. Los occidentales permiten que las chicas viajen solas por todo el país, pero aquí hay que prestar atención a la sharía islámica. No pueden ir solas. Es la cultura del pueblo afgano. Es el islam. Otra exigencia de los países occidentales es que las mujeres y los hombres trabajen juntos en la Administración. El islam dice que hombres y mujeres deben estar separados»22.

Ante esta situación, en un reciente informe elaborado por expertos en derechos humanos se advierte sobre el «apartheid y la persecución de género» sistemáticos en Afganistán bajo el régimen talibán. «La discriminación grave, sistemática e institucionalizada contra las mujeres y las niñas está en el corazón de la ideología y el gobierno talibán, lo que también suscita la preocupación de que pueda ser responsable de apartheid de género», asegura el relator especial de la ONU sobre Afganistán, Richard Bennett23. Para el portavoz talibán, Zabihullah Mujahid, «la ONU y algunas instituciones y gobiernos occidentales difunden propaganda que no refleja la realidad».

Siempre se ha dicho que Afganistán era uno de los peores lugares para ser mujer. Actualmente, sin duda, es el peor. Pero puede que esta vez los dirigentes talibanes no salgan impunes. En 2022, el fiscal del Tribunal Penal Internacional (TPI), Karim Khan, pidió a la asesora especial sobre Persecución por Razón de Género de la Fiscalía, Lisa Davis, profesora de Derecho, que redactara una Policy on the Crime of Gender Persecution24 (Política sobre el delito de persecución por razón de género). El documento proporciona una hoja de ruta de los argumentos jurídicos que podrían utilizarse para investigar y enjuiciar como crímenes de lesa humanidad los daños basados en el género. El 31 de octubre de 2022, la Sala de Cuestiones Preliminares del TPI autorizó al fiscal a reanudar la investigación sobre la situación en Afganistán, incluidas las denuncias de persecución. «La presunta conducta de los talibanes, que incluye actos de flagelación, tortura, desaparición y detención arbitraria, se usa para imponer privaciones de derechos fundamentales básicos por motivos de género», explica Davis. «Hemos visto este patrón antes y es hora de que los autores rindan cuentas»25.

El hermético régimen talibán

Los talibanes de 2021 han intentado presentarse como diferentes a los que detentaron el poder a finales del siglo pasado. Aunque no han cambiado ideológicamente, saben que no pueden ignorar las circunstancias actuales que son radicalmente distintas. La sociedad afgana ha cambiado y ellos buscan el reconocimiento internacional y no quieren perder el poder y volver a la lucha armada. «Queremos un sistema islámico que refleje los valores de los afganos», comentó Anas Haqqani en una entrevista, en agosto de 2021, haciéndose eco de lo que ya es un tópico talibán. «Todos los anuncios oficiales se hacen a través de nuestro portavoz», añadió. «Esa es nuestra fuerza. No tenemos a varias personas haciendo declaraciones»26. Y la única voz a la que responden es a la del más radical, la del mulá Akhundzada desde Kandahar.

«Esperábamos que los talibanes, que habían prometido cambios al pueblo afgano, tanto en Doha como en Kabul, llegaran con una nueva mentalidad. Pero, por desgracia, no ha sido así. No es un gobierno inclusivo. Es solo el régimen talibán. Los tayikos, los hazaras, los uzbekos, las diferentes etnias afganas, no se ven representados en él. Las mujeres, tampoco. Cada día, unas 6.000 personas abandonan el país, cruzando la frontera ilegalmente. Todos los días los profesionales pierden su trabajo y los religiosos ocupan esos puestos. Es una fuga de cerebros», afirma Ziauhaq Amarkhil27, antiguo gobernador de Nanghahar. Asegura que los talibanes necesitan tener legitimidad interna, pero, para eso, tendrían que respetar los derechos humanos y formar un gobierno inclusivo. Y recuerda que no se puede comparar la situación que se encontraron en 1995 con la de 2021. En 1995, no había redes sociales, ni electricidad, ni Internet.

«Tenemos que encontrar una manera de hacer que esto funcione», explica Obaidullah Baheer28, profesor de la Universidad Americana de Kabul, «es una realidad que Afganistán no es igual y los talibanes tendrán que reconciliarse con esa realidad. Los afganos no son los mismos de entonces que acababan de salir de una guerra civil y estaban muy cansados, dispuestos a aceptar cualquier política que plantearan los talibanes. El principal problema es que hay dos visiones de Afganistán: la de los talibanes y la de los afganos educados en las ciudades. Y ninguna sociedad que intente eliminar la otra visión puede tener éxito. Así que la solución es mezclarlas para crear una tercera visión que dé cabida a ambas partes».

Es necesario que los talibanes comprendan la importancia de contar con el apoyo de los ciudadanos. «No soy miembro, ni partidario de los talibanes, pero sé que ahora están en el poder y soy lo bastante inteligente como para aceptar esa realidad», continúa Obaidullah Baheer, «quiero que lo hagan mejor por el pueblo afgano, porque estamos hartos de cambios de ejecutivos. Estamos hartos de intervenciones. Estamos hartos de guerras. Estamos hartos de conferencias extranjeras en las que deciden por nosotros. Hemos de sentarnos juntos y encontrar nuestro camino. Podemos hacerlo si la gente nos deja. Es hora de aprender los unos de los otros». Pero él mismo reconoce que es muy difícil acceder al líder talibán que está muy aislado y no ve la realidad sobre el terreno, no percibe el descontento ni los agravios. «A menos que cambiemos las circunstancias que dieron origen al pensamiento talibán, no acabaremos con la serpiente. No vamos a rendirnos, rendirse nunca es una opción. Estamos intentando convencer a los talibanes de que incluyan diferentes ideologías, diferentes etnias dentro de su estructura, porque, al fin y al cabo, a menos que el sistema sea más inclusivo, la gente no se verá a sí misma en el gobierno. No se sentirán protegidos», concluye.

Uno de los mayores fracasos del emirato talibán es la falta de sistema, de organización, pero es un movimiento unido. No hay divisiones internas serias que puedan llevar a la ruptura. Han pasado 20 años sin dinero, sin comida, combatiendo y, aun así, han mantenido la unidad. «Los talibanes son una unidad, un liderazgo, y todos escuchamos al líder. Cuando el líder de los talibanes emite un decreto, se cumple», asegura Abdul Haq Hammad29. «Se trata de propaganda contra nosotros por parte de los extranjeros, los talibanes no están divididos entre varios partidos o varias facciones, eso es completamente falso. Los talibanes son una unidad cuyo líder indiscutible es Akhundzada y todos le guardamos absoluto respeto», añade, de forma tajante, el viceministro de Información y Cultura, Hayatullah Muhajer Farahi30.

Mahbouba Seraj se muestra también a favor de dialogar con los talibanes, porque, según ella, es la única manera de poder hacer su trabajo. Por esta disposición al diálogo recibe muchas críticas de refugiados y refugiadas afganas. «Puedo salir del país cuando quiera, pero no me voy a ir. Este es mi país. Las mujeres me necesitan. Tengo pasaporte de Estados Unidos. Tengo miedo. No soy una mártir. Y no soy una persona extremadamente valiente, en absoluto. Para que podamos sobrevivir, tenemos que estar juntas, las mujeres de la diáspora y las del interior. Y tengo que hablar con los talibanes. Tengo que ser capaz de trabajar con ellos porque tengo cosas que hacer. Ahora mismo son el gobierno de facto, me guste o no. Y tengo mujeres a las que proteger. No puedo simplemente ignorarles. Tengo un deber»31. Hace unas semanas se pudo ver un vídeo de Mahbouba en las redes sociales en el que, en una reunión con el portavoz del régimen talibán, le decía que era inaceptable que se prohibiese la educación a las mujeres y le advertía sobre las consecuencias de medidas como esas contra las mujeres.

Pero está claro que el pensamiento único y extremista es el que rige entre los talibanes, cuando se habla con ellos sobre las cuestiones más espinosas. «Hay que salvar la dignidad de la que se enorgullece toda una nación con esta sharía. Si hay un crimen y el gobierno no castiga al criminal, el sistema se viene abajo. Hay que castigar a los criminales», explica Abdul Haq Hammad32, «pero si la familia del mártir dice: no queremos que se le mate. Entonces, se le perdona y es libre. Si implementamos la sharía, desaparecerán por completo la corrupción y los crímenes. Cuando se castiga un delito, se previenen miles más porque es una buena lección para los demás».

Han gestionado las divisiones internas y rivalidades entre facciones. Han sobrevivido económicamente, mejor de lo que muchos esperaban. Hubo todo tipo de señales de colapso económico, de colapso fiscal, por la retirada de la financiación extranjera, por las barreras a la banca que todavía están en vigor, por las dificultades en el comercio, siendo los afganos tan dependientes de las importaciones de alimentos, combustible o la electricidad. La generación joven de talibanes piensa que si tienen éxito podrán permanecer en el poder para siempre. Y se preguntan si, al final, la muerte de 100.000 mártires era para acabar en una lucha por la educación de las niñas. Están concentrados en las cuestiones económicas cotidianas de conseguir alimentos y trabajo para los suyos y la población. Todo ello, de alguna manera, les obliga a comportarse de otra forma, porque son ministros y ocupan ministerios de verdad. Mientras, el mulá y la gente que le rodea en Kandahar gobiernan en nombre de los muertos.

Como Golam33, un talibán de mediana edad, muchos antiguos combatientes esperan todavía que los líderes les den un trabajo para recompensar el hambre, el frío y el horror de los años de yihad, de lucha contra el gobierno afgano y las tropas extranjeras. «No se trata de una victoria talibán. Es la victoria del pueblo de Afganistán. Es para todos», afirma.

El golpe a la educación

Antes de la prohibición total de acceso a la educación secundaria y a la universidad, los talibanes ya ponían dificultades a las mujeres para matricularse en los cursos y en el examen nacional para entrar en la universidad. En algunos casos, se les impedía entrar en los edificios universitarios. Además, se les prohibía cursar determinadas materias. Pero, después de meses de este tipo de limitaciones, dieron un paso más y, a golpe de decreto, el 20 de diciembre de 2022, ordenaron el cierre de las universidades para las mujeres. Y, el 28 de enero de 2023, el Ministerio de Educación Superior talibán envió oficialmente una carta a las universidades públicas y privadas en la que prohibía a las mujeres y niñas participar en el examen de ingreso (Kankor) a la universidad. Ahora solo las niñas hasta el sexto curso y las estudiantes de los centros de formación sanitaria pueden asistir a las escuelas, sujetas al estricto cumplimiento de las normas de los talibanes34.

«El islam dice que la educación es obligatoria. Hay escuelas secretas. La población quiere educación para sus hijas. Si no reabren las escuelas, los afganos no se callarán. Saldrán a la calle, irán a las protestas, irán contra los talibanes. Todo el mundo dice que, en los últimos 20 años, nuestro único logro ha sido que nuestras niñas y mujeres vayan a la escuela, a la universidad, trabajen en la economía, en el gobierno. No es posible construir nuestro país sin las mujeres, sin la educación de las niñas», denunciaba Matiullah Wesa, un activista por los derechos humanos y la educación nacido en Kandahar. «Si quieres volver a construir Afganistán, si quieres un Afganistán en paz, si quieres que Afganistán sea un país poderoso en el mundo, la única manera es apoyar la educación, los derechos de las mujeres y respetar la educación de las mujeres y las niñas. Lucho por la educación, he estado en la cárcel, mi familia también. Trabajamos en las zonas remotas. He recibido amenazas de muerte»35, sentenciaba. Fue detenido en Kabul, el 27 de marzo, por los talibanes. Desde entonces está en la cárcel.

Este activista fundó PenPath, hace 14 años, junto a su hermano. Se trata de una organización sin ánimo de lucro dedicada a promover la educación sobre todo en las zonas rurales y las aldeas más remotas de Afganistán. Matiullah Wesa exigió a los talibanes que revocaran sus decisiones de prohibir la educación secundaria y universitaria a las mujeres. El portavoz talibán, Zabihullah Mujahid, dijo, tras su detención, que iba a ser investigado en relación con «información sospechosa sobre él» y por «organizar reuniones y establecer contactos que eran motivo de preocupación». Otros dirigentes talibanes le han acusado, en las redes sociales y en los canales de noticias locales, de ser un espía y de trabajar en contra de los intereses del país. Su único delito, en realidad, es luchar por la educación. A menudo, su hermano y él llevan libros y material escolar donado por filántropos afganos, lo que les valió el apodo de
«bibliotecarios ambulantes» o «hermanos que llevan libros». Desde la prohibición talibán de la educación superior de las niñas, el trabajo de PenPath se ha ido la campaña para pedir la reapertura de las escuelas y la universidad para niñas y mujeres. A finales de agosto, la actriz Angelina Jolie, se sumaba a la campaña internacional en favor de su liberación36.

Los talibanes obedecen al emir sin rechistar, pero, al parecer, el debate sobre la educación podría hacer erosionar con el tiempo esa lealtad. Los más conservadores quieren restringir el acceso de las mujeres a la educación. Hay un sector que se plantea la educación, pero con límites en los campos de estudio —por ejemplo, permitir a las mujeres aprender solo medicina—. Y hay una comisión para revisar los planes de estudios de secundaria y terciaria con el fin de eliminar los contenidos considerados no islámicos. Desde el punto de vista político, la lucha por la educación dio al emir la oportunidad de atraer a los talibanes de base, que él cree que están de acuerdo con sus ideas sobre las mujeres37.

«Consideramos nuestra responsabilidad ayudar a nuestra joven generación de mujeres y niñas. Intentamos encontrar la manera de compartir nuestros conocimientos con ellas para empoderarlas. Tenemos que ocultar nuestros programas a los talibanes porque no nos permiten organizar talleres, ni seminarios. No estamos realizando ninguna actividad política. Consideramos que es muy importante que estudiemos porque, cuando educamos a una madre, educamos a una nación. Es muy relevante para nosotros tener mujeres capacitadas que trabajen por su país y que nunca se rindan»38, explica Zual que, junto a otras jóvenes, organiza clases online y clandestinas.

«La Universidad Americana, por razones de seguridad y, al no saber qué podía pasar, decidió marcharse a Catar. Otras universidades segregaron sus clases. La mayoría de las universidades tenían días diferentes para hombres y mujeres, otras ponían una tela de separación entre los estudiantes masculinos y femeninos. Estamos diciéndoles a los talibanes que si quieren reconocerse como gobernantes legítimos del país, tienen que cumplir ciertas normas. Tienen que concedernos ciertos derechos. Ganaron una guerra tras 20 años de lucha y harán lo que quieran, pero estamos intentando salvaguardar lo que podamos»39, asegura Obaidullah Baheer.

«Quería ir a la universidad y seguir estudiando. Y mi gran esperanza es llegar a ser presidenta y hacer que mi país sea mejor. Hay muchos problemas, en las aldeas no tienen acceso a la medicina, ni a nada. Por desgracia, en este momento, muchas jóvenes no tenemos el alimento para el alma que es la educación y cada día estamos más tristes. Perdimos la esperanza»40, se lamenta Narges. Su hermana, unas amigas y ella colaboran en una escuela clandestina situada en un barrio de Kabul, en la que enseñan diversas asignaturas, siempre con el miedo de ser descubiertas y detenidas por los talibanes o de morir en algún atentado durante las idas y venidas. «Yo era maestra. Ahora, doy clases clandestinas en casa y online»41, afirma Basira, miembro de una asociación en apoyo de las víctimas de la violencia terrorista, sobre todo hazaras, y de defensa de los derechos humanos.

«Hay muchos problemas en la Universidad, pero estoy aquí por las estudiantes. Puedo enseñarles todo lo que aprendí en Teherán. Todos los días vienen a mi despacho y me dicen: “Oh, tú eres nuestra esperanza”, y yo las animo a que continúen con sus estudios porque esta situación no puede ser para siempre»42, explica Alina. «Estamos confundidas. Nuestra vida corre peligro. Los profesores expertos escaparon, no hay nivel».

«Tenemos una gran demanda de padres, ancianos, líderes religiosos, mujeres, nos piden que proporcionemos instalaciones para que sus hijos, niños y niñas, vayan a la escuela. Tenemos la esperanza de que esto lleve potencialmente a las autoridades a comprender que las escuelas para niñas a partir del sexto curso deben reabrirse»43, explica Mohamed Ayoya y añade que se está aplicando el plan de estudios normal en las escuelas.

Aun así, todo indica que, antes o después, cambiarán también los planes de estudio y se adaptará toda la educación al islam. El diario afgano Hasht-e-Subh consiguió el plan de los talibanes para la modificación de los programas escolares. El proceso habría concluido en diciembre de 2020 y habría estado a cargo de un comité talibán ad hoc. Además de eliminar varios libros de texto y asignaturas del currículo educativo, se plantean numerosas propuestas para modificar el contenido de los libros. El fin sería que los planes de estudio se asemejen a los del anterior gobierno talibán de la década de 1990. Se trata de eliminar imágenes de seres vivos, propagar la yihad, justificar la violencia, el derramamiento de sangre y la destrucción, prohibir cualquier defensa de la democracia y de los derechos humanos, oponerse a la educación y a la libertad de las mujeres, propagar la narrativa talibán de la historia, centrarse en el mundo islámico e ignorar el mundo no islámico, especialmente el occidental. También tratan de alienar a los chiíes, demonizar a Naciones Unidas, prohibir la celebración del Nowruz o introducir restricciones en las fiestas y ceremonias y condenar a personalidades históricas afganas. Noorullah Munir, ministro de Educación talibán, ya dijo, a finales de octubre de 2021, que el plan de estudios cambiaría y se ajustaría a la interpretación talibana del islam. Según los talibanes, mantener el plan de estudios actual es la continuación de la supuesta
«invasión cultural de Occidente» que pone en peligro los intereses de los talibanes44.

El cambio del currículo escolar es solo una parte del objetivo talibán de cambiar la educación de forma que gire alrededor del islam. Incluso hay informaciones sobre el hecho de reducir las asignaturas a las más básicas, más religión y tecnología. Pero, además, y ahí reside el mayor peligro, están las nuevas madrasas que preparan a los futuros talibanes. Estas escuelas se asemejan, y son recordatorio, de las madrasas en las que se formaron los talibanes en Pakistán desde muy pequeños. El resultado se puede ver. Crecieron adoctrinados en una visión extremista del mundo. Lo que nos encontramos, en este momento, es la terrible realidad de que prohíben las escuelas para niñas, pero abren madrasas para formar a la siguiente generación de talibanes, extremistas y terroristas suicidas.

Economía y asistencia humanitaria

Los talibanes ocultan los detalles de sus finanzas, pero los presupuestos filtrados sugieren que recaudan suficientes ingresos —sobre todo de tasas aduaneras— para mantener un Estado rudimentario. «Los impuestos que el régimen anterior recaudaba iban a parar a los bolsillos de los señores de la guerra o de los corruptos y del gobierno. Pero, con los talibanes, con el emirato islámico, todos los impuestos van al banco nacional, directamente, sin ningún tipo de corrupción, al presupuesto del gobierno. Son nuestros ingresos»45, explica Abdul Haq Hammad.

Pero la situación dista de ser buena y hay una clara crisis económica y la ausencia de un sistema productivo. El informe Perspectivas socioeconómicas de Afganistán 2023, publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en abril de 2023, refleja la fragilidad persistente de la economía afgana y el carácter crítico de la ayuda exterior. El gasto per cápita de cerca del 85 % de la población está por debajo del umbral de la pobreza de 2020. El informe señala el impacto negativo en las perspectivas económicas de las restricciones laborales y educativas de mujeres y niñas.

El sector privado sigue afrontando retos relacionados con la incertidumbre política y jurídica, en particular con respecto a las transferencias bancarias internacionales, los límites de retirada de fondos, los problemas de visado, el acceso a los mercados extranjeros y la falta de fiabilidad del suministro eléctrico. Los retos del sector financiero han provocado que la economía afgana dependa en gran medida de canales de pago informales. El mecanismo de importación de efectivo establecido por la ONU para apoyar las operaciones humanitarias transfirió 2.590 millones de dólares entre el 1 de diciembre de 2021 y el 15 de mayo de 2023 y ha sido fundamental en la estabilización de la moneda y el estímulo económico.

La crisis económica de Afganistán es generalizada y tiene ramificaciones de gran alcance. La economía entró inmediatamente en caída libre, con la congelación de 9.500 millones de dólares en reservas del banco central, préstamos y la repentina suspensión de la ayuda directa al desarrollo. Los dólares que la ONU envía para operaciones de ayuda son vigilados de cerca por los talibanes que carecen de fuentes alternativas de divisas, porque la mayoría de los activos del banco central de Afganistán están congelados en el extranjero46.

La situación sigue siendo extremadamente difícil y sombría para la población afgana, para las mujeres y las niñas es trágica. «La mano de obra agrícola ha disminuido debido a la sequía. Las opciones de emigrar de las zonas rurales a las ciudades han desaparecido ante la falta de empleo en las ciudades. Teníamos un país en el que el 75 % del presupuesto nacional procedía de la ayuda exterior. El 40 % del PIB era ayuda exterior. Muchos de los medios económicos o de subsistencia dependían de ese apoyo internacional. Así que hacen falta soluciones centradas en una economía local. Afganistán es el sexto país más afectado por el cambio climático. Los hogares encabezados por mujeres son los más vulnerables y el país tiene el mayor porcentaje de viudas del mundo, debido a las décadas de conflicto. Antes del colapso de la república, éramos probablemente uno de los diez países más pobres del mundo. Así que, con la retirada de las fuerzas estadounidenses, esta crisis se multiplicó debido a las sanciones internacionales»47, explica Nasratullah Haqpal, investigador y analista político.

«El gobierno está haciendo todo lo posible para conseguir una buena economía para el pueblo de Afganistán. Participa en varios proyectos. Cuando se implementen, habrá más empleo. Nuestro presupuesto procede de nuestros propios ingresos fiscales, pero en el gobierno anterior el 77 % procedía del extranjero. Estamos esperando que los estadounidenses liberen el dinero congelado»48, Muhajir se muestra convencido de las bondades del sistema talibán.

«No obstante, si nos fijamos en la situación de la desnutrición infantil, observamos un aumento significativo de los casos, especialmente de desnutrición aguda moderada y desnutrición aguda grave. Hay muchos más niños desnutridos que antes. Cada mes ingresan entre 40.000 y 50.000 niños en uno de los 2.400 centros de tratamiento establecidos en todo el país. Y eso es preocupante porque la desnutrición grave es una de las principales causas de mortalidad infantil. La inseguridad alimentaria también es muy alarmante porque hace que disminuya la capacidad económica de la gente»49, advierte Mohamed Ayoya, representante de Unicef. «Hay unos 14 millones de niños en situación de riesgo. Sigo trabajando por los niños de la calle y también por los retornados internos, los niños y sus familiares. También tenemos actividades educativas, formación profesional y un programa psicosocial infantil. Ellos también tienen problemas psicológicos y nosotros les proporcionamos un entorno acogedor»50, añade Mohamed Yousef.

Ihsanullah Ghafoori, director de investigación de AREU51, explica que «la primera razón de la crisis económica es la sequía. Desde 2018, hay sequía extrema en algunas partes del país. Eso tiene un gran impacto negativo en la condición económica de los ciudadanos. En ese momento, había también inseguridad y no podíamos viajar a las zonas remotas. A todo eso, se sumó la COVID-19. Y la última razón es el cambio de gobierno porque no es reconocido en el marco del comercio internacional. Y los comerciantes, los empresarios, no tienen acceso a sus reservas de divisas»52.

En relación con el cultivo de opio, que sirvió para financiar a los talibanes, las últimas medidas tomadas por estos indican su intención de disminuir e incluso erradicar su producción. El 8 de marzo de 2023, los talibanes promulgaron un decreto por el que se prohibía el cultivo de cannabis en Afganistán, que complementaba el anterior edicto, de 3 de abril de 2022, por el que se suprimía el cultivo de estupefacientes, incluida la adormidera. Algunos informes de campo indican que el cultivo de adormidera ya se ha reducido mucho en todo el país y que la erradicación de los campos de adormidera se está llevando a cabo en gran medida.

Naciones Unidas reconoce que la ayuda humanitaria por sí sola no será suficiente para abordar de forma sostenible el sufrimiento humano a gran escala del pueblo afgano, a medio y largo plazo. El objetivo debe ser reducir el número de casos humanitarios y ayudar a los afganos, especialmente a mujeres, niñas y otros grupos vulnerables a:

  1. aumentar su resiliencia ante las crisis,
  2. mantener sus medios de subsistencia,
  3. proteger los derechos humanos y las libertades fundamentales,
  4. reforzar la cohesión social y crear capital social,
  5. preservar los logros en materia de desarrollo conseguidos con tanto esfuerzo en las dos últimas décadas, también en lo que respecta a la prestación de servicios53.
     

La resistencia

La oposición política en el exilio, formada por antiguos funcionarios y figuras políticas de la república, sigue intentando un diálogo intraafgano, buscando apoyo internacional para sus esfuerzos, mientras abogan por el no reconocimiento de los talibanes. El número de ataques de la oposición armada y de enfrentamientos con las autoridades ha disminuido en comparación con el 2022. UNAMA registró ataques de los que se responsabilizaron tres de los principales grupos de resistencia armada que operan en Afganistán: el Frente Nacional de Resistencia, el Frente para la Libertad de Afganistán y el Movimiento para la Liberación de Afganistán54.

A pesar de la relativa seguridad, persiste la grave preocupación por la presencia de grupos terroristas extranjeros. El Estado Islámico en Jorasán (ISKP), el Tehreek-e Taliban Pakistan (TTP) y otros grupos terroristas siguen en territorio afgano. En ausencia de un desarrollo sostenible significativo e integrador, sigue existiendo el riesgo de que aumente el atractivo para la población de algunos de estos grupos extremistas.

Para Ziauhaq Amarkhil, antiguo gobernador de Nanghanar y político, «la gente está cansada de la guerra y el conflicto. Y si los combatientes de la resistencia toman o se apoderan del país, los talibanes volverán a luchar y lo recuperarán. Y ¿quién va a pagar el precio? ¿Por qué no dialogar entre nosotros? Ahora les toca el turno a los talibanes. Los talibanes necesitan ser flexibles, cambiar y respetar a los demás. Sentémonos juntos y encontremos una solución. Ya no queremos luchar. No quiero que otras personas sigan siendo víctimas de la guerra. Lo hemos perdido todo. El 90 % de la población está sufriendo, mentalmente, físicamente»55.

«Soy un activista no violento. No quiero más guerras civiles. Solo quiero que la gente se levante. Pero no tendrá sentido si los talibanes siguen desoyendo e ignorando las demandas del pueblo», asegura Obaidullah Baheer. «Eso es lo que determinará el éxito o el fracaso de los talibanes»56. «Tenemos la mejor seguridad en Afganistán, en todo el país. Se acabaron las matanzas. En los últimos 40 años, la gente se ha estado matando todos los días, en el caos. Pero la situación ahora es la mejor. La vida es normal y la violencia ha terminado»57, destaca el talibán Muhajir.

Las posibilidades de movimiento han aumentado por la seguridad y ahora es posible llegar a prácticamente cualquier lugar del país, algo que valoran de forma muy positiva los investigadores y analistas que, durante años, no pudieron ir con facilidad a gran parte del terreno. «Recientemente, hemos viajado a seis provincias por carretera, sin ningún incidente, sin ningún problema. El embajador estadounidense ha dicho que no permitirán que nadie se ponga a luchar contra los talibanes»58. Los países que antes apoyaban a la NRF o a la Alianza del Norte, como India y Rusia, están ahora intentando establecer buenas relaciones con los talibanes. Y otros países, como Uzbekistán o Irán, valoran la estabilidad creada por talibanes.

Se suceden las denuncias por las violaciones de los derechos humanos por los talibanes en el valle del Panjshir, foco de la resistencia, y se hacen llamamientos a los países extranjeros para que apoyen su lucha. «Los talibanes se han vengado en la gente común por las pérdidas que han sufrido, se han vengado en la población local del Panjshir, en los civiles. Torturan y encarcelan y hay muchos habitantes que se han visto obligados a abandonar sus hogares a causa de las torturas de los talibanes, solo porque son del Panjshir y, en muchos sentidos, apoyan a la resistencia. El Panjshir no estaba preparado. Fue la provincia más segura durante los últimos 20 años, pero los talibanes entraron en el valle por cuatro lados y lo controlaron. Creemos que Naciones Unidas y los países europeos se limitaron a entregar Afganistán a los talibanes sin pensar en el pueblo afgano»59. Es el relato desde las montañas del Panjshir del comandante Khalid Amary, del Frente Nacional de Resistencia (FNR).

Con todo, el FNR es el único, de momento, que puede causar problemas a los talibanes. La creciente represión no ha impedido que continúe sus operaciones contra el dominio talibán. Liderado por Ahmad Masud, sigue siendo la principal resistencia afgana. Masud ha prometido continuar la lucha a pesar de la pérdida de su base de retaguardia en el valle de Panjshir. Los talibanes han sido capaces de acabar con algunas figuras clave de la resistencia, pero las tácticas asimétricas en el campo de batalla provocaron la pérdida de algunos importantes comandantes talibanes. «En Panjshir, la cruel táctica de los talibanes de atacar a civiles por sospechas de su afiliación al Frente Nacional de Resistencia está causando miseria y miedo generalizados»60, denuncia Agnès Callamard, secretaria general de Amnistía Internacional. «Por eso, hablamos de castigos colectivos, incluidas ejecuciones extrajudiciales, tortura, toma de rehenes, detenciones ilegales, incendios de casas y campos, etcétera. No sé qué se puede decir de este gobierno de los talibanes, las autoridades de facto. El primer punto que hay que destacar es que la escala de las violaciones en Afganistán es alucinante»61.

Estados Unidos se niega a reconocer a los talibanes y mantiene sanciones contra sus líderes, pero sigue rechazando los llamamientos de algunos de sus antiguos aliados afganos para que les ayude a derrocar al régimen extremista. Abdul Rashid Dostum, exvicepresidente de Afganistán y señor de la guerra uzbeko que apoyó a las fuerzas especiales estadounidenses para derrocar a los talibanes en 2001, ha dicho que sería capaz de reunir fuerzas suficientes para derrotarlos de nuevo, si Estados Unidos le apoyara. Otros dos exgenerales afganos, Sami Sadat y Khoshal Sadat, han pasado varios meses en Estados Unidos buscando el apoyo de veteranos, legisladores y otros grupos para una posible guerra contra los talibanes, pero la respuesta es inequívoca: «Estados Unidos no quiere ver el retorno a la violencia en Afganistán y no apoyamos la oposición armada a los talibanes», dijo un portavoz del Departamento de Estado estadounidense. Y añadió: «Pedimos a todas las partes que actúen con moderación. Es la única manera de que Afganistán pueda hacer frente a sus numerosos desafíos».

La retirada de Estados Unidos de Afganistán, en agosto de 2021, dejó sin apoyo militar a sus antiguos aliados en el país y decepcionó a quienes se oponen a los talibanes. «Nos sentimos traicionados. Nos sentimos solos. Tenemos las manos vacías», dijo Ahmad Masud, en julio, en el Foro de Seguridad de Aspen. Las numerosas facciones antitalibanas tampoco cuentan con el apoyo de los países vecinos de Afganistán por diversas razones, entre ellas el temor a que se extienda el conflicto armado en la región.

El Estado Islámico de Jorasán

Zabihullah Mujahid, el portavoz talibán, calificó de «infundada» y de «mera propaganda negativa» la información sobre el Estado Islámico de Jorasán (ISKP), presentada en agosto por Vladímir Voronkov, secretario general adjunto de la Oficina de Lucha contra el Terrorismo, ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y que mantiene que la amenaza del grupo terrorista sigue siendo alta en el país asiático: «La situación en Afganistán es cada vez más compleja, y el temor a que armas y municiones caigan en manos de terroristas se está materializando. Al parecer, la capacidad operativa en el país del ISKP ha aumentado, y el grupo se ha vuelto más sofisticado en sus ataques contra los talibanes y objetivos internacionales»62.

El ISKP ha aumentado la cantidad y la complejidad de sus atentados, más mortíferos y destructivos, presionando a las autoridades y suscitando preocupación en Occidente por la posible regeneración de un grupo que podría volver a representar una seria amenaza internacional. Sus recientes atentados han ido dirigidos contra los talibanes y otros objetivos simbólicos y contra las minorías musulmanas chiíes, en particular la etnia hazara. Los atentados han aumentado en las zonas urbanas, con centenares de heridos y muertos. También ha atacado las embajadas de Pakistán y Rusia y asaltó un hotel en el que se alojaban representantes de empresas chinas.

En su discurso ante el Consejo de Seguridad, en marzo, la jefa de la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán, Roza Otunbayeva, afirmó que el ISKP suponía «una amenaza creciente» y expresó su preocupación por la capacidad de los talibanes para hacer frente a ese desafío. El Estado Islámico en Jorasán ataca a los hazaras en escuelas, mezquitas y durante festividades. También ha habido atentados en mercados, hospitales, funerales, bodas o servicios religiosos. El general Michael Erik Kurilla, jefe del Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM), aseguraba, también en marzo, que el ISKP se ha envalentonado y que es capaz de realizar «una operación exterior contra intereses estadounidenses u occidentales en el extranjero en menos de seis meses, con poco o ningún aviso»63.

Las fuerzas de seguridad talibanas han efectuado operaciones continuas y redadas nocturnas contra los terroristas del Estado Islámico y contra civiles acusados de ayudarles. Los talibanes agreden y detienen a personas sin el proceso debido, según una investigación de Human Rights Watch (HRW). En algunos casos, han hecho desaparecer por la fuerza o han matado a detenidos, arrojando o exhibiendo cadáveres en zonas públicas. «Los talibanes los han perseguido de formas, en realidad, contraproducentes, porque los han abordado de la misma forma que todos los que han estado en el poder en Afganistán han abordado las insurgencias, es decir, de la forma más brutal posible, lo que significa que se despierta mucho resentimiento en las comunidades locales y eso conduce a más reclutas», afirma Patricia Gossman, directora asociada de la división asiática de Human Rights Watch64.

Para Javid Ahmad, investigador del Centro para Asia Meridional del Atlantic Council, el ISKP «ahora tienen acceso ilimitado al mercado negro, para comprar no solo armas ligeras, sino también fertilizantes para explosivos, pequeños aviones comerciales no tripulados. Tienen acceso a sofisticados equipos de comunicación. Están comprando armas de francotirador guiadas por láser. Tienen acceso a gafas de visión nocturna». Los talibanes lo niegan y repiten que el emirato tiene pleno control sobre el país y no permite que nadie lo utilice contra la seguridad de ningún otro Estado. «Este tipo de grupos solo buscan cumplir su agenda, alcanzar sus objetivos y también debilitar al gobierno actual para demostrar lo vulnerable que son, cómo son capaces de emplear a estas personas para sus propios objetivos y metas políticas, militares y de inteligencia. Es por eso por lo que, en términos del Dáesh, esto es una amenaza, pero no una amenaza para desafiar al país, aunque crea preocupación»65, asegura el investigador y analista Nasratullah Haqpal.

«El mundo sabe que tal y como va Afganistán no va a ser bueno para nadie. Esto se ha convertido en un centro para los grupos terroristas de todo el mundo: Al Qaeda, ISIS y cientos más. Y todos ellos están asentados muy cómodamente en Afganistán en este momento. El mundo tiene que hacer algo al respecto»66, advierte Mahbouba. «Nuestro compromiso es el acuerdo de Doha. Pero, en lo que respecta a los terroristas, Afganistán nunca ha sido un centro de ellos. En cuanto a la muerte de al-Zawahiri, no hay ninguna prueba de que fuese él y no ocupaba un alto cargo en el islam gobernante. Tal vez era una persona común, como miles de personas que viven en diferentes partes del mundo»67, responde el talibán Abdul Haq Hammad.

Pero también existe el temor de que si no implementan los decretos de la línea dura, los talibanes de a pie digan que no lucharon una yihad para que no haya cambios y podrían desertar y engrosar las filas del Dáesh. Los talibanes niegan que estén ofreciendo un santuario al ISKP, muy al contrario, aseguran estar luchando contra ellos. La relación con Al Qaeda es más complicada porque es histórica y se basa en lazos familiares, matrimonios mixtos y demás. No hay duda de que la presencia de Zawahiri en Kabul perjudicó mucho ante las aseveraciones de que estaban cumpliendo el acuerdo de Doha.

Con la excusa de dotarse de una mayor seguridad frente a los enemigos internos, los talibanes han instalado más de 60.000 cámaras de videovigilancia en las carreteras y calles de Kabul. Y habrá más, según Abubakar Siddique, corresponsal de Radio Azadi de RFE/R68. El Ministerio del Interior declaró, además, el 30 de agosto, que planeaba ampliar la red de vigilancia al resto del país en los próximos cuatro años. De acuerdo con Bloomberg, los talibanes están trabajando con el gigante tecnológico chino Huawei Technologies para instalar el sistema de cámaras de seguridad. Aunque las autoridades afirmen que el sistema de vigilancia les ayudará a mejorar la seguridad y a combatir la delincuencia, los observadores temen que utilicen esa red de cámaras también para sofocar la disidencia e imponer sus políticas represivas.

Relaciones exteriores

Hasta ahora, ningún país del mundo ha reconocido oficialmente al Emirato Islámico de Afganistán. Estados Unidos y sus aliados quieren que se cumpla con sus exigencias. Y parece que su política de presionar ha fracasado. Pero hay otros países, sobre todo los del entorno del país asiático, que interactúan, dialogan o negocian con los talibanes.

En la decisión más reciente de Pekín, China ha nombrado embajador en Kabul a Zhao Xing. Kabul espera que otros le sigan ya que el chino es el primer embajador ante los talibanes y que este sea el punto de partida para un aumento de las relaciones diplomáticas entre los dos países al más alto nivel y el comienzo de un nuevo capítulo. China interviene así en la economía y la política locales e intenta aumentar su influencia en la región y en el mundo. Su reciente paso diplomático es muy importante para los talibanes, ya que podría ser el paso previo a su reconocimiento oficial y animar a otros países a nuevas relaciones con Kabul en función de sus intereses. En el campo de la minería, compañías chinas han firmado diversos acuerdos con el emirato islámico afgano.

Desde el principio, los talibanes aspiran a ganar legitimidad en la escena mundial. Sus actuaciones, sin embargo, parecen destinadas a cerrarse las puertas. No cumplen con un principio tan básico como el de comportarse de forma aceptable internacionalmente, no protegen ni promueven los derechos humanos, ni hay gobernanza inclusiva. Es crucial permitir la libertad de expresión, incluida la disidencia, sin temor a detenciones arbitrarias, en particular de quienes se manifiestan contra el trato discriminatorio y represivo que reciben las mujeres y las niñas. Así que, de momento, no parece próximo un reconocimiento internacional ni un asiento en la ONU.

Lo que sí se está debatiendo es la idea de que algunas embajadas más, en particular occidentales, vuelvan a funcionar con rango de encargado de negocios o parecido, pero nunca a nivel de embajador. La relación con muchas de las agencias de la ONU es difícil, ya que los talibanes quieren tener un mayor control sobre las mismas. Pero, en general, lo que se prometió al principio, que es libertad de acceso al aire, al país, se cumple. Los talibanes han expresado cierto descontento con Naciones Unidos porque todos los informes sobre ellos son negativos y eso no ayuda a su reconocimiento internacional.

Pero tampoco están tan aislados como en los 90, cuando solo tres países (Pakistán, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos) les reconocieron oficialmente y el resto del mundo los condenó al ostracismo. Ahora hay diálogo con representantes de bastantes países. Los datos muestran, además, que, en el primer año, hubo 378 reuniones diplomáticas con al menos 35 países. Y Kabul tiene «embajadas» en 16 países, según el primer ministro talibán, Mohammed Abdul Kabir, que asegura que el mundo no tiene otro camino que interactuar con el Emirato Islámico de Afganistán. El 25 de marzo, el portavoz talibán, Zabihullah Mujahid, especificó que los talibanes prestaban servicio actualmente en varias embajadas afganas, como la de China, Irán (República Islámica del), Pakistán, la Federación Rusa, Turkmenistán y Catar, además de en los consulados en Turquía y Emiratos Árabes Unidos.

Los países y organizaciones de la región han tenido y tienen contactos bilaterales y multilaterales con las autoridades talibanas. Los debates abarcan diversos temas, como la gobernanza integradora, los derechos humanos, incluidos los derechos y libertades de las mujeres, la lucha contra el terrorismo, la seguridad fronteriza, la lucha contra el tráfico de drogas y la cooperación económica.

El régimen talibán ya hizo saber de la creación de un consorcio de inversión integrado por empresas rusas, iraníes y paquistaníes y el compromiso con una empresa china en materia de minería de litio e infraestructuras económicas. Cada día anuncian nuevos planes de infraestructuras o acuerdos o negociaciones, algo que se puede comprobar en el diario The Kabul Times o en recuentos como el siguiente: el 5 de marzo, la República Islámica de Irán inauguró su centro comercial permanente en Kabul; las obras del ferrocarril Andkhoi-Sheberghan se iniciaron el 13 de marzo; el 29 de abril se inauguró una ruta de tránsito para el petróleo turcomano hacia Pakistán a través de Kandahar; el 1 de mayo se anunciaron los planes para una nueva línea ferroviaria que conectará Asia Central con Asia Meridional a través de Mazar-e Sharif, Herat y Kandahar; el 9 de mayo se aprobó el proyecto del primer tren entre la República Islámica de Irán y Afganistán.

«El ministro de Exteriores intenta establecer relaciones con más países, pero tenemos muy buenas relaciones con nuestros vecinos. Las fronteras se abrirán a la exportación, la importación, el negocio. Las principales dificultades se producen por el problema del no reconocimiento de Afganistán»69, afirma el viceministro de Cultura e Información. En la región, países como India, Turquía, Irán, Pakistán o Uzbekistán tienen interés en Afganistán. «Hay un gran acuerdo con Rusia sobre el combustible que necesitan. Y tratan de convencerlo porque es uno de los grandes actores en la política internacional. Del mismo modo, tenemos nuestro corredor aéreo con China, ya que hemos comprado cazas a China»70, asegura el analista Ihsanullah Ghafoori. «Y no hay una política estratégica clara sobre cómo relacionarse con otros gobiernos regionales».

«Queremos un Afganistán próspero. Por eso, queremos tener buenas relaciones con nuestros vecinos, con los países de nuestra región y con el mundo, especialmente con Estados Unidos. Después de 42 años, el islam ha logrado la seguridad total en Afganistán. No hay combates, no hay asesinatos. Se puede viajar por todo el país sin que nadie te mate»71, proclama Abdul Haq Hammad.

Pero hay problemas en las relaciones con algunos de sus vecinos como Pakistán, muy preocupado por lo que consideran el apoyo talibán al TTP. Los atentados terroristas perpetrados por ese grupo en Pakistán han aumentado un 50 % desde que los talibanes afganos tomaron el poder. Tayikistán ha repetido que no reconoce al autoproclamado Emirato Islámico de Afganistán. El presidente tayiko, Emomali Rahmon, ha criticado a los talibanes por ignorar los derechos de los tayikos en Afganistán y dijo que solo apoyaría la creación de un gobierno inclusivo en ese país. Desde entonces, la frontera entre los dos países ha estado cerrada. Al mismo tiempo, miles de refugiados afganos y críticos del régimen talibán huyeron a Tayikistán.

Aun así, la reciente reanudación de las actividades de los mercados fronterizos entre Tayikistán y Afganistán podría indicar una cierta mejora en las relaciones. El objetivo es acercar culturas, apoyar a los productores locales y crear empleos para los residentes de las zonas fronterizas72. Desde la cúpula talibana insisten, como el mawlawi Abdul Bakir, adjunto al primer ministro, en que el emirato mantiene buenas relaciones con sus vecinos y que las disputas que han surgido, como la relativa a los derechos sobre el agua con Irán, se han resuelto mediante el diálogo.

«En estos momentos, la comunidad internacional está dividida. Estamos en una época en la que domina la realpolitik y todos los países buscan formas de mantener o reforzar su parte en el mundo. Así que varios países están dispuestos a llegar a acuerdos con los talibanes a costa de los derechos humanos. Eso ha sido un obstáculo importante para que el Consejo de Seguridad pudiera tomar medidas mucho más enérgicas. Creo que, en general, la comunidad internacional no ha encontrado la manera de navegar por esta terrible situación, de comprometerse o no con los talibanes o de querer proteger a las mujeres, pero no puede comprometerse con un gobierno que está practicando tan claramente algunas de las discriminaciones más graves contra su propio pueblo»73, dice Agnés Callamard. «En el caso de Afganistán me parece de libro, por esas razones de la geopolítica, Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña querrían una cosa y China y Rusia quieren otra. Y en ese impás los talibanes viven confortablemente instalados sin que el Consejo de Seguridad sea capaz de tomar decisiones enérgicas»74, añade el fiscal Castresana.

Conversaciones en Doha

Los días 30 y 31 de julio, en Doha (Catar), se celebraron las primeras conversaciones oficiales entre Estados Unidos y los talibanes desde agosto de 2021. La delegación de Estados Unidos estuvo encabezada por el representante especial de Estados Unidos para Afganistán, Thomas West, al que acompañaron Rina Amiri, enviada especial para las mujeres, las niñas y los derechos humanos afganos, y Karen Deker, jefa de la misión de Estados Unidos en Afganistán, con sede en Doha. Al frente de la delegación talibana estuvo el ministro de Asuntos Exteriores, Amir Khan Mutaqi.

Según el comunicado del Departamento de Estado75, Estados Unidos instó a los talibanes a «revertir las políticas responsables del deterioro de la situación de los derechos humanos en Afganistán, en particular para las mujeres, las niñas y las comunidades vulnerables», y expresó su grave preocupación por «las detenciones, la represión de los medios de comunicación y los límites a la práctica religiosa». Y concluyó con una mención a la ofensiva talibán contra la adormidera, pero con preocupación por «los opiáceos procesados y las drogas sintéticas» y un posicionamiento de la lucha antidroga como una vía para continuar el diálogo. Y la delegación «tomó nota» del «compromiso continuo» de los talibanes para que Afganistán deje de ser una base de ataques contra Estados Unidos y sus aliados, reconociendo «una disminución de los ataques terroristas a gran escala contra civiles afganos».

El Departamento de Estado aseguró también que «los funcionarios estadounidenses presionaron para la liberación inmediata e incondicional de los ciudadanos estadounidenses detenidos, señalando que estas detenciones eran un obstáculo significativo para un compromiso positivo». En diciembre, el gobierno estadounidense confirmó la liberación de dos estadounidenses que habían sido detenidos por los talibanes, y aludió entonces a que había más ciudadanos estadounidenses retenidos en el país pero no los identificó.

Por su parte, el portavoz del Ministerio de Exteriores talibán, Abdul Qahar Balkhi, afirmó en Twitter: «En la reunión, las dos partes discutieron acerca de la creación de confianza, la adopción de medidas prácticas al respecto, la eliminación de las listas negras, el levantamiento de las sanciones, el descongelamiento de las reservas DAB, la estabilidad económica de Afganistán, la lucha contra los estupefacientes y las cuestiones de derechos humanos». Kabul reiteró que era crucial para la construcción de la confianza que se eliminaran las listas negras y las listas de recompensas y que se descongelaran las reservas bancarias para que los afganos pudieran establecer una economía que no dependiera de la ayuda extranjera.

Ambas partes hicieron hincapié en la continuación de este tipo de reuniones, entendimiento e interacciones. La versión talibana omitió la mención específica de los derechos de las mujeres. En su lugar, los talibanes destacan las cuestiones económicas. Está claro que para ellos el principal interés es económico y financiero, ya que buscan el acceso a los fondos del banco central de la antigua república que ascienden a un total de 7.000 millones de dólares congelados por el Banco de la Reserva Federal de Nueva York en agosto de 2021. Sin embargo, a finales de julio, se supo que una auditoría que se había hecho, financiada por Estados Unidos, al banco central afgano controlado por los talibanes no había conseguido el respaldo de Washington para la devolución de los activos bancarios de un fondo fiduciario de 3.500 millones de dólares con sede en Suiza. El banco central afgano debe demostrar que está libre «de influencias e injerencias políticas», así como probar que tiene controles «adecuados» contra el blanqueo de dinero y la financiación del terrorismo76.

Las conversaciones de Doha levantaron ampollas y críticas sobre todo por parte de afganos y afganas en el exilio y de los opositores del interior. Los representantes especiales de EE. UU. para Afganistán emitieron un comunicado de prensa en el que afirmaban: «Los afganos y los defensores de los derechos humanos nos han instado ampliamente a dialogar directamente con los talibanes». Los activistas sociales y los defensores de los derechos humanos afganos dejaron claro que no aceptaban el compromiso directo estadounidense con los talibanes, y mucho menos en su nombre. Los afganos consideran que Washington margina intencionadamente a los verdaderos defensores de los derechos de las mujeres y solo escucha a aquellos activistas, hombres y mujeres, que presionan activamente a favor de los talibanes.

No parece que las conversaciones de Doha hayan conseguido nada en relación con el respeto de los derechos humanos y de las mujeres por parte de los talibanes. Tampoco parece que esa sea realmente la prioridad de Estados Unidos, más interesado en mantener vínculos con los dirigentes talibanes para vigilar las posibles amenazas de grupos terroristas presentes en Afganistán.

Los hazaras y la represión de las minorías

«Están intentando provocar una guerra sectaria. Pero no ocurrirá porque nadie puede dividirnos basándose en chiíes y suníes. En Afganistán, lo bueno es que somos mixtos. Y espero que no haya más ataques contra los hazaras»77, explica Ziauhaq Amarkhil. «Siempre ha sido lamentable. De eso ha tratado siempre el extremismo y el terrorismo. Eligen el blanco más fácil y lo atacan. Y, por desgracia, los hazaras siempre han sido a los que pensaban que podían atacar sin mayores repercusiones»78, añade Obaidullah Baheer.

El 6 de septiembre de 2022, el relator especial de la ONU sobre la situación de los derechos humanos en Afganistán, Richard Bennett, planteó la grave situación de los hazaras afirmando que la comunidad ha sido objeto de múltiples formas de discriminación, que afectan negativamente a sus derechos económicos, sociales, culturales y humanos. Y subrayó que «hay informes de detenciones arbitrarias, torturas y otros malos tratos, ejecuciones sumarias y desapariciones forzadas. Además, se está denunciando un aumento de los discursos incendiarios, tanto en Internet como en algunas mezquitas durante las oraciones de los viernes, que incluyen llamamientos a matar a los hazaras»79. Además de por el hecho de ser chiíes, los terroristas del ISKP acusan a los hazaras de haber sido entrenados por Irán para luchar contra el ISIS en Irak y Siria.

En septiembre de 2022, The Hazara Inquiry80, una investigación sobre la situación de los hazaras en Afganistán y Pakistán, dirigida por parlamentarios y expertos británicos, publicó sus informes sobre su grave situación en Afganistán. El informe reveló que, como minoría religiosa y étnica, los hazaras corren grave peligro de genocidio a manos del ISKP y de los talibanes. Esta conclusión compromete la responsabilidad de todos los Estados de proteger a los hazaras y prevenir un posible genocidio, en virtud de la Convención de la ONU para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio (Convención sobre el Genocidio) y del derecho internacional consuetudinario. Como se afirma en el informe: «Cuando los talibanes tomaron el control de Afganistán en 2021, la situación de los hazaras se vio considerablemente afectada y se invirtieron los avances logrados durante 20 años en la lucha contra la marginación y la discriminación que sufría este grupo minoritario. La vuelta al poder de los talibanes ha provocado más heridos como consecuencia de los ataques selectivos, incluidos los bombardeos de escuelas, lugares de culto y otros centros de los hazaras. Es probable que esta tendencia continúe. Es urgente proporcionar protección a la comunidad, en consonancia con las obligaciones internacionales en virtud de la Convención sobre el Genocidio». A pesar del aumento de los ataques contra la comunidad, los talibanes no introdujeron ninguna medida especial para protegerla.

«En los últimos 20 años, los hazara avanzaron muy rápido en el campo de la educación después de haber estado muy abajo durante décadas», explica Karimi81, hazara y antiguo miembro del parlamento de la república. «Son la gente más educada, trabajadora, están muy informados. Quizá eso también haya creado algún tipo de animadversión entre todos los demás por el hecho de que sean más listos que ellos. Las niñas y mujeres hazaras son las que probablemente han aprovechado mejor estos 20 años, estudiaron e investigaron más»82, dice Mahbouba.

El activista por los derechos humanos, pero sobre todo por los derechos de su etnia, el hazara, Abdel Ansari, hace balance de lo que ocurre desde la llegada al poder de los talibanes: «Ha habido ataques brutales y matanzas de hazaras, ocuparon y saquearon sus propiedades, perdieron sus vidas y también sus propiedades. Nuestras oficinas han sido rodeadas tres veces por los talibanes, esta en la que estamos reunidos, es clandestina, de momento no la conocen. Los mejores estudiantes de la Universidad eran hazaras porque sus padres los animan y empujan hacia delante. No hay diferencias entre hombres y mujeres, tampoco en la educación. Todos los niños y todas las niñas reciben educación. También en las zonas rurales. La comunidad hazara ha abierto colegios y universidades en estas décadas. Los ataques contra los hazaras comenzaron en 2011 y han continuado. Los hazaras somos gente flexible y comprometida. No queremos violencia, odiamos el conflicto. Buscamos la educación para construir el país y el mundo. Somos partidarios de la independencia democrática, los derechos humanos, la sociedad civil. Apoyamos los derechos humanos y los derechos de la mujer. Tenemos una larga historia, una larga cultura»83.

El Foro Asiático para los Derechos Humanos y el Desarrollo (FORUM-ASIA)84 pedía el pasado 4 de agosto en Bangkok una acción internacional urgente y concertada para proteger a la comunidad chiita y hazaras de Afganistán. La comunidad chiita de Afganistán —cuyos miembros son predominantemente hazaras— se enfrenta a una discriminación sistemática, ataques selectivos, marginación, persecución y duras restricciones por parte de los talibanes. Los talibanes han impuesto prohibiciones a la libertad de religión o creencia de chiíes y hazaras. Además, son responsables de desplazamientos forzosos y desapariciones de hazaras, de su exclusión de la ayuda humanitaria, así como de detenciones arbitrarias y ejecuciones extrajudiciales de civiles en todo Afganistán. En sus recientes edictos, los talibanes han prohibido a los hazaras organizar, participar y practicar ceremonias de Muharram (actos religiosos chiíes de duelo) en todo el país. Tras la prohibición, los talibanes han vuelto a asaltar las procesiones de Muharram y han abierto fuego contra los dolientes chiíes, matando e hiriendo a civiles chiíes. Los talibanes también han bloqueado la conexión a Internet en las zonas atacadas. Los ataques han afectado a la comunidad en las provincias de Kabul, Herat, Ghazni y Balkh. Además, los talibanes han coaccionado a miembros de la comunidad chií-ismailí para que se conviertan al sunismo a fin de recibir ayuda humanitaria en la provincia afgana de Badakhshan85.

Desde la toma del poder por los talibanes, al menos 700 hazaras han muerto o resultado heridos en 13 atentados selectivos perpetrados por filiales del Estado Islámico. Varios grupos internacionales de derechos humanos y organismos de vigilancia86 han expresado su honda preocupación por el aumento de los ataques contra los hazaras, dando la voz de alarma. Las sanciones de los talibanes contra los chiíes y los hazaras incluyen: eliminación de la Ley del Estatuto Personal de los Chiíes, ratificada por el presidente Hamid Karzai en 2009; prohibición de la enseñanza del plan de estudios de la doctrina chií jafari en la educación superior; eliminación de la fiesta nacional chií (Ashura) del calendario del país; restricciones a las ceremonias de Muharram. En julio de 2022, más de 25.000 personas principalmente hazaras fueron desplazados de sus tierras ancestrales por la campaña militar de los talibanes, según el Museo Conmemorativo del Holocausto de Estados Unidos.

Desde su regreso al poder, los talibanes han lanzado ataques sistemáticos contra los grupos étnicos y religiosos autóctonos, entre los que se encuentran los hazaras, los tayikos y los uzbekos. Asimismo, sufíes, sijs e hindúes temen ser perseguidos por los talibanes y el ISKP. Se cree que algunas de las minorías no musulmanas de Afganistán pudieran desaparecer. Dos años después, esos temores se están haciendo realidad. El último judío conocido de Afganistán huyó del país poco después de la toma del poder por los talibanes. Se estima que las comunidades sij e hindú se han reducido a un puñado de familias. Bajo el régimen talibán, los sijs y los hindúes se han enfrentado a severas restricciones, incluso en su aspecto físico, y se les ha prohibido celebrar sus fiestas religiosas en público, por lo que a muchos no les ha quedado más remedio que huir. Las draconianas restricciones impuestas por los talibanes a sijs e hindúes han obligado a una gran cantidad a salir del país. Muchos se han trasladado a la India, donde la mayoría se enfrenta a una vida de pobreza. Niala Mohammad, directora de política y estrategia de la organización sin ánimo de lucro Muslim Public Affairs Council en Washington, afirmó que la situación de las minorías religiosas en Afganistán —incluidos hindúes, sijs, bahai, cristianos, ahmadíes y musulmanes chiíes— se ha deteriorado mucho bajo el régimen talibán. «La situación sigue deteriorándose a medida que facciones políticas extremistas que dicen representar al islam, como los talibanes, ascienden al poder en la región», afirmó Mohammad, que anteriormente fue analista para Asia Meridional de la Comisión de Estados Unidos para la Libertad Religiosa Internacional. «Este éxodo de diversos grupos religiosos ha dejado un vacío en el tejido social del país»87.

Conclusiones

«La Corte Penal Internacional tiene jurisdicción sobre Afganistán desde hace más de 20 años. Espero que, ahora, después de la llegada de los talibanes, se active la investigación, en estado latente durante muchísimos años y que tengamos algunos resultados»88, afirma el fiscal Castresana.

Quienes pensaron que estos talibanes eran moderados o talibanes 2.0 estaban muy equivocados. En estos dos años su política represiva, autoritaria, discriminatoria y criminal no ha cesado. Han impuesto un apartheid de género condenando a las mujeres al ostracismo social. Las continuas violaciones de los derechos humanos y de las mujeres requieren una atención urgente y una acción y respuesta coordinadas a escala local, regional e internacional.

El país vive inmerso en una terrible crisis humanitaria, a pesar de los esfuerzos de las agencias de Naciones Unidas y de las ONG para paliar en todo lo posible el sufrimiento de la población. El problema de la inseguridad alimentaria es muy grave. Más allá de la ayuda de emergencia, deben continuar los esfuerzos a largo plazo.

Pero la comunidad internacional, sobre todo Estados Unidos, continúa sin ejercer la presión necesaria sobre los talibanes y no parece que tenga un plan concreto. Washington ha mostrado que su prioridad no son los derechos humanos, ni los de las mujeres, ni la democracia, ni el bienestar en Afganistán. Solo quiere garantizarse que el país asiático no se convierta en santuario de terroristas yihadistas que puedan atentar contra sus ciudadanos o sus intereses.

Los talibanes no han mostrado ningún tipo de responsabilidad o compromiso en la defensa de los valores y de los derechos humanos. Al contrario, las acciones y actitudes cotidianas del régimen muestran un desprecio total por las leyes y normas internacionales. Para contrarrestar esta situación, la comunidad internacional debe desempeñar un papel efectivo y activo en el apoyo al pueblo afgano contra las políticas opresivas de los talibanes.

«Hay muchas cosas que la comunidad internacional puede y debe hacer, solucionando su división y su incapacidad para actuar. Creo que para muchos países, Afganistán ha desaparecido del radar. Están pendientes de otras situaciones, en particular Europa Occidental, Estados Unidos, Canadá. Todos ellos descuidan sus responsabilidades hacia el pueblo afgano y en particular hacia las mujeres y las niñas afganas. Es absolutamente vergonzoso. Lo que les estamos haciendo a las mujeres y niñas afganas no tiene palabras. Es realmente repugnante»89, sentencia Agnés Callamard.

Pilar Requena*
Periodista Internacional y de Investigación TVE
@RequenaPilar

Referencias:

1 Las descripciones del ambiente de Kabul y sus gentes se basan en las impresiones de la autora durante su visita al país en noviembre de 2022. Fue su primer regreso al país asiático tras la toma del poder por los talibanes.
2 REQUENA, Pilar. Afganistán. Editorial Síntesis, Madrid, 2011, p. 33.
3 REQUENA, Pilar. «El ‘apartheid´ talibán contra las mujeres», 5W. 15/8/2023. Disponible en: https://www.revista5w.com/temas/conflictos/el-apartheid-taliban-contra-las-mujeres-87951 Nota: Todos los enlaces están activos con fecha de 20/9/2023.
4 SERAJ, Mahbouba. Entrevista realizada, el 14 de noviembre 2022, en Kabul, donde vive Mahbouba Seraj, periodista y defensora de los derechos de la mujer y cofundadora de la Red de Mujeres Afganas. Tiene un centro de acogida para mujeres maltratadas y defiende el diálogo con los talibanes ya que, dice, son las autoridades de hecho del país. Esto le ha valido fuertes críticas de activistas afganas, sobre todo desde el exilio. Candidata al Premio Nobel de la Paz, tiene 75 años y es sobrina del antiguo rey Amanulá Khan.
5 YOUSEF, Muhammad. Entrevista efectuada en Kabul, el 15 de noviembre de 2022. Muhammad Yousef se dedica a ayudar y educar a niños y niñas de la calle y ahora también a niños de familias vulnerables y necesitadas desde la ONG Aschiana http://www.aschiana.org/ que él mismo fundó a mediados de los 90.
6 The Kabul Times no se publica todos los días, pero su interés radica en conocer los temas destacados y más importantes para los talibanes. Está bajo el directorio de los diarios gubernamentales dependientes del Ministerio de Cultura e Información. Cuenta también con una página web: https://thekabultimes.com/
7 AMNISTÍA INTERNACIONAL. La Situación de los Derechos Humanos en el Mundo. Informe 2022/2023. Amnistía Internacional, 27/3/2023, p. 76. Disponible en:
https://www.amnesty.org/es/documents/pol10/5670/2023/es/
8 RAWADARI. Human Rights Situation in Afghanistan: Mid-year Report. 1 January to 30 June 2023. Publicado en agosto de 2023, p. 4. Disponible en:
https://rawadari.org/wp-content/uploads/2023/08/RW_AFGHumanRights2023_English.pdf
9 Idem.
10 Idem.
11 UNAMA. A barrier to securing peace: Human rights violations against former government officials and former armed force members in Afghanistan. 15 August 2021–30 June 2023. Disponible en: https://unama.unmissions.org/sites/default/files/a_barrier_to_securing_peace_aug_2023_english 0.pdf
12 CASTRESANA, Carlos. Entrevista realizada por la autora en Madrid, 11 septiembre de 2023.
13 OFFICE OF THE HIGH COMMISSIONER OF HUMAN RIGHTS. UN. «Experts: Taliban treatment of women may be “gender apartheid”». 11/7/2023. Disponible en: https://www.ohchr.org/en/stories/2023/07/experts-taliban- treatment-women-may-be-gender-apartheid#:0a%20total
14 CASTRESANA, Carlos. Op. cit.
15 SCHABAS, William. Entrevista realizada por la autora en Londres, 13 de septiembre de 2023.
16 SERAJ, Mahbouba. Op. cit.
17 ALIKZADA, Zakia. Es periodista y reside en la capital afgana. Está casada y tiene una hija pequeña. La entrevista se realizó en su domicilio de Kabul el 9 de noviembre de 2022.
18 CALLAMARD, Agnés. Entrevista realizada en Londres por la autora, el 12 de septiembre de 2023.
19 AYOYA, Mohamed. Era el representante de Unicef en Afganistán cuando la autora realizó la entrevista en Kabul, el 8 de noviembre de 2022. Ahora, Mohamed Ayoya es subsecretario general de la ONU.
20 REQUENA, Pilar. «El ‘apartheid´ talibán contra las mujeres», 5W. 15/8/2023. Disponible en: https://www.revista5w.com/temas/conflictos/el-apartheid-taliban-contra-las-mujeres-87951
21 ALINA es un nombre ficticio, por seguridad se evita el real. La entrevista se realizó en el despacho de esta profesora en una de las facultades de la Universidad de Kabul, el 8 de noviembre de 2022, cuando todavía había enseñanza universitaria para las mujeres. Poco después, los talibanes decretaron su cierre.
22 HAMMAD, Abdul Haq. Entrevista realizada en el Ministerio de Información y Cultura en Kabul, el 17 de noviembre de 2022.
23 «Afghanistan: Taliban may be responsible for gender apartheid», UN News. 19/6/2023. Disponible en: https://news.un.org/en/story/2023/06/1137847
24 El documento completo de 7 de diciembre de 2022 puede consultarse en: https://www.icc- cpi.int/sites/default/files/2022-12/2022-12-07-Policy-on-the-Crime-of-Gender-Persecution.pdf
25 ABRAMIAN, Jackie. «Holding the Taliban accountable», The Progressive Magazine. 14/8/2023. Disponible en: https://progressive.org/latest/holding-the-taliban-accountable-abramian-20230815/
26 KAKAR, Ahmed-Waleed. «Taliban, the next generation: an interview with Anas Haqqani», New Lines Magazine.
30/8/2021. Disponible en: https://newlinesmag.com/reportage/taliban-the-next-generation/
27AMARKHIL, Ziauhaq. Entrevista realizada por la autora en Kabul, el 13 de noviembre de 2022. Ziauhaq Amarkhil fue asesor del expresidente Ashraf Ghani y ministro de Asuntos Parlamentarios durante la república. Ha fundado y dirige un movimiento político y social llamado Nation Stability.
28 BAHEER, Obaidullah. Entrevista realizada en Kabul, el 8 de noviembre de 2022. Obaidullah Baheer es profesor de la Universidad Americana de Kabul, que cerró tras la llegada de los talibanes y se trasladó a Catar y da clases online. Él vive en Afganistán, aunque viaja también al exterior. Es asimismo analista político y defensor de la educación de las niñas y mujeres. Se le critica su disposición a hablar con los talibanes. Es nieto de Gulbudin Hekmatyar, uno de los muyahidines y señores de la guerra más sanguinarios, apodado durante la guerra civil de los 90 «el carnicero de Kabul».
30 MUHAJIR FARAHI, Hayatullah. Entrevista con la autora en Kabul, el 7 de noviembre de 2022.
31 SERAJ. Op. cit.

33 GHOLAM. Entrevista de la autora en Kabul, el 9 de noviembre de 2022. Después de que relatase todas sus experiencias en el campo de batalla durante años, cortó en seco y exigió que no pusiera su nombre cuando le pregunté por la violación de los derechos humanos por los talibanes y el asesinato de antiguos soldados y policías de la república. Resultaba evidente su miedo a decir algo que no fuese acorde con los dictados del régimen.
34 RAWADARI. Human Rights Situation in Afghanistan: Mid-year Report, 1 January to 30 June 2023. Agosto 2023, pp. 25-26. Disponible en:
https://rawadari.org/wp-content/uploads/2023/08/RW_AFGHumanRights2023_English.pdf
35 WESA, Matiullah. Entrevista realizada en su casa de Kabul, el 10 de noviembre de 2022. Desde el primer momento, se percibía su amor por la educación y su compromiso por la educación de niñas y mujeres.
36 Disponible en: https://www.wemu.org/npr-national-news/npr-national-news/2023-08-21/angelina-jolie-urges- support-for-jailed-afghan-man-who-championed-higher-ed-for-girls
37 INTERNATIONAL CRISIS GROUP. «Taliban Restrictions on Women’s Rights Deepen Afghanistan’s Crisis», Asia Report N°329 | 23 February 2023. Disponible en: https://www.crisisgroup.org/asia/south-asia/afghanistan/329-taliban- restrictions-womens-rights-deepen-afghanistans-crisis
38 Zual. Por razones de seguridad, se prescinde del apellido. Entrevista realizada en Kabul, el 12 de noviembre de 2022.
39 BAHEER, Obaidullah. Op. cit.
40 Narges. Por razones de seguridad, se prescinde del apellido. La entrevista se realizó en la escuela clandestina donde da clases, en Kabul, el 10 de noviembre de 2022.
41 Basira. Se prescinde del apellido y de detalles de la organización para evitar que pueda ser identificada. Entrevista realizada de forma clandestina en Kabul, el 7 de noviembre de 2022.
42 Alina es un nombre ficticio. Esta profesora universitaria, de etnia hazara, pidió preservar su identidad por seguridad. La entrevista se realizó en la Universidad de Kabul, en una de las facultades que todavía estaban abiertas, el 8 de noviembre de 2022.
43 AYOYA, Mohamed. Op. cit.
44 BAHESH, Hasib. «Taliban Modify Education Curriculum to Propagate Violence and Bigotry», Hasht e Subh. 16 September 2023. Disponible en: https://8am.media/eng/exclusive-taliban-modify-education-curriculum-to-propagate- violence-and-bigotry/
45 HAMMAD, Abdul Haq. Op. cit.

46 INTERNATIONAL CRISIS GROUP. Op. cit.
47 HAQPAL, Nasratullah. Entrevista realizada en Kabul, el 12 de noviembre de 2022.
48 MUHAJIR FARAHI, Hayatullah. Op. cit.
49 AYOYA, Mohamed. Op. cit.
50 YOUSEF, Muhammad. Op. cit.
51 AREU —Afghanistan Research & Evaluation Unit (Unidad de Investigación y Evaluación de Afganistán)— es un
think tank, con base en Kabul y fundado en 2002.
52 GHAFOORI, Ihsanullah. Entrevista realizada en Kabul, el 15 de noviembre de 2022.
53 UNITED NATIONS AFGHANISTAN. United Nations Strategic Framework for Afghanistan 2023-2025. United Nations Country Team in Afghanistan, 2023. Disponible en:
https://afghanistan.un.org/sites/default/files/2023-07/UNSF%20Afghanistan_formatted_20230629.pdf
54 Disponible en: https://documents-dds-ny.un.org/doc/UNDOC/GEN/N23/170/30/PDF/N2317030.pdf?OpenElement
55 AMARKHIL, Ziauhaq. Op. cit.
56 BAHEER, Obaidullah. Op. cit.
57 MUHAJIR FARAHI, Hayatullah. Op. cit.
58 GHAFOORI, Ihsanullah. Op. cit.
59 AMARY, Khalid. La entrevista fue realizada por llamada de WhatsApp durante la estancia de la autora en Kabul, en noviembre de 2022.
60 MASSARO, Chris. «2 years after US withdrawal Afghanistan resistance group yearns for Western help as they take on Taliban», Fox News. 29 de agosto de 2023. Disponible en: https://www.foxnews.com/world/2-years-us- withdrawal-afghanistan-resistance-group-yearns-western-help-take-on-taliban
61 CALLAMARD, Agnés Op. cit.
62 UNITED NATIONS. «Terrorist Groups Remain Significant Threat in Conflict Zones, Neighbouring States, Senior Official Tells Security Council, Noting Force Alone Can Exacerbate Matters». Disponible en: https://press.un.org/en/2023/sc15396.doc.htm
63 SELDIN, Jeff. «US General: Islamic State Afghan Affiliate Closer to Attacking Western Targets», VOA. 16 de marzo de 2023. Disponible en: https://www.voanews.com/a/us-general-islamic-state-afghan-affiliate-closer-to- attacking-western-targets/7008633.html
64 MACKINTOSH, Eliza. «‘No one feels safe’: The Taliban promised to provide security to Afghans. New data shows threat from ISIS is growing», CNN. 19 de mayo de 2023. Disponible en: https://edition.cnn.com/2023/05/19/asia/isis- k-attacks-afghanistan-taliban-cmd-intl/index.html
65 HAQPAL, Nasratullah. Op. cit.
66 SERAJ, Mahbouba. Op. cit.
67 HAMMAD, Abdul Haq. Op. cit.
68 SIDDIQUE, Abubakar. «The Azadi Briefing: Is The Taliban Creating A Surveillance State In Afghanistan?», Radio Free Europe. 1 septiembre 2023. Disponible en: https://www.rferl.org/a/azadi-briefing-taliban-surveillance- state-afghanistan/32574507.html
69 MUHAJIR FARAHI, Hayatullah. Op. cit.
70 GHAFOORI, Ihsanullah. Op. cit.
71 HAMMAD, Abdul Haq. Op. cit.
72 BAKOZODA, Hiromon. На таджикско-афганской границе возобновили работу совместные рынки. Таджикистан начал сотрудничество с Талибаном? 2 de septiembre de 2023. Disponible en: https://rus.ozodi.org/a/32575770.html
3 CALLAMARD, Agnés. Op. cit.
74 CASTRESANA, Carlos. Op. cit.
75 Disponible en: https://www.state.gov/meeting-of-u-s-officials-with-taliban-representatives/

76 PUTZ, Catherine. «A Very Quiet Meeting in Doha: US Officials Meet With Taliban Representatives», The Diplomat. 4 de agosto de 2023. Disponible en: https://thediplomat.com/2023/08/a-very-quiet-meeting-in-doha-us-officials-meet- with-taliban-representatives/
77 AMARKHI. Op. cit.
78 BAHEER, Obaidullah. Op. cit.
79 OCHAB, Ewelina U. «Yet Another Attack On The Hazara In Afghanistan», Forbes. 1 de octubre de 2022. Disponible en: https://www.forbes.com/sites/ewelinaochab/2022/10/01/yet-another-attack-on-the-hazara-in- afghanistan/?sh=321afd4a2fa6
80 AA. VV. The Hazara Inquiry. 25 de enero de 2023. https://www.hazarainquiry.com/

81 Karimi, nombre cambiado, por seguridad. Entrevista realizada en Kabul, 10 de noviembre de 2022.
82 SERAJ, Mahbouba. Op. cit.
83 ANSARI, Abdel. El nombre está cambiado por razones de seguridad. Es un defensor de los derechos humanos al frente de una asociación que ayuda a las víctimas del terrorismo. Entrevista en Kabul, el 7 de noviembre de 2022.
85 Disponible en: https://www.hrw.org/news/2022/09/06/afghanistan-isis-group-targets-religious-minorities
86 Disponible en: https://www.appghazara.org/post/the-hazara-inquiry-afghanistan-report
87 Disponible en: https://www.rferl.org/a/afghanistan-sikh-hindu-muslim-taliban-restrictions/32559175.html
88 CASTRESANA, Carlos. Op. cit.
89 CALLAMARD, Agnés. Op. cit.