De la protesta al progreso: el compromiso de Marruecos con la gobernanza democrática
Las recientes protestas en Marruecos, algunas de las cuales se han convertido en enfrentamientos violentos, han captado la atención tanto a nivel nacional como internacional. Las imágenes de enfrentamientos, daños a la propiedad y lesiones son sorprendentes, pero solo cuentan una parte de la historia.
Debajo de la turbulencia se encuentra una narrativa mucho más importante: la evolución democrática en curso de Marruecos y su capacidad para adaptarse a las aspiraciones de sus ciudadanos mientras preserva la estabilidad.
El Ministerio del Interior informó de lesiones entre civiles y personal de seguridad, junto con daños significativos a la propiedad, destacando los riesgos que surgen cuando las frustraciones sociales se derraman en las calles. Pero ver estos eventos simplemente a través de la lente del desorden es engañoso.
Reflejan una sociedad que se involucra activamente con cuestiones de gobernanza, inclusión y rendición de cuentas, un proceso que es inherentemente dinámico en cualquier democracia madura.
Para los socios internacionales de Marruecos, este contexto es profundamente importante. El país ocupa una posición estratégica: un puente entre África y Europa, un aliado de confianza de los Estados Unidos y una fuerza estabilizadora en una región turbulenta.
Su influencia se extiende más allá de sus fronteras: como miembro activo de la Unión Africana, Marruecos promueve la integración continental, con la Unión Europea, se asocia en materia de migración, comercio e inversión, mientras que en colaboración con Washington, proporciona experiencia crítica en materia de lucha contra el terrorismo.
Por lo tanto, la estabilidad en Marruecos no es simplemente una prioridad nacional, es un imperativo regional y global.
Sin embargo, la oportunidad en estos momentos de malestar es igualmente significativa. Marruecos ha demostrado que es plenamente capaz de implementar reformas significativas y está comprometido a ningún giro en su camino democrático. En las últimas dos décadas, el país ha modernizado constantemente sus instituciones, ampliado los programas sociales y reforzado los marcos jurídicos. Estos son los fundamentos sobre los que se puede construir una mayor reforma, un refuerzo tanto de la estabilidad como de la legitimidad.
El desafío radica en transformar las quejas de los ciudadanos en un compromiso constructivo.
Aquí, tres vías son esenciales:
- Diálogo político: fortalecer los mecanismos para la participación de los ciudadanos y garantizar que las instituciones sigan respondiendo a las demandas sociales en evolución.
- Inclusión económica: abordar las desigualdades y ampliar las oportunidades, en particular para los jóvenes, que a menudo son más vulnerables a la frustración y la desconexión.
- Educación cívica: promover una cultura de protesta responsable y participación cívica, donde el derecho a la disidencia fortalece en lugar de socavar la gobernanza democrática.
Para los socios de Marruecos en Europa, África y América del Norte, apoyar estos esfuerzos de reforma no es un acto de altruismo, sino de interés estratégico. Un Marruecos resistente y democrático refuerza la estabilidad regional, mejora la seguridad mediterránea, facilita el comercio transcontinental y proporciona un modelo de gobernanza que equilibra la reforma, la inclusión y el orden.
Por lo tanto, las recientes protestas no deben interpretarse como un signo de fragilidad, sino como una llamada de atención para la mejora continua. Revelan tanto las expectativas de los ciudadanos como las oportunidades para el fortalecimiento institucional. La respuesta de Marruecos, basada en el diálogo, la reforma y la aplicación del estado de derecho, demuestra el compromiso del país de conciliar la libertad con la responsabilidad.
En esencia, Marruecos se encuentra en un momento de oportunidad constructiva. Su camino democrático no es teórico; se persigue activamente, está profundamente arraigado y es estratégicamente crucial. El liderazgo y la sociedad del país han demostrado repetidamente que pueden navegar por las presiones sociales sin comprometer la estabilidad, y están preparados para continuar haciéndolo.
La lección más amplia para la comunidad internacional es clara: la evolución nacional de Marruecos está intrínsecamente ligada a la estabilidad regional y global. Su capacidad para integrar las demandas de los ciudadanos, fortalecer las instituciones e implementar reformas no es solo un imperativo nacional, sino una piedra angular para las asociaciones que abarcan África, Europa y los Estados Unidos.
Al apoyar la agenda de reformas de Marruecos, la comunidad internacional invierte en un África del Norte estable, democrática y con visión de futuro, una región cuya trayectoria importa mucho más allá de sus fronteras.
En esta luz, las recientes protestas de Marruecos son menos una advertencia que una invitación: una invitación a profundizar el diálogo, ampliar la inclusión y consolidar las prácticas democráticas. Reflejan una nación capaz de transformarse, comprometida con el progreso y plenamente consciente de que el futuro no está asegurado por la represión, sino por la confianza y participación de sus ciudadanos.
