Jorge Edwards deposita en la Caja de las Letras un legado con manuscritos, primeras ediciones y cartas personales

Natalia González Velázquez

Pie de foto:  El director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha, con el escritor Jorge Edwards después de cerrar la caja de seguridad con el legado

Varios manuscritos y primeras ediciones de sus obras, así como dos cartas muy personales, componen el legado que el escritor chileno Jorge Edwards, premio Cervantes 1999, ha depositado en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes. Un legado que simboliza la amplia trayectoria profesional y vital del autor, diplomático y periodista, y que permanecerá custodiado bajo llave hasta dentro de exactamente 20 años.

Edwards ha dejado en la caja de seguridad número 1.482 de la antigua cámara acorazada del Cervantes una primera edición “en buen estado” de su emblemática obra Persona non grata (1973), en la que relata sus experiencias como diplomático en la Cuba de Fidel Castro, cuando Salvador Allende era el presidente de Chile, y en la que reflexiona sobre las relaciones de los escritores e intelectuales con el poder totalitario. Un libro que le trajo “muchos disgustos” y lo convirtió en “un referente moral”, según Víctor García de la Concha, director del Instituto Cervantes.

Ha depositado también una prueba de imprenta de El patio (1952), que escribió en un garaje con una máquina de escribir que funcionaba mal, y otra primera edición de Gente de ciudad (1961), libro con el que quiso homenajear a James Joyce y su célebre Dublineses.

Asimismo ha dejado guardadas las 30 primeras páginas, escritas a mano, de El sueño de la historia (2000), sobre la conspiración que intentó en el siglo XVIII José Antonio de Rojas junto con dos franceses en lo que se denominó “la conspiración de los tres Antonios”.

El legado se completa con dos misivas de carácter personal. La primera es una carta que le envió hace casi medio siglo la mujer con la que entonces mantenía “una relación anormal”: él tenía 35 y ella 38. Una relación que “seguirá siendo indiscreta” cuando, a la apertura del legado en el año 2035, se lea su contenido.

La otra carta, “sorprendente e ingrata”, data de marzo de 1971, cuando Edwards salió de Cuba tras la detención de Alberto Padilla y se trasladó a España, a casa de Mario Vargas Llosa en Barcelona. En ella, su amigo José Rodríguez Feo, Pepillo, le reprochaba no haberse despedido de sus amigos en la isla y le relataba el encarcelamiento de Padilla.

“Uno de los grandes”

Jorge Edwards ha declarado sentirse “muy conmovido” por este reconocimiento del Instituto Cervantes, del que es patrono desde 1999 y a cuya biblioteca en Manchester (Reino Unido) da nombre.

El director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha, se ha referido a Edwards como “uno de los grandes”. Ha afirmado además que es “de esos escritores que merecen con toda propiedad el título de clásicos”, que “viven por encima del tiempo” y que “han elevado la literatura española a la categoría de imprescindible”.

García de la Concha no ha escatimado en elogios para el autor chileno: “Es difícil encontrar una persona con tan altas cualidades: novelista excepcional, ensayista valiente, periodista al tanto de todas las capas de actualidad, diplomático y amigo, fiel devoto de la religión de la amistad”. Al homenaje en la Caja de las Letras han asistido, entre otros, el Embajador de Chile en España, Francisco Marambio Vial, y el escritor Juancho Armas Marcelo.

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