La violencia en los terrenos de juego parecía extinta, pero los recientes escándalos de carácter político avivan la crisis entre las fuerzas de seguridad y los aficionados

Egipto: los altercados entre ultras y la Policía recrudecen el escenario político

AFP/KHALED DESOUKI - Los partidarios del general de las Fuerzas Armadas Egipcias Abdel Fattah al-Sisi se reúnen en la Plaza Tahrir de El Cairo, el 26 de julio de 2013

El aficionado al fútbol, por norma general, como el seguidor de cualquier otro tipo de deporte, acude a los eventos en busca de espectáculo, buen ambiente y disfrutar de la “fiesta del deporte”. Como sucede en todos los ámbitos, también en los que son ajenos al deporte, existen fanáticos radicales que expresan sus emociones sin pensar en las consecuencias y el peso político que pueden tener sus actos. En Egipto, estas situaciones en las que se puedan generar polémica son especialmente preocupantes. Y no es de extrañar pues en el año 2011 los ultras de los dos mejores equipos de fútbol de El Cairo adquirieron el apodo de los “Custodios de la Revolución”, quienes encendieron las calles de Egipto que finalmente condujo al derrocamiento de Hosni Mubarak. 

Los jóvenes miembros de los Ultras Al-Ahly y los Ultras White Knights del Zamalek FC ya se habían involucrado en peleas callejeras y otras confrontaciones sangrientas con el dominio de la Policía egipcia de manera generalizada. Pero después de la caída de Mubarak, el Gobierno se había dado cuenta, y los ultras fueron uno de los grupos a los que más se dirigió el aparato de seguridad egipcio. Poco de esa ira juvenil y visceral que saltó de los estadios a la calle para la revolución permanece hoy. Son acosados ​​en las calles, con cientos de detenidos, demonizados en los medios de comunicación, y su espacio público en los estadios está cerrado. 

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El movimiento ultra como tal no se constituyó hasta el año 2007. “El Estado egipcio los veía como una amenaza, y fueron unos de los primeros colectivos afectados por la represión”, explica Ronnie Close, profesor de la Universidad Americana de El Cairo (AUC) y autor del libro “Ultras de El Cairo: resistencia y revolución en la cultura egipcia del fútbol”, publicado en noviembre de 2019.  Ese mismo año, en una entrevista con El Confidencial, aseguró que el libro examina “la breve historia de los “ultras” de El Cairo como un movimiento colectivo que se convirtió en parte de la trascendental política en las calles que derrocó a un líder autocrático”. 

Tres años después de que el presidente Abdel Fattah al-Sisi llegara al poder y dialogara con ellos, les diera un discurso razonado y les pidiera apoyo al Estado, las asociaciones de aficionados anunciaron la disolución de sus entidades y la quema de sus documentos. Esto fue después de que las fuerzas revolucionarias de diversas afiliaciones descubrieran durante la revolución de enero que el único grupo organizado en Egipto con experiencia organizando y el coraje para enfrentar la seguridad son los ultras jóvenes.  

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El Gobierno quiere usar la idea de que el Estado es seguro y estable para dar la impresión tanto a los lugareños como a los visitantes de que ha logrado estabilizar los pilares estatales, pero los jóvenes tienen otras ideas y convicciones, incluso usar el evento para expresar sus demandas y ambiciones. Es difícil separar el actual conflicto encubierto entre la seguridad y los ultras de la existencia de círculos gubernamentales que ven con recelo a las asociaciones de aficionados y las consideran una amenaza para el Estado tanto dentro como fuera del estadio, y parece que la opinión predominante fue que estos círculos convencieron a la seguridad de la inevitable necesidad de presionar a estos enlaces y evitar que se llevaran fuegos artificiales y pancartas ofensivas. 

La seguridad egipcia dejó entrar a los aficionados al Estadio de El Cairo el día del partido entre el Al-Ahly egipcio y el Al-Hilal de Sudán después de que la asociación de aficionados prometiera de antemano no hacer nada inapropiado ni cantar nada ajeno al fútbol, pero, finalmente, no pudieron sostener la ansias de los aficionados más radicales del club egipcio, quienes terminaron levantando pancartas políticamente incorrectas, avergonzando al Gobierno y dando la impresión de que lo que pasó estaba bien. 

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El conflicto entre las asociaciones de aficionados y las fuerzas de seguridad vuelve a estar indisolublemente ligado a la creciente percepción en algunos círculos gubernamentales de que están siendo explotados políticamente por corrientes antagónicas, como la Hermandad Musulmana, a través de la infiltración de elementos destinados a sabotear la relación entre ambos partes o inspirar al público a cantar de manera abusiva y racialmente discriminatoria, lo que implicaría políticamente al Gobierno y perpetuaría la desigualdad racial. 

Para la mayoría juvenil, que representa el 60% de los 110 millones de habitantes del país, el debate deportivo y los tintes políticos que ha adquirido, que ha quedado fuera del diálogo nacional que lanzó Al-Sisi para fomentar el entendimiento con diversos actores sociales y políticos, converge en el constante malestar de los grupos con fuerzas partidistas en la calle que carecen de equilibrio y quienes no van a permitir que se ignore la voz de los jóvenes en las gradas de fútbol, ​​quienes antes, en la historia del país, contribuyeron al movimiento revolucionario que, en cierto modo, defendió al país de las primaveras árabes. Aunque para ello tuvieron que declararse apolíticos para que el actual jefe de Gobierno no les disolviera, lo que ha provocado que los ultras del futbol hayan sido las víctimas más inesperadas. 

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